«No sé si se puede pensar que existe una crítica latinoamericana»

Por Daniel Cholakian – Nodal Cultura

Isaac León Frías es sin dudas uno de los más importantes críticos de cine peruanos del presente, pero también uno de los intelectuales más importantes que tiene el cine de su país a lo largo de su historia. Con más de 50 años de actividad, formó parte de una generación de cinéfilos que constituyó una especificidad novedosa para los que hasta entonces eran públicos aficionados a las películas.

Fue parte de una generación que creó medios desde los cuales se debatió, junto a los cineastas de América Latina, el momento del cine latinoamericano en los años ’60 y ’70, aportando una mirada diferente respecto de la de quienes estaban involucrados en la producción. El ejercicio de la crítica cinematográfica no era entonces un mero problema valorativo, sino que se integró en un proceso de transformación estética y en la construcción de un modelo de pensamiento crítico que tuvo gran influencia en la cinematografía regional. Los críticos y los cineastas se encontraron en las preguntas y debatieron las respuestas como parte de un campo común.

Sociólogo por formación académica, “Chacho”, como se lo conoce, sigue recorriendo los festivales de cine con su elegante decir y una franca y amistosa sonrisa. A fines de 2017 recibió el Premio Fénix por su labor crítica. Un reconocimiento que sin dudas es justo para alguien que, a decir de Roger Koza, tiene una “posición crítica (que) no abreva en la nostalgia de un pretérito tiempo mítico en el que el cine era mejor que el de ahora” y a quien “el conservadurismo estético no lo tiene entre sus filas”.

En los últimos años Frías publica libros sobre cine casi de un modo incesante. En estos días presentará en la Feria del libro de Lima el segundo volumen de la antología de la mítica revista “Hablemos de cine”, que fundara en 1965 junto a Juan Bullita, Federico de Cárdenas y Carlos Rodríguez Larraín. La revista se publicó cada quince días durante ese año para luego, algo más irregularmente, alcanzar los 77 números a lo largo de veinte años.

¿Por qué tomaron la decisión de editar esta compilación de «Hablemos de cine»?

En 2015 se cumplieron 50 años del nacimiento de la Revista, y nos pareció que una manera de conmemorar la fecha y de darla a conocer al público joven. Al menos en parte, porque la Revista no se ha digitalizado y dejó de difundirse hace mucho. En mi caso, es publicar después de no haber publicado casi nada en mi vida. A mis 60 años, apenas había publicado un libro en colaboración sobre el lenguaje audiovisual, y alguna compilación de entrevistas, que se publicó en México en el año 1979. Y no había publicado nada más en libro.
Cuando tomé conciencia de esto, que coincide con una parte de mi trabajo universitario dedicado a la investigación, publiqué un primer libro ambicioso sobre el cine latinoamericano de los 60. Ya en esta dinámica de publicar, hice algo que antes no se me hubiera ocurrido, y presenté selecciones de textos míos de diferente procedencia. Han salido hasta 4 compilaciones hasta ahora. En este contexto lo de Hablemos de cine resultaba casi natural.
Entonces  me planteé en lo personal dos cosas: publicar un compendio de mis propias críticas y el de los textos de la revista. Dada la cantidad de páginas la misma editorial de la Universidad Católica me dijo «esto no se puede publicar en un sólo volumen, hay que pensar al menos en tres».
Salió el primero, dedicado al cine peruano y latinoamericano, y el segundo, que es la parte de ensayos de la Revista. Habrá un tercer volumen que será sobre críticas. Tuvimos que dejar fuera muchas cosas, muchísimas entrevistas. Parte de las entrevistas fueron adelantadas en «Los años de la conmoción: entrevistas con cineastas sudamericanos» con la gente del cinema novo, Sanjinés, Solanas, Miguel Littin, la gente del Nuevo Cine Latinoamericano, en general.

