Costa Rica: las películas recomendadas por Nodal Cultura en el CRFIC

Por Daniel Cholakian – Nodal Cultura

El jueves 28 de marzo comienza el Costa Rica Festival Internacional de Cine –CRFIC-, evento organizado por el Ministerio de Cultura y el Centro de Cine. El mismo se propone como una ventana del cine centroamericano al mundo. Pero las pantallas son más que ventanas y el CRFIC es un espacio de encuentro abierto entre cineastas, cinéfilos y públicos.

Nodal Cultura estará presente durante los 10 días que dura el Festival para acercar a sus lectores las claves que presente el cine regional y las voces de los creadores. Mientras tanto proponemos una lista de películas de América Latina y el Caribe que se destacan en una programación que incluye  un total 66 películas de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, El Salvador, Guatemala, México, Panamá, República Dominicana y Uruguay.

Nuestra selección es una de las tantas posibles, sin embargo siempre es importante permitir que la intuición y el azar participen en nuestras elecciones. Muchas de las grandes obras aparecen ante nosotros cuando menos lo esperamos.

Agua fría de mar de Paz Fábrega (Costa Rica) El primer largometraje de la realizadora tica, fue también la primera película centroamericana en participar en el Festival Sundance. Un drama misterioso sobre una niña que aparece y se escapa de la vida de Mariana y Rodrigo. De allí cierto misterio se construye alrededor de una intensa mirada femenina.

Comprame un revólver de Julio Hernández Cordón (México) Contra toda distopía de futuro, Hernández Cordón propone aquí una suerte de distopía del presente. Ese es un hecho fundamental. El presente está lo suficientemente desarrollado en los márgenes y en los espacios olvidados, y es tan violento, desigual que no hace ya falta esperar a un futuro apocalíptico. En un espacio de México, que parece estar totalmente dominado por narco traficantes, la película propone una tensión dramática permanente y alta intensidad política. Allí vivir o morir, y la película lo toma como una humorada, parece ser  solo una cuestión de suerte.

Dos Fridas  La película está construida a partir de la relación entre la enfermera costarricense Judith Ferreto y la pintora mexicana Frida Kahlo, a quien cuidó en sus últimos años de vida. En su casa de Costa Rica, Judith es cuidada por una mujer. En el mundo interior de Judith, se entrelazan sueños, mitos, imaginación y realidad. La excepcional María Medeiros compone a la surreal Judith y eso es por sí mismo un gran actractivo.

El baile de la gacela de Iván Porras (Costa Rica). Ganadora como mejor Ópera Prima en el Festival de Montreal e interpretada por Marco Calvo, un actor no profesional, la película cuenta la historia de Eugenio, un hombre adulto mayor que puede, al fin, desear. El guion toca temas como la sexualidad en la tercera edad, el machismo y profundiza la mirada a propósito de la comunidad LGTBI.

El silencio es un cuerpo que cae de Agustina Comedi (Argentina) Este magistral documental parte de un descubrimiento personal e íntimo, la homosexualidad oculta ante los ojos de la realizadora de un pariente muy cercano, para contar la militancia política, la represión que dictadores y militantes tuvieron para con las diversidades sexuales, los años explosivos años ochenta para cierto mundo gay de clase media y las formas con que cada quien podía resolver su deseo en los marcos familiares y sociales. La cámara del otro sirve para contar la historia desde la mirada cariñosa de Comedi.

La asfixia de Ana Isabel Bustamante (Guatemala) Durante el conflicto armado interno en Guatemala, el padre de Ana fue detenido y desaparecido junto con otras 45.000 personas. Ahora, en el silencio y el miedo que aún perduran en una sociedad de posguerra, Ana se sumerge en la memoria de sus familiares y de quienes conocieron a su padre, entre los recuerdos que todavía no han pronunciado.

La asfixia de Ana Isabel Bustamante

La batalla del volcán de Julio López Fernández (El Salvador) En el documental veteranos guerrilleros y soldados se enfrentan a los odios del pasado y a los dolores del presente cuando regresan, veinticinco años después, a los barrios de San Salvador donde combatieron en la batalla definitiva de la guerra civil salvadoreña.

