Trabajadores de la cultura brasileños denuncian abandono del gobierno en la pandemia

Profesionales de la cultura brasileños relatan abandono del gobierno en la pandemia

Por Pedro Stropasolas (Traducción: Pilar Troya)

La cultura fue un de los primeros sectores en parar en medio de la pandemia del coronavirus. Sesiones de cine, shows de música, estreno de piezas, conciertos y exposiciones de arte fueron suspendidos inmediatamente con la llegada del virus al país. Todas las actividades, que dependen de la aglomeración de gente y de la venta de entradas, fueron interrumpidas, pero no hubo un plan para suplir el ingreso de los profesionales del sector.

Un levantamiento de la conferencia musical SIM São Paulo indicó la cancelación de 8.141 eventos y un perjuicio estimado en cerca de R$ 442 millones, en 21 estados brasileños – con un público que estaba estimado en ocho millones de personas.

Según datos de la Encuesta Nacional por Muestra de Hogares, el sector cultural comprendía, en 2018, más de 5 millones de trabajadoras y trabajadores, representando 5,7% del total de ocupados en el país – 44% de esos profesionales son autónomos.

Pero la crisis de la cadena que tiene en el artista su punta más reconocida alcanza principalmente a quién actúa por detrás de las cámaras o de los escenarios. Es lo que garantiza Inti Queiroz, productora cultural y docente en gestión cultural por la Pontificia Universidad Católica de São Paulo.

“Mucha gente cree que el sector cultural es básicamente de artistas. Pero además de artistas y productores, tenemos técnicos, figurinistas, costureras, maquilladores, montadores de escenario, logística, electricistas… Existen algunas producciones donde tenemos más de mil personas trabajando, en un espectáculo como el Fantasma de la Ópera, por ejemplo. Es muy difícil decir de hecho quien trabaja con cultura o no en Brasil, justamente por ser un sector autónomo con mucha dificultad de ser reconocido como un trabajo”, explica.

Precarización

Fly actúa en el proceso de montaje de luz ambiental y en la construcción de reflectores alternativos en eventos de calle y para bandas musicales de la ciudad de São Paulo (SP). Con las paralizaciones, fue necesario reinventarse en otros oficios para pagar las cuentas.

“El trabajador de la cultura ya tiene un proceso de precarización y muchas veces doble, triple jornada, tenemos que participar en trabajos, ejercer trabajos para una remuneración, ya que nuestro trabajo principal no cubre todos nuestros gastos. Ahora en el período de pandemia, tenemos que arreglarnos para trabajar en diversas áreas para conseguir cubrir ese déficit presupuestario”, cuenta la profesional que actúa en la cultura popular y en espectáculos LGBTI, como la pieza Segunda caída, realizada en febrero en el emblemático Teatro Oficina.

La dificultad de quien diseña la luz de los espectáculos es la misma de los sonidistas, como es el caso de Gabriel Barbosa, que tuvo que adaptar el proyecto que venía construyendo – la pieza didáctica  “El vuelo sobre el océano”, inspirada en el dramaturgo alemán Bertold Brecht – para el formato virtual de podcast.

“Desde el comienzo del año, estábamos preparando esa pieza. Íbamos a comenzar a hacer boletería, porque no fue con convocatoria pública, no fue con nada. Contábamos realmente con la boletería, con el público. Entonces tuvimos que recomenzar en otro nivel, que no tiene ese encuentro. Usted tiene el material disponible y la persona tiene que dar una colaboración espontánea”, revela el trabajador de 29 años.

Adicionalmente a los cambios en la rutina de trabajo forzadas por la pandemia, Fly considera que el momento pide una transformación más profunda de las relaciones humanas, no solamente con el arte, sino de la organización social como un todo. “Necesitamos construir una sociedad nueva, con valores más justos, con valores de solidaridad, donde tengamos de hecho un modelo de producción que abarque toda la sociedad y no se base en esa explotación del uno por ciento sobre el resto de la población”, finaliza el artista de las luces.

¿Y la ministra?

En la última semana, la Secretaria Especial de Cultura del gobierno de Jair Bolsonaro (sin partido), presentó una instrucción normativa que flexibilizó la ejecución de proyectos culturales financiados por medio del Programa Nacional de Apoyo a la Cultura, implementado por la Ley Roanet.

Fue la única acción específica dirigida a los trabajadores del sector anunciada por la secretaria Regina Duarte durante la pandemia. En esa ocasión, la actriz definió la normativa como “la primera victoria de muchas que vendrán”.

