La voz contra la intolerancia y a favor de la igualdad se hizo escuchar en la apertura del Festival de Teatro de Rafaela

Marcelo Allasino marcó a la apertura con un importante discurso inaugural

Marcelo Allasino en el discurso de apertura del Festival de Teatro de Rafaela

Por Daniel Cholakian – Nodal Cultura

El Festival de Teatro de Rafaela (FTR) está promediando su 15° edición y vuelve a ser un encuentro de la comunidad local con el teatro. Las salas se llenan por completo desde las primeras horas de la tarde hasta pasada la medianoche, y los encuentros matinales entre elencos, público, estudiantes de teatro y periodistas especializados siguen teniendo una gran convocatoria y debates muy intensos.

Mientras las obras comienzan a perfilar algunos análisis posibles, para pensarlas más como un conjunto en diálogo que como escenas particulares, no se puede soslayar un hecho cultural y político de gran trascendencia ocurrido en la apertura del FTR.

El año pasado, en el marco de la discusión por la sanción de una ley que garantice a las personas gestantes el acceso al aborto legal, seguro y gratuito, quienes hicieron el festival fueron blanco de la intolerancia de instituciones y personas. El debate, que podría parecer local, es sin dudas parte de una avanzada anti igualdad y anti derechos que ocurre en toda la región.

Por esos días un caso similar ocurrió en Brasil. En el Festival de invierno de Garanhuns el alcalde de Pernambuco prohibió la obra “El evangelio según Jesús, Reina del cielo”, protagonizada por la actriz travesti Renata Carvalho. En ese mismo escenario, una semana después de ocurrido el incidente en Rafaela, la cantante Daniela Mercury afirmó “Censurar una pieza de teatro por cuestiones religiosas es un absurdo y eso no se puede permitir, nuestra constitución no lo permite. Nuestra constitución no es la Biblia”.

Y cuando muchos pensábamos que el tema se conversaría solo en charlas personales y en voz baja, el martes por la noche, en la gala de apertura del Festival y ante mil personas instaladas en las butacas del Teatro Manuel Belgrano, Marcelo Allasino tomó la palabra para impedir que la cuestión se olvide y reclamar la presencia del Estado para garantizar el derecho a la libertad de expresión y la igualdad de derechos.

Desfile de apertura – Festival de Teatro de Rafaela

La culpa no fue de Dios

Hace un año, la intolerancia se manifestó de una manera inusualmente violenta en Rafaela, a partir de un debate que algunos quisieron centrar en la presencia de la obra Dios de Lisandro Rodríguez, pero que en realidad fue más allá. Incluso comenzó con la presencia de pañuelos verdes en los saludos finales.

La embestida contra algunas expresiones empezó cuando algunas actrices, como hacen habitualmente al salir a saludar al final de las funciones, mostraban sus pañuelos verdes en señal de apoyo a la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo.

Todo comenzó con la publicación en el Facebook del Festival de una nota del colega rosarino Miguel Passarini. La nota estaba ilustrada con una foto de la periodista Gisella Ferraro, tomada con un celular durante el saludo de las actrices de la obra “Montaraz”, presentada el miércoles por la noche. En la nota, Passarini mencionaba que tanto en esa obra como en “Los golpes de Clara”, presentada ese mismo día, las actrices habían desplegado sus pañuelos. Esto también lo hizo el periodista Emilio Grande (h) en uno de los dos medios más importantes de Rafaela, el diario La Opinión. Allí escribió “Clara toma un claro posicionamiento a favor del aborto a través de dos situaciones: durante la obra criticando a los defensores «pro-vida» y al término de la puesta poniéndose el «pañuelo verde»… a decir verdad, la protagonista-persona entra en una «clara» contradicción porque el aborto significa matar al bebé que está en el vientre de la mujer, parece que se olvida que es madre de dos hijos en la obra…”

Los comentarios en la publicación del Facebook oficial del FTR fueron muy agresivos, y dejaban en claro que quienes escribían ni habían leído la nota ni habían visto las obras. Hubo llamados al diario “El Ciudadano” de Rosario, en que se publicó la nota, y al menos un llamado muy agresivo al celular personal de una trabajadora municipal, que colabora en la organización del Festival. Algunos rafaelinos, a través de los medios y las redes sociales, pusieron ese tema en la agenda. Hasta ese momento la obra “Dios” no había tenido su función.