Es muy interesante ese momento del cine y de la cultura en general. En particular  de una crítica latinoamericana autónoma ¿cuánto tuvo que ver esta crítica con lo que ocurrió en términos de producción y realización?
Hay una influencia sin dudas. Es verdad que nosotros aparecimos un poquito antes de la irrupción del movimiento, en nuestros dos primeros años no le dimos atención al Cine Latinoamericano, fundamentalmente porque no teníamos contacto con él, porque no se veía en Lima. El primer contacto fue en el Festival de Viña en 1967. Recién ahí la revista se abre al cine latinoamericano de una manera más clara. Pero sí el cine peruano fue una preocupación permanente. Pero yo no diría que el caso nuestro fue una consecuencia de este ambiente tan intenso de los 60, politizado, sino porque teníamos una cinefilia muy precoz, hacíamos actividades cineclubistas. La revista tuvo su génesis en nuestras propias inquietudes por aportar algo al conocimiento del cine y de la crítica. Estábamos menos politizados de lo que estuvimos después, pero sin dudas ese clima de época influye en la revista, y eso se va a notar de manera clara a partir del 67.

¿Cuánto tienen que ver los debates -la crítica que surge con ustedes y con los movimientos comunes y paralelos- con la irrupción de ese cine nuevo que se da un poquito después de que aparecen?
Yo no diría que en el de América Latina, porque tuvo su propia dinámica. Estamos hablando de un cine de vocación social y política, que era en muchos casos notoriamente un cine de denuncia, o como el caso del Cinema Novo un cine de preocupación política y estética. Tenían un planteo muy claro de hacer un cine diferente, y estar a tono con lo que en esa época eran las nuevas olas y el cine de la modernidad. En el libro El cine latinoamericano de los años 60 trabajo mucho con ese vínculo que no lo he visto trabajado en otras partes que es eso: cómo se relaciona el cine latinoamericano con el cine de la modernidad y cómo participa con aquellas inquietudes, que atraviesan no son sólo el cine del continente sino del cine internacional. Volviendo a la pregunta, no me atribuiría influencia hacia afuera, tal vez sí en el caso de Perú: la revista tuvo un papel en lo que va a ser algunos años después un movimiento, no articulado, no orgánico, sino una corriente que surge ya en los ‘70

Ustedes pertenecen a una generación de críticos que se construye más en la cinefilia que en la academia, aunque surgen en la propia Universidad. ¿Cómo fue esa confluencia en la creación de esos «nuevos críticos» que fueron?
Hay un encuentro, un equilibrio entre esos «dos lados». Teníamos cinefilia extra-académica, aunque no del todo. Siempre hago la diferenciación con lo que antes era el cinemero, el aficionado sin mayor horizonte que no fuese el de puro disfrute de géneros, de actores, actrices. El estímulo más directo: sin preocupaciones intelectuales. En el cinemero el director casi no cuenta. Eso fue reemplazado parcialmente por el cinéfilo que tiene una perspectiva mucho más discriminadora, el cinéfilo conoce la historia del cine, tiene referencias y una mirada más crítica. Nosotros éramos ya esa cinefilia crítica, filtrada por el cineclubismo, por un cierto nivel de conocimiento. Pero en la crítica inicialmente fuimos mucho más cinéfilos que académicos.
Después «Hablemos de cine» se fue academizando un poco más, pero mantuvo un equilibrio bastante precario. Yo trato siempre de razonar, fundamentar, darle soporte al juicio pero también trato de escapar de ese lenguaje universitario, un poco duro, hecho de ciertas formulaciones y generalidades que a veces te hacen sentir que no están entrando en el meollo de las película, sino viéndola por encima. El acercamiento intercultural al cine de los últimos tiempos tiene mucho de eso: antropólogos, sociólogos, escritores, analistas tratando el tema del cine sin una escritura creativa, que te alejan por la manera de escribir y por la manera de sentir a la película, de conectarse con ella. Trato, en ese sentido, tomar distancia de eso.
Compruebo que muchos académicos, en el caso de Perú, tienen sus propias preocupaciones: les interesa el cine, pero es un objeto más de atención, un lugar más donde aplicar conceptualizaciones; les interesa que el cine sea el laboratorio de aplicación de sus propias formulaciones. No es mi caso. Yo soy sociólogo, pero nunca vi el cine como un terreno de análisis sintomático ajeno a las formulaciones cinematográficas. Se puede hablar de la sociedad, de la historia, de la actualidad política, a través del cine. ¡Y vaya que el cine es un terreno riquísimo de visibilización!, pero sin dejar de lado lo cinematográfico.

