Teatro x la Identidad

“La aparición de un nieto es un rayito de sol en la oscuridad”

Por María Daniela Yaccar

Luego de que las Abuelas de Plaza de Mayo informaran a la sociedad que encontraron a Marcos, el nieto 128, comienza una nueva edición de Teatro x la Identidad, herramienta esencial para la causa de la búsqueda. Arranca hoy con un formato que ya tiene cinco años: una docena de micromonólogos que giran en torno a la temática de la identidad en sentido amplio. Como es habitual, la coordinación dramatúrgica de Idénticos está a cargo de Mauricio Kartun –creador del formato, que en cada víspera recibe alrededor de 400 textos y selecciona– y la dirección general, en manos de Daniel Veronese. Un dream team de actores aportará no solamente su compromiso sino también su “formación, experiencia y tonos”, dice Kartun, acerca de una propuesta en la que prima la diversidad, con un firme objetivo común.

“En los últimos años da la casualidad, o no, que cada vez que se larga la edición aparece un nieto. Nos llama la atención. Es un rayito de sol en medio de tanta oscuridad”, celebra Cristina Fridman, una de las fundadoras de TxI e integrante de la Comisión Directiva. Los textos de esta ocasión son de Patricio Abadi, Roxana Aramburú, Carolina Barbosa, Jorge Diez, Pablo dos Reis, Emiliano Maitía, Nicolás Pota, Mariano Saba, Analía Sánchez, Susana Torres Molina, Julieta Magán y Facundo Zilberberg. En la dirección y actuación, participarán Alberto Ajaka, Maruja Bustamante, Adrián Canale, Julieta Cardinali, Marina Castillo, Rita Cortese, Claudio da Passano, Sergio D’Angelo, Javier Daulte, Mauricio Dayub, Daniel Fanego, Malena Figó, María José Gabin, Guillermo Ghio, Javier Lorenzo, Gonzalo Martínez, Claudio Martínez Bel, Alejandro Müller, Marcelo Subiotto, Torres Molina, Tina Serrano y Gonzalo Urtizberea.

Habrá actores invitados, como Georgina Barbarossa, Cristian Cimminelli, Pablo Echarri, Tomás Fonzi, Julieta Ortega, Cecilia Roth y Luis Ziembrowsky. La cuota musical la aportarán Esteban Morgado, Bruno Arias y Los Cuatro Vientos. Las funciones serán los lunes de agosto y septiembre en el Teatro El Nacional (a las 20 en Avenida Corrientes 960). “Idénticos ha armado tradicionalmente dream teams. Elencos imposibles. Si uno lee la lista e imagina a todos esos actores constituyendo un elenco, sería casi un milagro. Son de distinta formación, experiencia y tonos de actuación, y todo se unifica”, describe Kartun. Los monólogos duran apenas tres minutos; es una especie de varieté.

Cuenta el maestro que la idea surgió donde se produce la charla con PáginaI12, en los sillones de su departamento. Años atrás conversaba con Luis Rivera López, de TxI. Buscaban crear algún formato que permitiera incluir a los actores que siempre querían colaborar con el movimiento pero no podían hacerlo por compromisos profesionales. “Les resultaba difícil incorporarse a un espectáculo más convencional, porque eso supone un largo proceso de ensayo y memorización, entre otras cosas. Este era un formato que yo venía trabajando desde hace muchos años en mis cátedras, en Tandil. Acá en Buenos Aires prácticamente no se habían hecho experiencias. Teatro x la Identidad tiene, además de todo el resto de las virtudes, la de la experimentación: siempre está dispuesto a probar”, destaca el director y dramaturgo.

A lo largo de 18 años, el bastión cultural de las Abuelas ha ido mutando y refrescándose. Obras de temática directa distribuidas por salas de la ciudad, una feria performática en Ciudad Cultural Konex, otra de clowns, improvisación y teatro en Tecnópolis, libros y giras de espectáculos son sólo algunas de las formas que adquirió la cara artística de la búsqueda de los nietos que aún no saben quiénes son. “La idea de Mauricio de los micromonólogos encaja perfectamente para el ciclo, porque hace que la gente que quiera participar elija sus momentos para ensayar. Al ser monólogos independientes entre sí, es factible instrumentarlo”, explica Fridman. “Hay un modelo de puesta original que es resultado del trabajo de Veronese. Entonces ahora simplemente volvemos a ese soporte, muy funcional para todos los monólogos convertidos en espectáculo”, completa Kartun.

Todos los años lee cerca de 400 monólogos. Elige unos 30 y luego, junto al director y la comisión de TxI, encara la selección definitiva. El criterio para el recorte es tanto estético como político. También, influye cómo dialogan los escritos entre sí. Al principio, Veronese dirigía no sólo el espectáculo en su totalidad, sino también cada escena; ahora cada actor elige a su director. “TxI tiene que ver con subirse a una energía. Sería casi redundante hablar de la justicia y el sentido profundo de la causa. Creó una energía armada por artistas, productores y técnicos, que trasciende al resultado”, dice el autor de Terrenal. “El propio fenómeno de que haya 400 personas escribiendo un monólogo es tan importante como el hecho de que se seleccionen 10. Porque esas personas reflexionaron y fueron conmovidas por la propuesta de las Abuelas. Pasó por su cabeza y su cuerpo el drama sobre el que está constituido este proyecto. Tiene que ver con un acto de entusiasmo básico: subirse a una energía, entrar a una fiesta.”

