El recorrido necesario

Un recorrido por la historieta argentina de ciencia ficción

HALLAZGOS Después de repasar la historia de la editorial Tor e internarse en el mundo de las revistas argentinas dedicadas al género fantástico, el investigador tandilense Carlos Abraham acaba de publicar Las historietas argentinas de ciencia ficción, de los orígenes a El Eternauta, a través –como sus anteriores libros– de la editorial independiente Tren en Movimiento, oriunda de Temperley. Durante un centenar de páginas bellamente ilustradas, Abraham rescata y recorre tanto obras olvidadas como las revistas que en que se publicaron, en un arco que va desde el comienzo del siglo pasado hasta mediados del mismo, cuando la aparición de la obra de Oesterheld y Solano López marcó la mayoría de edad del género. Un viaje en globo hasta la Luna, un ejército de robots gigantes o un científico capaz de convertir a un hombre en un esqueleto con vida; hay de todo en esta pequeña selección de las innumerables historietas, revistas y autores incluidos en un volumen que es un auténtico tesoro

Por Lautaro Ortiz

“Estoy en la tierra, supongo”, dijo El Eternauta cuando se hizo visible en el estudio de un guionista de historietas. Ante el silencio de su interlocutor, el viajero del tiempo buscó con la mirada algo que certificara su sospecha. Y sobre la mesa, junto a algunos libros, vio “un magazine de actualidad” que tenía en la tapa la foto del líder ruso Nikita Krushchev. “No necesitás contestarme, ya sé que estoy en la tierra, a mitad del XX, alrededor de 1957”, agregó.

Señalar como objeto inequívoco de una época a una revista popular, no fue ni casualidad ni argucia narrativa. Hector Germán Oesterheld sabía más que nadie que esas publicaciones (algunas a dos o cuatro colores, papel ilustración, otras apenas papel obra en blanco y negro) compradas en el kiosco tanto por grandes y chicos (cada semana, cada quincena o cada mes) tenían el poder de grabar como tatuajes en la memoria la historia de los hombres. En sus páginas vibraba el pasado, y al mismo tiempo, se encontraban alternativas para sobrellevar el futuro. Oesterheld lo sabía porque esas ediciones (grandes, pequeñas, apaisadas, con ganchitos en el medio, mal guillotinadas o impresas fuera de registro) fueron parte de su formación como lector y escritor de historietas, y porque dedicó años de su vida a crearlas como lo hizo con sus Hora Cero y Frontera.

El tesoro escondido aún en las miles de revistas argentinas editadas desde comienzo del siglo XX, todavía está por descubrirse. Y lo bueno es que algunos, como el incansable Carlos Abraham, ya empezaron la tarea. Desde hace rato el investigador tandilense se propuso recuperar las joyas entre esas zonas marginales de la cultura. Lo hizo en volúmenes como La editorial Tor: medio siglo de libros populares (2012) y Revistas argentinas de ciencia ficción (2013) y ahora lo repite -con la misma rigurosidad- en el flamante Las historietas argentinas de ciencia ficción, que lleva una aclaración: “de los orígenes a El Eternauta”. Es decir, todo lo que pasó antes que llegara la historieta que cambió radicalmente las reglas del juego, es decir, el tiempo anterior al big bang cuando la CF dejó de ser una mera especulación científica y la historieta comprendió que toda aventura necesita de las contradicciones humanas.

Revista Mister Radar, 1956

Publicado por el sello Tren en Movimiento, el trabajo de Abraham cuenta, entonces, en cien páginas hermosamente ilustradas, la memoria de cómo nació, creció y se reprodujo el vínculo entre la ciencia ficción y la historieta nacional, al ritmo de las épocas: Primera y Segunda Guerra Mundial, bomba atómica y comienzo de la carrera espacial. “El propósito de este libro es trazar un panorama histórico y crítico de la historieta argentina de ciencia ficción desde sus orígenes en 1901 hasta 1957. En el primero de esos años, fueron publicadas las primeras caricaturas del género en Caras y caretas. En el último, apareció El Eternauta, de Oesterheld y Solano López. Más allá de su debatible originalidad, fue un quiebre respecto a lo hecho anteriormente, marcando el inicio de una nueva etapa debido a su valor estético y a su impacto en el público. He elegido ese momento como fin del libro, a fin de garantizar la unidad temática, que se vería comprometida debido a la proliferación de obras de ciencia ficción en las décadas siguientes. El período 1901-1957 fue crucial a causa de su carácter formativo. El género experimentó su implantación en las primeras décadas del siglo XX, a partir de modelos tan variados como las caricaturas de las revistas ilustradas europeas, los dibujos futuristas de Albert Robida y las historietas sin globos de las tempranas publicaciones juveniles. Le siguió un lento desarrollo durante los años treinta, imitando producciones extranjeras más elaboradas. Por último, llegó a su definitiva consolidación en los años cincuenta”, escribe el autor.

