Vuelve el Buensalvaje

«Buensalvaje» ha vuelto (y esta vez, para quedarse)

Celebramos el regreso de esta maravillosa revista literaria y conversamos con su editor, Dante Trujillo 

«Buensalvaje» es una revista de literatura peruana que, además de ser gratuita, es impresa. Hoy que los jóvenes -y los no tan jóvenes- viven esclavos de una pantalla, encontramos una publicación masiva que ofrece 10 mil ejemplares por cada número e invade librerías, centros culturales, facultades universitarias, ofreciendo un verdadero banquete literario. Pero, ojo, un banquete que no se queda circunscrito al Perú. A lo largo de sus 17 primeros números Buensalvaje tuvo franquicias en Costa Rica, Colombia y España. Y, ahora que ha regresado, espera volver también a dichos países.

En esta entrevista, conversamos con el editor, Dante Trujillo sobre las razones por las que se suspendió la revista, sobre sus orígenes, sus metas y por supuesto, sobre su gran regreso. Agradecemos su tiempo y celebramos el regreso de este proyecto maravilloso.

Me llamo Dante Trujillo y nací en Lima hace 46 años. Si debo definirme por mi oficio, soy ante todo editor de publicaciones. También escritor, y periodista, y gestor cultural, pero me gano la vida principalmente como editor. He estudiado en las universidades X e Y, y entre otras cosas, dirijo una empresa, estuve al frente del suplemento cultural más importante del país, publiqué un libro de cuentos. Hoy soy el jefe del Fondo Editorial del Congreso. Y edito Buensalvaje.

EL EDITOR DANTE  TRUJILLO

Mis afectos son mi sangre. Me gustan los animales, la naturaleza, el genio humano. Hoy en día prefiero por mucho la bondad a la inteligencia. Necesito leer, caminar y dormir lo más posible. Mis hijos son lo mejor que me ha pasado jamás.

LA FUERZA DEL NOMBRE: «BUENSALVAJE»

Si hay algo que me gusta del nombre es su carácter polisémico. Y mi criterio iba un poco por poner en entredicho la idea rousseauniana —ilustrada y bienintencionada, sin duda—. Ese mundo exótico de la gran otredad, creo, ya no existe. Y si la revista iba a tratar lo que se escribía en todas partes, en general, pero haciendo énfasis en lo iberoamericano, lo coherente —y, a la vez, irónico— era expresarlo desde el nombre. También es cierto que, modestia aparte, me parece potente y eufónico. 

LA REVISTA AÚN ESTÁ DISPONIBLE Y GRATIS EN CASI TODOS LADOS, PERO APÚRENSE PORQUE VUELAN.

EL «ELEFANTE» FUE PRIMERO
La revista tuvo una versión beta con otro nombre: Elefante. Este se justificaba en la parábola budista donde unos ciegos daban versiones distintas del animal. Pienso que es un poco lo que pasa con lo que se escribe en nuestros países: tenemos “una idea” de lo que pasa en Ecuador, o en Chile, o en México, y suponemos que entendemos de esa manera el continente, pero bien puede estar equivocada, estar sesgada. Como cuando el ciego toma al elefante por la trompa y cree que es como una serpiente, y otro lo coge de la pata y da por hecho que se trata de la columna de un palacio.
DÓNDE COMIENZA EL CAMINO
Sí, fue una idea que nació en la universidad, charlando principalmente con mis hermanos Carlos Yushimito y Alejandro Neyra. El sueño que dices era tener una publicación que reuniese lo que anhelábamos encontrar, así de simple.

Luego, ya en Solar (que persiste: la empresa se dedica a la creación de publicaciones para empresas), comenzamos un sello de literatura: publicamos a Daniel Alarcón, Alberto Vergara, María Luisa del Río, César de María, el mismo Neyra y más. Hasta que llegó la oportunidad de hacer la revista y tuvimos que parar con los libros.

LA INTERNACIONALIZACIÓN

Un día nos escriben unos chicos de Costa Rica para plantearnos una franquicia de Buensalvaje por allá. La verdad, pensé que era una broma, o que estaban chalados (o las dos cosas, en realidad). Por supuesto, no estábamos ni remotamente preparados para ello, no habíamos preparado nada al respecto, no sabíamos cómo hacerlo. Pero dijimos que sí, y aprendimos sobre la marcha (Pepa y yo siempre hemos sido arrojados). Y la revista les quedó preciosa.

