Tarea de valientes

Teatro en Honduras, tarea de valientes

Por Melissa López

El desdén estatal, la indiferencia social y la corrupción del intermediario entre la obra y el público son solo algunas de las batallas que los teatristas hondureños intentan librar en su búsqueda por un espacio digno que acoja sus más grandes pasiones.

“En Honduras la apertura hacia el movimiento teatral siempre ha sido difícil porque no existe una política cultural ni el más mínimo apoyo a las artes por parte del Estado. En cuanto a la empresa privada, la mayoría no patrocinan historias que hablen de nuestra realidad”, expuso el director del Grupo Teatral Bambú (GTB), Edgar Valeriano.

“Vivimos y morimos por el teatro. El Estado canceló la Secretaría de Cultura, Artes y Deportes (SCAD), no tenemos una compañía nacional de teatro y las pocas salas existentes han ido cerrándose: Teatro La Reforma, Teatro Renacimiento, Sala de Teatro Novacentro, Athanor Teatro, entre otras”, expresó Mario Jaén, director del Teatro Taller Tegucigalpa (TTT).

Asimismo, la gestión y la producción de las obras, el interés incansable de mejorar cada día la calidad de las presentaciones, la concientización de los espectadores hacia los temas planteados y la falta de  profesionalización del arte dramático son desafíos que se suman a la ardua labor de quienes colocan sus
sueños sobre las tablas. Los hechos demuestran que el trabajo para el teatrista siempre ha sido cuesta
arriba; pero la perseverancia, la creatividad y el espíritu de estos paladines junto al contubernio del público que apoya estas manifestaciones artísticas han permitido que el movimiento siga vivo.

“Es muy satisfactorio poder afirmar que existe un mayor interés por parte del público hacia el teatro. Creo que cada día y con cada evento se siguen sumando espectadores que pagan un boleto para presenciar las obras, una cartelera que va en crecimiento y nuevos espacios alternativos”, comentó Valeriano.

¿Pagos simbólicos?

Según Jaén, el 65% de la población hondureña está desempleada y/o vive de la economía informal -un eufemismo de vivir como se pueda- y no puede acceder a un boleto de entre 80 y 100 lempiras, por lo que algunas agrupaciones teatrales han encontrado el interés y apoyo de organismos internacionales en patrocinar
presentaciones gratuitas para estos sectores.

“Puedo aventurarme a decir que del restante 35%, el 0.02% va al teatro con boleto pagado, por lo que las presentaciones gratuitas no representan una amenaza para la existencia de estas casas”, apuntó el director del TTT.

Por su parte, Daniel Téllez -quien forma parte del Teatro Universitario Lucem Aspicio- concibe que el principal reto que enfrentan los teatristas es la falta de sostén por parte de las instituciones que tienen el poder de darlo, y del poco valor que la sociedad le otorga al arte y a la cultura.

“Hay quienes aún teniendo la capacidad de comprar un boleto con un valor casi simbólico se abstienen de disfrutar de una obra de teatro que ofrece un entretenimiento constantemente evolutivo. Los teatristas somos personas que nos equivocamos, improvisamos, mejoramos y deseamos hacerlo mejor en cada función”, expresó el joven actor.

El papel de la ENAD

Cabe mencionar que solo existe una institución de teatro pública y gratuita en Honduras. Esta es la Escuela Nacional de Arte Dramático (ENAD), que constituye el único semillero para la formación profesional de teatristas.

“En la ENAD hemos venido consolidando un pénsum académico cada vez más completo que atiende no  solamente las necesidades de actores y actrices, sino que incorpora clases de dirección escénica, gestión y producción teatral, investigación aplicada al teatro y a la dramaturgia, y algunos talleres técnicos de diseño y vestuario, así como de escenografía e iluminación, entre otros campos”, dijo José Luis Recinos, el director de la ENAD.

Sin embargo, el también actor acepta que las oportunidades de desarrollo teatral que se tienen en el país enfrentan grandes limitantes en diferentes aspectos; a nivel presupuestario, de infraestructura y en programas que fomenten el arte y la cultura por parte del Estado.

El teatro -al igual que todas las artes- requiere de una inversión de dinero muy grande por lo que la falta de recursos es una limitante que afecta inclusive a quienes egresan de la ENAD. “Yo como profesor de la escuela veo a mis estudiantes montando obras sin dinero, presentándose en lugares no necesariamente adecuados y que -aún habiendo invertido tres años en educars eno tienen las oportunidades que merecen”, remarcó Óscar Quiroz, docente de
la escuela.

El Heraldo

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