Cultura adolescente

Aguafuertes porteñas: La reapertura del Centro Cultural Recoleta

Por Daniel Gaugine

En Buenos Aires pasan cosas. A veces uno se entera por circunstancias relacionadas a su actividad o simplemente porque la casualidad metió la cola. De esta manera y con esta impronta, se relatarán historias y hechos varios dignos de mención.

Este es el tipo de crónicas que uno debe hacer una mención especial. Antes que nada, la descripción del hecho que se desea comunicar y, por otra parte, algunas cuestiones que merecen ser contadas. Más allá que pueden resultar anecdóticas, hacen a la noticia y mucho más, en el carácter simbólico de la cuestión.

Empecemos con la descripción del hecho que amerita esta crónica que es la reapertura del Centro Cultural Recoleta. La idea de la organización del evento era la de una “gran fiesta cultural”. Para tal fín, los periodistas habíamos sido convocados a las 18 hs para dar un paseo por las instalaciones y finalizar con la palabra del jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, el ministro de Cultura Enrique Avogadro y la Subsecretaria de Políticas Culturales y Nuevas Audiencias, Luciana Blasco.

El paseo a los periodistas lo encabezaron Luis Gimelli, director de arte del Centro Cultural y Laura Spivak, responsable de Artes Visuales.

Con un marcado acento puesto en los adolescentes, la obra de renovación de todos los edificios que forman parte del Recoleta tardó un año de obra y puesta en valor. Se estrenaron nuevos espacios dedicados a la cultura hip- hop, una sala de coworking, un espacio de ocio y una tienda de diseño argentino contemporáneo. Todo con una inversión de 114 millones de pesos.

Al respecto, uno no puede dejar de pensar cuales son los criterios del gobierno de la Ciudad para invertir este dinero en el Recoleta (que lo merece) y no poner el ojo en áreas como la educación, atravesada por la nefasta performance de Soledad Acuña, una ministra a cargo de dicha cartera que nunca dio clases o estuvo frente a un grado. Probablemente hubiese sido mejor destinar parte de ese dinero a evitar el cierre de las escuelas nocturnas y tomar medidas acordes como vacantes para colegios, jardines de infantes o la mejora edilicia de las escuelas. Al fin y al cabo, era el destino del dinero que se ahorraba del Fútbol para Todos, de acuerdo a una de las tantas promesas -incumplidas- en la campaña presidencial de Cambiemos en el 2015.

Faltaban cinco minutos para las 18 hs cuando llegamos para la recorrida por el «Nuevo Recoleta». En la puerta, había mucha gente esperando para ingresar a la tan mentada fiesta. Por tal motivo, el paseo destinado a los periodistas coincidió con el ingreso del público, atestándose muchas de las salas. Una desprolijidad evitable de haberse realizado una hora antes.

Forzando la voz para hacerse oir, Gimelli afirmó que “se trabajó mucho en la espacialidad y la circulación de la gente que era la propuesta original de Clorindo Testa”.

En relación a la sala de Coworking, dijo que “es un espacio que, cualquiera que este en el Recoleta y quiera reunirse, encontrarse, hacer los deberes o una reunión de trabajo, la puede hacer aquí ya que le proveemos energía y una buena conectividad de wi-fi. Este espacio se encuentra en uno de los lugares más lindos del Centro Cultural que es rodeando el Patio de los Naranjos”. Sobre este patio, recordó que “se recuperó completamente el piso original de Clorindo Testa. Fue muy difícil de recuperar y encontrar la misma calidad de piedra. Todo un rompecabezas. En el Patio del Tanque, se hizo un trabajo artesanal para recuperar y no agregar adoquines nuevos. Toda la intervención del aljibe que hay en el patio, es una intervención efímera. Si viniese otra gestión y quisiese levantarla, lo puede hacer.. Se recuperó el aljibe histórico que estaba pintado de verde aunque era de mármol. Se lo limpió y pulió por lo que ahora está impecable”. Agregó que “este fue el criterio de todo el edificio. Ser casi como un cirujano, operar sobre el edificio de la manera más limpia y prolija posible para que se acerque a lo que se pensó originalmente”.

