«Un libro para analizar lo que la literatura nos dice sobre la violencia»

Paolo de Lima: “Lo real es horrenda fábula es un libro que analiza lo que nos dice la literatura sobre la violencia”

Por Edwin Cavello Limas

El poeta e investigador literario Paolo de Lima ha publicado a inicios de este año Lo real es horrenda fábula. Acercamientos, desde Lacan y otros, a la violencia política en la literatura peruana (Editorial Horizonte), libro en el que reúne 24 ensayos de seis estudiantes suyos del doctorado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos que analizan una serie de cuentos y poemas de escritores surgidos en la segunda mitad del siglo XX, y cuyo eje temático es la violencia terrorista. Un tema espinoso, pero de necesaria actualidad para empezar a entender a un país como el nuestro que aún no se descubre a plenitud.

Este libro, que es un aporte importante al estudio de la literatura de la violencia terrorista, nace como resultado de tu labor como catedrático, pero también de tu espíritu como editor.

El trabajo de editor lo he hecho a través de los propios libros de poesía que he venido publicando. He sido también editor de revistas literarias y culturales desde muy chico; además, activista cultural a través de la poesía y la integración de las artes en grupos y colectivos artísticos. Tengo siempre abierto el pensamiento como crítico y como escritor para dialogar con la escena. En este caso concreto me encuentro como profesor en San Marcos con un grupo de colegas que estaban doctorándose; eran ocho autores: Emma Doris Aguilar Ponce, Jim Anchan­te Arias, Carlos Arámbulo, Roxana Caman, Jhon­ny Pacheco Quispe, Judith Paredes Morales, María de Fátima Salvatierra y Jonathan Suárez. Todos ellos son ahora críticos y escritores conocidos. En los cursos de doctorado leímos diversos cuentos y poemas que aparecen reunidos en el libro, utilizando como herramienta de análisis conceptos básicos de Lacan (lo real, lo imaginario y lo simbólico). Y cada vez que ellos entregaban un informe me daba cuenta de que había mucha calidad en sus escritos.

El libro es un corpus construido desde tu mirada, y lleva por título un verso del poema de Juan Ojeda, Lo real es horrenda fábula, pero tiene un subtítulo que marca la línea de lectura.

Así es, porque en los textos todos los autores hacen ello (leer desde perspectivas lacanianas dicho periodo desde tal corpus), y solo tuve que nominalizar la idea a través de un título, por demás excelente. Los textos y los poemas que aparecen se han visto promovidos por la reflexión teórica de Lacan y de autores afines como Agamben, Rancière, Badiou, Jameson, Zizek, Dolar, entre otros. Entonces no es una antología, pero es representativa de un sector amplio de la literatura de mediados del siglo veinte, de autores surgidos entre los años cincuenta y noventa. Hablo de autores canónicos como Pablo Guevara, Alejandro Romualdo, Antonio Gálvez Ronceros, Antonio Cisneros, Rodolfo Hinostroza, José Watanabe, Juan Ramírez Ruiz…, pero a su vez de autores que no están dentro del canon, pero que desde la poesía y el cuento iluminan aspectos de interés sobre la violencia política, y que por ello también son analizados e incorporados.

La violencia política es un tema bastante delicado, ya que para algunos esta violencia viene mayormente de grupos terroristas como Sendero Luminoso o el MRTA; pero para otros la violencia viene del propio Estado.

Es un tema bastante espinoso, efectivamente. Ni siquiera sabemos cómo nombrar el periodo. La democracia está hecha de palabras, dijo alguien; entonces, el Estado de alguna manera tiene que defenderse porque está combatiendo con algo que no cede, en el caso de Sendero, un resto que no cesa de insistir, para tomar prestado el título de una novela de Julián Pérez. Ahora bien, desde una posición concreta como critico literario lo que tenemos que seguir haciendo es trabajar, analizar, y la propia cultura es la que rige esto a través de las obras que aparecen publicadas, en todo el país y desde todos los sectores y generaciones. Qué sector más oficial que el Ejecutivo, donde tenemos el ejemplo del propio premier Salvador del Solar como director de la película Magallanes, en la que aborda el tema de las reparaciones sobre las víctimas, el papel del Ejército, las violaciones, los hijos negados, etc. Entonces el cine, la literatura y las artes plásticas y todas las artes en general no dejan de tocar el tema. La llaga existe y los artistas permanentemente la revisitan, de ahí la curiosidad y labor del crítico por entender y sopesar la mediación literaria sobre el periodo.