Luego, en cuestión de semanas sucedió que me plantearon hacer una versión colombiana y otra española, con la editorial Demipage (que hace mucha literatura latinoamericana) y ahí sí la cosa explotó. De verdad era insólito. Y me di cuenta de que eso era en realidad lo que buscaba: generar una comunidad internacional de publicaciones literarias gratuitas, que compartieran contenido, todo en pro de los lectores y de los autores. Luego se sumó la versión mexicana —dirigida por un compañero de estudios durante una beca en España—. La idea es retomar esas versiones en el corto plazo.ANÉCDOTAS

Lo de Javier Marías fue así: gracias a Toño Angulo conseguí su fax (cuando yo creía que ya nadie los usaba), y le escribí por ahí. Me respondió una secretaria muy socarrona diciéndome que él estaba muy ocupado y que gracias, pero no. Yo le volví a escribir diciendo que me permitiera contraatacar. La secretaria me respondió diciendo que el señor Marías no aceptaba contraataques de nadie, pero que ya, le mandara cinco preguntas, pero que no se comprometía a responder pronto porque estaba terminando algo (no recuerdo qué).

La cosa es que, como siempre, acudí a la persona que yo conocía que más estuviera familiarizada con la obra del autor (en este caso, Octavio Vinces), y en un café hicimos como doce preguntas. Las mandé y, para mi sorpresa, respondió casi de inmediato (por fax, claro): había escrito a máquina de escribir, en limpio.   (Puede leer sus respuestas, aquí)

 

Otra anécdota sucedió durante la entrevista a Piglia: el maestro se cayó durante la conversación telefónica y la llamada se interrumpió. Nadie estaba muy consciente de su enfermedad, pero al retomarla, Piglia pidió que se incluyera ese detalle. (Puede leer esta conversación aquí)

EL STOP
Se detuvo principalmente porque las tres personas que la hacíamos entonces (Pepa Parra, Juan Carlos Fangacio y yo) dejamos de trabajar en Solar, y la distancia nos complicaba la edición. También es cierto que, luego de 17 números, estábamos un poco agotados. Por último, al entrar yo a dirigir El Dominical había cierto conflicto de intereses.

El regreso era una deuda. Sabíamos que debíamos hacerlo. Ahora la subeditora es Emilie Kesch, y el equipo está tan vigoroso e ilusionado como hace cuatro años. La materialización es difícil, financiar un proyecto cultural y gratuito es complicado. Pero lo logramos. Y lo seguiremos logrando.

ESTE NÚMERO
En cuanto al contenido, tenemos la clásica sección de reseñas, con una veintena de textos muy útiles para que los lectores se orienten en el bosque de los libros. Esta sección la abre Neyra hablando de la “Trilogía de Jesús” de Coetzee, con quien logró tener una breve charla.

Tenemos también un cuento excelente e inédito en libro de Salinger, que hemos colocado a propósito de sus cien años (obra y gracia de Guillermo Niño de Guzmán); también una nota de Alberto Maguel sobre Julio Cortázar como fotógrafo, una faceta poco conocida. Y, de otro lado, una entrevista de Teresa Cabrera a Rita Segato; un acercamiento netamente hermenéutico a Vivir abajo, la novela de Gustavo Faverón, por parte de Jorge Frisancho. Y, como si fuera  poco, tenemos un cuento buenísimo de María José Caro y un relato de Alejandra Costamagna, una suerte de spin off de su novela El sentido del tacto. También encontrarán en este número ensayos de Gabriel Meseth sobre los 50 años de El mal de Portnoy, de José Carlos Yrigoyen sobre la poderosa obra del chileno Maurico Wácquez, y Luis Yslas Prado nos invita a comprender mejor la realidad venezolana a través de tres notables novelas.

Tenemos poemas de Victoria Guerrero y Tilsa Otta, y una crónica Maeve Brennan bellamente ilustrada por Diana Kisner. Por último, para la central entrevisté yo a Patricio Pron, que dice cosas muy interesantes.

NÚMERO 18. PRIMAVERA 2019.

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La Mula

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