Revista Historietas, marzo de 1948

Rayos paralizantes, naves sónicas, cinturones atómicos, hombres que vuelan, armas paralizantes, y todo tipo de imaginería futurista están en este libro que es, a la vez, muchos otros libros: puede leerse como un documento acerca de la importancia decisiva de CF como género en la literatura popular; también como una galería de personajes nuevos y olvidados; como un libro sobre el fantástico cruce de ideas, líneas y cultura entre dibujantes argentinos y europeos, y, por último, como un nuevo acercamiento a El Eternauta que explica por qué esa noche de mediados de 1957, el viajero del tiempo eligió aterrizar en las páginas de una revista editada en este lugar del mundo y no en cualquier otro.

El siglo XX, por José María Cao

El siglo XX

José María Cao

1901

El 5 de enero de 1901 la revista Caras y Caretas publica una ilustración a color donde una suerte de rey o emperador de gran cerebro verde sobrevuela Buenos Aires a bordo de una nave cohete. El ser extraño presiona un botón: el futuro ha llegado. Titulada El siglo XX, ese dibujo puede ser considerado la primer huella del CF dibujaba en nuestro país. Su autor: el español José María Cao (Cervo, 1862-Lanús, 1918) versátil ilustrador que se destacó en el semanario satírico Don Quijote. Al pie de la página, los siguientes versos festejan la nueva centuria: “Enclenque, flojo, débil, le roe el linfatismo,/ un proyectil eléctrico le sirve de Bucéfalo,/ y corazón, y anhelos, y amor, y patriotismo,/ el siglo que aparece los lleva en el encéfalo”. Unos años después, otro español, Manuel Redondo (y también figura en Don Quijote) aportará a la imaginería extraplanetaria fortísimas ilustraciones a través de Don Goyo Sarrasqueta, primer personaje humorístico local. “Las especulaciones científicas resultaban tan extravagantes para el lectorado general que sólo era posible abordarlas a través del humor”, escribe Abraham. No eran estrictamente historietas, pero era un buen comienzo.

Las aventuras de Viruta y Chicharrón, por Juan Sanuy

Las aventuras de Viruta y Chicharrón

Juan Sanuy

1914

Las primeras historietas que abordan la CF, publicadas en Argentina, tienen firmas yanquis: Harry Cornell Greening con El profesor Bonifacius y su tony autómata (Caras y Caretas, 1906), y George McManus con la famosa Las aventuras de Viruta y Chicharrón (Caras y Caretas, de 1912 a 1920), dupla integrada por un flaco y otro gordo que, en una ocasión, viajan en globo aerostático al planeta Marte y a la Luna. Cuando en 1914 la serie se discontinuó en Estados Unidos, aquí estaba en su apogeo. Fue entonces cuando el español Juan Sanuy (1856–1918) se hizo cargo de las aventuras del dúo. Anota Abraham: “Esta secuencia fue la primera historieta argentina de CF. Cabe hacer dos salvedades: los personajes habían sido creados por un estadounidense y el autor de las nuevas andanzas era de origen español. Sin embargo, tales episodios aparecieron sólo en nuestro país, sus diálogos y temáticas eran inconfundiblemente nacionales y Sanuy se había nacionalizado argentino. Por lo tanto, considero que puede otorgarse carta de ciudadanía a la extravagante peripecia”.

Urania, por Carlos Clemen

Urania

Carlos Clemen

1939

Entre los orígenes de la historieta de CF no puede eludirse la figura de Carlos Clemen (1913-1964). Dibujante, guionista y luego editor de revistas, se destacó a partir de 1937 en la revista Figuritas donde creó, entre otras: La isla misteriosaPiratas del aire; y El mundo perdido, protagonizada por un joven explorador argentino llamado Anselmo Moreno, personaje que volverá a retomar para Urania, la más extensa de sus creaciones y la más ligada a la CF. Apareció por primera vez en el número 180 (22 de diciembre de 1939), extendiéndose hasta 1941 a lo largo de más de 90 episodios. “Inspirada en la novela homónima de Camille Flammarion, presenta a Moreno y su esposa que retornan de su aventura anterior, cuando un submarino torpedea su barco. Son rescatados por otro navío y, al pasar por una isla, son atacados por hombres con extrañas escafandras. Moreno mata a uno, y cuando se coloca la escafandra pierde la conciencia y se comporta como un autómata, hasta que su esposa se la arranca. Descubren que la isla está gobernada por un tirano que, además de su ejército de hombres desprovistos de voluntad, emplea robots gigantes”, explica Abraham.