La camarista de Lila Avilés (México) Esta ópera prima, presentada en el festival de San Sebastián en 2018, cuenta con una estética minimalista la vida de una joven trabajadora de limpieza en un hotel de lujo. Contada con pequeños silencios, miradas y un espacio y una ciudad que definen la vida posible, la película se distancia para dar cuenta de la cuestión social sin grandes manifiestos.

La casa lobo de Cristóbal León y Joaquín Cociña (Chile) ¿Cómo se pasa de un documental televisivo, casi vetusto, a una película de animación fascinante? La casa lobo demuestra que no solo no hay barreras para construir narraciones coherentes y atractivas, sino que lo oculto no solo se devela con los viejos recursos de la supuesta realidad. Aquí lo oculto, lo real alla Lacan, parece accesible gracias al maravilloso trabajo de León y Cociña con la técnica del stop motion. La verdad se revela en los oscuros laberintos de la ficción y de la construcción de los espacios asfixiantes, mucho más que en las imágenes documentales que ilustran y a la vez ocultan aquella oscura de la comunidad alemana que vive en el sur de Chile.

Miriam miente de Natalia Cabral y Oriol Estrada

Miriam miente de Natalia Cabral y Oriol Estrada (República Dominicana) Primera película de ficción de la pareja de realizadores de Tu y yo y El sitio de los sitios, cuenta una historia de una adolescente, el amor naciente y las formas de discriminación que circulan en las familias y el mundo social.

Pájaros de verano de Cristina Gallego y Ciro Guerra (Colombia) cuenta los orígenes de lo que sería el gran negocio del narcotráfico, en los tiempos previos a la década del ochenta. Lejos de las obras reproducidas infinitamente sobre el tema, a partir de la lógica de la industria estadounidense, esta película cuenta la historia del surgimiento de un polo de producción y tráfico de marihuana en La Guajira colombiana, impulsado por familias del pueblo wayú. Las mujeres son centrales en la construcción de esa lógica familiar, similar a la de grupos mafiosos italianos.

Sueño Florianópolis de Ana Katz (Argentina) Entre los años ’80 y ’90 del siglo pasado la clase media argentina descubrió Florianópolis, una suerte de isla costera en el sur de Brasil. Hacia allí viajaban con más o menos limitaciones y de modos diversos muchas familias en sus vacaciones. La película cuenta el viaje de una familia que se disgrega, atravesada por la caída del sueño neoliberal de los años ’90.  Sueño Florianóplis es una historia de disgregación, pero también la particular relación de los argentinos de clase media con Brasil y con los brasileros.

Tarde para morir joven de Dominga Sotomayor (Chile) Vinculada de algún modo a su premiada película De jueves a domingo, esta película traza una interesante relación entre arte, hipismo, dictadura y democracia, en los meses en que los chilenos decían NO al pinochetismo. Nuevamente la mirada de pre adolescentes será el motor del relato, que desde un mundo aislado cuenta la sociedad chilena de los primeros ’90.

Temblores de Jayro Bustamante (Guatemala) Pablo, de 40 años, es un hombre casado con dos niños, modelo a seguir y cristiano evangélico practicante. Su vida tradicional perfecta comienza a resquebrajarse cuando se enamora de un hombre. Los sentimientos de Pablo entran en conflicto con sus creencias, y su vida se transforma en un infierno de intolerancia represiva cuando su familia y su Iglesia deciden hacer cualquier cosa para “curarlo”, forzándolo a suprimir sus deseos por medio de terapia.

Yo no me llamo Rubén Blades  de Abner Benaim (Panamá) Rubén Blades es un hombre al que todos y pocos conocen. Benaim da cuenta de estas muchas facetas a partir del discurso del propio artista sobre su vida y su idea de legado. También habla de la relación especial del Caribe con EEUU. La película fue rodada casi totalmente como una caminata para contar el camino de Blades, partiendo de aquel joven que cantaba en el barrio y que en 1964 descubrió que esa cultura estadounidense que dominaba su país, era parte de un régimen que consumó la matanza conocida como el Día de los mártires. Benaim construye un relato complejo, que está más allá de ser un retrato musical, un discurso político o una mirada sobre lo íntimo.

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