Recordemos que el edificio fue rediseñado en 1980 por los prestigiosos arquitectos y artistas plásticos Clorindo Testa, Jacques Bedel y Luis Benedit, sobre lo que había sido un antiguo convento del año 1700.

No obstante, hay una fuerte crítica con respecto a lo que se hizo con la fachada del edificio en tanto no respetaría la Ley 12.665 que protege los bienes artísticos, museos, monumentos y lugares históricos estatales

Inclusive, salió una feroz crítica contra lo realizado en el Recoleta a cargo de Jacques Bedel. “Me parece el mamarracho más grande que vi en mi vida. Esto se hizo hace 40 años y se suponía que era un centro cultural, no un circo. No un centro de diversión payasística. Violar un edificio de esa forma no es ser actual. No pasa por ahí. La principal razón de ser, cuando se hizo, fue permitir que la gente del interior expusiera sus obras. Se ha desvirtuado esa primera idea. Es una afrenta. Lo transformaron en un circo con burbujas de champagne”. Bedel dijo que nadie le consultó sobre esta intervención y que debería haber habido un concurso tratándose de un patrimonio protegido.

Una vez adentro del Recoleta, en la sala Cronopios, se encuentra la muestra Viral Mural, curada por Rodrigo Alonso. En una de sus paredes, una inscripción dice “La libertad es responsabilidad”. Uno recuerda cuando Luca Prodan cantaba que “Para vos, lo peor es la libertad”, con fuerte dejo de ironía, jugando con el contexto. Ahora, año 2018, tirar una frase implica un análisis de lo que implica el término «libertad» y cual sería su relación con la «responsabilidad». ¿Somos libres si somos responsables? Huummm…¡Que duda!. Ergo, para ser libres y responsables, ¿deberíamos tener el mismo pensamiento para no ser «irresponsables»? ¿Todos y todas en la misma Matrix, sin pensamiento crítico? Me gustaría pensar que tipo de «responsabilidad» tuvo José de San Martín para obtener la libertad del continente americano…o que avances hubiera tenido la humanidad si no había «irresponsabilidad» de aquellos que pusieron en tela de juicio los paradigmas imperantes, con la consabida ruptura y, en la mayoría de los casos, enriquecimiento. En tal sentido, prefiero el uso «irresponsable» de «la libertad» que hicieron Miles Davis, The Beatles o Astor Piazzolla -por nombrar a algunos «irresponsables»- para romper los esquemas y no reproducir lo que ya se venía realizando.

Otra de las paredes repite la frase “Arte Popular” que, justamente, se encuentra ubicado en uno de los lugares mayor poder adquisitivo de la ciudad, “curado” y “aprobado” para ser considerado como tal. La resignificación de conceptos como “arte” y “popular” -al igual que el de «libertad» y «responsabilidad»- gira hacia cierto vaciamiento de su contenido. Todo en el marco de una cultura vacía y líquida, con Bauman y Zizek de por medio.

Una tercera pared tiene un chimpancé (chicos….¡se ponen para la foto para el chiste fácil!) que, detrás de su mano derecha (je!),  se puede leer “Si el artista aprende a hablar en el lenguaje del pueblo, entonces hubiera ahorrado una enorme cantidad de tiempo perdido para empezar a expresar realmente que tiene adentro, que era naturalmente, otra cosa que la voz de mi país y de mi pueblo».

A lo lejos, un ejecutivo de rostro feliz (obviamente! No podía ser de otra manera!) emerge de las aguas, con un aura de paz y buena vibra, llegando a la costa donde se ven algunas sombras humanas que lo esperan. No vamos a empezar a hablar de la idea de “civilización y barbarie” -que es bien clara- sino que todo tiene una forma de “paz” entendida en un no-conflicto en el que se sabe de antemano quien tiene las de ganar. Una especie de Eternauta aggiornado a estos tiempos que se muestran desideolgizados –aunque llenos de ideología- saliendo del mar, dispuesto a evangelizar con su mensaje de “bondad”, absolutamente lavado pero acorde a estos tiempos.

La cereza del postre es la exhibición de un vagón de subte grafiteado en el medio de la sala…justamente cuando esta no es una ciudad muy «grafitti friendly» que digamos. También sorprende como hay gente que entre al mencionado vagón y todo mire con curiosidad y sorpresa, como si estuvieran frente a algo que nunca hubiesen visto antes. ¿En que viajan todos los días al trabajo o a estudiar? ¿Tomarán medios de transporte? ¿Trabajaran? ¿Estudiaran?