El hombre espectro, por Atilio Macri

El hombre espectro

Atilio Macri

1944

A finales de la década del 30 la historieta de CF ocupa un lugar importante en los medios nacionales. En esos años surgen revistas claves, entre otras, como: Pif-Paf. El campeón de la historieta de la Editorial Tor (1939 y 1954) donde aparecen: Tommy, el domador del espacioAlan, el triunfador del átomo, y El terror invisible. También llegó a los kioscos Fenómenos: Grandes historietas y nuevas aventuras (1940 a 1941), dirigida por el guionista Leonardo Wadel, donde se publican Stardust, el super mago de Fletcher Hanks, Sub Saunders de Ashley Wood; Dr. Rayo de Richard Crater, y El Dr. Zux firmada por A. Lastiry. Una de las rarezas aparecerá en el semanario Pandilla (1944) de la editorial Estampa bajo el título El hombre espectro, firmada por un tal Atilio Macri. La historia de un perverso científico que convierte a un joven, a partir de una pócima, en un esqueleto con vida. La acción se desencadena cuando el joven quiere retornar a su condición normal y para conseguirlo emprende una lucha con el malévolo científico”.

El mundo atómico en el año 2000, por José María Taggino

El mundo atómico en el año 2000

José María Taggino

1945

La aceleración tecnológica, la bomba atómica y el inicio de la carrera espacial, son factores claves para la CF desde 1945 en adelante. “Las historietas de Walt Disney incluían historias donde Mickey y Donald visitaban el planeta Marte o interactuaban con razas extraterrestres, la revista Billiken traía páginas centrales con las instrucciones para construir un plato volador de cartón, las jugueterías vendían robots de hojalata o títeres con rostros de marcianos, en el cine podía verse la película El satélite chiflado, y el radioteatro transmitía las hazañas de El comandante Bidú, escritas por Jorge Rey, o los debates filosóficos de Los robots de Juan Jacobo Bajarlía”. Una historieta que reflejó las inquietudes de aquellos años también fue El mundo atómico en el año 2000 aparecida en El Gorrión entre 1945 y 1946. En ella un sabio, su hija y su discípulo construyen una nave con la que recorren el sistema solar desconociendo los peligros que les esperan: la malvada reina de Orión, cíclopes y hasta unicornios reptílicos. Su autor fue José María Taggino (Buenos Aires, 1919) que tendrá luego una larga trayectoria en La Prensa y Noticias Gráficas, entre otros medios. Como curiosidad, agrega Abraham, el 16 de enero de 1946, Taggino describe el averno como “un panorama digno del loco y legendario Necronomicón de Abdul Alhazred”, siendo ésta la primera alusión a Howard Phillips Lovecraft en las historietas en lengua española.

Bull Rockett, por Oesterheld-Campani

Bull Rockett

Oesterheld-Campani

1951

En 1951 Héctor G. Oesterheld entra a trabajar en la Editorial Abril a quien se le encarga una de pilotos. Crea Bull Rockett, su primer gran personaje que será dibujado primero por Paul Campani, luego en el 55 por Solano López, en el 59 por Juan L. Castro y, en 1962 por Julio Schiaffino. “Las hazañas de Bull Rockett, el asombro del siglo, en la era de la bomba atómica y los aviones supersónicos”, así lo presentaba la revista Misterix en 1952 donde salió por primera vez. Piloto, ingeniero y científico, con conocimientos atómicos, Rockett y sus amigos viven en Quiet Creek donde diseñaban aparatos futuristas e investigaban sobre satélites y naves especiales. Cuando su ayuda es requerida Bull emprende diversas misiones, muchas de las cuales pertenecen al mundo de la CF: bombas ultrasónicas o civilizaciones extraterrestres dispuestas a invadir la Tierra. Otra de las historias de Oesterheld encuadradas en CF fue Uma-Uma, creada para la revista de formato pequeño Rayo Rojo, también del sello Abril, con dibujos de Solano López. Más tarde, Oesterheld, emprendería su gran obra El Eternauta que viajaría mucho más lejos de los límites del género.

Portada del libro Las historietas argentinas de ciencia ficción, de Carlos Abraham

Las historietas argentinas de ciencia ficción, de los orígenes a El Eternauta se encuentra en preventa hasta fin de mes, y sus primeros ejemplares tienen tapa dura. A partir de julio, se conseguirá en Fábrica de Historietas, Ayacucho 19, CABA. Contacto y medios de pago: [email protected]

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