Pero a pesar de eso existe un negacionismo sobre la literatura de la violencia política por parte de la propia crítica.

Seguramente que sí, pero yo estoy tan conectado con esto que simplemente estoy en piloto automático. Mi tesis doctoral también la escribí sobre este tema, que vengo trabajando durante muchos años, desde los 90, pero quiero ya cerrar esta veta porque, obviamente, también tengo otras áreas de interés: la literatura irlandesa, por ejemplo (particularmente Swift y Joyce). Ese negacionismo que mencionas es una línea más que existe dentro de todo este universo, en todas las áreas. Es un hecho que se da en todas las esferas de lo social y cultural.

El trabajo para la publicación del libro ha sido una labor de cirujano, ya que han tenido que diseccionar los cuentos y poemas para poder entenderlos y explicarlos.

Efectivamente. Una cosa muy importante: este es un libro de crítica literaria, no nos equivoquemos, porque lamentablemente aparece el tema y ya te quieren llevar a un lado u otro. Acá estamos haciendo un trabajo de rigor académico, de crítica literaria muy seria. Justamente el respeto al tema que tú planteas está visto desde ahí mismo, no solo por una cuestión académica de doctorado, sino por la ética misma del crítico que es el respeto a la literatura. Aquí se va diseccionando y acercando a cada poema, que es ver cómo comienza, cómo están estructurados; por ejemplo, el poema “El grito” de Watanabe aparece diseccionado a partir de tres segmentos, y así lo examina Fátima Salvatierra; los poemas de Romualdo los lee Jhonny Pacheco Quispe desde el retorno de lo reprimido a partir de Lacan y Zizek. Entonces no es una lectura formalista, pero como en toda obra de arte la forma es lo que dice; y por qué se elige la forma, ahí está el discurso, y eso también está cuidadosamente analizado para finalmente llegar a la visión del poema desde el punto de vista lacaniano, para a través de eso poder saber qué nos están diciendo sobre la violencia política.

Estos referentes de la filosofía nos ayudan a mirar cosas que no percibimos en una lectura “normal”.

La primera función de la literatura —por ejemplo, en un cuento—, es que te guste el cuento, y que te lo creas. Pero como mencionaba Ricardo Piglia, toda historia cuenta dos historias, es decir, hay un subtexto, y eso es lo que se hace en todo el libro a lo largo de sus 24 artículos: analizar el subtexto para buscar el sentido que adquiere la violencia política.

Es un poco lo que hizo Nietzsche con Edipo Rey: explicar qué hubo detrás de toda esa historia de tragedia.

Es un buen ejemplo. El Edipo te cuenta lo que pasa, pero no te explica. Y esa racionalización que dan los filósofos es justamente para explicarnos esas grandes ideas que nos sirven a todos, los sentidos de estos textos; la culpa, por ejemplo.

Desde tu visión de crítico, ¿desde dónde se puede marcar un inicio de la violencia política en la literatura peruana?

