El FICCI tiene nuevo director

‘El Ficci ha sido la resistencia del cine colombiano’: Felipe Aljure

Por Sofía Gómez

El coqueteo empezó desde hace algún tiempo. Cafés y almuerzos en Bogotá fueron espacios para conversar sobre el futuro del festival de cine más importante del país y el más antiguo de Latinoamérica. El asunto se concretó la semana pasada, cuando Felipe Aljure se desplazó hasta Cartagena para reunirse con la junta directiva del certamen.

“Dije que sí, cuando ya tuve todo claro, cuando vi que podía abrir los tiempos para hacer un buen festival, como tiene que ser”, cuenta Aljure, el nuevo director artístico del Festival Internacional de Cine de Cartagena (Ficci).

Quiso viajar a la Heroica para empaparse del certamen, “la brisa y el mar me ayudan a sentirlo más de cerca”. El director de las películas ‘La gente de La Universal’, ‘El Colombian Dream’ y ‘Tres escapularios’ (que se estrena en agosto) reemplaza a la productora Diana Bustamante, que estuvo en la dirección artística durante cuatro ediciones.

“Lo único que tengo para la labor de Diana es un aplauso largo. Me parece que su gestión y la que hicieron antes Mónika Wagenberg (directora artística del certamen entre el 2011 y el 2014) y Víctor Nieto (fundador del festival) han llevado al festival a un nivel altísimo, en el que se han cerrado unos ciclos. Yo vengo a escribir sobre esa historia, a agradecerla y a evolucionar, como todas las cosas que crecen”, dice el realizador nacido en Girardot, Cundinamarca, hace 60 años.

Aljure, que con su productora Cinempresa también se encargó de gestionar filmaciones internacionales en locaciones colombianas –como ‘Z: la ciudad perdida’ y ‘Los próximos tres días’–, le concedió a este diario su primera entrevista en su nuevo cargo de cara a la edición 59 del festival, que se celebrará en marzo del 2019.

Recibe un festival con la vara muy alta…

Sí. Hay que recordar la gestión de Víctor Nieto que fue tan importante porque era de resistencia: en esa época no había Ministerio de Cultura, no había presupuestos para el cine; luego alumbró un Focine y desapareció, después hubo una orfandad hasta que se creó el ministerio y la Dirección de Cinematografía. Y, en todo ese tiempo, Víctor y la junta mantuvieron un frente de lucha, que ya lleva 58 ediciones. Los ciclos posteriores de Mónika (Wagenberg) y Diana (Bustamante) enriquecieron en otros aspectos y perspectivas el certamen que son claves.

¿Qué tanta incertidumbre genera en el festival el ambiente político actual?

Hasta que no nombren al titular de la cartera de Cultura no sabremos qué pasará con el cine ni con el ministerio. Este festival, que ha sido una tribuna abierta desde su fundación, ha sido la resistencia del cine colombiano porque cuando en otros lugares no existían certámenes similares, Cartagena seguía. Este es un balcón desde el cual se puede generar reflexión. La idea de este nuevo ciclo es interpretar esa coyuntura y generar interacciones con el nuevo gobierno.

Creo que los festivales tienen ese compromiso, además de mostrar buen cine, deben generar esos procesos académicos. Y debemos potenciarlos en este momento de incertidumbre.

¿Qué expectativas hay para el festival del 2019?

Yo llego con 58 peldaños sólidos construidos y arranco desde ahí. Pero el festival se nutre de aportes de la empresa privada y del sector público, que están en total incertidumbre. En la medida en que se vayan despejando las incógnitas, el mapa de ideas que tenemos se irá decantando por una u otra ruta.

Ahora, esperamos que no haya polarización, que el proceso cultural siga contando con apoyos estatales, que la conexión que tiene el presidente electo con la economía naranja sea una buena señal de cara a la persona que asuma la cartera de Cultura. Tenemos buenas expectativas, pero hay que esperar a las decisiones.

¿Les dará continuidad a los procesos? 

Por supuesto, de la mano de la directora general, Lina Rodríguez. Hay que tener claras, eso sí, las necesidades y dificultades que la gestión cultural tiene en este país: estamos haciendo un festival que se parece a los europeos, pero esos están financiados generosamente y apoyados por sus gobiernos. Acá es el esfuerzo de las personas año tras año y de la capacidad resultante de los sectores privado y público.
Ha sido una tradición que el festival asuma posiciones frente a las realidades del país.

Cada etapa ha tenido esa presencia en la realidad del país desde la reflexión cinematográfica. Seguro a algunas les ha tocado mejores momentos presupuestales y de políticas gubernamentales.

A este le toca una relación inmejorable con Proimágenes (el fondo mixto que administra los recursos del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico), la Dirección de Cinematografía y el Ministerio de Cultura; pero, el 7 de agosto, el nuevo presidente traerá sus equipos, con sus opiniones y esa es una coyuntura que habrá que observar y a partir de ahí generar un discurso que armonice las relaciones de los próximos cuatro años, no solo de cara al festival sino del cine en general.

¿Puede confesar qué sueño quiere hacer realidad como director artístico?

He echado globos, pero no quiero hacerlos públicos. En el universo conceptual me parece que una de las banderas de un festival es la reflexión, además de los invitados y del cine de calidad, me gustaría realzar el valor del cine como herramienta.

Es decir, ir más allá de ver solamente las películas sino conocer el proceso que generó esa historia. Si eres capaz de entregarle el cine a algún colectivo que ha sido víctima de un hecho social que ha modificado su historia, ahí es importante mostrar cómo hay una suerte de redención, repensamiento y decantamiento de una tragedia a través del lenguaje cinematográfico.

También creo que deberíamos analizar por qué hoy hay un desencuentro tan grande entre la marca cine colombiano y los públicos. Aprovechar los espacios de Cartagena para que realizadores, exhibidores y distribuidores hagamos un examen de conciencia y reconstruyamos esa relación.

¿Qué pasará con sus películas?

Trabajos de la escala de los que hemos venido haciendo en Cinempresa quedarán en espera mientras yo esté en el Ficci, porque demandan 18 o 24 meses de dedicación. Seguiré con el Centro de Pensamiento Audiovisual que tengo en Girardot y escribiendo mi guion de ‘Tinnitus’.

¿Qué sensaciones definen este momento?

Expectativas e incertidumbres. Tengo un problema: soy optimista obstinado… pero eso es lo que me tiene acá sentado.

El Tiempo

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