Niky García, director del Festival de Teatro de Caracas: «El festival fue un espacio de tolerancia, un espacio de paz y de encuentro»

Por Daniel Cholakian – Nodal Cultura

Creado en 1973, por iniciativa del argentino Carlos Giménez, director del grupo de teatro Rajatabla, y con el apoyo irrestricto del Ateneo de Caracas, el Festival Internacional de Teatro de Caracas (FITCCS) ha crecido en importancia y calidad, convirtiéndose en uno de los grandes escenarios del mundo. A lo largo del tiempo el Festival Internacional de Teatro de Caracas ha recibido a las más significativas compañías de cincuenta y seis países, logrando reunir a miles de personas en salas de teatro, espacios cerrados no convencionales, parques, calles, avenidas y espacios públicos de Caracas.

En 2009 fue suspendido y retomado en 2011 por la alcaldía de Caracas bajo el impulso del entonces Secretario de Cultura de la Ciudad, Fredy Ñañez. Niky García es artista circense y docente. Fue el fundador y director de la Compañía Nacional de Circo entre 2009  y 2013. Ese año se sumó al equipo del FITCCS. Desde 2018 es el director general del Festival.

Nodal Cultura dialogó con García sobre la historia del mismo, sobre la presencia la importancia que tiene tanto para la comunidad artística como para el pueblo venezolano, el crecimiento de su perfil regional a partir del ascenso de Hugo Chávez y de cómo en el medio de una crisis que para el exterior parece ser terminal, el FITCCS convocó a medio millón de personas a las calles y los escenarios de todo el país.

¿Cuál es el perfil del festival y cómo han logrado mantenerlo a pesar de todas las complicaciones y suspensiones que ha sufrido desde su creación en los años ‘70?
Obviamente lo que ha cambiado de este festival son las personas que los producen, pero las cuestiones de fondo son las mismos de los años 70. Los espacios, el imaginario tanto del caraqueño y de los venezolanos en general, como de la comunidad internacional teatral, es del mismo festival. Se detuvo en el 2009  y luego fueron 3 años en que no hubo festival. Un personaje importante, Fredy Ñañez, que era en ese entonces secretario de cultura de la ciudad de Caracas antes de ser ministro nacional, convoca a un grupo de personas en las cuales me incluyo, junto al maestro Humberto Orzini, Alfredo Cardera, que para ese momento era presidente de la Compañía Nacional de Teatro, y otros actores importantes de las artes escénicas.
Él nos propuso retomar el Festival de Caracas por la importancia que tenía, sobre todo para la ciudad. Es ahí cuando se decide invertir fondos municipales, y en se momento algunos privados, para retomar el festival que en un principio iba a ser nacional. Pero generó tanta expectativa en los grupos internacionales que el año siguiente, en 2012, se volvió a convertir en un festival internacional. Se alternó en las primeras ediciones entre nacional o internacional hasta el año 2018, que es cuando integro el equipo de dirección y entra una nueva gestión municipal y decidimos, por cuestiones estratégicas, que el festival se convierta definitivamente en internacional, como siempre lo había sido.
Esto respondía a la necesidad que teníamos los artistas de las artes escénicas de tener una ventana para ver qué estaba pasando, sobre todo en el concierto iberoamericano, con el tema del teatro. Y también poder mostrar al mundo la voz de la creación escénica venezolana que es amplia y muy diversa. Era muy importante tener esa vitrina internacional con el resto del mundo.