He investigado y tengo un trabajo sobre el tema. A nivel de literatura se dice que comienza en el año 1982 con el cuento “El departamento” de Fernando Ampuero, que fue un cuento que salió publicado en la revista Hueso Húmero, y que narra una anécdota de dos amigos intelectuales de la pequeña burguesía ilustrada en un café de la avenida Tacna. El narrador sería una suerte de alter ego de Ampuero, y el otro personaje es Luis Jochamowitz (aparece mencionado así con su nombre). En ese cuento se menciona que la policía ha allanado el hogar, ubicado en el centro de Lima, de un personaje gris; también habla de los peligros de vivir en Lima, los atentados tipo “castillos de alta tensión” dinamitados y de cómo las fuerzas del orden te pueden detener y desaparecer. Pero lo que yo planteo es que el comienzo, el beginning en realidad se da con dos cuentos de Hildebrando Pérez Huaranca del año 1975, porque hacen referencia directa y explícitamente al suceso ocurrido en junio de 1969, en Huamanga, por el movimiento de la gratuidad de la enseñanza: “Mientras dormía se contaban” y “Día de mucho trajín”. Recordemos que este hecho marca el libro de Carlos Iván Degregori El surgimiento de Sendero Luminoso. Ayacucho 1969-1979, de 1990. El segundo cuento mencionado de HPH narra muy bien esto: se trata de un estudiante herido que está en medio de la policía mientras los estudiantes lo quieren rescatar y no pueden porque están enfrentados, y el cuerpo está en medio; y el narrador es como una voz de Sendero Luminoso que le dice: “tú no te desesperes, estás herido, pero así te mueras tu sangre va a regar la revolución”. Entonces ya aparece el discurso fundamentalista de Sendero, y aparece el hecho histórico del dato (“hoy viernes 13 de junio de 1969” en la capital del departamento de Ayacucho, tal cual). Eso lo he explicado en un ensayo que forma parte de un libro que salió publicado el año pasado: Memoria del Perú. Actas del VIII Congreso Internacional de Peruanistas en el Extranjero. Dentro de la literatura, relacionado a este beginning y hecho de junio de 1969 tenemos a su vez el poemario Sabina es también Junio en Ayacucho (1975) de Teodosio Olarte, analizado en Lo real es horrenda fábula por Jim Anchante; y una canción emblemática, Flor de Retama, de Ricardo Dolorier, compuesta ese mismo año de 1969. Entonces considero que ese es un hecho de inicio; y lo que pasó en los ochenta fue la decisión de la lucha armada, pero la decisión de ser Sendero Luminoso, y de enfrentarse al Estado a través de hechos de violencia, nació en 1969. Consecuentemente entonces, y de acuerdo con la propia historia del periodo, el inicio de la violencia política en la literatura peruana tiene como localización espacial no el centro de Lima sino el centro de Ayacucho.

Recordemos esta frase que quedó del expresidente Fernando Belaunde: “No son guerrilleros, son abigeos”, es decir, ladrones de animales.

En el caso de él es porque estaba harto por las guerrillas que tuvo que enfrentar durante su primer gobierno en los 60; incluso del tema de la frivolidad del propio Belaunde lo ha narrado Mario Vargas Llosa en El pez en el agua. Pero la respuesta que le dio el Gaucho Cisneros a Belaunde fue feroz. Con eso muy rápido se despintó esa idea de que eran abigeos.

Hablando del tema de desaparecidos en el Perú, recuerdo un trabajo que realizó el artista peruano Eduardo Villanes…

Lo recuerdo perfectamente: Evaporados, sobre los cuerpos encontrados quemados y enterrados en Cieneguilla, que gracias a una de las llaves de Amado Cóndor se pudo comprobar que eran los estudiantes de La Cantuta. Cuando el Estado, representado entonces por la dictadura de Fujimori, entregó los cuerpos, lo hizo de tan mala manera que los devolvieron en cajas de leche Gloria. Eso también es analizable: ¿por qué tienen que hacer esa estupidez, poner los cuerpos en cajas de leche? Ahí justamente entra la genialidad de Eduardo Villanes. En esa época no existían espacios públicos fuera del control dictatorial, el pensamiento crítico había desaparecido, pero hubo chispazos. Villanes en la Vía Expresa escribió la palabra “Evaporados”, auxiliado por el crítico Carlos León Xjiménez, quien fue el que tomó el único registro fotográfico del acto. Villanes solo puso Evaporados, no dijo nada más, y eso al Estado obviamente le cayó como chicharrón de sebo. Eso precisamente es el poder del lenguaje, sumado a la connotación que porta el hacer escrito la palabra desde la materialidad de las propias cajas de cartón donde se ponen las latas de leche evaporada. Era muy potente el mensaje. La dictadura se dio cuenta de inmediato. La acción no permaneció más de un día, pero el registro fotográfico fue indispensable para la memoria artística, ética e histórica. Villanes también hizo unas calcomanías donde aparecía el personaje de Querosene, que era un militar del grupo Colina.

