La fiesta como forma de protesta

Kevin Johansen: «La fiesta es una forma de protesta»

El músico acaba de lanzar en plataformas digitales la canción «The Available 20’s”, en clave swing y charleston.

Por Sergio Sánchez

Hace un par de años, el músico Kevin Johansen vio en la esquina de un bar de Nueva York la euforia de un grupo de jóvenes bailando y divirtiéndose. Entonces, en un ejercicio temporal, se puso a pensar en “aquellos ’20, los ‘años locos’ motorizados por la prosperidad económica después de la guerra” en Estados Unidos. Una época de prohibiciones pero también de celebraciones. “Es un poco un pensamiento sobre los ciclos, los tiempos históricos, y que será de estos nuevos años ’20. ¿Serán años locos también? Bueno, ya lo son, el 2020 arrancó muy loco”, dice Johansen y traza un paralelismo con la actualidad. El resultado es “The Available 20’s” , un single en clave swing y charleston que acaba de lanzar en plataformas digitales. La otra novedad es que el cantautor nacido en Alaska realizará un ciclo de cuatro conciertos temáticos vía streaming desde La Tangente. El primero se transmitirá en vivo este martes 28 de julio a las 19 a través de la plataforma Tickethoy Live , con un repertorio de canciones propias en español. Los próximos shows serán el 8 de agosto (canciones propias en inglés), el 18 de agosto (canciones propias y ajenas) y el 28 de agosto (canciones latinoamericanas).

-¿Cómo apareció la idea de «The Available 20’s»?

Empezamos la canción a fines del año pasado con Cachorro López y Sebastián Schon, con quienes hice varios tracks. Y les conté que tenía un tema «medio años ’20». Me puse a pensar cómo habrían sido esos años locos y cómo serán estos. Y en enero y febrero lo mezclamos, todo previo a la cuarentena. Mi hija Miranda conocía a una ilustradora que se llama Chiara Girimonti y que dibuja sobre cosas en movimiento. Y me acordé que había una pareja de bailarines que hacía swing muy bien, entonces se nos ocurrió que bailaran desde su casa y que ella los dibujará. Y así salió el video.

-Una parte de la letra dice: «Siento que el mundo está invitándome, excitándome; sí, invitándome a bailar / Solo queremos fiesta, como en los rugientes 20’s». En este contexto de aislamiento social, eso puede leerse como una ironía o como un deseo reprimido…

-¡Claro! Me puse a pensar en el título, «The Available 20s», y también aparece la idea de lo prohibido, porque hace cien años estaba la prohibición del alcohol en Estados Unidos. Igual la gente chupaba como loca y había unas fiestongas tremendas clandestinas… y ahora estamos un poco en esa. Y no sabemos qué nos espera en esta década que viene. Entonces, estamos frente a unos nuevos años re locos que no sabemos cómo se van a desarrollar. Después empecé a pensar en los ciclos sociales, esos ’20 eran de entreguerras, había terminado la Primera Guerra Mundial y todavía no se vislumbraba la mano negra de Hitler que aparecería en 1923. Pero, a su vez, se cortó abruptamente la década con la Gran Depresión, la caída de la bolsa de Wall Street en 1929. Fue una década donde se derrumbó todo. La guerra habilitó una pregunta: ¿estamos en condiciones de querernos como especie o vamos camino hacia la autodestrucción total? Porque ésa termina siendo la sensación que tengo yo con todo esto que está pasando.

-La fiesta siempre aparece en los momentos de oscuridad, incluso en la historia de la música argentina, como en el ocaso de la última dictadura…

-Sí, yo viví ésa época a pleno. Vi a Los Abuelos de la Nada comenzando, porque iba a la escuela con los Calamaro. La fiesta como forma de protesta siempre ha sido así. La canción de pro-fiesta. El baile también es una forma muy liberadora de protestar y es una forma también de decir «no nos joderán, no nos vencerán»; aunque sea bailando solo en tu casa. Siempre respeté mucho el baile porque es la forma más primal de interpretar música y nuestro cuerpo es nuestro primer instrumento. Y creo que la fiesta como forma de resistencia siempre ha existido; tanto en los años ‘20 como en los años ’80 en etapas oscuras, previo a la primavera democrática de Alfonsín. Me acuerdo mucho de ésa época, mi vieja prohibiéndome ir a La Rural a escuchar a Seru Giran con un amigo…y fui igual. Claro, era 1981 y los viejos tenían miedo que te detuviera la cana y te pasara algo malo. No era fácil, yo tenía 15 o 16 años. Sí, la fiesta también es una forma de protesta. O como alguna vez me dijo Chico Trujillo de Chile, que la canción de protesta chilena tiene un lado muy festivo. Y eso siempre me quedó grabado.

