No es solo un cierre

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El neoliberalismo no es zonzo, pero quiere que nosotros lo seamos

Por Daniel Cholakian

Este lunes se conoció el cierre de una sala del circuito de “cine arte” en Buenos Aires. Bama Cine Arte sostuvo durante 6 años una cartelera que daba pantalla a películas independientes que se corren de la cada vez más preformateada industria global del cine.

Buenos Aires es una de las ciudades más ricas en circulación y consumo de productos  culturales. La cartelera porteña supo acoger, desde hace más de 50 años, lo mejor del cine europeo y latinoamericano. En los últimos 20 años fue un espacio abierto al mejor cine asiático. En la capital argentina existen variados festivales y muestras dedicadas al cine árabe, judío, alemán, italiano, francés, polaco, entre muchos otros. El público históricamente ha mostrado su interés en las diversas expresiones del mundo audiovisual.

El cierre de una sala como el Bama, ubicada en pleno centro de la ciudad, a metros del obelisco, no es solo el fracaso de un proyecto comercial. Es el resultado de un conjunto de políticas públicas. Eso es lo que hace que esta noticia merezca destacarse.

El Bama Cine Arte no era una sala no comercial. Era una sala que convocaba a un público que no siempre elige el cine industrial hollywoodense. Pero el desarrollo de las políticas neoliberales, en Argentina y en el resto de la región, no solo impactan en los bolsillos de los sectores populares, sino que alteran el campo simbólico y los modos de los consumos culturales.

En los últimos meses, al contrario de lo que las leyes culturales y económicas indican, se pronunció la concentración de las pantallas de los cines en Argentina. Mientras tanto el Estado se mantiene al margen de cualquier intento de regulación. Así en los últimos meses dos estrenos ocuparon cerca del 70% del total de las pantallas del país: Toy story 4 ocupó 606 mientras el Rey León se estrenó en 580 de las mismas. La desidia explícita del Instituto Nacional del Cine en impedir que se imponga un modelo hegemónico en las salas de cine, que también podría ser combatido con el conjunto de las leyes  antimonopólicas, es una elección política.

El cierre de esta sala deja a la vista como las políticas económicas y culturales van en sintonía y actúan dialécticamente: si las primeras redujeron el consumo a la subsistencia, y por lo tanto reducen el acceso del público a las salas de cine, las segundas facilitan el bloqueo de los discursos diversos que alimentan la posibilidad de pensamiento crítico.

Este cierre es resultado de la suma de políticas públicas desarrolladas por los gobiernos neoliberales, destruir la capacidad económica del pueblo y borrar cualquier política cultural que promueva espacios de diversidad. Así se facilita  que la industria audiovisual global termine de cooptar todas las pantallas del país. A esto se le suman un conjunto de operadores culturales y periodísticos que sostienen para la cultura la lógica ortodoxa del mercado: si “la gente” no va a ver estas películas es porque no les interesan. A renglón seguido aseguran que el Estado no tiene por qué garantizar pantallas a las películas que “la gente” no quiere ver, para regular eso, aseguran, está la taquilla.

A continuación publicamos la nota con la cual se despidieron los fundadores de Bama Cine Arte luego de 6 años.

 

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