Cuarentena

Cuarentena, siete relatos que desnudan 40 años de democracia en Ecuador

No fue la presentación de un ensayo sesudo, cuadrado, apegado sin alma y con rigor de ingeniería a un marco teórico frío, conveniente o popular. Tampoco una receta para el éxito individual o colectivo ni un análisis leguleyo para atenuar responsabilidades o satisfacer la corrección política y la académica. No. Ni de lejos. Y ese es su mérito: el libro Cuarentena, los encantamientos de la democracia en Ecuador es un dispositivo que con siete relatos periodísticos desnuda las debilidades –naturales y artificiales– de las cuatro décadas del “menos malo” de los sistemas de gobierno.

En la calle, llovía a cántaros y el bar restaurante La Estación, donde se hizo el lanzamiento, al norte de Quito, se llenaba de invitados. Llegaron más de 100. Los que pudieron se ubicaron en una mesa, los que no, se amontonaron junto a la puerta de entrada y en el zaguán que conduce al baño. De pronto, cerca de las 20:00 del martes 10 de diciembre, el murmullo de la multitud y los estruendosos saludos y abrazos dieron paso a una serie de testimonios y reflexiones inteligentes, sutiles, potentes, furiosas. Afuera seguía lloviendo; adentro la temperatura subió.

La bienvenida estuvo a cargo de Santiago Larrea, director de El Conejo. Contó su satisfacción de haber producido el libro con La Barra Espaciadora y recordó que en 2019 la editorial también cumple 40 años. Le siguió Gustavo Endara, coordinador de proyectos de la fundación alemana Friedrich Ebert Stiftung, Fes-Ildis, quien destacó que la publicación se nutrió de las conclusiones de un taller realizado con varios comunicadores y activistas. “Se ve mucha organización que no baja los brazos, que no se queda indiferente”, dijo y subrayó el rol de “aquellos periodismos contrahegemónicos, de las nuevas narrativas”.

Afuera, la lluvia no cesaba y adentro, la temperatura estaba a punto de subir un poquito más. Llegó el turno de los cronistas. ¿Un texto sobre la política de estos 40 años escrito en clave de periodismo narrativo?

“Este libro aborda la democracia, pero no desde la historia escolar ni académica, sino desde lo cotidiano, para interpelar no solo al sistema y al poder, sino también al individuo, a cada una de nuestras acciones y actitudes”. Con esa advertencia la periodista Yadira Aguagallo inició la conducción del foro. Sobre ese escenario –que durante la semana alterna entre farra y espacio cultural– la acompañaron Karina Marín y Gabriela Gómez, quienes asistieron en representación de los siete cronistas.

¿Qué ha sido la democracia para las mujeres en estos 40 años?, les preguntó Yadira. Gabriela –periodista del medio de comunicación comunitario Wambra– primero reivindicó su posición como escritora, articulista, madre y activista. “El feminismo en sí mismo es una apuesta y un compromiso, pero también es una propuesta de mundo diferente. Y nos da cuenta de que nuestro sistema capitalista y patriarcal está llegando a su límite. Creo que en este momento el feminismo empieza a ser pertinente”.

Explicó cómo las mujeres ejercen su soberanía de manera cotidiana, habitando un lugar de autonomía, “una especie de democracia personal” que no se reconoce en los grandilocuentes discursos oficiales.

Karina es activista por los derechos de las personas con discapacidad y relató cómo desde esa perspectiva entendió un intersticio, el de la discriminación y el constante olvido, que muy pocos advierten no solo cuando se discute la democracia, sino incluso el feminismo. Karina recordó momentos de cuando trabajó en un diario y los relacionó con esta coyuntura, con otras maneras de escribir la historia y las historias. “Este es un momento de una lucha cotidiana, que empieza desde reconocer el ejercicio de la escritura como un momento de resistencia. Desde los feminismos abrazamos, preferimos los lugares más cálidos; estamos hartas de la solemnidad”.

El público aplaudía, asentía y volvía a asentir sobre un tejido de conceptos y categorías que durante 40 años han pasado casi desapercibidos en el debate político ecuatoriano. Afuera llovía y quien salía se congelaba, adentro la temperatura se había convertido en calor, solidaridad, sororidad, complicidad crítica.

Yadira retomó su rol de moderadora y le preguntó a Diego Cazar Baquero, editor de La Barra Espaciadora y del libro, por qué narrar 40 años de política en siete crónicas. “Porque Cuarentena es ese dispositivo para desatar debates más generosos, más humildes, más abiertos, más horizontales, para saber que no somos quién para señalar al otro como culpable si hablamos de democracia, sino para crear una posibilidad de enfrentarnos a un espejo. Y la crónica, además, es el dispositivo que permite el ejercicio de una memoria sin la cual una sociedad no puede aprender ni revisarse ni leerse ni sentirse a sí misma”, respondió.

Las intervenciones del público fueron y vinieron y la presentación, sin embargo, estaba por terminar dejando un estela de preguntas que se repetían en las mesas y en la barra de La Estación, en medio de vinos y empanadas. ¿Estamos listos para abordar la era digital y por lo tanto la ciudadanía digital?, ¿podemos ser democráticos en la era digital cuando ni siquiera hemos sido capaces de revisar lo que hemos hecho o dejado de hacer en las últimas cuatro décadas?, ¿por qué nunca hablamos del cuerpo cuando analizamos la democracia?, ¿y cuál es el espacio real de las personas con discapacidad en nuestro modelo de gobierno?, ¿y las mujeres?, ¿y los niños?, ¿y el poder?, ¿y los que luego de 40 años siguen sin poder vivir en democracia? Etcétera, etcétera, etcétera.

Afuera ya no llovía, pero el frío calaba los huesos. Por las veredas caminaban ciudadanos anónimos. En los restaurantes vecinos otros comían y festejaban diciembre. En los departamentos de enfrente las luces delataban una reunión familiar o de amigos. Todos ellos, todas ellas, partes indisolubes de estos siete relatos de Cuarentena.

El libro reúne:

  • Nota del editor, por Diego Cazar Baquero
  • El camino que recorrimos, prólogo de Sabrina Duque
  • Sin tiempo, por Milagros Aguirre
  • Desaparecer, por Carlos E. Flores
  • Cárceles y tumbas, por Luis Fernando Fonseca
  • Las brujas que no quemarán, por Gabriel Gómez Toaza
  • Discapacitar, por Karina Marín Lara
  • Un decálogo desobediente, por Julia Ortega
  • La presidenta incómoda, por Fausto Rivera Yánez

La barra espaciadora

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