Reabre El Odeón

Reabrió Teatro Odeón: historia de una sala que marcó una época

Por Carlos Reyes

El predio de Cerrito 750 entre Ciudadela y Florida, cuenta con una larga historia de mucho más de un siglo vinculada al mundo del espectáculo: primero fue un conservatorio y sala de conciertos, y hacia 1950 se levantó el Teatro Odeón, que atravesó medio siglo de grandezas y decadencias, hasta su incendio a principios de enero de 1996. Luego vivió más de dos décadas de abandono, hasta que hace dos años, la compañía Pequeño Teatro de Morondanga, liderada por el reconocido director Roberto Suárez, empezó a recuperar el lugar.

El jueves pasado, con el estreno de Chacabuco, el teatro se puso en funcionamiento, lo cual ya de por día es un logro mayor. Y lo hizo con un espectáculo impresionante, que puede ser considerado lo mejor que se ha visto este año en material de teatro local. Se trata de un extravagante drama, en el que entran en juego familiares y pacientes de un carismático terapeuta, todos signados de algún modo por el peso de la muerte. La obra, que remata con un final asombroso, aprovecha demás los restos del edificio anterior, y redefine la arquitectura de la sala, y el lugar y significado de lo escena.

En su historia de más de un siglo, el lugar vio pasar las formas más variadas de arte escénico. Allí en 1885 fue levantado el conservatorio musical La Lira, quizá el más grande que hubo en Uruguay, con una estructura enorme, que abarcaba una gran agenda de conciertos y una profusa actividad docente. Pablo Montero Zorrilla, al estudiar el tema en su libro Montevideo y sus teatros, señala que ese edificio fue demolido, total o parcialmente, para la construcción del Teatro Odeón, hacia 1950, con su inconfundible fachada con gigantesco frontón clásico, todavía en pie.

En la segunda mitad del siglo XX, por el escenario pasaron los más variados artistas y géneros. En manos del doctor Agustín Minelli, y luego de la Sociedad Uruguaya de Actores (SUA), por ese sala desfilaron notables elencos. Allí Antonio Larreta levantó hacia 1960 la compañía Teatro de la Ciudad de Montevideo (el famoso TCM), junto a China Zorrilla y Enrique Guarnero. El repertorio del TCM recorrió todos los géneros, del vodevil y el teatro musical a Chejov y Shakespeare, en lo que fue un intento por crear un teatro privado profesional, con actores asalariados. Desgraciadamente, la compañía no duró demasiadas temporadas.

La SUA, al frente de la sala, llevó adelante una gestión que marcó época, y que abarcó no solamente teatro (con una compañía propia), sino también ballet y danza experimental. También fue escenario del naciente movimiento de música popular de los años 60, siendo una de las sedes los Conciertos Beat y también donde se llevó adelante el Primer Festival de la Canción Beat y de Protesta, de 1967, en el que participaron entre muchos otros, actuando a sala llena, José Carbajal, Diane Denoir, Horacio Buscaglia, Gastón “Dino” Ciarlo, entre una larga lista de nombres y agrupaciones.

La nómina de artistas que pasaron por ese escenario comprende desde Alfredo Zitarrosa hasta la actriz argentina Olinda Bozán, pasando por el Ballet Juvenil Uruguayo, y el Ballet de Cámara de la Ciudad de Buenos Aires. En ese escenario, El Galpón hizo en 1957, bajo dirección de Atahualpa del Cioppo, La ópera de dos centavos, uno de los primeros montajes originales de Brecht en América Latina.

Luego la sala pasó a ser gestionada por el Ministerio de Educación de Cultura, que en los años 70 la dedicó a un Plan de Extensión Cultural, con una programación popular, a la que muchas veces se accedían por invitaciones que se repartían en las escuelas. Por ese entonces, el lugar ya mostraba cierta crudeza en el estado de sus instalaciones. Después de la apertura política la sala tuvo sus altos y sus caídas, hasta que fue utilizada por la compañía oficial Casa de Comedias, que en los años 90 dio allí espectáculos de cierto despliegue. Finalmente, el incendio de 1996 la redujo a escombros, dejando la fachada y parte del edificio.

Hasta que en 2017 hubo un giro sorpresivo del destino del lugar. “Nosotros estábamos ensayando en el Círculo de Armas, que queda a unos pasitos del Odeón. Y hablábamos sobre que precisábamos un lugar. Y había en Mercadolibre una publicación sobre Teatro Odeón. Eran como las 11 de la noche y decidimos llamar. Parecía una locura llamar a esa hora. Y llamaron, atienden Rosario y Vincent, les contaron de qué iba el proyecto, y contestan que les interesa”, contó a El País Rosario Martínez, integrante de Pequeño Teatro de Morondanga, sobre el primer contacto con los propietarios de la sala.

Chacabuco, con dirección de Roberto Suárez fue la obra elegida para reabrir el Teatro Odeón – Foto: Manuel Gianoni

“Al otro día quedamos en encontrarnos en el Odeón, y cuando abrieron las puertas, ellos se creyeron que iba a ser una decepción para nosotros. Y nosotros dijimos, ‘es acá’. Y eso, que fue por julio o agosto de 2017, empezó el trabajo de recuperar la sala. Hubo que demoler una parte, llevar arquitectos para ver qué era peligroso y qué se podía usar”, relata Martínez sobre los primeros pasos que se dieron.

El resultado, dos años después, es un teatro en marcha, y Chacabuco, una obra que se presenta hasta mañana, con localidades agotadas, pero que volverá en febrero y marzo para dar más funciones. “El espectador se va a encontrar con la parte nueva, que hicimos nosotros, y va a percibir también lo que fue ese gran teatro que se quemó. Va a percibir esa mezcla de esas dos cosas”, explicó Pablo Tate, otro de los integrantes del notable colectivo artístico.

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