#FIAVL2019 Del andar por la calle Bolívar, el lugar donde late el Festival de Artes Vivas

Por Daniel Cholakian – Nodal Cultura

La calle Bolívar es el lugar donde el Festival de Artes Vivas de Loja se hace más visible. No porque allí ocurran los hechos artísticos de más relevancia, sino porque la calle principal se cierra al tránsito durante 10 días y en esas 5 cuadras ocurre un fenómeno muy particular, dificilmente comparable con otros festivales de este tipo.

Calle Bolívar. Festival de Artes Vivas de Loja – Día 1

Loja es una pequeña ciudad ubicada al sur del Ecuador con poco más de 200 mil habitantes. Cerca del 10% de la población es estudiante universitario y en sus dos universidades hay carreras dedicadas a distintas disciplinas artísticas y culturales. Cuenta con 3 orquestas sinfónicas oficiales, una de ellas infanto juvenil, que sea han presentado en esta semana en dos importante espectáculos populares: junto al ministro de cultura y patrimonio ecuatoriano, Juan Fernando Velasco, y en la fiesta por la independencia lojana junto a cantantes locales. En cada una de ellas hubo cerca de 5 mil personas.

Concierto en la Puerta de la ciudad. Juan Fernando Velasco con la Orquesta Sinfónica de Loja

Loja es considerada la “capital cultural y musical” de Ecuador y muchos de los músicos y literatos surgidos de aquí son referentes de la cultura ecuatoriana. El audiovisual y las artes visuales en general han tenido un desarrollo muy importante entre los jóvenes lojanos en la última década.

Llegué a Loja por primera vez en 2010 para impartir un seminario de media jornada sobre cine. No solo la cantidad de participantes superó las expectativas que con las que llegué a esta ciudad fronteriza con Perú, sino que en ese año aquí los jóvenes habían realizado 9 largometrajes. Finalmente me quedé dos días trabajando con ellos, viendo mucho del material que habían producido e intercambiando saberes y experiencias. Más de uno de esos jóvenes lojanos hoy comienzan a ser nombres conocidas en la industria audiovisual ecuatoriana.

Durante la semana que llevamos de Festival, caminar las cinco cuadras que van del Parque Central al Centro Cultural Alfredo Mora Reyes se ha convertido en una rutina diaria. La imagen se repite y se renueva cada día. Cientos de niñxs dibujando sobre el pavimento, artistas trazando sus obras a partir de bocetos traídos en el papel o en teléfonos celulares, músicos, artistas populares e incontables puestos de venta de tizas y carbones; pequeños stands con el logo del OFF del Festival con distintos productos de la región: dulces, café, chocolates, textiles, bijouterie artesanal; estatuas humanas y caricaturistas que ofrecen sus servicios a los caminantes.  Eso es lo permanente.

Pero los dibujos se renuevan. El pavimento cuenta cada día nuevas historias: personajes de dibujos animados, logos de instituciones educativas, imágenes religiosas, relatos míticos locales, referencias críticas sobre el momento político. Incluso podría explicarse quienes  tienen tiempo libre cada día para ocupar la calle según los relatos que dominan en la acera.

Hace 3 años, cuando el FIAVL tuvo su primera edición escribí lo siguiente: “Una de las más bonitas expresiones de la expresión popular que ha tenido la ciudad de Loja en estos días son los dibujos hechos con tizas de colores sobre el pavimento de la calle Bolívar, eje de la participación ciudadana en los días del Festival. Cerrada al tránsito a lo largo de varias cuadras, estas muestras de arte efímero revelan no tanto la creatividad, que la hay, sino la apropiación colectiva del pueblo lojano de la relación entre el arte y el espacio público, que es una de las bases de la organización de este Festival”.

Esta imprevista movilización popular fue fundante de una nueva mitología local que se ha multiplicado. Por eso la organización del espacio OFF del Festival ha sumado a aquella participación espontánea organización e infraestructura, lo que ayuda a que durante 14 horas diarias la calle Bolívar esté cargada de actividad.

Además de estos artistas espontáneos, entre los que hay infinidad de niñxs, se despliegan pequeños escenarios donde los músicos pueden presentarse libremente. Los  pequeños puestos de venta de productos artesanales locales fueron elegidos por un concurso municipal. Gran cantidad estatuas vivientes ocupan la mitad de la acera y se mantienen allí, inmóviles durante horas, esperando a quien ponga la moneda en la ranura para devolverlo por unos minutos a la vida. Caricaturistas de estilos y talentos diversos ofrecen sus servicios de retratos personales. A ellos se suman personas disfrazadas de personajes cinematográficos como el Hombre Araña, Maléfica, Jack Sparrow y muchos otros, que piden una colaboración monetaria por sacarse unas fotos con los niñxs paseantes. Esta suerte de crecimiento de comercialización de este espacio es tal vez lo menos interesante en términos culturales.