Entre los espacios que se inauguraron se encuentra el de Cultura Hip-Hop, una zona permanente dedicada a los cuatro elementos de la cultura hip hop: graffiti, rap, dying y breaking. Está equipado con cyphers, gradas y mayores comodidades técnicas para shows, clases, entrenamientos, batallas de baile, freestyle y fiestas de hip-hop.

Gimelli dice que “aunque haya espacios permanentes, van a tener activaciones todo el tiempo. Hoy hay una muestra de patterns y del otro lado, una de comic experimental. Es poder transitar por el espacio y poder ver cosas”. Spivak toma la palabra para decir que “las muestras están curadas por Festival Sudestada que es un festival de dibujo e ilustración. Va a tener su momento el 26 de enero con el Festival En Pié, que durará todo el sábado e incluirá charlas, ferias, talleres y demás. Una muestra fue co-curada por un jurado brasilero llamado Fede Coutinho y los responsables del Festival Sudestada que es la muestra de artistas argentinos y brasileros de comic experimental; la otra es una muestra de ilustradores que hacen patterns. Este espacio va a estar dedicado todo el año, a trabajar con las escenas vinculadas con el comic, la ilustración y la producción gráfica en líneas generales. Todo a través de muestras, talleres, ferias y actividades”.

Aquí Gimelli afirma que “este es el espíritu del Recoleta. Queremos salir de esa cosa en la que se convirtió el Recoleta que, por un tiempo largo, se había convertido en un espacio expositivo con un criterio museístico. Venías a ver una obra y volverte. Ahora podes hacer esto pero también tenes un montón de actividades que te interpelan. Tenes danza, teatro, performance, cine, literatura. No solamente artes visuales” y sube la apuesta al decir que “va a ser toda una experiencia. Incluso ir a los baños, que están intervenidos por distintos artistas”.

Uno de los puntales del Recoleta es la creación del nuevo Espacio Clave 13/17, una zona pensada para que los adolescentes puedan habitarla de martes a domingo como si fuera su casa con sillones y puffs, metegoles, un lugar para sacarse fotos y máquinas de comidas y bebidas, hubo talleres de cortometraje, de fotografía, de creación de videoclips, música en vivo y recital de poesía. Todo organizado con un grupo de adolescentes de entre 13 y 17 años que son curadores y programadores del contenido joven de cada domingo en el Recoleta y del Festival Clave, que se celebra anualmente e involucra música, poesía, artes visuales y nuevas expresiones centennials como el cosplay (amantes de los juegos de rol y el manga, que se disfrazan de sus personajes favoritos), los fan dancers del k-pop (jóvenes que cantan covers e imitan las coreografías de sus ídolos del pop koreano), el gaming o los booktubers (chicas y chicos que recomiendan sus libros favoritos en YouTube).

Sobe lo descripto, Gimelli dice que “ahora tenemos un área de contenidos. Todo lo que ingresa al Recoleta es por una convocatoria abierta. Muy pocas cosas no lo son. Lo mismo se hizo con el área 13/17. Chicos de esa edad que, con tutores, deciden que van a hacer. Para el momento en que vivimos, que un adolescente tenga de referente a otro par, lo habilita a transitar aún más nuevos espacios, caminos y recorridos en relación con otros artistas. Ellos eligen sus actividades y están acompañados por un equipo de producción”.

Aquí surgen dos observaciones. La primera será de puro desconfiado pero resulta “sorprendente” el deseo de un ente oficial de cobijar a los adolescentes en sus creaciones y “curarlas” para su desarrollo. Más aun surge el interrogante cuando se ve que hay hip hop y rap en la programación. Si el rap es furia, bronca, la voz de quienes cuentan lo que ocurre a nivel social, ¿cómo podrá ser “curada” esta expresión? 

