Abner Benaim, cineasta panameño: «Las canciones de Blades se han convertido en el soundtrack de nuestras vidas como latinoamericanos»

Por Daniel Cholakian – NodalCultura

Rubén Blades es un hombre al que todos y pocos conocen. Esta podría ser una manera de dar cuenta de “Yo no me llamo Rubén Blades”, la película del realizador panameño Abner Benaim .

Blades es sin dudas uno de los más reconocidos cantantes de salsa. Algunas de sus obras como “Pedro Navaja”, “Plástico” o “Tiburón” y sus trabajos con Willie Colon, fueron sin dudas los arietes que le permitieron llegar a la cúspide de la industria discográfica mundial. Sin embargo en Blades, ese front man, esa cara reconocida, se arma a partir de la historia de un hombre que es abogado, militante político, actor, ex candidato presidencial y ex ministro de turismo de Panamá.

Abner Benaim, quien ya había convocado a Blades en su película Invasión, da cuenta de estas muchas facetas a partir del discurso del propio artista sobre su vida y su idea de legado. También habla de la relación especial del Caribe con EEUU. Blades mismo es parte de esa tensión. Se reconoce de algún modo estafado por la compañía norteamericana que le permitió crecer como salsero, canta desde Nueva York contra las múltiples intervenciones estadounidenses en la región, reivindica la unidad latinoamericana en la resistencia y disfruta como pocos de moverse por la ciudad luminosa del norte del mundo.

La película misma, que fue rodada casi totalmente como una caminata, es una forma de contar el camino de Blades, a partir del joven que cantaba en el barrio y que el 9 de enero de 1964 descubrió que esa cultura estadounidense que dominaba su país, era parte de un régimen que consumó la matanza conocida como el Día de los martires.

Blades se comparte con Benaim en la película. Y el realizador sabe construir un relato complejo, que está más allá de ser un retrato musical, un discurso político o una mirada sobre lo íntimo. Es todo eso y más. Si tal cosa existiera, podría asegurarse que construye un sistema narrativo en favor de la belleza. La película es bella, especialmente en el instante en que Blades regresa al barrio y canta en aquella escalera donde descubrió, probablemente, la acústica que lo acompañaría toda la vida.

En un pasaje de su relato en primera persona, Blades sostiene que la película es parte de un legado que está construyendo desde ahora, para no esperar la muerte. Con esas palabras parece convertirse en el autor de la obra, de que la misma es parte de su voluntad. Sin embargo la realidad indica lo contrario. Fue Benaim quien impulsó y sostuvo la película. “Rubén fue muy respetuoso con mi proceso como director. Nunca me dijo absolutamente nada de cómo hacer la película, ni censuró nada de lo que yo le quería preguntar, ni pidió ver materiales o corte de edición, nada. De hecho hasta el día de hoy no ha visto la película, pero la apoya.  Eso sí, con esa confianza viene mucha responsabilidad, y el peso de la obra cae sobre mí”, relato el cineasta en diálogo con NodalCultura.

Así conversamos con él a propósito de su película y de ese hombre, cuyo nombre no es Rubén Blades.

El primer plano de la película, donde cuenta el instante en que supo que tomó conciencia de la existencia de la muerte entronca notablemente con la idea del legado ¿Fue esta idea el disparador original del documental?

El tema del legado sale como parte del proceso de hacer la película, de preguntar cosas que me interesaban a mí, y de tratar de entender cuál era la motivación de Rubén para permitirme hacer la película.

Uno de los ejes es contar a Blades más allá de su lugar como músico, que seguramente es el que lo hace más conocido, al menos fuera de Panamá. ¿Cómo trabajaron eso? ¿Cuánto crees que se conoce el perfil político de Blades, tanto dentro y fuera de tu país?
Para mí el enfoque principal fue siempre el cantautor, pues es la faceta más representativa y la cual ha tenido más impacto en el mundo. Esa persona que está detrás de las letras de Plástico, Pedro Navaja, Pablo pueblo y más, y mucho más, me intrigaba y me sigue intrigando. Ahora, descubrir que ese cantautor es multifacético (Una persona que lee, que se involucra en política, que actúa en Hollywood, que llena crucigramas del New York Times, que viaja y conoce gente interesante en todos lados, que se gradúa de abogado) solo genera más curiosidad aún, y en cierto modo explica la profundidad de su música.

La película alcanza un nivel de intimidad que el propio Blades reconoce que no es habitual ¿Eso fue pactado de antemano o el ir haciendo la película permitió avanzar hacia un espacio personal que no estaba pensado desde el origen?

No había nada pactado de antemano excepto que vamos a hacer un documental sobre él. La confianza e intimidad son el resultado de una relación genuina entre nosotros, la cual por su generosidad  y apertura me permitió capturar en cámara. Pero además otro factor clave  es el tiempo que permite que las relaciones se desarrollen y que los temas a tratar salgan a la superficie.

La película parece una larga caminata. Está claro que hay una decisión formal de filmar largas caminatas hacia lugares claves en la historia de Blades. Esto articula la idea de una vida como camino, como recorrido, suma la noción de tiempo y espacio a la historia ¿cuál es la idea que da cuerpo a esa decisión formal?
Creo que sale de un lugar muy sencillo, y es que a ambos nos encanta caminar, y que caminar es una muy buena forma de observar (aunque no es tan fácil de filmar). La narración sobre los lugares, casi obligatoria en este tipo de documental, la hacemos de manera muy casual, sin darle un peso histórico o una importancia artificial, reverencial. Eso me parecía que iba bien tanto con mi manera de ver las cosas como la de Rubén, y en cierto modo funciona como un punto de partida para entrar en temas más profundos que me parecía importante incluir, como la presencia de la muerte como fuente de empuje para la vida y la creación artística.

¿Qué lugar tiene la música y las canciones en el relato sobre Blades?
Sus canciones  son parte inextricable de la narración de la vida de Rubén Blades. Sus letras en conjunto cuentan todo lo que lo ha mantenido interesado, preocupado, curioso, entusiasmado, pensativo, a través de tantos años. Son una clase de historia, de ciencia política, son cuentos cortos, poemas, crónicas. Y creo yo que no solo cuentan la historia de Rubén, sino que se han convertido en el soundtrack de nuestras vidas como latinoamericanos en estos tiempos.

 

 

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