Según explica Rubén Torres Paz, ex director de cultura de Loja, actualmente a cargo de la carrera de Artes Escénicas de la Universidad Técnica Particular de Loja, la presencia de las estatuas humanas comenzó en 2016 cuando algún artista de esta disciplina fue convocado por el Off del Festival. “Les fue tan bien que a partir de ahí se corrió la voz y comenzaron a llegar desde Quito, Guayaquil y otras ciudades de Ecuador e incluso de Colombia. Ahora el Off les concede el espacio en la mitad de la calle y los organiza”. En su mayoría estos artistas no son lojanos y, como lo aclaran algunos carteles en la principal calle lojana, están organizados dentro de una asociación de estatuas humanas.

Estatuas humanas en la calle Bolívar

“Después están otros personajes que no son estatuas”, agrega Torres Paz, “sino personas disfrazadas que están allí para sacarse fotos con los niños. Estos en general si son de la ciudad”. Estas personas reciben unas monedas por sacarse fotos con lxs niñxs. Esto también ocurre con algunos de los artistas que dibujan en el piso. “En cuanto a quienes dibujan en el piso, desde la segunda edición esos trabajos comenzaron a sofisticarse, a tener más detalles y diseño e incluso el año pasado hubo muchos dibujos en 3D. Eso también cambió la manera de trabajar. Comenzaron dejando un tachito a un lado del dibujo para que la gente aporte una propina para el artista. Ahora se pide colaboraciones a los paseantes, así  logran ganar algo de dinero con su trabajo”.

Por Loja andaba un dibujante callejero uruguayo que explicó que viaja dibujando por América Latina. Conoció este fenómeno particular que ocurre cada año en Loja y ha venido a pintar con tizas y carbones en el pavimento como forma de ganar una suma nada despreciable de dinero gracias a la generosidad de los transeúntes.

Artista callejero dibujando a un personaje popular: Don Ramón

Corriéndome de la calle Bolívar, en una digresión de la caminata y la crónica, fui a comprar los tradicionales dulces locales al mercado central de Loja, uno de mis lugares favoritos de la ciudad. Mientras elegía que llevaría, A., la señora mayor que atiende su puesto en la planta alta del mercado, mostraba una posición contraria al actual modelo de organización de la avenida central. “El festival era más lindo cuando empezó, cuando la gente pintaba la calle y nada más. Ahora se convirtió en un centro comercial, uno camina por ahí y son todos puestos de venta”, aseguraba mientras envolvía mis bocadillos de maní y panela (junto con el repe y la cecina eje de la gastronomía lojana), el dulce de guayaba, el mazapán, las cocadas y el ajonjolí.

Los dulces lojanos que siempre regresan conmigo

Y si los dulces, empalagosos, duros, potentes, son una de las marcas de Loja, hay quienes proponen una actualización basada también en tradiciones locales. Gonzalo Sanchez Burneo es quiteño y vive en Loja. Fanático de los alfajores, desarrolló su propia marca de este producto, diferenciado del tradicional alfajor de maicena que venden en las infinitas panaderías de la ciudad o del galleta dura más industrial. “Yo he comido alfajores de muchos lados del mundo y sentía que no había un alfajor propio ecuatoriano, aprovechando las materias primas propias para hacer algo que tenga cierta identidad”, nos cuenta mientras ceba unos mates muy bien cebados. Aprendió a tomarlo cuando tuvo una novia argentina que vivió en Ecuador por un tiempo.

“Por eso decidí sacar un alfajor propio y con una receta nuestra”, cuenta cuando habla del Doily, su pequeña delicia. “El cacao es de la zona de Palanda, el más antiguo del país, azúcar morena de Catamayo y miel de abejas de Loja. En todo tratamos de mostrar una identidad propia. Ahora estamos proyectando un alfajor con chocolate ecuatoriano al 70%, con una variedad con sal marina y otros con ají. ¿Por qué? Porque con eso queremos incorporar la costa con la sal y con el ají la zona de la sierra. Queremos que también se sepa, como está demostrado, que el ají es originario de Ecuador y no de otras zonas de América Latina. Por eso también creo que es importante en que el cacao sea el de Palanda. Y vamos a utilizar el babaco, que es una planta que crece aquí en Loja, y el mortiño en nuestros rellenos, que es una especie de blueberry. Queremos es mostrar nuestro país en algo tan pequeñito como un alfajor”. Además, en esa búsqueda del sabor propio Gonzalo se propone incorporara el dulce de café –lojano el grano y lojana la receta- a sus rellenos.

