Microcosmos del conflicto

“Entre nubes”: retratos de un microcosmos del conflicto

En su primera exposición individual, en la galería Bandy Bandy, la fotógrafa Ana Vallejo presenta las imágenes que tomó cuando se propuso retratar a los habitantes del barrio San Germán, al suroriente de Bogotá.

Por Julián Santamaría

El barrio San Germán, sobre los cerros orientales al sur de Bogotá, es —como tantos otros de la localidad de Usme— un barrio de “invasión”. La fotógrafa Ana Vallejo se ha puesto a la tarea de retratar los cambios sustanciales que ha vivido la comunidad que lo habita en los dos últimos años. Su trabajo da constancia de San Germán como fiel reflejo de los lastres que aún pesan en el conflicto y las esperanzas por escapar de los ciclos de violencia y abandono estatal.

«En agosto del 2018 se contaron 270 viviendas dentro del barrio. La reserva Entre Nubes delimita la parte norte delbarrio. Especies fra´giles y esenciales, como los frailejones, se encuentran en este ecosistema.»| Foto: Ana Vallejo

En las calles destapadas de San Germán se cruzan excombatientes, madres solteras, la delincuencia, niños que juegan, el sicariato, minorías étnicas, hombres que trabajan y jóvenes que buscan formas de ganarse la vida. Todas son personas que, a pesar de la adversidad, con sus propias manos construyeron sus viviendas después de años de no tener un lugar donde arraigarse. Con 626 hectáreas, este barrio es un microcosmos que refleja las tensiones, dramas y dificultades que día a día atraviesa el Colombia.

Vías, acueductos, seguridad y espacios públicos son inexistentes para esta comunidad que no ha recibido apoyo del estado. Y es muy poco probable que pronto llegue la ayuda desde el distrito: San Germán no está contemplado en los procesos de legalización de la Alcaldía y en consecuencia no será parte del plan de mejoramiento de la Secretaría Distrital de Planeación.

Según el Decreto 190 de 2004 del Plan de Ordenamiento Territorial (POT), el lugar de sus asentamientos corresponde a una reserva ambiental conocida como “Entrenubes”. Esto, bajo los ojos de la Alcaldía, implica que los habitantes del barrio están ocupando el terreno de manera ilegal. Los bordes que traza el POT son disputados por sus residentes; para ellos, la ocupación es legal porque están al lado del cerro Juan Rey, un espacio que hace parte del parque pero no está en dentro de los límites de la zona de reserva.

Foto: Ana Vallejo

Hace varias décadas, la reserva “Entrenubes” era una zona de extracción minera para material de recebo. Desde entonces, ha habido habitantes que se han puesto a la tarea de adecuar el espacio para habitarlo. Con el pasar de los años, y sin ayuda del distrito, alzaron sus hogares y hoy en día esperan en que llegue la legalización de sus viviendas, lo que podría ser la oportunidad de escapar de este “no-lugar” en que se han visto arrastrados, en muchos casos, por la violencia.

«Rosa Gallego fue desplazada de Arauca hace más de 10 años por paramilitares. Su yerno es fugitivo de las BACRIM yno saben cómo protegerlo. En Colombia, las BACRIM se consideran bandas criminales y, por lo tanto, sus miembrosno pueden ingresar a los programas estatales de desmovilización. Rosa vivió 4 meses en San Germán con su familia.»| Foto: Ana Vallejo

Pero los habitantes tienen pocas razones para confiar en el distrito. En 2016, se desplegó una operación donde cientos de uniformados de la policía nacional, en conjunto con la Fiscalía, irrumpieron en los terrenos aledaños al parque “Entrenubes” con la justificación de estar en la búsqueda de los denominados “tierreros”, un término empleado para referirse a quienes se dedican a la venta ilegal de predios, la urbanización ilegal y la invasión a tierras y edificaciones. Como bien lo explica Vallejo, “vivir en un barrio de ‘invasión’ implica vivir en una Bogotá marginal, donde la tierra se disputa constantemente”.

