Cuentos De Futbol Mundial 👉 “Pasalacqua y la libertad” de Alfredo Bryce Echenique

Escritores peruanos y la pasiĂłn por el fĂștbol

Por Fernando Carrasco

Por estos dĂ­as, el llamado “Deporte Rey” no deja de encender pasiones en todos los sectores del paĂ­s. Peruanos de todas las edades se visten la blanquirroja y alientan a voz en cuello a la selecciĂłn. En los predios de nuestra literatura, tambiĂ©n se comparte ese entusiasmo. Recordemos que algunos escritores, en sus años mozos, se han vestido de corto para jugarse una pichanga y, posteriormente, han tomado la pluma para rememorar aquellas gestas futboleras. El poeta Juan Parra del Riego, en la lĂ­nea de la poesĂ­a futurista, exalta las virtudes del futbolista uruguayo Isabelino GradĂ­n, y en su poema “Loa del futbol” escribe: “En el futbol todo es clara poesĂ­a,/ luz de sol, viento viril y panorama [
] Epopeya fraternal del movimiento,/ es la vida con su mĂșltiple aletazo creador:/ drama, mĂșsica, paisaje, sol violento”.

En su libro de memorias El pez en el agua, nuestro Premio Nobel Mario Vargas Llosa refiere que la primera vez que asistió al estadio fue para ver un clásico U – Alianza. Y más adelante describe un hecho memorable: “
uno de los días más felices de mi vida fue aquel domingo en que Toto Terry, de los grandes de nuestro barrio, me llevó al Estadio Nacional y me hizo jugar con los calichines del Universitario de Deportes contra los del Deportivo Municipal”.

En una charla reveladora entre Alfredo Bryce Echenique y Julio RamĂłn Ribeyro, el primero comenta sobre su aficiĂłn por el fĂștbol y se confiesa hincha del Ciclista Lima. AdemĂĄs relata, con orgullo, haber jugado en el Estadio Nacional: “
fui arquero de los juveniles de la U, en la Ă©poca de PerĂłn y OdrĂ­a. EntrĂ© a la cancha dando botes a la pelota. Me la quitaron y la tiraron a la tribuna, a la zona del Alianza y no me la devolvieron. Pero recuerdo que entreguĂ© mi valla invicta frente al Independiente de Buenos Aires”.

A su turno, el autor de La palabra del mudo cuenta que fue mediocampista y goleador del equipo de su clase en el Colegio Champagnat: “Mi juego era más de sutileza: yo hacía buenos pases a los hombres que estaban bien colocados y, cuando estaba cerca del arco, trataba de meter goles. Pero no tenía mucho físico”.

El recordado poeta Antonio Cisneros nunca negĂł su pasiĂłn por el fĂștbol. En una crĂłnica de El libro del buen salvaje revelaba no haber dejado la costumbre de empezar a leer los diarios por el final y que los programas deportivos eran sus favoritos en la televisiĂłn. Cierta vez, en una amena entrevista, declaraba ser hincha del Sporting Cristal, cuando el periodista lo interrumpiĂł, punzante, para decirle: “Entonces usted es pavo”. El poeta, al instante, retrucĂł: “Pero un pavo real”.

Dentro de su libro de cuentos Que te coma el tigre, el escritor victoriano Augusto Higa nos presenta un bello relato titulado “El equipito de MogollĂłn”, un texto dinĂĄmico donde un narrador callejero evoca las hazañas de un seleccionado de barrio: “Ese equipo no era cualquiera, era el equipito de MogollĂłn, un cuadro como pocos: un alma, un destino, una emociĂłn. Campeones en la Liga, los amos de Balnearios. Ni hablar en el Obrero y en el Nacional. AllĂ­ donde la pisamos estuvo la pasiĂłn”.

El poeta Carlos GermĂĄn Belli alguna vez recordĂł la imagen invencible, tronante, de Alejandro Romualdo bajo los tres palos. Ambos, muy jĂłvenes, peloteaban en el pampĂłn donde despuĂ©s se construyĂł el Hospital Rebagliati. Belli retrata con afecto al sufrido futbolista en su poema “Estadio Vaticano”: “Los jugadores de fĂștbol/ a sus camarines vuelven,/ paso a paso cabizbajos,/ trĂ©mulos y sollozando/ por entre las viejas ruinas de Occidente veneradas/ y la chusma de poetas tan seguros de sĂ­ mismos,/ levantadores de pesas, diplomados en gimnasios,/ soberanos del amor, del dinero y la salud/ que ferozmente se burlan/ del sensible futbolista”.

El escritor Abelardo SĂĄnchez LeĂłn ha firmado crĂłnicas muy agudas sobre fĂștbol. En “El legendario Alianza Lima” se manifiesta hincha del cuadro Ă­ntimo y al instante añade: “Ser hincha de un equipo de fĂștbol es parte de la personalidad de uno. La manera de llegar a serlo y las razones de fondo son siempre un enigma. QuizĂĄs exista una relaciĂłn entre la forma de jugar de cada equipo y los rasgos que definen a cada quien”.

Siempre existirĂĄ un motivo para alentar hasta enronquecer a un club o para salir, como un miura, a defender los colores de tu equipo, ya sea en un pampĂłn, en la loza deportiva o sobre el gramado sintĂ©tico. Y es que, entre otras cosas, el fĂștbol nos brinda la ilusiĂłn de una posible victoria que, aunque efĂ­mera, nos ayuda a edulcorar nuestra existencia, que la presencia ineluctable de la muerte ha convertido, desde el saque, en una amarga derrota.

Esperemos que la selecciĂłn le brinde una gran alegrĂ­a a la sufriente y bulliciosa hinchada peruana**. Pero esperemos tambiĂ©n que nuestra clase polĂ­tica gobernante, mediocre y cacasena, no siga sacando provecho de esta fiebre por el fĂștbol y se atreva a poner en libertad al delincuente Alberto Fujimori. Si esto sucediera, estoy seguro de que miles nos jugaremos otro partido en las calles.

Lee por gusto


Pasalacqua-y-la-libertad-de-Bryce-Echenique-ilovepdf-compressed
También podría gustarte