Mauricio Rojas es el nuevo ministro de Cultura de Chile

Mauricio Rojas reemplaza a Alejandra Pérez en el Ministerio de Cultura

El historiador y ex militante del MIR, Mauricio Rojas, asumirá como Ministro de Cultura tras la salida de Alejandra Pérez de la cartera.

Rojas se desempeñaba hasta ahora como Director de Contenidos y Estrategia de Presidencia y, entre otras responsabilidades, estuvo a cargo de escribir los discursos del Mandatario.

Tras el golpe de Estado de 1973, Rojas, militante del MIR, partió al exilio en Suecia donde se convirtió en doctor en Historia Económica de la Universidad de Lund. Allí se produjo su cambio ideológico, dejando atrás las ideas marxistas para convertirse en un férreo defensor del liberalismo económico.

Radicado en ese país, entre 2002 y 2008 obtuvo un cupo en el Parlamento Sueco por el Partido Liberal.

En 2013 el historiador publicó el libro “Conversando con Sebastián Piñera” que recopilaba una serie de diálogos con el Mandatario.

Conocida es la amistad de Rojas con Piñera quienes habitualmente reflexionan juntos sobre la contingencia nacional.

La Tercera


El hombre detrás de los discursos del Presidente: “Veo a la oposición bastante desconcertada; diría más, estamos jugando solos”

Por M. Soledad Vial y Waldo Díaz.

Mauricio Rojas, director de Contenidos y Estrategias de la Presidencia. A propósito del lanzamiento de su nuevo libro, “La Democracia asediada”, el escritor aborda cómo es y hacia dónde va el relato de la segunda administración del Presidente Sebastián Piñera. También transita por el proceso de cambios en las ideas tradicionales de la centroderecha, los riesgos del populismo y los estragos que ha provocado en la ex Nueva Mayoría el nuevo escenario político.

Hoy más que escritor es un escribidor, como el de la “tía Julia” de Vargas Llosa. Se lo comentó al propio escritor peruano hace poco, cuando los dos coincidieron en Madrid, en la Fundación para la Libertad que preside el premio Nobel.

Un mundo fascinante y “muy intenso”, el que Mauricio Rojas está viviendo ahora en La Moneda como director de Contenidos y Estrategias de la Presidencia. “Pensar que a los 18 años, cuando era revolucionario, quería tomarme La Moneda y ahora estoy adentro. Las vueltas de la vida”, dice y se ríe el miembro del segundo piso presidencial.

La suya ha tenido varias vueltas. Militante del MIR en los 70, exiliado y diputado en Suecia hasta el 2008, escritor, conferencista, una vida muy libre… le costó dejar ese “dominio absoluto del tiempo, pero ha sido una experiencia tremenda, un aprendizaje fascinante de uno mismo”. “Estoy muy contento de este paso” -afirma, sentado en la Fundación Res Pública, creada por Julio Isamit, Jorge Acosta y el historiador Alejandro San Francisco- “por un tiempo”, aclara de inmediato. Los cuatro años de gobierno fueron lo que prometió al Presidente Sebastián Piñera, con quien trabaja desde el 2013.

Entre ambos, siente una “enorme sintonía”. De hecho, por las manos de Rojas pasan todos los textos que el Presidente pronuncia en público, algunos solo para revisión y, en otros casos, los escribe casi completos. La primera cuenta pública del 1 de junio, el lanzamiento del nuevo Ministerio de Familia y Desarrollo Social, esta semana, son dos buenos ejemplos de la “nueva narrativa” que el estratega ha ido dando forma para este segundo período de Piñera en La Moneda. Los ejes son libertad, solidaridad, justicia y progreso, temas centrales también en su nuevo libro “La Democracia asediada” que lanza en agosto, un estudio sobre democracia, populismo y “la utopía socialdemócrata” que Rojas ve como el “gran tema” de la actualidad.