Siendo que es un festival de la capital del país ¿cómo articulan desde el festival todas las riquezas y tradiciones culturales que habitan al interior de Venezuela?
Tenemos la fortuna de vivir en un país que tiene una mixtura de razas. Tenemos orígenes diversos: afrodescendiente, europeo, originario muy presente. Nuestra cultura caribeña también nos hace diversos dentro de esa diversidad: somos andinos, llaneros, también influencia del caribe oriental al punto que tenemos algunas poblaciones francófonas y angloparlantes también, aún cuando son venezolanas.
Esa diversidad se refleja en las artes escénicas y se ponen en escena. Por ejemplo, grupos como el teatro negro de Barlovento es una agrupación que tiene mucho que ver con la presencia histórica de afrodescendientes cimarrones, los cumbes -que aquí se llamaban los quilombos- generaron una serie de músicas y cantos. Esta agrupación los teatraliza y son grandes referentes del festival. El teatro que se hace en el llano, por poner un ejemplo, no es el mismo que se hace en el Zulia.
Este festival incluye la danza, en las cuales ha habido manifestaciones como La Danza Del Sur Del Lago que tienen que ver con San Benito. La salsa también es expresión de la caraqueñeidad. Caracas es como el crisol de todo eso. Aquí se forma esa amalgama cultural. Se transforma. Hay movimientos de vanguardia que buscan en esa diversidad el qué-hacer.
Este festival tiene un espacio para la danza donde también ocurre la música tradicional. Por ejemplo hay un grupo que recupera la llamada danza malandra, que tiene que ver con la corporalidad de las personas que viven en el centro del país. Y estamos todos atravesados por la música. La música es muy importante.
Es cierto que en esta última versión tuvimos que hacer recortes. Pero pasó algo interesante que tiene que ver con las regiones. Tuvimos que cambiar un formato ya que era muy difícil la movilidad interna, producto de toda la situación que estamos viviendo a con el bloqueo. El transporte ha sido muy golpeado. Entonces eso nos dio la posibilidad de que el festival hiciera sub sedes. Tuvimos una sub sede en el llano, donde se hicieron presentes sus músicas, sus danzas y la narración oral, que es muy importante es esta diversidad.
Hubo una sub sede en Maracaibo donde la Compañía de ese estado que es fronterizo y petrolero, y que tiene muchas dificultades pero también mucha riqueza escenica, se vio presente y logramos darle presencia a todos estos grupos.
Viajaron grupos internacionales a estas sub sedes, no se quedaron solamente en Caracas, eso permitió también ese diálogo con otras culturas y otras visiones.. Yo creo que el festival sigue siendo un referente importante. Y no solamente de la diversidad cultural de Venezuela: en una edición tuvimos el carnaval de Barranquilla (Colombia) en toda su plenitud. Nosotros tenemos también una gran tradición de diablos danzantes en Venezuela. Y desde el festival tratamos de visibilizar de alguna manera todas estas expresiones.

¿Qué impacto tuvo el renacer político de la Patria Grande a comienzo de este siglo, y el bolivarianismo en Venezuela para integrar espectáculos y elencos de otros países de América Latina?
Indudablemente cambió mucho. Si bien el festival siempre tuvo una presencia importante de grupos de teatros que tienen un perfil muy particular, toda esa transformación de una mirada diferente hacia América Latina, nos hizo existir un poco más en el continente Suramericano.
Siempre fuimos un país que miró mucho hacía el norte, si tú ves la geografía venezolana y ves dónde se ubica la población, estamos todos hacía el mar, eso te puede dar una idea de cómo estamos nosotros todo el tiempo. Creo que el comandante Chávez transformó esa visión que teníamos del sur. Conocimos y comenzamos a estar en otros espacios de América del Sur con los que no teníamos relación. Y hablo de movimientos culturales.
Conocimos la diversidad cultural que había. Creo que mi generación fue muy privilegiada porque logramos ver de una manera diferente las culturas suramericanas.
Nos relacionamos con otras agrupaciones afines que tenían ese sentido de que somos una raza cósmica, como dicen, de ese sentir de Bolívar de la unidad. En este caso, simbólica. Se crearon muchísimos proyectos con otros países, sobre todo en el área del teatro de calle. Esa apertura hizo que muchos grupos del interior de Venezuela pudieran circular por estos países, que nos conocieran. La cultura venezolana era prácticamente desconocida. Además estuvimos subyugados por la cultura de la telenovela y los concursos de belleza, que era lo único que se conocía de Venezuela.
Creo que en este proceso que inició el comandante Chávez a nivel cultural fue importante porque también se tuvo una mirada diferente de nosotros. Lamentablemente, en estos momentos en el cual muchos compatriotas han tenido que salir por distintas razones, ciertos intereses pareciera que quisiera que olvidáramos eso. Que perdamos de vista que Venezuela es un país viable  y que a nivel cultural existen muchísimas cosas.
Una de la importancia de la presencia en estos encuentros y festivales es la voz de los que estamos allá adentro. No fue que en cuatro años nos cambiaron a todos. Ha habido un ataque a nuestro gentilicio, se ha generado una matriz, un estigma, en función de hacer que retroceda esa proyección que tuvo la cultura venezolana.
Es importante hacerle ver a los países de América Latina donde hay mucha migración venezolana, que somos más que un país que trae migrantes. Hay una cultura importante, mucha riqueza y un montón de gente creando. El bloqueo en lo simbólico cultural ha sido muy importante porque estamos intentando desde el festival abrir esa ventana para que no solamente vengan y conozcan el arte venezolano, sino también que el arte venezolano pueda salir y pueda ocupar el espacio importante que siempre ha tenido.