“Creo mucho en los ritos, los lugares donde la gente va a sintonizarse. Sintonizarnos. Sentir que vibramos con intensidades similares. Sumarse al proceso creador y al espectáculo es disfrutar de una energía que no encuentro en ningún lado, en ninguna producción artística ni causa política”, concluye. También destaca que, con el tiempo, los autores le han ido “agarrando la mano al formato”, al punto de que algunos reincidentes hasta podrían dar cursos de micromonólogos, y cuenta que actualmente procura que el humor tenga un lugar central en el recorrido dramático. “Es para sacarle solemnidad a la causa. Por cierto, es una causa solemne, pero queremos que el humor nos permita reírnos del tema para pensar sobre él. Año tras año va habiendo una especie de predominio. La sorpresa es descubrir cómo los materiales van subiendo en calidad”, desliza Kartun.

Fridman hace propias palabras de Mauricio Dayub, habitué de TxI. “El monólogo más importante es el del nieto. Siempre hacemos subir al escenario a un nieto que cuenta su historia. Cómo llegó a la verdad, qué le pasó, cómo recuperó su identidad. Después de que te reíste, la pasaste bien y te emocionaste, sube un nieto y es un cachetazo al alma. Es tan contundente… la gente lo agradece. Los ves a todos los actores llorando cuando escuchan a ese nieto o a esa abuela. Es emocionante y placentero hacer Idénticos. Se genera una comunión”, puntualiza la actriz. El colectivo se manifiesta también a través de una carta que es leída en las funciones. Y particularmente en esta edición, todos los artistas que lo deseen podrán expresarse en torno a la legalización del aborto, saludando al público con el pañuelo verde.

Llevado adelante por Eugenia Levin, Andrea Villamayor, Mónica Scandizzo, Amancay Espíndola, Patricia Ianigro, Julieta Rivera López, Raquel Albéniz, Susana Cart y Mauro Simone –aparte de los mencionados–, el fenómeno de TxI tiene otra particularidad, que es su carácter inclusivo: la entrada para las actividades que motoriza es siempre gratuita. Los artistas colaboran todos ad honorem. Este año, la ceremonia será en un teatro con el doble de capacidad del que tocó el pasado: salta del Multiteatro a El Nacional. Habrá funciones para escuelas e instituciones. Es tradición que quede gente afuera. Esta edición se produce en un marco de “incertidumbre” respecto del apoyo estatal para el desarrollo del proyecto.

“La búsqueda sigue siendo la misma. Cambia la urgencia. Porque las Abuelas están partiendo. Es cada vez más complicado que se presenten los nietos, porque son cada vez más grandes. Muchos están esperando que sus apropiadores mueran, porque tienen miedo. Muchos tienen hijos. Y en este contexto político, Teatro x la Identidad es todavía más necesario. Están mancillando las políticas de derechos humanos. Las Fuerzas Armadas, el 2 x 1, los apropiadores otra vez en las calles… hemos retrocedido muchísimo. Se hace imprescindible seguir presentes”, advierte la actriz. Y define al ciclo como una “continuación” de Teatro Abierto. “Con que haya una sola persona que tiene una identidad falseada, toda una sociedad la tiene”, sentencia.

En todos estos años, la herramienta teatral se ha revelado como esencial: en un principio, muy tímidamente algún espectador se acercaba a plantear preguntas generales a los hacedores del ciclo. Ahora, directamente, la frase común es: “tengo dudas”. Toda vez que se despliega una edición, los teléfonos de Abuelas suenan con más fuerza. Se han llegado a septuplicar las llamadas. “Sabemos que un montón de nietos recuperaron su identidad porque vieron un espectáculo. No obstante, ojalá no tuviera que existir Teatro x la Identidad”, contrasta Fridman.

Para Kartun, el contexto se filtra inevitablemente en los micromonólogos. “Los textos tienen algo casi periodístico. Están escritos sobre una realidad, y de alguna manera la reflejan. No porque busquen expresarla de manera periodística, sino porque de alguna manera les corresponde un pensamiento periódico. Empiezan a aparecer coincidencias, temáticas, miradas, críticas. Sería interesante hacer literatura comparada: ver cómo la realidad fue apareciendo, reflejada de manera distinta”, plantea. “Una de las cosas más sanas de la propuesta es esta invitación a los autores a sentarse a escribir tomando la energía del momento. Sucede. Los materiales tienen una especie de condición contemporánea que, curiosamente, va cambiando de edición en edición. Y la realidad argentina, en su condición metamórfica, es casi una especie máquina de proponer temas. Tiene una cosa caleidoscópica, movés un poquito y se creó otra figura. Si algo no falta son nuevos temas, miradas, situaciones”, define.

“Cualquier campo y personaje permiten hablar de la identidad. El tema tiene esa apertura y, por otro lado, un objetivo claro: preguntarnos quiénes somos. Hablamos de la identidad para reflexionar sobre su importancia y mirarla desde muchos puntos de vista. Y para concluir en lo mismo: en la importancia de saber tu nombre, que es el acto fundamental de la identidad”, concluye Kartun.

Página12

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