-Esa nueva narrativa que habla de solidaridad, igualdad de oportunidades, de “clase media protegida”, ¿rompe con el paradigma Chicago al que se había ceñido históricamente la derecha chilena?

-La clave del triunfo de Sebastián Piñera fue captar que Chile está en una situación especial, es como un escalador que sube la montaña mirando hacia arriba y en la mitad mira hacia abajo y siente miedo, inseguridad. Piñera lo entendió y planteó temas muy importantes que restablecen una base de seguridad, porque el país se cansó de un intento muy chapucero de reformas. A veces la derecha llega a reparar los desperfectos de la izquierda, apaga el incendio como los bomberos, pero apagado, la gente no quiere vivir con los bomberos, quiere sueños. Estamos entre el sueño y la caída, el proyecto de largo plazo tiene que mostrar un camino de futuro que entusiasme para crear una mayoría política.

Solidaridad, inclusión, igualdad de oportunidades, eran conceptos de izquierda y son nuevos en la narrativa de centroderecha, implican una evolución. Hoy hablamos de desarrollo integral, inclusivo y sustentable, el crecimiento económico es muy importante, pero estamos involucrando algo mucho más grande.

-Hace un tiempo, el ministro Juan Andrés Fontaine afirmó que el programa de gobierno de Piñera era igual a lo que él estudió en la U. de Chicago con Milton Friedman.

-Son disputas que tienden a quedarse en los títulos, Luis Larraín dice que Chile ha cambiado y que lo que era válido el 91 no lo es hoy. La centroderecha ha asumido eso plenamente, debemos crear una alianza política, sector privado y ciudadanos, para resolver estos problemas de manera colaborativa. En Suecia tenemos los vouchers inventados por Milton Friedman, pero aplicados por la socialdemocracia sueca que desplazan el poder de decisión a los ciudadanos, en un terreno abierto de posibilidades, con proveedores privados o públicos.

-¿Ve convicción en la centroderecha respecto a esa nueva narrativa?, porque el “bingo” del ministro de Educación más que arranque quizás revela su sentir más profundo respecto al asistencialismo.

-Hay una profunda convicción de que la gran disputa política está en la justicia social, en que todos ganen con este desarrollo, se sientan parte, sino tarde o temprano habrá un… lo vimos el 2011. Todos hablan de derecha social como el único terreno de juego, está José Antonio Kast que juega en otro, más acotado, que tiene un techo, y muy sólido, no me cabe duda.

El discurso de igualdad de oportunidades es moralmente muy poderoso, sólido, un aporte nuevo de la derecha que tiene mucho que ver con la democracia, con enfrentar las situaciones de exclusión.

-Y a usted, ¿le parece descabellado que un grupo de apoderados haga un bingo para aportar a un mejor colegio para sus hijos?

-Esa discusión se ha chacreado, es evidente que la gran solución de los problemas sociales demanda que la sociedad participe mucho más. Ha habido una discusión muy pobre en el mundo de si más Estado o más mercado. Lo dijo el Presidente esta semana; no solo queremos desarrollo, queremos desarrollo de un tipo de sociedad que no es ni de mercado ni estatista, y que tiene un eje fundamental en la sociedad civil.

“No soy para nada ortodoxo, el problema no es el nivel de impuestos, es la libertad de la gente”

-El cerco se corrió hacia la izquierda en temas como la Ley Reservada del Cobre o la pesca, pero en otros como los impuestos, Evópoli reclama que se gobierne con banderas de la derecha, que se rebajen tributos.

Nosotros no estamos quitando banderas a la izquierda, estamos conquistando banderas y haciéndolas nuestras. No nos hemos pasado a la izquierda, hemos tomado hechos de gran simbolismo social y político, y les estamos dando una respuesta nuestra. Los únicos que han entendido esto es gente del Movimiento Autonomista como (Jorge) Sharp, que ve que aquí está pasando algo importante.

