El guardián del libro

Juan Luis Martínez no se acaba nunca

Se inauguró hace unos días “Sogol, el guardían del libro”, una nueva muestra del trabajo visual del autor de La nueva novela. Un poeta que no ha dejado de sumar y sumar lectores, atraídos por la singularidad de un proyecto que sigue planteando una serie de preguntas fascinantes.

Sobre una mesa —cubierta por un vidrio— está dispuesta toda la obra de Juan Luis Martínez: los dos libros que publicó en vida: La nueva novela (1977) y La poesía chilena (1978), y los póstumos: Poemas del otro (2003), Aproximación del Principio de Incertidumbre a un Proyecto (2010) y El Poeta Anónimo(2013).

En el centro de aquella sala de la galería D21, en una nueva muestra de su trabajo visual —titulada: Sogol, el guardián del libro—, podemos ver el material que convirtió a Juan Luis Martínez en uno de los poetas más singulares de la literatura chilena. Decir singular, por supuesto, es simplemente un decir, pues la obra de Martínez se escabulle, constantemente, de cualquier adjetivo que busque cercarla. Incluso hoy, cuando han pasado ya más de 25 años desde su muerte, esos poemas, ese trabajo visual que realizó en silencio, siguen planteando una serie de preguntas fascinantes.

En esta nueva exhibición, se despliegan algunos de sus collages, pero sobre todo grabados, pinturas y esculturas que remiten a una figura en particular: la de Sogol, el fox terrier que cuida La nueva novela, el guardián del libro, ese personaje que aparece y desaparece entre sus páginas, al que Martínez le dedica un par de poemas en los que cuenta que ese fox terrier se perdió entre las intersecciones de las avenidas Lobatchewsky y Gauss, Sogol —el negativo de logos— transita por las páginas de La nueva novela como un enigma, como una contraseña, se pierde en los collages y poemas del libro hasta que el lector vuelve a saber de él cuando avanza por los versos del que es, probablemente, el poema más difundido de Martínez: “La desaparición de una familia”, donde se lee:

“Antes que “Sogol”, su pequeño fox-terrier, desapareciera

en el séptimo peldaño de la escalera hacia el 2º piso,
él le había dicho: ‘-Cuidado viejo camarada mío,
por las ventanas de esta casa entra el tiempo,
por las puertas sale el espacio;
al menos descuido ya no escucharás la señales de ruta
y de esta vida al fin, habrás perdido toda esperanza’”.

Sogol desaparece en La nueva novela, pero los lectores lo vuelven a encontrar en esta exhibición, en la que además se puede ver, en esa mesa cubierta por un vidrio, la primera e inencontrable edición de La nueva novela como los papeles originales que dieron forma a El Poeta Anónimo, su último libro póstumo.

Mientras uno recorre la muestra, desde un parlante se escucha la voz de Martínez leyendo algunos de sus poemas más importantes: “Observaciones sobre el lenguaje de los pájaros o la literatura”, “La probable o improbable desaparición de un gato por extravío de su propia porcelana”, “La desaparición de una familia” y “El zoológico imaginario”, entre otros.

No hay muchos registros de la voz de Juan Luis Martínez. Fue un poeta de muy pocas apariciones públicas. Su historia, su biografía, fue tan enigmática como fascinante. Publicó dos libros en vida, a fines de los 70, y luego se recluyó en Villa Alemana, donde siguió leyendo, escribiendo, haciendo collages, fotocopiando libros, enciclopedias, recibiendo la visita de diversos lectores y poetas jóvenes que peregrinaban a su casa en busca de un ejemplar de La nueva novela que él les vendía.

Por eso es tan valioso el registro que se escucha mientras uno avanza por la muestra. Esa grabación que se hizo la noche del 2 de abril de 1992, cuando Martínez visitó la radio Valentín Letelier y leyó nueve poemas de su libro más importante.

La visita tenía un fin: Martínez, por primera vez, viajaría fuera de Chile para participar en un encuentro literario en La Sorbonne, en París, y tenía miedo de que su tartamudez le jugara una mala pasada en la lectura. Por eso, prefirió grabarse y llevar aquel registro en un cassette, por si los nervios lo traicionaban en medio de ese viaje inédito, el último viaje, pues poco tiempo después fallecería.

En ese viaje, sin embargo, no hubo necesidad de recurrir a aquella grabación. Martínez leyó con seguridad y disfrutó esos días parisinos, donde tuvo la oportunidad de conocer a Jean Tardieu, uno de los escritores a quienes más admiraba.

La historia de Juan Luis Martínez, a ratos, parece infinita.

Y la atención por su obra no ha dejado de crecer en estos años —de hecho, el periodista Roberto Careaga ya está preparando la biografía del poeta, luego de aventurarse con la vida de Rodrigo Lira—.

La atención sobre la obra de Martínez vienen tanto de los lectores como de la academia. Justamente este miércoles 5 de junio se inauguró el simposio Juan Luis Martínez. Análisis, diálogos y relecturas, en la Universidad de Los Andes, donde se reunirán, durante varios días, académicos y poetas de distintos lugares del mundo a analizar y comentar la obra de Martínez. Una obra que no ha estado exenta de polémicas, como la que surgió el año pasado, después de que el proyecto editorial de la galería D21 publicara en 2017 una nueva edición de La nueva novela que tenía añadidos una serie de comentarios y anotaciones de Juan Luis Martínez. La polémica explotó un año después, cuando apareció un ex estudiante de literatura que dijo ser el autor de esas anotaciones. El investigador norteamericano Scott Weintraub le realizó en una entrevista, en la que, justamente, se ponía en duda el origen de esas anotaciones. Pedro Montes, dueño de la galería d21 y quien ha estado a cargo de las ediciones póstumas de Martínez decidió sacar de circulación La nueva novela anotada, y por estos días, luego de varios meses de investigación, acaba de publicar un texto en el que asegura que las anotaciones sí son de Martínez.

La historia de Juan Luis Martínez, ya saben, parece nunca acabar.

Sogol, el guardián del libro se puede visitar hasta el 20 de junio en la galería D21 (Nueva de Lyon 19, departamento 21, Providencia).

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