Década vanidosa

La Maldita Vanidad celebra 10 años con dramas fatales

El grupo estrena en el Teatro Mayor su díptico ‘Dramas neocostumbristas de carácter fatal’.

Antes de la primera función de la obra ‘El autor intelectual’, los actores del grupo La Maldita Vanidad estaban reunidos en la cocina del apartamento del director Jorge Hugo Marín, que era el sitio en el que se desarrollaba la puesta en escena. Los protagonistas preparaban el café que le iban a ofrecer a los 28 asistentes y además cortaban las piezas publicitarias que iban a repartir, en las que un ventanal era el elemento principal.

En aquel debut, el público se sentó en el patio, al frente del ventanal de la sala, para ver este drama familiar que tenía un trágico desenlace. Y pese al doloroso final, los espectadores no querían abandonar el sitio. “Sacarlos de la casa era muy difícil, luego querían entrar al apartamento, no se querían ir, eso fue muy interesante”, recuerda Ella Becerra, una de las protagonistas de la pieza, que se estrenó en septiembre del 2009.

Aquel montaje, escrito por el propio Marín y que invitaba al público a una experiencia voyerista, se convirtió en la catapulta de una agrupación que seis meses después se presentó en Alemania y tras una década se ha consolidado como una fuerza del teatro independiente en Bogotá.

“Yo insisto en que no era algo con tanta pretensión, yo quería comprobar un texto, pero lo que pasó a partir de ahí se sale de nuestras manos. Obviamente, hay algo que sucedió en ese espacio que va a quedar siempre marcado para nosotros, porque lo que apareció como un hallazgo lo comenzamos a volver un lenguaje, y ese lenguaje ha evolucionado y trasladándose a muchos lugares”, dice Marín, que se mantiene junto a Becerra y a Angélica Prieto como los miembros fundadores del grupo.

A partir de ‘El autor intelectual’, La Maldita Vanidad desarrolló una trilogía de dramas familiares, complementada con ‘Los autores materiales’ y ‘Cómo quieres que te quiera’, que jugaban con espacios no convencionales y actuaciones que llegaban al hiperrealismo.

Como explica Becerra, el grupo ha evolucionado en muchas direcciones, no solo en las propuestas teatrales –cada año estrena una nueva obra–, sino como fundación, pues ahora tiene su propia sede, que, curiosamente, como un símbolo del destino, recibe a sus visitantes con un amplio ventanal, similar a aquel que estaba impreso en su publicidad y al que separaba a los asistentes de los actores en su ópera prima.

Actualmente, la sede tiene dos salas y cuatro de grupos invitados: ‘Trilogía del desasosiego’, ‘Edipo o el crimen’, ‘La trampa’ y ‘Gloria y Ramona’.

“Ha evolucionado el trabajo de Jorge como director y dramaturgo, por un lado, pero la creación de la compañía también ha llevado a que otras personas del grupos también asuman roles de dirección. El trabajo continuo y las giras y toda la experiencia nos ha generado una madurez y una perspectiva más amplia de lo que significa hacer teatro en Colombia y en Bogotá”, explica Becerra, quien ha dirigido espectáculos como ‘He querido gritar’. Y otros miembros de la compañía, como Daniel Diaza y Fernando de la Pava, también han debutado como directores.

Bajo la batuta de Marín, La Maldita Vanidad ha estrenado obras como ‘Morir de amor’, una conmovedora historia sobre una familia y un amigo que despiden a un ser querido –la pieza se desarrolla en una sala de velación– y ‘Kassandra’, adaptación del monólogo del uruguayo Sergio Blanco en el que Becerra ofrecía una impactante interpretación de una inmigrante que se tiene que dedicar a la prostitución.

Ahora, y en coproducción con el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, el grupo presenta hoy y mañana su nueva creación, el díptico ‘Dramas neocostumbristas de carácter fatal’, compuesto por las obras ‘Cada vez nos despedimos mejor’ y ‘Promesa de fin de año’.

En el Mayor, las dos obras se presentarán de corrido, pues la intención de Marín era construir unos relatos que tuvieran como epicentro el mismo lugar, el cuarto de un hotel, aunque se desarrollan con 30 años de diferencia.

“Siempre digo que el protagonista realmente es el lugar, es lo que le pasa a un lugar en 30 años y las historias que albergó en ese tiempo. Entonces, el deterioro social que hay ahí se vuelve una metáfora muy grande de esas urbes latinoamericanas que crecen, de sitios pudientes que de repente terminan en una decadencia extrema”, explica el director y dramaturgo.

La Maldita Vanidad

Foto: Cortesía La Maldita Vanidad

Aunque usualmente sus piezas se desarrollaban durante un periodo específico y sin cortes en la vida de sus personajes, en este caso Marín profundiza en la mente de seres que están pasando por crisis tremendas.

En Cada vez nos despedimos, el protagonista es un hombre que amenaza con suicidarse y que es atormentado por la imagen de los dos grandes amores de su vida (en ese momento, el lugar es el cuarto de un hotel decente).

Promesa de fin de año, por su parte, tiene como protagonista a una prostituta, que fue secuestrada a sus diez años y obligada a cambiarse de sexo para vender su cuerpo (ya aquí el sitio es un vulgar prostíbulo).

Marín cuenta que una de las inspiraciones que tuvo mientras escribía estas historias fue el recuerdo de la muerte de su abuelo, que un día antes de fallecer empezó a hablar de su primera novia, de sus experiencias en el colegio, del árbol que tenía su abuela…

“Yo pensé: ‘Claro, está rebobinando la película’, por decirlo de alguna manera. Y pensaba en la mente de los protagonistas y lo que les pasaba antes de morir, antes de un momento de desenlace fatal donde no estaba lo racional; todo era saltos en el tiempo, casi siempre flashbacks. Entonces, quería que en los personajes protagónicos surgiera esa realidad y mezclar diferentes planos”, añade.

Para la protagonista de Promesa de fin de año, Marín escogió a Becerra, quien cuenta que este papel ha sido uno de los retos más grandes de su carrera, pues se presenta como una mujer totalmente descompensada, desgarrada por su vida de excesos, y que a pesar de tener un corazón amable parece que siempre estuvo condenada al peor desenlace.

“Fue muy difícil asumirlo con placer, porque era tan oscuro, tan decadente, tan roto, tan carente de cariño, que eso me generó muchos conflictos al principio… Pero hay algo que me ha venido pasando todo el tiempo que he trabajado con Jorge y es que si bien intuyó algo que me llama la atención, sé que después voy a llegar a un lugar que no alcancé a ver tan pronto tomé el texto”, dice Becerra.

A la mitad de la historia, la pieza plantea un giro narrativo con el que la protagonista se ve a sí misma cuando apenas tenía diez años y era un tímido niño.

“En la práctica, sigue siendo una hora en la vida de estos personajes, la que viaja en el tiempo es la mente de esos personajes y lograrlo teatralmente es el gran tema”, finaliza Becerra.

¿Dónde y cuándo?

Viernes y sábado, 8 p. m. Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo. Calle 170 n.° 67-51, Bogotá. ‘Promesa de fin de año’ se presenta desde el 30 de mayo, de jueves a domingos, en La Maldita Vanidad. Carrera 19 n.° 45A-17, Bogotá. Informes: 927-7092.

El Tiempo

 

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