Hay gente que cree que bajar impuestos es una especie de religión. Impuestos, mercados, son todas herramientas para garantizar inclusión, solidaridad y progreso para todos. Algunos miden el carácter liberal de un gobierno por el nivel de impuestos, yo lo mido por la libertad real de la gente. Los empresarios dicen “si nos bajan los impuestos, invertimos más”, y eso tiene un impacto positivo, por supuesto. La verdad es que las cifras de inversión que tenemos son extraordinarias, para qué hablar de la inversión extranjera que está llegando, por lo tanto no parece haber un efecto disuasivo extraordinario, y hay una cierta premura fiscal porque nos dejaron una situación muy ajustada.

-Poco ortodoxo lo que está diciendo para un sector del país.

-Es que no soy para nada ortodoxo, el problema no es el nivel de impuestos, es la libertad de la gente. Con esa ideología se pierde, por algo la derecha ha tenido vocación de minoría y algunos incluso lo sienten como un pequeño orgullo. “Nuestra propuesta es tan buena que es minoritaria”… una especie de resignación media aristocrática al minoritarismo, parecido al marxismo extremo.

En cierto momento, el discurso tradicional perdió el foco de elementos clave en política, como justicia social, solidaridad y comunidad. Si eres visto como alguien que está para aprovecharse, sacar lo más posible y vivir en tus barrios exclusivos despreocupado del resto, bueno, ahí está la base para el populismo, pero sin ninguna capacidad de ser mayoría. Y hay que tomárselo en serio, para ser mayoría hay que hacer realmente creíble que nuestras respuestas son las mejores respuestas, las que van a beneficiar a todos.

-¿Y hacerlo sin complejos?, porque los más críticos de Piñera en su primer gobierno cuando subió los impuestos fueron sus propios partidarios.

-Tengo muchos amigos que se fijan mucho en eso, yo me fijo en el ingreso ético familiar, en el millón de empleos, en la mujer que entra a trabajar, porque esas son revoluciones, libertad que abre horizontes y saca de la pobreza. ¡En qué están pensando si condenan a un gobierno porque subió o bajó los impuestos!

-¿Y el Presidente está en esa misma idea?

-Totalmente. Colaborar con el Presidente es fantástico, tiene un fuerte compromiso social y no tiene este tipo de dogmas, porque sin negar la importancia de la carga tributaria, uno puede discutirla de muchas maneras como herramienta, no como fin. Se puede tener un nivel alto de impuestos para empoderar a la gente o como herramienta de poder político para imponerle una escuela. Es la política socialista de clase, pedimos impuestos para hacer solidaridad, pero la solidaridad la ubicamos nosotros. Muy distinto es que vayan a Pedro, Juan y Diego directamente, y elijan.

-¿No hay riesgo de que esta nueva narrativa infle de nuevo las expectativas en problemas antiguos, rebeldes, como la seguridad o la violencia en La Araucanía, por ejemplo?

-El manejo de las expectativas no fue bueno en el primer gobierno, ahora hay mucho mayor cuidado. Las cifras económicas son buenas, pero hay que ir con calma, son todas buenas noticias, pero no hay que transformarlo en exitismo.

Todos sabemos que la seguridad o La Araucanía no se resuelven con varita mágica, pero por primera vez hay un ministro como Alfredo Moreno con una dedicación casi exclusiva, que intenta comprender el problema. ¡Me encanta hablar con él, porque parece un antropólogo! El hombre vibra con lo que está haciendo y lo transmite, nunca ha habido un involucramiento de la intensidad del que estamos viendo. La delincuencia es una lucha durísima y si persistimos, vamos a hacerla retroceder. Ya van 5 redadas masivas y serán 10, 20, el Presidente estará ahí, el ministro Chadwick también, las encuestas muestran cómo la gente está percibiendo un cambio muy importante, está volviendo a creer.

Esta narrativa abre un marco nuevo para conversar sobre cómo hacemos que ningún chileno quede fuera de este desarrollo.

“Hemos jugado cartas que la oposición no tenía en su juego”

-Transcurridos varios meses de gobierno, ¿cree que han podido instalar esta nueva “derecha social”?