La función de la obra de Lisandro Rodríguez se llevó a cabo el viernes 20 de julio de 2018. Entre los espectadores y los críticos presentes en la función los comentarios fueron elogiosos, y reconocieron el respeto por lo litúrgico tanto como la apropiación de la naturaleza teatral de la misa católica. Incluso muchos comentarios referían a cómo la obra les había hecho recuperar sus propias prácticas religiosas, los cantos de misa y cierta calidez de rituales de infancias y adolescencias.

Finalizando el festival, la avanzada conservadora se manifestó en el poder. Algunos concejales, que no habían visto la obra, promovieron un proyecto de declaración para expresar su total y absoluto repudio a la obra. No faltó quien pidió “que ruede la cabeza de su director” o quien en una frase que explica por sí sola la inconsistencia de los intolerantes, escribió a la madre de Marcelo Allasino, ex director del Festival y referente del teatro rafaelino “debiste haber abortado a ese putito”.

Al iniciar esta nueva edición del festival la gran pregunta era si esa avanzada conservadora había tenido efectos en el trabajo del equipo que produce el festival y en su programación y si nadie iba a hablar de la cuestión, que había quedado pendiente, y todos íbamos a festejar como si nada hubiera pasado.

La foto de la periodista Gisella Ferraro que abrió la puerta a la intolerancia – Obra: Montaraz

Dios llegó al festival y trajo luz

La respuesta, en un tono preciso, medido, calmo y con la mirada puesta en los responsables de más alto nivel, fue dada en la apertura oficial del festival por el propio Marcelo Allasino que, además de figura central en la escena rafaelina es Director Ejecutivo de Instituto Nacional del Teatro en Argentina y Presidente del Consejo Intergubernamental Iberescena.

“Luego de dar vueltas al asunto se hizo la luz: hoy debía hablarles de Dios.  Porque en 2018 Dios llegó al festival y trajo luz” arrancó Allasino y sorprendió a los presentes. “Me refiero al Dios de Lisandro Rodríguez”.

“El año pasado, una foto que incomodó a algunas personas generó una ola de reacciones tan intolerantes como fanatizadas, tan estúpidas como imprudentes, no sólo de algunos medios de comunicación, sino también de algunas autoridades de gobierno.  Tal es el poder simbólico de una imagen que se comparte en el territorio sagrado del Teatro. Desde lo colectivo, se volvió a instalar la discusión acerca de la libertad de expresión y el rol del Estado frente a las manifestaciones de la Cultura.  Y las relaciones entre Iglesia y Estado, por supuesto”, destacando que no solo era una expresión de unos pocos intolerantes, sino que los poderes institucionales también tuvieron una responsabilidad en la intolerancia desatada.

“Desde lo personal, por ver a Dios por primera vez en mi ciudad y celebrar su llegada, recibí mensajes de odio, algunos disfrazados de sarcasmo y transformados en humoradas, en ámbitos donde el respeto por el otro debiera ser un mandamiento, como el Concejo Municipal local o los medios de comunicación.  Hubo que salir de nuevo, a ponerle el cuerpo y la cara a la censura y a la discriminación.  Hubo que reiniciar luchas que creíamos ganadas”.

“En estos años reafirmé que la herencia cultural de los discursos hegemónicos y el miedo a darle espacio a las minorías, se hacen presentes en todos los espacios de poder: en las escuelas, en las iglesias, en los gobiernos.  En los grupos de mamis del colegio, en las instituciones intermedias.  Sean del color que sean.  El patriarcado, el autoritarismo, la violencia, el odio, forman parte de lo que fuimos y seguimos siendo.  Pero este siglo veintiuno está dando poderosas señales de que las figuras omnipotentes se están craquelando, y estamos viendo sus heridas.  Lo que nos genera una advertencia: quienes estamos del lado de las disidencias, debemos tener cuidado.  Porque perder el poder le genera a quienes están del otro lado, una resistencia rapaz, en la que la intolerancia y la agresión seguirán expresándose con crudeza”.

“Lo que aconteció el año pasado en este hermoso festival es prueba de ello. O lo que aconteció a partir del festival.  O alrededor del festival.  Por culpa del festival, o mejor dicho: gracias al festival”.

Luego agradeció a “a quienes construyen desde el amor y desde la generosidad” que son parte de todas las instancias de la vida social y reafirmó “todas y todos merecemos acceder a lo mismo, y que el Estado debe garantizarlo”.

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