Una dimensión de vida

El teatro como una dimensión de vida

Nota del fotógrafo: Nos dejamos ir a la Galería El Áttico (allá por una de las zonas más espumosas del territorio guatemalteco) para coincidir con Guillermo Monsanto, escritor, actor y director de teatro quien lleva ya más de tres décadas vinculadas con el arte.

Monsanto abrió las puertas de su centro de operaciones; al llegar nos recibieron como se debe. Ya estando en confianza y con el glamur que nos caracteriza le pedimos al máster que nos echara su bendición para las fotos que acompañan esta entrevista.

Guillermo Monsanto. Fotografía de Javier Herrera

La interviú

Los primeros pasos

¿Quién te motivó a entrar al mundo de las tablas?

Siempre hubo una inquietud, que no se pudo cumplir en la adolescencia, ya que cuando me incliné a las artes escénicas, Guatemala estaba viviendo un momento político raro; los grupos de teatro estaban bajo el dominio del gobierno.

Dos años después (a los diecinueve) mi tía Alma Monsanto abrió una academia llamada “Kodaly”, y en ese momento decidió montar una obra llamada “Hello Dolly”; me invitó a participar, dando inicio a todo, porque desde entonces no me he bajado del escenario, y de eso hace ya treinta y seis años.

¿Cómo surgió tu interés en el teatro?

Todo al que le gusta el arte va desarrollando la necesidad de búsqueda y encuentro de hechos, dentro de la rama deseada. Ya traía algo desde la casa, una casa de profesores de la época de la Revolución. Mis abuelos tenían dos bibliotecas, una pertenecía a mi abuela y otra a mi abuelo, yo era muy apegado a mi abuela, ella me invitaba a leer.

Empecé a leer y de la imaginación que me provocaba la lectura, el teatro empezó a meterse en mi alma. Mi tía Alma me enseñó el amor al teatro, cómo entenderlo, como una dimensión de vida.

¿Cuán importante es el teatro guatemalteco?

Depende para quién.  El teatro como disciplina es muy importante porque es una forma de leer libros, el problema es cuando una sociedad no educa a las nuevas generaciones a ir al teatro.

El teatro pierde importancia al no conocerlo pues no existe. Después del conflicto armado, en esa evasión que tenía el guatemalteco de tanto dolor, el teatro que se hizo visible, fue el teatro de comedia.

El teatro pierde la importancia cuando la gente no va a nutrirse y cuando el teatro deja de ser dimensión y solo se vuelve entretenimiento. La importancia del teatro es un hecho relativo, el teatro para mi es vital, es importante, como para la gente que me rodea.

¿Cuáles son las obras más emblemáticas en el teatro guatemalteco? 

Hay muchas, sobre todo en una época de oro, en el teatro metropolitano, en la Universidad Popular, eran obras de búsqueda, algunas eran obras sociales, eran importantes, nos ayudaban a vernos como sociedad. Esas obras nos dimensionaban a un pueblo, a un público, a personajes que existen y no se quieren ver, eran unas obras muy importantes no solo en política, en los años setenta.

El grupo teatral Centro hizo obras muy importantes que caían en tecnologías más contemporáneas de expresión. Me gustaría pensar que las obras que he hecho entrarían también en esas obras emblemáticas pero también hay otros compañeros que han realizado trabajos muy importantes.

Es lamentable que no hay nadie historiándolo, eso quiere decir que una vez pase nuestro tiempo, también nuestras obras, las de los años cincuenta, no existen, como el teatro de los años sesenta y setenta no existen, ya que no hay un libro de la historia de teatro guatemalteco como tal; experiencias sueltas sí hay, pero que exista un libro de la historia del teatro guatemalteco, no.

Entrevista Guillermo Monsanto

Fotografía de Javier Herrera

 Según vos ¿Qué le falta al teatro que se está generando en Guatemala?

Un decidido apoyo del Ministerio de Cultura. El  Ministerio de Cultura es el causante de la caída en picada de todos los grupos emergentes del teatro.

Espectáculos públicos es una oficina de obstáculos públicos, son tan ridículos que solo les hace falta dar permiso, para hacer una obra de teatro en donde uno contabilice las cucarachas albinas de todo el centro de la ciudad capital. Creo que es importante una cultura que apoye el teatro, también las artes visuales, la música, la danza y esa política no existe en Guatemala, no hay voluntad, para que el teatro prospere, se necesita realmente un decidido apoyo de las autoridades.

 ¿Cómo describís la actividad teatral guatemalteca en la actualidad?

Yo creo que ahorita esta actividad está desinflada por el público “resuelto” porque no se llena el Teatro Nacional en una función, sacamos costos, se pagan sueldos, son grupos que siguen haciendo la lucha, pero los grupos emergentes se están quedando en el camino, no lo están logrando.

Hay un esfuerzo, los grupos de teatro son muy creativos, resuelven. Hay problemas, los teatros son caros. Hay un movimiento, hay dramaturgia nueva, hay voluntad, si no hubiera posibilidades no existirían las carreras para teatro que hay en las distintas universidades, sobre todo en la San Carlos, con la Escuela Superior de Arte, que la tienen como piedra en el zapato, pero tiene muchos estudiantes, están quitando presupuestos a museos, entonces hay peligro. Solo la necesidad ayuda a sobrevivir.

¿Cuál ha sido la experiencia en toda tu carrera en el teatro?

Inicié haciendo teatro en 1982, he tenido suerte de hacer un teatro que me gusta, con los grupos correctos, con las experiencias correctas, mi experiencia ha sido amigo de toda la vida, lo que me ha fascinado ha sido  la creación de textos.

La creación como la ley emotiva. Uno crea, uno va llevando las cosas, uno va haciendo y es la mejor experiencia que puede dejar. He trabajado en unas obras que me han marcado “Te veo” por ejemplo, fue una obra muy particular porque, era con Joam Solo, “Los Miserables”, con un grupo muy interesante y que marcó un futuro artístico a todos. Canté en vivo, actué para 18,000 personas, para luces Campero en el Campo Marte. Esa energía, esa necesidad de que el show salga, es vida y eso para mí es el teatro.

 ¿Cuál es tú inspiración a la hora de realizar/dirigir una obra teatral?  

Soy muy intuitivo, compongo mis obras de teatro de esa manera, nunca las planifico; primero me tiene que llamar la atención, el título, si el título me llama la atención ya entro a la obra, si hay que hacer una adaptación, se hace la adaptación. Es un sentimiento que une, lo que me están dando los actores con lo que percibo de la obra.

Es muy difícil saber exactamente lo que el actor quiere, porque el actor lo ve de una manera precisa, pero cuando uno lo está creando tiene que hacer las adaptaciones. Es emocionante, es una forma de vida.

Para finalizar ¿Cómo ves el teatro guatemalteco actual comparado con el que se hizo en el siglo XX?

Era mejor el del siglo XX, mucho mejor; primero el recurso humano era más importante que el tecnológico y ahora es el tecnológico que se impone sobre lo humano. En Guatemala se está poniendo de moda el teatro de franquicia, como tienen derecho de autor, sin embargo este teatro no da espacio a la creatividad.

Barrancópolis

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