-Instalar estas ideas es una disputa de largo plazo, encarnar la solidaridad no es simple para una derecha que a veces ha sido vista como egoísta o ensimismada. Los grandes hitos han sido materializar cosas urgentes como migraciones, carabineros, que muestran un Presidente capaz de hacer cosas, y en lo político, el hito son los acuerdos nacionales que se pusieron en duda y están teniendo frutos notables. Es inédito el acuerdo transversal, desde Sharp a la UDI, en torno a 150 propuestas de seguridad, un tema tradicionalmente tan sensible y tan divisorio.

Por supuesto que eso crea un gran problema en la oposición, están divididos en cómo enfrentarlo. Nosotros hemos jugado cartas que la oposición no tenía en su juego con las ideas de solidaridad, inclusión y desarrollo sustentable y estos grandes acuerdos transversales.

-¿Ve a la oposición desconcertada?

-Bastante desconcertada, diría más, estamos jugando solos en la cancha. Ojalá se constituyeran oposiciones serias, no alegar por cualquier cosa que hacemos mal para tener 5 segundos en la televisión. Hay un centro desde Ciudadanos a la DC que es muy importante y que quisiera que se reanimara, ojalá una centroizquierda tipo socialcristiana, socialdemócrata, porque el desarrollo de los países se logra con un acuerdo básico. La gracia de Europa en la posguerra fue tener partidos conservadores, liberales y socialdemócratas ordenados. Es lo que debemos constituir en Chile, mucho más importante que ganar una próxima elección, que es importante, es poder crear un nuevo consenso. Chile vivió un consenso de 20 años que fue muy productivo, nuestra gran tarea política es crear las bases para un nuevo consenso que demanda nuevos acuerdos políticos. Insisto mucho en el libro sobre los pactos que requiere una democracia.

-Esa es una antigua aspiración de Piñera, hacer pactos con el centro, ¿está siendo más fecundo con la cercanía de figuras como Mariana Aylwin?

-Y con Sharp, con Boric…

-¿No cree difícil un pacto más de fondo con el Frente Amplio?

-Pero no imposible, se pudo en seguridad. Es posible caminar ese camino, porque cuando te sientas a la mesa, las diferencias reales son mucho menores al dramatismo que el escenario político quiere poner.

Han estado parte de la DC, del PPD, pero indudablemente el aporte que ha hecho el Frente Amplio es de mayor interés, especialmente las interesantes reflexiones que ha hecho Sharp. Su discurso cuando fue elegido parecía que se iba a tomar el palacio de invierno, y tuvo que gobernar Valparaíso, que es una ciudad complicada, con muchos problemas. Aquí hay diferencias totalmente legítimas, tenemos proyectos políticos distintos, pero lo interesante es cuando podemos unirnos en torno a ciertas cosas respetando las diferencias. Cuando dicen “la oposición”… no va a haber “LA” oposición, porque entre el bacheletismo, la vieja Concertación y estos nuevos sectores hay muy poco en común.

-Las diferencias con el PS son más visibles, más frontales, ¿es el gran opositor que hoy tiene el Gobierno?

-El gran drama de esta izquierda chilena más tradicional es que abandonó completamente la socialdemocracia como alternativa, lo que Lagos representó. Están en una noche absoluta, donde no hay mayor faro que criticar al Gobierno. Se están autodestruyendo, quedando en la marginalidad, en la intrascendencia política que finalmente es bien costosa. Basta ver lo que ha pasado con los partidos socialistas en Europa, el PS griego… el camino a la desaparición es a veces rápido.

-¿Usted cree que el gobierno de Bachelet dejó una peor democracia en Chile?

-Sí, porque como digo en el libro, la democracia presupone un ambiente; y una cultura, una amistad cívica, no son unas cuantas leyes. Sería no entender lo que pasó en el Chile de los 60, los 70, destruimos la amistad cívica, el respeto, la lógica del diálogo.

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