Por otra parte, queda sobrevolando la visión del adolescente como un ente destinado al consumo. Lo circunscribe a ese lugar para que haga “sus cosas”. En un punto, sería una vuelta a los años 50 en los que no existía la adolescencia y esa edad –entre los 13 y 20 años- había que pasarla lo más rápido posible, previo paso a la adultez, donde prime esa “libertad con responsabilidad” por la que aboga una de las paredes del CCR. ¿No sería interesante brindarles contención de otra manera? Quizás, a través de la escuela (para eso hay que abrirlas y no cerrarlas) u otras instituciones o entes que otorguen algo más interesante que un metegol o un lugar para sacarse fotos.

Entre los nuevos espacios, se cuenta la Sala de dibujo (una zona de trabajo y creación con mesas para ilustradores y diseñadores, activada rotativamente por colectivos de ilustradores y artistas del mundo del cómic), la Sala de Estudio (un lugar pensado especialmente para estudiar y trabajar durante el día, que se encuentra equipada con wi-fi, enchufes y puestos para computadoras) y el Espacio de Ocio (dedicado al relax y el ocio creativo). Estas salas fueron planeadas íntegramente por el grupo El Galpón, un grupo multidisciplinario formado por arquitectos, diseñadores y artistas.

En cambio, los espacios de talleres y salas de reuniones fueron diseñados y realizados íntegramente por la artista Inés Raitieri y no hay ninguno igual al otro.

Con respecto a la sala de ocio, dice Spivak que la muestra El Juguete Rabioso “fue curada por Juan Pablo Cambariere en lo que se refiere a ‘muñecos de autor’. Se convocó a artistas visuales de distintos campos, diseñadores, ilustradores, que hacen juguetes y exploran ese universo. Son quince artistas. Algunos trabajan con plástico, madera, textiles, etc”. Consultado sobre si hay un hilo conductor en las obras, Cambariere responde que “para mi, lo que nuclea es que hay ironía sobre un objeto convencional. El robot, en vez de hacerlo de metal, es de madera; el oso no es de peluche sino de concreto; el juguete deja de ser tierno y es perverso, medio punk; tiene un cuchillo en la mano o estupefacientes. Igual siempre es diferente el tono. El origen también es heterogéneo. Hay gente que viene de la televisión y la animación, de la artesanía, la cerámica, la ilustración o el diseño gráfico”.

Para el final, quedó la frutilla del postre que era la palabra de Luciana Blasco, Enrique Avogadro y Horacio Rodriguez Larreta.

La verdad, no dijeron nada muy interesante ya que destilaron ese discurso tan empalagoso de “buenas ondas” que termina exasperando. Lo de Blasco fue emotividad 2.0 mientras que entre Avogadro y Larreta no pasaron de los cuatro minutos, cada uno, para decir….algo.

El agradecimiento exagerado, el tono bondadoso propio de una publicidad de yogur y el discurso ameno escapado del manual de capacitación de un call center –que incluye la “sonrisa telefónica-, cansa. Sé que se presentan como “los paladines de la empatía” pero también hay un respeto mal entendido donde entra todo tipo de ideas, nivelando cualquier tipo de intercambio para abajo –“es lo mismo un burro que un gran profesor” diría Discepolo-. El respeto vacío se conjuga con una sonrisa de costado que se acerca más al cinismo y a la soberbia que a la apertura del tan mentado diálogo. Al respecto, no se habilitó el micrófono a las preguntas de los periodistas presentes. Una pena que esto ocurra en el marco de una transparencia que se proclama pero que no se lleva a la práctica. Desde una de las ventanas, una chica grita “¡Deja de cerrar escuelas, Larreta!” pero el jefe de Gobierno ya se había retirado del recinto. Solo unos segundos para posar para las fotos de rigor y marcharse.

Según las cifras que brindó el propio Recoleta, más de 40 mil personas asistieron a la fiesta de inauguración que cerró con un gran concierto del solista pop cordobés Juan Ingaramo en la plaza. El recital formó parte de la vuelta de “Por amor al baile”, un ciclo musical organizado por el dj y productor Villa Diamante que reúne lo mejor de la música emergente local.

Reabrió el Centro Cultural Recoleta, atravesado por diversas polémicas. El hincapié puesto en los adolescentes, en detrimento -quizás- de otros públicos es una toma de decisión importante. Más aún, en un año político en el que hay demasiados intereses en juego. Veremos como se desarrolla la programación a lo largo del año y si logra alcanzar los objetivos que se ha propuesto.

El Caleidoscopio de Lucy

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