La iniciativa es vista por los trabajadores de la cultura como insuficiente en medio la urgencia que la paralización completa del sector demanda. La falta de preparación de Duarte viene recibiendo críticas del propio presidente, que llegó a admitir esa semana la secretaria tiene “dificultad” para liderar la cartera.

Ingreso de emergencia

Mientras tanto, una propuesta para minimizar los efectos de la covid-19 en la economía creativa se tramita en la Cámara de Diputados y espera votación. De autoría de diputados del varios partidos de izquierda y de centro, el proyecto de ley 1089 prevé la distribución de un ingreso de emergencia para trabajadores de la cultura. La propuesta es aguardada con urgencia por la clase artística.

En el caso de São Paulo, hay dos proyectos de carácter similar que esperan aprobación. Uno de ellos a nivel estadual, el Proyecto de Ley 253, de autoría de la bancada del PSOL y del (PCdoB); y el otro dirigido a la capital paulista, el Proyecto de Ley 227 formulado el concejal Toninho Vespoli (PSOL).

Mientras que el poder público no actúa, iniciativas de solidaridad intentan ayudar a los trabajadores que ya están sufriendo por la falta de recursos. Es el caso de la plataforma Backstage Invisível, un grupo de apoyo creado para ayudar a montadores, cargadores, técnicos, guardias, equipos de limpieza, y todos los que trabajan detrás de los bastidores de los shows y espectáculos.

La iniciativa de Epah Studios, con el apoyo del grupo «Ajuda a Graxa – SP», viene distribuyendo canastas de alimentos para familias que ya están con serias dificultades. Para donar es necesario entrar en contacto con la organización de la campaña al e-mail [email protected] o acceder a la plataforma virtual.

«Se han pensado nuevas formas, pero para que recuperemos el mercado como el era, creo que sólo el año que viene. Una cosa que agrava también la dificultad de que el grupo de nuestro mercado es que nunca fue organizado en términos de entidad de clase. Entonces las personas están medio perdidas, sin acogimiento. Por eso este tipo de iniciativa que estamos viendo en todo Brasil es bastante importante», afirma uno de los organizadores de la campaña, el técnico de audio Renato Carneiro, que vive en São Paulo.

Brasil de Fato (en español)


Primeiros a parar na pandemia, profissionais da cultura relatam abandono do governo

Por Pedro Stropasolas

A cultura foi um dos primeiros setores a parar em meio à pandemia do coronavírus. Sessões de cinema, shows de música, estreia de peças, concertos e exposições de arte foram suspensos logo na chegada do vírus ao país. Todas as atividades, que dependem da aglomeração de gente e da venda de ingressos, foram interrompidas, mas não houve um plano para suprir a renda dos profissionais do setor.

Um levantamento da conferência musical SIM São Paulo indicou o cancelamento de 8.141 eventos e um prejuízo estimado em cerca de R$ 442 milhões, em 21 estados brasileiros – com um público que estava estimado em oito milhões de pessoas.

Segundo dados da Pesquisa Nacional por Amostra de Domicílio (Pnad), o setor cultural envolvia, em 2018, mais de 5 milhões de trabalhadoras e trabalhadores, representando 5,7% do total de ocupados no país – 44% desses profissionais são autônomos.

Mas a crise da cadeia que tem no artista sua ponta mais reconhecida, atinge principalmente quem atua por trás das câmeras ou dos palcos. É o que garante Inti Queiroz, produtora cultural e docente em gestão cultural pela Pontifícia Universidade Católica de São Paulo (PUC-SP)

“Muita gente acha que o setor cultural é basicamente de artistas. Mas além de artistas e produtores, nós temos técnicos, figurinistas, costureiras, maquiadores, montadores de palco, logística, eletricistas… Existem algumas produções onde a gente tem mais de mil pessoas trabalhando, em um espetáculo como o Fantasma da Ópera, por exemplo. É muito difícil dizer de fato quem trabalha com cultura ou não no Brasil, justamente por ser um setor autônomo com muita dificuldade de ser reconhecido como um trabalho”, explica.

Precarização

Fly atua no processo de montagem de luz dos ambientes e na construção de refletores alternativos em eventos de rua e para bandas musicais da cidade de São Paulo (SP). Com as paralisações, foi preciso se reinventar em outros ofícios para pagar as contas.