¿Crees que una publicación como Lo real es horrenda fábula podría llegar a las bibliotecas públicas y a los colegios?

Creo que sí. Cuando hablamos de colegios, estamos hablando de un espacio bastante amplio. De hecho, el libro se distribuye por medio de la editorial Horizonte, y ellos también tienen su propio sistema de distribución. Definitivamente el material es útil y sirve; además, la literatura peruana está representada en sus páginas.

Además, el libro está trabajado para que cualquier persona lo pueda leer y entender.

Así es, está escrito con rigor, pero sin alienar al lector dentro de las claves de la lectura. Sería bueno que pudiera entrar a los colegios; una de las ideas es esa pues el libro está planteado para cualquier lector. Tiene su propio planteamiento editorial, pero por supuesto que se puede expandir. Sería ideal.

¿Qué piensas cuando se dice que en el Perú no existe la crítica literaria?

Lo que se puede hacer es un análisis de la crítica. Crítica sí hay. Sería bueno ver qué plantea la crítica, qué cosas ha dicho. Lo que sí no hay en el Perú son autores críticos que hayan podido desarrollar sus propios conceptos. Un ejemplo más o menos reciente es el de Antonio Cornejo Polar, quien sí ha planteado sus propios conceptos (totalidad contradictoria, heterogeneidad cultural) para la crítica literaria latinoamericana.

También se puede hablar de un divorcio de los medios con la crítica.

Ya ni siquiera divorcio; simplemente ya es agua y aceite. Eso es algo que tiene que ver con la sociedad del espectáculo. Las páginas culturales han desaparecido vilmente; apenas si salen las reseñas literarias. A los críticos cada vez los estrangulan más (en cuanto a espacio asignado) para publicar algo, y tienen que hacer malabares con pocas palabras. Tenemos reseñistas y críticos con larga data, por ejemplo, Ricardo Gonzáles Vigil, quien aún nos sigue entregando recuentos del año.

¿Qué autores peruanos se tendrían que leer siempre?

Arguedas; ya que a Arguedas, independientemente de lo que uno pueda rescatar, lo que le da tanta actualidad y que lo vuelve tan universal, es su escritura en sí misma; desde su libro Agua, que lo escribió a los veinte años, tiene una escritura que brota naturalmente. También en su última novela El zorro de arriba y el zorro de abajo, la descripción de Chimbote, lo popular, es brillante. Para mí, Arguedas es el mejor narrador peruano.

Regresando a Lo real es horrenda fábula, el libro ha sido presentado en varias ciudades del mundo.

Se presentó en la Universidad de La Habana, en Cuba; en el Instituto Cervantes, en París; en la Universidad de Cagliari, en Italia; en la Universidad de Ottawa, en Canadá; en un centro cultural en Buenos Aires, Argentina. También ha sido presentado en Lima, en el LUM, en Casatomada Librería & Café y finalmente en el espacio donde el libro nació: la Universidad de San Marcos. Es un libro que ha nacido con muy buen pie.

Recomiéndanos tres libros, para finalizar.

En poesía España, aparte de mí este Cáliz, de César Vallejo. Ya que estamos en el tema de la violencia política, y ese es un libro sobre la guerra civil española. En narrativa, para seguir el tema, voy a mencionar Historia de Mayta, me parece que es la primera novela que se escribe sobre la violencia política, ahí Vargas Llosa se imagina un Perú apocalíptico. Y para cerrar del mismo modo, un cuento de Pilar Dugui, “Los días y las horas”, centrado en la concientización senderista de una joven de origen popular. Sobre estos tres textos tengo sendos trabajos publicados.

(Entrevista publicada en la revista impresa Lima Gris N° 17)

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