Cuentos De Futbol Mundial 馃憠 “19 de diciembre de 1971” de Roberto Fontanarrosa

Negro y verde

Por Osvaldo Aguirre

Si alguna vez se hace una pel铆cula sobre su vida, la m煤sica de fondo tendr铆a que ser la transmisi贸n por radio de un partido de f煤tbol. Roberto Fontanarrosa expres贸 ese deseo en muchas entrevistas, y en general se lo tomaba como una broma. Los grandes humoristas tienen ese problema, el efecto c贸mico borra lo que dicen a la vez, con el mismo chiste, en un plano serio. Fontanarrosa se re铆a de s铆 mismo con esa observaci贸n, pero tambi茅n hablaba de una costumbre sostenida a lo largo de su vida y de una poderosa inspiraci贸n para su trabajo como escritor. El aniversario de su muerte, que se cumple el 19 de julio, ser谩 recordado con una muestra de dibujos, fotograf铆as y correspondencia en la Biblioteca Nacional y con otra exposici贸n de sus versiones gr谩ficas de cl谩sicos de la literatura universal, en el Centro Cultural que lleva su nombre en Rosario. Tambi茅n es una ocasi贸n para releer su obra como escritor, mucho menos reconocida que la de dibujante.

Escuchar partidos de f煤tbol por la radio fue su entrenamiento como narrador de historias, no solo porque ese mundo lo abasteci贸 de un conjunto inagotable de temas. 鈥溌u茅 l谩stima, Cattamarancio!鈥, uno de los cuentos de El mundo ha vivido equivocado, es el relato de una transmisi贸n de radio, con sus personajes t铆picos -el relator, el comentarista, el locutor que recita la tanda publicitaria- y sus escenas tambi茅n convencionales -las conexiones deliberadamente extravagantes con otros lugares, impuestas por las transmisiones de Jos茅 Mar铆a Mu帽oz, por ejemplo-. El relato tiene un final absurdo, pero lo m谩s importante no se juega en la an茅cdota sino en el registro del modo de hablar de los periodistas, y en particular el de su especie m谩s estereotipada, los periodistas deportivos.

“Los relatores asumen la responsabilidad frente a sus oyentes, y m谩s que nada frente a sus anunciantes, de dotar de dramatismo al espect谩culo (鈥) Por lo tanto, los remates siempre salen rozando los maderos, las atajadas siempre revisten la condici贸n de milagrosas y los ataques en profundidad despiden invariablemente un definitivo aroma a gol鈥, escribi贸 en 鈥淟a observaci贸n de los p谩jaros鈥, otro relato magistral, sobre el calvario de un hincha que quiere desentenderse del desarrollo de un cl谩sico, por lo que decide no ir a la cancha ni escuchar el partido. El fetiche del dato insignificante, la memoria desmesurada capaz de retener formaciones completas de equipos del presente y del pasado, de la Argentina y de otros pa铆ses, los latiguillos vac铆os de sentido y las man铆as discursivas (llamar a los futbolistas con su nombre y apellido completos, por ejemplo) son marcas del relato deportivo que Fontanarrosa incorpora con plena conciencia. Es el plus de un oyente que escucha a trav茅s de las palabras y rescata una forma singular de lenguaje, con sus ritmos, sus 茅nfasis, sus entonaciones.

Se suele decir que la clave est谩 en su manejo de la parodia, la notable aptitud que exhiben ya聽Inodoro Pereyra, con la gauchesca, y聽Boogie el aceitoso, con el policial, para explotar ese procedimiento tan sencillo como dif铆cil de lograr con gracia: exagerar los rasgos distintivos de un texto ajeno o un estereotipo para ponerlo en rid铆culo. Pero una y otra vez, sean hist贸ricas, b茅licas, policiales, semblanzas deportivas o pretendidos informes cient铆ficos, las parodias de Fontanarrosa trabajan sobre el discurso de otro, son una captura y una recreaci贸n de una voz particular.