La propuesta del festival, fue en abril, un momento muy crítico internamente para Venezuela, fue enorme ¿Cómo respondió la gente?
El público nos dio tremenda lección. Nosotros nunca dudamos en que íbamos a hacer el festival. Hubo dificultades de todo tipo, bloqueos financieros que no nos permitían la contratación y el pago a compañías extranjeras como se hace tradicionalmente. Sufrimos también el saboteo eléctrico que trajo la merma de todos los servicios de comunicación y de agua. En ese contexto, la idiosincrasia del pueblo venezolano fue el que hizo que dijeramos «adelante».
Hubo como una actitud primero de solidaridad, donde el militante de la oposición de base y los que apoyan al oficialismo se dieron cuenta que la dificultad la tenían todos. Que esta agresión no discrimina si eres chavista u opositor. Allí prevaleció del venezolano no solamente la alegría, sino también la solidaridad.
En esas últimas semanas antes del comienzo del festival dijimos es necesario que hagamos un esfuerzo, sobre todo parte de la municipalidad y las instituciones que apoyaron, algunas independientes y otras del Estado, más la solidaridad de los compañeros de América Latina que fueron. Es cierto que hubo grupos de Europa que no vinieron porque sus embajadas le recomendaban no hacerlo. Ellos atendieron ese llamado y los respeto totalmente. Pero grupos de países como Colombia, con el cual se estaba intentando construir una confrontación muy fuerte, fueron muy solidarios.
Fue increíble ver las salas llenas, hicimos más de 500 funciones comunitarias, estuvimos en 13 salas, se tuvo que reducir y aún así los grupos de colombianos tuvieron que hacer 2 o 3 funciones de más. Ellos tuvieron un muy lindo diálogo con el público. Muchos de ellos dijeron que mientras más difícil se ponían las cosas acá, tenían más convicción de venir. Y la gente lo agradeció, los espacios públicos se llenaron.
Yo creo que a nivel simbólico para el caraqueño fue como un respiro. A mí nunca me habían parado en la calle para agradecerme por el festival, y la gente me lo decía literalmente: «Gracias por la poesía», «gracias por la belleza». Mucha gente del este de la ciudad, que es donde mayormente vive la gente de clase media alta, que no viene al centro, pero esta vez vinieron y se sorprendieron de que en el país pudiéramos hacer eso.
¡Pero ojo! con esto no niego las dificultades que tiene nuestro pueblo.
El festival fue un espacio de tolerancia, un espacio de paz y  de encuentro.Eso nos llenó de mucho optimismo. Partiendo de una premisa de que las cosas están difíciles y lo van a estar difícil un tiempo prolongado. Asumimos que las cosas van a ser así y no estamos esperando que venga una olita mágica y tenga una solución. Porque el imperialismo está ahí en frente y nosotros estamos sobre un país lleno de riquezas. Entonces tenemos que buscar otra manera de hacerlo, cambiar algunos conceptos sobre que es un festival y saber que el festival es de gran importancia para las personas de Caracas. Tuvimos casi 500 mil espectadores en un momento en que la gente no podía movilizarse. Obviamente hicimos una programación en escuelas, hospitales, barrios, arriba en la cumbre que es casi rural.
Fue una fiesta de 10 días, y los invitados que vinieron quedaron totalmente sorprendidos de la realidad caminando por una calle en Caracas en el medio del festival.

 

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