Lihn resucitado

Lihn resucitado

Por Juan Manuel Vial

La mítica entrevista que Claudia Donoso le hizo a Enrique Lihn en 1981 permaneció hasta ahora en la oscuridad, a diferencia del hecho crucial que desencadenó aquel intercambio de preguntas y respuestas. En ese entonces, Donoso tenía 26 años, estaba casada y era madre de dos hijos, mientras que Lihn, un poeta consagrado, doblaba en edad a la entrevistadora y se encontraba a punto de ir a residir por una temporada a Nueva York. Lo impredecible, sin embargo, ocurrió: la que preguntaba y el que respondía se enamoraron.

Enrique Lihn en la cornisa (2019, Ediciones UDP) no es en ningún caso la documentación de un amor. Se trata de un entrevista seria y profesional, que tomó 4 meses de trabajo, y que hoy en día, vista en retrospectiva, prefiguraba inequívocamente la maestría que iba a alcanzar Claudia Donoso con el correr de los años en un género complejo, el de sonsacarle al prójimo información trascendente sobre sí mismo. En el breve prólogo del libro, Donoso se refiere a este asunto: “La entrevista en cuestión –más allá de su mérito o demérito periodístico– fue la escuela madre de todas las entrevistas que he realizado durante los miles de años siguientes en el ejercicio de mi profesión”.

Dividida en 8 partes contundentes, la conversación aborda casi todos los temas imaginables en la vida de un entrevistado cooperador, ingenioso y cómico: los hitos de juventud, algunas memorables escaramuzas barriobajeras, las experiencias risibles en la Escuela de Bellas Artes, la maquinaria mental de la escritura, la importancia de los viajes, las relaciones con el entorno artístico, la cercanía con Nicanor Parra, la dificultad implícita en ganarse la vida en cuanto a poeta, el único poema que escribió borracho en su vida.

Pero entre los aspectos que sobresalen, sea por su aparente simpleza, sea porque constituyen rasgos de carácter llamativos, hay dos en los que resulta útil detenerse. El primero es que Lihn era abuelado: como tantos hombres de bien, adoraba a su abuelita. “Por todo lo conversado, creo que la presencia de mi abuela no se limita al recuerdo de un personaje. Stendhal dijo: ‘El estilo es el hombre’. Yo diría que es también la abuela del hombre”.

El segundo punto tiene que ver con la fe que le guardaba a su propia obra: “Al principio escribía para los concursos y después se concursaba para escribir. Entonces me acuerdo de haber presentado La pieza oscura [su primer gran libro de poemas] a un concurso organizado, ponte tú, por El Ateneo de San Bernardo y otro por unos árabes de Viña, y aparecieron otros libros premiados antes que el mío. Esta postergación me iba enfureciendo, porque en realidad es una mecánica de los grupos de gente mediocre que se apoya mutuamente, y yo me considero un muy buen poeta”.

Además de algunas hermosas fotografías tomadas durante el transcurso de la entrevista, Enrique Lihn en la cornisacontiene un poema en rima, inédito hasta ahora, que Lihn escribió en enero de 1982, cuando las sesiones de preguntas, respuestas y edición llegaron a su fin. Se titula “Escrito en François Villon” y habla del potente enamoramiento que fue surgiendo mientras avanzaba la conversación entre una jovencísima e inteligente escrutadora y un hablante a todas luces rendido ante su genio y encantos: “Por ahora los dos nos limitamos / yo a responder sin oír sus preguntas / ella a hacerme el juego que jugamos / en un ir y venir de cosas presuntas”.

La Tercera

También podría gustarte