Funcinema

La ciudad de Mar del Plata, en Argentina, tiene la particularidad de tener 3 festivales de cine muy interesantes, absolutamente diferentes en sus búsquedas y sus métodos de organización. El más joven de ellos es un Festival especialmente sorprendente por su propuesta. Se trata de Funcinema, Festival Internacional de Cine de Comedia, que llega a su 5ta edición.

Entre el 20 y el 23 de septiembre uno de los pocos encuentros dedicado exclusivamente a este género, habitualmente menospreciado, se llevará a cabo en el Museo MAR de la ciudad de Mar del Plata. En esta edición se presentarán un total de 83 obras entre largo y cortometrajes, que permitirán conocer lo más interesante que presenta el cine de humor del mundo, más allá de las más difundidas producciones comerciales.

En la sección competitiva de cortometrajes serán 21 las producciones que participarán por los premios a Mejor Corto, Mejor Dirección, Mejor Actriz, Mejor Actor y Mejor Gag o Situación Cómica.

Entre los largometrajes se destacan la película mexicana de El ídolo de Erwin Neumaier y las argentinas Música para casarse de José Militano y Todo el año es Navidad de Néstor Frenkel.

El humor en su mejor tradición, es un cine del desorden, y como tal, subversivo. Desde la argentina Niní Marshall y el mexicano Cantinflas, pasando por el inolvidable Jerry Lewis, a cierto presente del cine de comedia uruguayo (como por ejemplo “Mr. Kaplan”), el humor surge cuando el orden tradicional se ve quebrado por la irrupción del personaje o las situaciones, y solo se regresa al equilibrio cuando todas las anteriores suposiciones y jerarquías se vieron desmoronadas. Como dice Mex Faliero, creador y director de Funcinema,  “la comedia es como un pibe revoltoso que te desordena todo”.

Nodal Cultura conversó con Faliero sobre el tradicional menosprecio del cine de comedia en los círculos de festivales y entre ciertos círculos cinéfilos y críticos, lo que se verán en esta edición del festival y el presente de la comedia en el mundo y nuestra región.

La comedia fue históricamente un género mirado con cierto prejuicio por festivales, críticos y programadores. Esto empezó a cambiar hace unos años, y quienes hacen Funcinema fueron pioneros de este cambio ¿Qué es lo que pasó que abrió estos espacios a la comedia?
Esto que decís es lo que nos llevó precisamente a pensar en hacer un festival de comedia: no sólo porque amamos el género, sino porque vimos que ese espacio para la comedia es escaso o inexistente en determinados círculos. Y es cierto que de repente hay festivales que tienen secciones destinadas al humor, pero si ves las secciones competitivas sigue notándose la ausencia, porque estimo que el lugar que le dan es el del “te acepto hasta ahí”. La comedia es como un pibe revoltoso que te desordena todo. Y los festivales son esas casas refinadas que tienen miedo a ser desordenadas. Lo que puedo decir no es más que una especulación: puede que los festivales hayan agotado su propuesta y precisen abrirse, porque también es cierto que se popularizaron y ya no son tanto ese lugar acartonado y reservado a lo académico.

De los muchos modelos de comedia que atraviesan la historia del cine, con capo cómicos, física o lingüistica, de enredos, de director, de productores y demás, ¿Hay alguno que se presente como predominante en este momento? ¿Qué están viendo ustedes en relación con el presente de la comedia?
Si pensamos en la comedia mainstream de cada país, de Guillermo Francella a Ben Stiller, de Dany Boon a Checco Zalone, lo que vemos es que lo que sigue funcionando es la estrella, el capo-cómico (y pensemos que el capo-cómico tiene la virtud de saber decodificar lo regional, de ahí su vínculo con un público masivo; por eso que es raro también que una comedia extranjera sea exitosa comercialmente). Sin embargo en un festival como Funcinema, por tratarse de cine independiente o de realizadores nóveles, lo que llega es mayormente una comedia de director. Desde la apuesta estética, lo que se observa es un mayor desarrollo de lo lingüístico por sobre lo visual o el juego con lo formal, lo que le acerca a un formato más televisivo, sin ser peyorativo. Y lo que sí es evidente, ya desde lo temático y fundamentalmente en la producción europea, es una mirada sobre la crisis tanto política, como social, económica y hasta familiar. Hay ecos de una desintegración que amenaza como indetenible.

¿Cómo pueden explicar que es lo que verán los espectadores en esta quinta edición de Funcinema?
La forma de selección de las películas es tan democrática, que la propuesta de cada año es imposible de acotar o definir en un concepto: las 83 producciones que se verán son el resumen del sentido del humor variable (y variado) del equipo de programadores, va del humor físico al lingüístico, del político al romántico y naif, del más guarro al más sensible, también hay grandes comedias animadas. Sí nos permitimos, por la confianza que nos da ver que el festival se hace más popular y masivo, tomarnos algunos riesgos, que es lo contrario de lo que aconsejan los manuales: en vez de dormirnos en los laureles, le damos una vuelta más para ver hasta dónde bancan los espectadores. Entonces programamos en la competencia cortos como “Excuse me, I’m looking for the ping-pong room and my girlfriend”, que además de un título extensísimo es una apuesta de humor decididamente a contracorriente.

Al menos en una primera aproximación, la comedia latinoamericana está dejando los viejos modelos televisivos y vinculados a capocómicos con mucha popularidad e incorporando otro tipo de comedias ¿qué pueden contarnos sobre lo que pasa en la región respecto de las comedias?
Por suerte nos llega bastante material latinoamericano y es verdad que hay una búsqueda por correrse de las viejas fórmulas (y de ciertos resabios de un humor bastante machista), aunque es decididamente una etapa de prueba y error donde los resultados aún son fallidos o insatisfactorios. Un poco de eso son culpables los festivales, especialmente los europeos, que han modelado un cine latinoamericano centrado en la explotación de ciertas miserias de la región. Y cuando lo que se demanda es eso, es difícil no ceder a la exigencia del mercado. Por suerte este año, además de la propuesta argentina, tendremos los cortos “Cementerio” (Colombia) y “Pura pantalla” (Venezuela), y el largo “El ídolo” (México), todos representantes de la región y demostrativos que tanto temática como formalmente hay variedad, un nivel de producción interesante y miradas que saben correrse de lo tradicional.

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