-En tu último disco, Algo ritmos (2020), aparece muy presente el planteo de la vida mediada por lo digital. Ahora se potenció esa situación, ¿no?

-Es un poco el signo de los tiempos Algo ritmos: tiene que ver con la sencillez y lo complejo. El disco tiene temas como «Teletransportación», «Pobre millonario» o «La gente más linda», que habla de las redes sociales y de la exigencia de siempre estar impecable y hermoso. Siempre mostrar lo «mejor» y no mostrar lo humano. Y la idea del algoritmo, que es como un Gran Hermano que escoge cuál es tu gusto en base a tu perfil. Tampoco quería que sea algo demasiado cerebral, por eso tiene canciones nostálgicas como «New York Without You» o de amor, como «Tú ve», que habla de la distancia en una relación. En estos momentos hay mucha gente enamorada que no está en contacto. Pensar en el otro y que el otro lo sienta está muy presente en el disco.

-Hay una mirada política también en «Pobre millonario», en la que aludís a Donald Trump. ¿Sentís la necesidad de estar atento a lo que pasa en Estados Unidos por el hecho de haber nacido en Alaska?

-Sí, me encanta mirar la grieta yanqui porque lo nuestro al lado de ellos es un poroto. Fox News es súper pro Trump y CNN en inglés es súper anti Trump. Y es genial porque ya nadie esconde nada. Los dos son editoriales a full y pura opinión. Y lo veo como algo muy global. Es mi otro país, también. Viví diez años en Nueva York y ya avizoraba que había una sociedad que estaba muy enferma. Tiene muchos problemas… toda esa cuestión del temor de que tus hijos vayan a la escuela y haya una matanza. Toda esa psicología paranoica que hay en Estados Unidos a mí me hace apreciar mucho lo que tenemos acá en la Argentina. Dentro de nuestra cultura y nuestra idiosincrasia autoflagelante, la verdad es que tenemos que darnos cuenta de que tenemos un país increíble, con gente alucinante. A veces tengo una mirada muy pesimista de Estados Unidos y otras veces soy más optimista cuando veo, por ejemplo, a la gente reaccionar en contra del racismo. Hay una sociedad pacata y conservadora muy difícil de sacudir allá. “Pobre millonario” se lo dediqué a Donald Trump porque es el mejor reflejo de un pobre tipo al que le funcionó la cosa siempre patoteando y dividiendo a la gente. Es como la mentira: tiene patas cortas. Va a terminar mal. También lo veo reflejado en Jair Bolsonaro, otro pobre millonario. En una mirada más macro a veces uno es un pobre millonario que está cómodo en un lugar sin darse cuenta que vos también podés hacer una muralla alrededor tuyo.

-En «La gente más linda» proponés un contrapunto entre el rap y el rock. Y decís que «antes los tangueros se quejaban de los rockeros y ahora los rockeros se quejan de los traperos».

-Ves los ciclos y te da un poco de risa escuchar a los rockeros quejándose de «los pibes de ahora y la juventud perdida». Es como cuando los tangueros se quejaban de los rockeros. Es gracioso. Son esas observaciones de época y de los ciclos que a mí siempre me gusta hacer. La canción habla de asimilar esos cambios, porque cuesta afrontar los miedos y los prejuicios. En Buenos Aires manejamos mucha data, pero somos prejuiciosos. Siempre me llama la atención nuestra capacidad de cerrarnos, ya sea por temor o por comodidad. Por suerte los pibes patean el tablero y tiran una que nos enriquece a todos. La Argentina siempre estuvo a la vanguardia en la música.

Página12

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