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Fontanarrosa no le daba mayor importancia a su imagen de escritor. En las entrevistas, cuando le preguntaban por su formaci贸n, se limitaba a repetir una referencia: el descubrimiento, al leer la novela聽Dar la cara, de David Vi帽as, de que los personajes de la literatura pod铆an expresarse en el lenguaje coloquial. Parec铆a lo 煤nico que ten铆a para decir, pero ah铆 ya revelaba lo m谩s importante. Los escritores y la literatura, adem谩s, fueron temas persistentes de sus parodias, comenzando por Ernesto Esteban Echenique, con el que se burlaba de los redactores de aforismos. En las 鈥淧alabras iniciales鈥 de聽Usted no me lo va a creer聽dijo que hab铆a encontrado la mejor frase para comenzar un relato y que esa frase no estaba en los grandes libros sino en la puerta de un ba帽o, en una estaci贸n de servicio de la ruta: 鈥淧uto el que lee esto鈥. Ah铆 estaba la literatura. 鈥淓se es el golpe que necesita un lector para quedar inmovilizado. Un buen patad贸n en los huevos que le quite el aliento y lo paralice鈥, escribi贸, en broma y tambi茅n en serio, porque el texto podr铆a ser una nueva versi贸n de 鈥渓os libros que encierran la violencia de un聽cross聽a la mand铆bula鈥 de Roberto Arlt y tambi茅n porque apunta a uno de sus mejores recursos: las malas palabras.

En el Congreso de la Lengua Espa帽ola que se hizo en Rosario en 2004, Fontanarrosa habl贸 sobre las malas palabras. 鈥淢e pregunto por qu茅 son malas las malas palabras, qui茅n las define como tal. 驴Qui茅n y por qu茅?, 驴qui茅n dice qu茅 tienen las malas palabras?, 驴o es que acaso les pegan las malas palabras a las buenas?, 驴son malas porque son de mala calidad?鈥, dijo, entre las carcajadas del p煤blico. Hubo un momento en que la risa qued贸 en suspenso, uno de los pocos momentos memorables de ese aburrido encuentro de ling眉istas y acad茅micos: 鈥溌縣ay palabras, palabras de las denominadas malas palabras que son irremplazables, por sonoridad, por fuerza, algunas incluso por contextura f铆sica?鈥

Fontanarrosa ya ten铆a la respuesta. Las malas palabras son irremplazables, y precisamente los eufemismos son los que vuelven absurdos en su mirada a los escritores. Algunos de sus cuentos no necesitan m谩s que una palabra -una mala palabra- para resolver la historia que cuentan, como 鈥淟o que se dice jugador al fulbo鈥, el largo elogio de un jugador amateur que concluye inesperadamente con una puteada. En otros se vuelcan de manera torrencial, como en 鈥淯n hombre de car谩cter鈥, la historia de un t铆o que tiene estallidos de indignaci贸n y se pone a insultar desaforadamente a quienes se cruza por el camino. Lo gracioso est谩 en la acumulaci贸n de malas palabras, m谩s all谩 de su significado, pero el cuento es m谩s complejo porque hay tambi茅n algo de violencia y agresi贸n que asusta un poco, y por otro lado est谩 la relaci贸n personal del narrador con el personaje, un afecto te帽ido de nostalgia, quiz谩 una reelaboraci贸n autobiogr谩fica.

Las malas palabras remiten entonces al f煤tbol, a la historia familiar y tambi茅n a las conversaciones con amigos, los relatos ambientados en el bar, donde Fontanarrosa simplemente hace hablar a un coro de personajes diversos. El cuento 鈥淓l mundo ha vivido equivocado鈥, ejemplar al respecto, compone una especie de par谩bola a prop贸sito de la forma en que se cuenta una historia. Se trata del di谩logo entre dos amigos que imaginan un d铆a perfecto y a la vez se burlan de un clich茅 del cine, la cena de la pareja que precede a la seducci贸n o el enamoramiento. Mientras uno de los personajes desarrolla la fantas铆a, el otro le plantea cuestiones de verosimilitud y entre los dos arman el cuento, en dos planos: el de la historia en s铆 y el que recibe el lector.

El g茅nero de los cuentos sobre f煤tbol tiene en Fontanarrosa una de sus grandes referencias. Pero no es el f煤tbol profesional ni el mundo de los grandes jugadores lo que le importa en sus ficciones, sino m谩s los torneos de veteranos, las ligas del interior, el f煤tbol de sal贸n, los clubes de campo, hasta el metegol. La excepci贸n podr铆a ser 鈥19 de diciembre de 1971鈥, fecha que se帽ala un triunfo hist贸rico de Rosario Central sobre Newell麓s, pero el eje del relato no est谩 tanto en el partido en s铆 como en la hinchada y en una costumbre hist贸rica, las c谩balas, y, nuevamente, en la voz de un personaje, el tipo que se muestra al hablar. 鈥淟os grupos que juegan f煤tbol de sal贸n -dec铆a Fontanarrosa- suelen tener una gran cantidad de cargadas, referencias y cosas internas, van armando un lenguaje que le pertenece a cada grupo y no al f煤tbol en general鈥. Para ese lenguaje tuvo un o铆do 煤nico en la literatura argentina.

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