En el momento que ustedes surgen, por esos tiempos, había por lo menos dos grandes «escuelas» críticas: los cahiers en Francia y la marxista en Italia. Ustedes estuvieron influidos por ellas, sin embargo tanto ustedes como en Tiempo de Cine en Argentina, por citar una revista, construyeron una crítica con identidad latinoamericana.
Inicialmente fuimos muy cahieristas. Y bastante contra la crítica del contenido. Con el tiempo nos fuimos abriendo sin dejar de lado el anclaje basado en la línea francesa. André Bazin muere en el 58, a los 40 años y todo el cine que viene después de eso, el nuevo cine, él ya no lo ve.
Nosotros en esa época, los ‘60, éramos muy jóvenes y fuimos asimilando todo el contexto: el mayo del 68, la contracultura en EEUU, los movimientos de descolonización, Cuba. Poco a poco vamos aportando a una crítica que podríamos llamar latinoamericana, aunque eso dentro de ciertos límites, porque no sé si se puede, incluso hoy en día, pensar que existe una crítica latinoamericana.

¿Cómo veían críticamente las películas? ¿Había una suerte de mirada muy dura o impiadosa sobre el cine peruano?
Si, era una crítica impiadosa, pero al mismo tiempo preocupada. Era la crítica que podía ser muy  contraria a la película, pero que al mismo tiempo lamentaba que las cosas fuesen así. Siempre demostramos que había una preocupación, que el cine para nosotros era un motivo de dolor de cabeza, pero que nos concernía.

Por aquellos la crítica asumía un lugar en el mundo de cine y se podía sentar como un actor más de la cinematografía nacional, algo que en el presente parece dejado de lado ¿Cómo se posicionaban ustedes ante la política del cine?
Yo diría que una buena cantidad de críticos prefieren no ensuciarse mucho, es decir, limitarse a las películas y no más. Muchos medios de comunicación, incluso la prensa grande, te limita en ese sentido. Yo, por ejemplo escribo en la revista del diario más importante de Perú, los sábados, pero me piden que haga una crítica. Y no puedo escribir artículos más genéricos. Por supuesto que no me limitan ni me orientan en lo que escribo o en mis juicios, pero no tengo las condiciones para poder escribir sobre el proyecto de ley de cine o sobre la necesidad de la cinemateca. Se puede escribir en otros espacios del diario, pero en general los medios no te facilitan muchos las cosas. No es una preocupación que tengan. A veces siento que si no te metes con el órgano regulador del cine, mejor. No porque el diario no tenga una política crítica a muchas instituciones o su funcionamiento, pero esto del cine no parece tener la impresión de merecer ser tomado en serio, no parece ser tan importante. Hay cierto enfriamiento de parte de los medios de comunicación.

Buena parte de los que escriben en los blogs son cinéfilos muy apasionados, pero no tienen una preocupación de conjunto. Les interesa el cine de manera muy puntual y toda esta temática que tiene que ver con la ley, con los posibles caminos del cine del Perú, están dejados de lado. Hay muy poco debate al respecto.

El martes 31 de julio a las 7 pm. en el marco de la Feria del Libro de Lima, Isaac León «Chacho» Frías presentará «Hablemos de cine. Antología» Vol II. Lo hará en el Auditorio Clorinda Matto de Turner junto a  Ricardo González Vigil y Ricardo Bedoya 

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