«La policía no llega y la violencia es a menudo la primera opción para la resolución de conflictos. Sin embargo, laspersonas que viven aquí son resilientes y están determinadas a construirse un mejor futuro.» |Foto: Ana Vallejo

Foto: Ana Vallejo

Vallejo reconoce que su trabajo, más allá de querer darle la razón a una de las dos versiones, pretende más bien registrar la manera en que una comunidad ha logrado surgir y desarrollarse en la periferia de la capital colombiana. Más allá de simples antagonismos, a través de sus fotografías es posible revertir retratos maniqueístas y profundizar en las experiencias de vida en este enclave de “ruralidad” absorbido por la metrópoli que es Bogotá.

Los miembros del vecindario se reunieron para mover postes de cemento que no estaban siendo utilizados enel parque «Entrenubes». Esto se hizo con la aprobación de los guardabosques de la reserva. Los postes seinstalaron en San Germán para proporcionar electricidad a las casas. |Foto: Ana Vallejo

Para suplir las necesidades de los habitantes, en muchas ocasiones es necesario coordinar acciones en comunidad (una difícil tarea para un espacio donde no existen vías públicas y donde no existe un lugar público para que la comunidad se concentre).

Diferentes colectivos conformados por grupos de estudio de universidades e institutos de urbanismo se han puesto a la tarea de cambiar esta realidad. A través de diferentes ejes de trabajo, como la arquitectura, el arte y la defensa de los derechos humanos, se ha buscado la manera de hacer un acompañamiento a la comunidad.

Jeison, con su hijo Hanner, de 22 y 3 años respectivamente. Se mudó a San Germán a principios de 2018 con suesposa de 17 años.| Foto: Ana Vallejo

Los habitantes más antiguos del barrio están asentados allí hace más de 30 años y varios de ellos tienen la documentación que da soporte a sus reclamos por las tierra. Esto no fue contemplado cuando se hicieron los trazos del POT hace quince años. Sin embargo, la gran mayoría de la población llegó hace poco. En los últimos tres años, el lugar ha tenido una explosión demográfica; sobre todo por la llegada de habitantes desplazados desde el Pacífico colombiano. Antes se registraban quince familias, pero hoy en día son más de 170. Sumado a esto, familias venezolanas también han encontrado en el suelo de San Germán un espacio para habitar.

Hermes es uno de los colonos más antiguos del barrio. Este es un documento oficial que prueba quecompró legalmente su tierra en los años ochenta |Foto: Ana Vallejo

Entre los habitantes que llegaron con esta ola está Arley Estupiñán, un ex miembro del partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (Farc). Estupiñán se asentó en el barrio en 2016 después de que fue forzado a dejar Buenaventura en 2013 y, desde entonces, ha fungido como líder comunitario y se ha encargado de encontrar espacio en San Germán para las personas necesitadas y desplazadas por el conflicto. En reiteradas ocasiones, sus actividades como líder social le valieron amenazas a su vida y se vio obligado a salir del barrio.

Un chaleco antibalas otorgado a Arley por la Unidad de Protección Nacional. | Foto: Ana Vallejo

Pero Arley no es el único amenazado. Prácticamente todos los miembros de la junta comunal han recibido presiones de algún tipo y la incertidumbre es latente. Como tantos habitantes de San Germán, siguen viendo sus vidas atravesadas por el conflicto armado. La firma de los acuerdos en la Habana en 2016, dicen, no ha significado un cambio tangible en sus vidas. En el barrio se sienten todavía los rezagos de un conflictoque sigue atormentando a quienes lo vivieron de primera mano.

«Arley actualmente se esconde y depende de la ayuda de ONGs para sobrevivir. Tanto él como su pareja, Esmeralda,siguen liderando procesos sociales en San Germán y en Buenaventura.» |Foto: Ana Vallejo

Revista Arcadia

 

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