Estigmatización al palo

El Marginal 2, estigmatización al palo

No es casualidad que todos los pobres, los que trabajamos en los penales, vivimos en las villas o barrios bajos, los que pensamos que la batalla que debemos dar es la batalla cultural o cualquiera que camine por ahí y tenga más de tres ideas, se sienta zarpado con El Marginal.

Por Dalma Villalba
No es casualidad que todos los pobres, los que trabajamos en los penales, vivimos en las villas o barrios bajos, los que pensamos que la batalla que debemos dar es la batalla cultural o cualquiera que camine por ahí y  tenga más de tres ideas, se sienta zarpado con El Marginal.
Pero no por una cuestión de “gustos”, sino por una cuestión de clases, por lamentar desde el alma que se dé espacio, financiamiento y publicidad a este tipo de producciones que reavivan el morbo y lo peor de nuestra sociedad.
Pero que mal está que pensemos ¿Para qué van a pensar los villeros, los pobres y los presos?, y menos si (como generalmente ocurre) una sola persona carga con todos esos estigmas, si ya hay gente que piensa por nosotros.
Que mal está pedir los recursos para mostrar algo diferente. Si la industria ya está completa, sobrepoblada, ya se hizo/invento todo lo que puede ir para la TV, además ¿Qué es eso diferente que pueden mostrar los villeros? ¿Para qué algo diferente?  y si quieren hacer algo, que llenen formularios, presenten proyectos, vayan a las reuniones, que cumplan y salten todas las infinitas trabas burocráticas
Que mal está ofendernos ¿Cómo se van a ofender por esto? ¿No entienden que es ficción? ¿Qué buscan haciendo catarsis por una serie?
El Marginal 2 tan solo en su primer capítulo tocó varios temas que no tienen mucho que ver con la realidad: vomitó violencia, verbal y física, el gran todos contra todos, tiene una cuestión morbosa extrema con el sexo, los que pueden elegir, para pasarla “mejor” y las violaciones, lo sucio, los berretines, los gatos, los porongas que manejan los pabellones, lo simple de la muerte, la frialdad de los trabajadoras, la indiferencia de los que tienen “el poder”, sobre esas cientos de vidas, el placer de la sangre. Un sin fin de cuestiones que deberíamos de revisar y sobre todo ver por qué resulta “atractivo” mostrar, “resaltar” y ganar dinero con eso.
Realmente poco tiene que ver con lo que ocurre en las cárceles, donde los amigos son hermanos, la solidaridad y la fe son los principales pilares para transitar momentos durísimos, donde la imagen, el respeto y el cuidado por las mujeres que laburan allí son temas muy importantes para todos los internos, entre otros cientos de temas que deberían de contarlos ellos mismos.
No es dudoso que no se pueda meter una cámara para mostrar cuando los pibes están aprendiendo algún oficio, cuando van a algún taller, o están estudiando. Pero no hay problema en conseguir el permiso, pagar a los actores, grabar en una cárcel y simular que son simios a los que solo les divierte la sangre, el morbo y el dolor del otro.
Es muy interesante el fenómeno que produce esta serie porque por un lado tenemos a la sociedad que va idolatrando en cada capítulo a los actores, por su valentía en la serie, por ser el más malo de todos, por bancarse esa vida y la gente va apropiándose de esos berretines sin saber bien qué significa, ni por qué lo hace, basta con un solo ejemplo, la palabra “gato” que se usa habitualmente y la gran mayoría no sabe qué significa.
Y la misma persona que apoyó que baje la edad de imputabilidad o los justicieros de los celulares o los que dicen muerte a los chorros (a los chorros de celulares y carteras, porque a los que se roban cientos de millones no los mencionan y generalmente los defienden y los votan) son los que festejan y alaban este tipo de productos hasta transformarse en fanáticos desaforados.
Por otro lado estamos los pobres, los, las les, villerxs, presos, trabajadores que nos da bronca, tristeza, repudio, desilusión, que se financien este tipo de productos, porque mucha gente cree que eso “es lo real”, que eso es la cárcel, la cultura popular, lo negro de “alma” y nunca jamás, podrían llegar a hacer el ejercicio de ponerse en el lugar del otro. Este tipo de productos profundizan “la grieta”, una de las más importantes, esa grieta que acompaña la vida de todos y la otra, la de la cultura del descarte y la idolatría estúpida que nos enseña la televisión.
¿Llegará el día en donde el financiamiento va a parar en manos de los que supuestamente son protagonistas?
Para mostrar esa realidad dura, consecuencia de un fracaso de país, de un contexto que nos condena, pero también esa realidad cotidiana de esperanza y amor, entre amigos, familias, parejas, de ese amor inocente y la esperanza de una vida mejor,  no solo de la villa, la cárcel, el psiquiátrico, sino de todos los lugares donde el otro es carne de cañón de los que tienen el poder, los medios, los recursos, y las firmas.

 

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