Artista callejero dibujando a Michael Jackson

Volviendo por la calle Riofrío desde el río Malacatos hacia la Bolívar suena la guitarra de Serge en el escenario montado en la esquina. Él es argentino, nacido en Rafaela, provincia de Santa Fe, y vive en Colombia desde hace años. Después de terminado su breve set musical y dejar la merecida moneda en la caja, que aquí son dólares, nos sentamos a conversar. “Es mi primera vez en el Festival de Loja, pero esta es la primera ciudad de Ecuador que conocí”, nos cuenta. “Estoy siguiendo de alguna manera el cronograma de las fiestas populares. Vengo de Cuenca y ahora voy a las fiestas de Quito. Me gusta trabajar en la calle y como en las fiestas hay espacios para tocar, es una buena manera de trabajar. Ser artista callejero es interesante, porque cuando le sacas un aplauso a la gente en la calle es porque le llegaste. Yo trabajé mucho en escenarios y grabé, pero me convertí en artista callejero hace 5 años. Ahora estoy volviendo a grabar y a pensar en los escenarios, pero no quiero dejar la calle. Estoy feliz con lo que he aprendido en el camino”.

Serge, el músico callejero itinerante

Antes de despedirnos cuenta que no estuvo el primer fin de semana del FIAVL, cuando la calle estallaba, pero sin embargo Serge tenía un pequeño reclamo personal. “Estoy muy cómodo acá en Loja, pero me gustaría ver más músicos”.

Durante los días 21 y 22 de noviembre en una de las cuadras de la avenida se desplegó la instalación artística y fotográfica “Mitos y leyendas de Loja”. Accidente en el abismo, La llorona, El cura sin cabeza, Las brujas de ZH, Luterana y Los ahorcados son algunos de los relatos misteriosos que fundan la historia lojana que están presentes en la muestra.

Estos mitos también son reflejados en la creación artística en vivo por iniciativa del Cacel, la Cooperativa de Educadores de Loja. Ellos impulsaron la creación de un mural sobre una placa de MDF en la puerta de la institución. Para ello convocaron a dos jóvenes muralistas lojanos, muy reconocidos en Ecuador y en el resto de América Latina. Pablo y Alejandro Salazar, que son conocidos como Huesos de Buda,  suelen rescatar las tradiciones más importantes de la Loja de antaño en sus obras. “Aquí en la ciudad tenemos cerca de 35 murales y en el país otros 20. Hemos ido a pintar en festivales a Perú, a Chile, dos veces a Brasil y hemos pasado también por Argentina”, cuenta Pablo cuando lo interrumpimos unos minutos en su trabajo.

El mural que están realizando cuenta alegóricamente dos mitos de la historia lojana. “Esta fue una propuesta de CACEL, cuyo fundador tiene un libro que se llama “Leyendas y tradiciones de Loja”, y entonces nos pareció que para este Festival de Artes Vivas lo mejor era reflejar algo de las leyendas de la ciudad, para que la gente rescate la historia de su lugar”, explica

“Este mural en la parte superior contamos “El fusilado de San Sebastián”. Según esa leyenda un hacendado maltrataba y golpeaba a un trabajador, que como venganza contrata a alguien para que lo mate, pero por el crimen detienen a unos jóvenes que eran inocentes. El trabajador se arrepiente y se declara culplable. Por eso es fusilado en San Sebastian. En el mural intentamos reflejar el valor que representa la venganza, pero también la culpa y el dolor. En la parte superior incluimos el arma, la que uso para matar y con la que a la vez fue fusilado.” Mientras continuan con la historia del Fusilado de San Sebastián, Pablo nos cuenta que la sección inferior del mural contará la leyenda del hijo del barbero.

Santiago Carpio, popular actor en todo el país de origen lojano,  fue el encargado del OFF en primera edición del FIAVL. En un charla que tuvimos en noviembre de 2016 me contó el modo impensado en que surgió esto es que ahora es una tradición. “En el Parque Central, que es el centro comercial de la ciudad, casi nunca se hace nada de índole cultural. Decidí poner escenarios en los cuatros punto centrales para que haya distintas actividades artísticas y culturales. Le pedí a la espectacular carpintera que los hizo que pintara de negro la parte de atrás para que no se vean feos. Y le dije que iba a poner tizas para que la gente escriba sus mensajes. Yo creo que el hecho de poner la primera tiza fue el puntapie inicial para toda esta hecatombe de mensajes en la calle, que te da la medida de lo que la gente está. La calle Bolívar ha sido una cosa que yo jamás pensé que se iba a dar, creo que ha sido una cuestión de energía que se ha ido dando y no porque haya habido una planificación muy exquisita. Que veas un niño con una tiza o un carboncillo rayando la calle y queriendo estar presente en el Festival es algo maravilloso”.

Este tal vez sea el punto central que hace del FIAVL un hecho trascendente. Que esos niños incorporen el arte como una forma de expresión pública y popular, y que se apropien de la calle para decir lo suyo colectivamente es algo que puede tener una importante proyección social.

Tal vez por esto, pero no solo por esto sino también por lo que ocurre en la escena y en los espacios educativos, el Festival de Artes Vivas de Loja tenga una gran importancia social. Como sugirió en la apertura su director artístico, Patricio Vallejo Aristizábal, el FIAVL está en camino de convertirse en una nueva leyenda en una ciudad de leyendas.

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