Los ñoquis

Por Daniel Cholakian – Nodal Cultura

El 29 de enero de 2016, a poco más de un mes de haber asumido el presidente Mauricio Macri, cerca de 500 trabajadores del Ministerio de Cultura de Argentina fueron despedidos sin previo aviso. Al llegar a su lugar de trabajo miembros de la seguridad contratada por el organismo les decía a los trabajadores si podía o no entrar al edificio. El que no podía entrar es porque se había quedado sin trabajo.

De alguna manera esa jornada marcó el comienzo de la producción de Los ñoquis, el documental de María Laura Cali que por estos días causa sensación en Argentina. En la escena más difundida de la película se ve, por primera vez luego de 3 años y medio, el modo en que la pareja del Secretario de Cultura desmontó los equipos del centro de producción audiovisual para sacarlos de allí, sin orden administrativa alguna y sin destino conocido.

“Yo entré en el 2009 a lo que iba a ser después el Centro de Producción e Investigación Audiovisual (CEPIA) de lo que era la Secretaría de Cultura”, cuenta María Laura Cali a Nodal Cultura. “El CEPIA generaba contenidos para los distintos medios públicos (Paka-Paka, Encuentro y TV Pública) además del Banco Audiovisual de Contenidos Universales Argentino (BACUA). Se producían series a partir de concursos que se realizaban a través de Universidades Públicas, los que también se distribuian por diferentes canales. Además cubríamos algunas actividades del Ministerio de Cultura”.

El documental comienza con la voz de la propia realizadora, también actriz con una larga trayectoria, que vincula una obra clave de la pintura argentina de fines del siglo XIX con el presente. Como dice el texto de María Gainza leído por Cali sobre Sin pan y sin trabajo de Ernesto de la Cárcova, “el cuadro es conocido como la primera pintura argentina que retrata la desocupación”. No se puede soslayar que la desocupación y la pobreza tienen un vínculo inseparable desde los comienzos del capitalismo, para el cual el trabajo y el salario son constitutivos.

“A fines de diciembre de 2015 comienza a haber despidos. El 5 de enero es el día que viene esta persona (Carolina Azzi) y se lleva todos los equipos sin ningún tipo de protocolo administrativo previo. Así quedó desmantelado el CEPIA y salvo los productores, que teníamos procesos para controlar, el resto de los trabajadores se quedaron sin tareas. Finalmente el 29 de enero, sin previo aviso, cierran las puertas del CEPIA. Ese día despidieron casi 500 trabajadores del ministerio, en lo que fue el primer despido masivo en la administración pública nacional. Un poco ese es el comienzo del documental”.

Lo primero que sorprende en la propuesta estética de Los ñoquis es el discurso que surge  en el encuentro de la imagen / texto y la pista de sonido con la que sale de esa escena sobre sobre la pintura. Allí se constituye el eje de la película: no es la historia de una destrucción ni de un dolor personal, es el relato (performático) sobre la resistencia. La propia película es una práctica resistente. Y esta idea se reconstruye hacia el final, donde lo doloroso dialoga con un encuentro de todos los protagonistas para compartir los ñoquis caseros y la bebida colectivamente, en un brindis que festeja lo vital.

“Algunos de nosotros fuimos reincorporados, pero lo que siguió no fue fácil. Los sueldos se redujeron hasta un 40% y hubo gran persecución al interior de los lugares de trabajo. Esto fue lo que me llevó finalmente a realizar el documental. Los Ñoquis es un documental que surge de los propios trabajadores y trabajadores del Estado. Es una reflexión sobre la estigmatización sobre todxs nosotrxs. Esa idea de que son ‘ñoquis’ del Estado es un mito fogoneado por funcionarios públicos y distintos medios de comunicación. Me decidí a deconstruir ese mito con testimonios de trabajadoras y trabajadores más el análisis de teóricos que hacen un análisis de los sucedido”

Los testimonios elegidos por María Laura Cali funcionan muy bien a los efectos esta decisión narrativa. No son redundantes, no se solapan y no son meras anécdotas personales del dolor. El valor central de los mismos es que constituyen una reivindicación explícita del trabajo en el sector público y retrucan la noción destructiva de ‘ñoquis’. Lo hacen desde el deseo de cada uno de los participantes de aportar a su comunidad a partir de la oportunidad única que el trabajo público otorga. Por otra parte también cuenta como esa noción de ñoquis peyorativa hacia los trabajadores del Estado (o grasa militante como calificó el primer ministro de hacienda de Mauricio Macri) fue retomada como una herramienta política para justificar el ajuste económico por los funcionarios durante el comienzo del macrismo.

Los trabajadores y las trabajadoras entrevistadas no son reconocibles por el público, no dirigieron enormes programas, ni tuvieron alta exposición en los momentos de los despidos. Son parte de lo cotidiano, de aquello que es la esencia del trabajo, no ya el gran momento que brilla, sino lo que se construye cada día. Así Cali logra hablar de trabajo concreto y creativo, capaz de transformar el universo simbólico de las comunidades en las que interviene. Los ñoquis cuenta también la la voluntad de cada trabajador y cada trabajadora de ser parte de eso.

Y mientras esta película se terminaba, el ex Ministro de Cultura y ahora Secretario de Gobierno de Cultura, Pablo Avelluto, reivindicó como un acto de coraje el despido de 1600 trabajadores del organismo a su cargo. La película pudo incorporar esta escena, poniendo en tensión la historia de quienes fueron despedidos y esa brutal construcción simbólica del poder conservador liberal.

 

 

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