“O trabalhador da cultura já tem um processo de precarização e de muitas vezes jornada dupla, tripla, em que a gente tem que participar de trabalhos, exercer trabalhos para uma remuneração, uma vez que nosso trabalho principal não cobre toda a nossa despesa. Agora no período de pandemia, a gente tem que se virar para trabalhar em diversas áreas para conseguir cobrir esse rombo no orçamento”, conta a profissional que atua na cultura popular e em espetáculos LGBTI, como a peça Segunda Queda, realizada em fevereiro no emblemático Teatro Oficina.

A dificuldade de quem desenha a luz dos espetáculos é a mesma de sonoplastas, como é o caso de Gabriel Barbosa, que precisou adaptar o projeto que vinha construindo – a peça didática  “O voo sobre o oceano”, inspirada no dramaturgo alemão Bertold Brecht – para o formato virtual de podcast.

“Desde o começo do ano, a gente tava preparando essa peça. A gente ia começar a fazer bilheteria, porque essa não foi com edital, não foi com nada. A gente contava realmente com bilheteria, com o público. Então a gente teve que recomeçar em um outro nível, que não tem esse encontro. Você tem o material disponível e a pessoa tem que dar uma colaboração espontânea”, revela o trabalhador de 29 anos.

Para além das mudanças na rotina de trabalho forçadas pela pandemia, Fly considera que o momento pede uma transformação mais profunda das relações humanas, não somente com a arte, mas da organização social como um todo. “A gente precisa construir uma sociedade nova, com valores mais juntos, com valores de solidariedade, onde a gente tenha de fato um modelo de produção que abarque toda a sociedade e não se baseie nessa exploração de um por cento sobre o resto da população”, finaliza o artista das luzes, de nome não binário.

Cadê a ministra?

Na última semana, a Secretaria Especial de Cultura do governo de Jair Bolsonaro (sem partido), apresentou uma instrução normativa que flexibilizou a execução de projetos culturais financiados por meio do Programa Nacional de Apoio à Cultura, implementado pela Lei Rouanet.

Foi a única ação específica voltada aos trabalhadores do setor anunciada pela secretária Regina Duarte durante a pandemia. Na ocasião, a atriz definiu a normativa como “a primeira vitória de muitas que virão”.

A iniciativa é vista pelos trabalhadores da cultura como insuficiente em meio a urgência que a paralisação completa do setor demanda. O despreparo de Duarte vem recebendo críticas do próprio presidente, que chegou a admitir essa semana a secretária tem “dificuldade” para liderar a pasta.

Renda emergencial

Enquanto isso, uma proposta para minimizar os efeitos da covid-19 na economia criativa vem tramitando na Câmara dos Deputados e aguarda votação. De autoria dos deputados José Guimarães (PT/CE), André Figueiredo (PDT/CE) Fernanda Melchionna (PSOL/RS), Perpétua Almeida (PCdoB/AC), Alessandro Molon (PSB/RJ) e Waldenor Pereira (PT/BA), o projeto de lei 1089 prevê a distribuição de uma renda emergencial para trabalhadores da cultura. A proposta é aguardada com urgência pela classe artística.

No caso de São Paulo, há dois projetos de caráter semelhante que aguardam aprovação. Um deles a nível estadual, o Projeto de Lei 253, de autoria da bancada do PSOL e da deputada Leci Brandão (PCdoB); e o outro voltado à capital paulista, o Projeto de Lei 227 formulado pelo vereador Toninho Vespoli (PSOL).

Enquanto o poder público não age, iniciativas de solidariedade tentam ajudar os trabalhadores que já vêm sofrendo com a falta de recursos. É o caso da plataforma Backstage Invisível, um grupo de apoio criado para ajudar montadores, carregadores, técnicos, seguranças, equipes de limpeza, e todos que trabalham atrás das cortinas dos shows e espetáculos.

A iniciativa da Epah Studios, com o apoio do grupo «Ajuda a Graxa – SP», vem distribuindo cestas básicas para de famílias que já estão com sérias dificuldades. Para doar é preciso entrar em contato com a organização da campanha no e-mail [email protected] ou acessar a plataforma virtual.

«Novas formas tem sido pensadas, mas para gente recuperar o mercado como ele era acredito que só no ano que vem. Uma coisa que agrava também a dificuldade da galera do nosso mercado é que ele nunca foi organizado em termos de entidade de classe. Então as pessoas ficam meio perdidas, sem ter acolhimento. Por isso esse tipo de inciativa que a gente está vendo no Brasil inteiro é bastante importante», afirma um dos organizadores da campanha, o técnico de áudio Renato Carneiro, que vive em São Paulo.

Brasil de Fato

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