Entrevistas a los dos máximos referentes

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Abreu: “La enseñanza de la música es una tarea crucial de toda sociedad”

Entrevista publicada por Marjorie Delgado en el diario El Nacional. 20 de octubre de 2008

Cada palabra que pronuncia es como un peldaño en un altar del optimismo, quizá extraño para una época en la que el pesimismo y el vacío parecen ser la norma. De hecho, si esas mismas palabras fueran pronunciadas por otro, sería un tanto inevitable sentirlas vanas. Pero se trata de José Antonio Abreu, a quien, incluso, esta gestión gubernamental, con tanta queja de odio al pasado, ha tenido que reconocerle la obra que ha construido desde 1975: el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, que se ha convertido en una bandera mundial de la música.
Abreu asegura que nunca dudó del proyecto, que esta semana recibirá el Premio Príncipe de Asturias en Oviedo, España. Cuando se le pregunta si tiene alguna duda ahora, no es contundente. Él cree y obliga a creer. Todas sus reflexiones tienen un centro que deja claro: “El compromiso ético y social que tenemos con los niños y jóvenes”.

– La inclusión social y el rescate de los niños de la pobreza es un ítem importante en la agenda del Sistema. ¿Cuándo empezó a ser así?
– En el momento en que un maestro asume la formación de un niño en un área popular o de pobreza crítica, en el momento en que pone en sus manos un instrumento y lo enseña a tocarlo, lo incluye inmediatamente. El Sistema se encarga de llevarlo, a través de sus propias estructuras, a la profesionalización del instrumento. Desde el principio escogimos áreas en condiciones marginales para construir los núcleos, y a medida que fue pasando el tiempo profundizamos este trabajo. Ahora lo hacemos cuando estamos constituidos en todos los estados y en muchas más comunidades en estado de pobreza.

– Es decir, que hace 32 años el Sistema ya propugnaba la democratización y “descaraqueñización” de la cultura.
-Sí, y nosotros hemos vigilado muchísimo que la calidad de la enseñanza se mantenga en todos los estados.
Luchamos enormemente por mantener el estándar de la excelencia, formando maestros jóvenes que, con una vocación apostólica, se van a las regiones más apartadas a enseñar para que la música se convierta en una actividad masiva.

– ¿Usted cree que en estos 33 años el Sistema ha logrado que los venezolanos cambien su visión sobre la música académica?
– Estoy seguro de ello. La llamada música académica es patrimonio de todos los estados sin excepción. Las orquestas y los coros interpretan el repertorio universal.
Crece la avidez de los públicos por los conciertos en toda Venezuela, no sólo en locales tradicionales como los teatros, sino en espacios públicos, que no sólo han sido tomados por la música académica, sino también por la música popular; aunque, sinceramente, yo no estoy de acuerdo con la dicotomía que se ha creado entre la música clásica y la popular. Considero que hay un falso dilema entre música popular y música clásica. Creo que música hay una sola. Hablamos de buena y mala música pero, en definitiva, respetamos los valores y los puntos de vista estéticos de cada quien. Hay audiencias en todos los estados y en Caracas. Los niños se han ido incorporando masivamente, junto con sus familias.
Desde luego, no estamos hablando de haber llegado a la cima porque el país es joven, pero sí creo que un grueso de los venezolanos ha llegado a amar muchísimo la música sinfónica, y profundamente.
Realmente, la música se está convirtiendo en una hermosísima bandera de Venezuela.

– En algún momento, cuando comenzó, ¿se le planteó alguna duda?
– Yo nunca tuve ninguna duda. He pensado siempre que la enseñanza de la música desde la más tierna infancia es una tarea hermosísima y crucial de toda sociedad. Esto es un ideal de la educación desde hace muchísimos siglos: la música forma parte del desarrollo espiritual y la conciencia y la formación estética del hombre.

– ¿Alguna duda hoy?
– Ninguna. Creo que debemos seguir adelante.

– ¿Sólo tiene certezas?
– La mayor certeza: que los niños y jóvenes, sobre todo los de medianos y escasos recursos, deben tener creciente y total acceso a la educación musical, que es uno de los más firmes caminos del desarrollo social en el país.

– Muchos se preguntan cuál será el futuro de 300.000 jóvenes en formación.
– Esto se compara con el caso del deporte. Hay miles de muchachos que hacen deportes y la gente se pregunta cuál será el futuro de ellos. El hacer deporte ya es un presente y un futuro; el deporte pasa por la vida de ellos y los hace mejores hombres, mejores ciudadanos.
La música pasa por la vida de esos muchachos y los transforma. Unos permanecerán en la música, otros habrán tenido la experiencia extraordinaria del ejercicio orquestal y coral, otros serán maestros, otros directores y todos, en absoluto, habrán disfrutado del inmenso beneficio de una educación artística.
No se trata simplemente de hacer profesionales acartonados; se trata de formar ciudadanos en el sentido más noble. El propósito del arte es, precisamente, ennoblecer y dignificar la vida de los seres humanos; hacer ciudadanos más completos, más dignos de la condición de tal, más dignos de una actividad democrática en la cual todos tienen el derecho que supone el ideal de la formación estética del ser humano.

– Desde el principio abogó por un sistema en el que el niño aprendiera a hacer música desde el primer día con el instrumento. Algunos no creían en este método. ¿Qué le hizo pensar que era lo correcto?
– De niño me iniciaron así en la música. Tuve la dicha de tener como profesora a Alicia de Medina, una pedagoga insigne de Lara, que nos enseñó la música haciendo música, nos enseñó el solfeo haciendo música, nos enseñó el instrumento viviendo la felicidad de la música, no generando una distancia fría entre el instrumento, y creando un estímulo enorme para que la familia participara y lo acompañara.

– En la década de los setenta costaba mucho para que el grueso de la cultura entendiera una filosofía de este tipo.
-Hoy en día, es un ideal de la familia venezolana que sus hijos tengan formación artística.
En ese sentido, la educación musical, que es una parte de la educación artística, ha tenido logros tan importantes en Venezuela que se está convirtiendo en una referencia internacional. Esto es así porque las artes no deben ser un elemento ornamental o periférico de la educación, sino parte orgánica de ella.

– Pero no fue tan fácil que todos creyeran.
– Si hubo una resistencia, fue leve.

– Ha pasado un año desde que se anunció la Misión Música y el énfasis que se iba a hacer en las escuelas bolivarianas y en los consejos comunales.
– Se ha estado trabajando intensamente este año en la formación de un nuevo magisterio porque la posibilidad de incrementar la matrícula depende también del desarrollo del panel docente. Los nuevos maestros van a asumir la enseñanza de 300.000 jóvenes, que luego serán más.

– ¿Hay una garantía a largo plazo en el relevo gerencial del Sistema?
– La Simón Bolívar es el espejo de la nueva dirigencia que surge en el Sistema. La generación de jóvenes con edades entre 20 y 25 años son los directores actuales de las orquestas, los que dialogan con las instituciones, con las alcaldías, las comunidades, los que luchan por los espacios, los que brindan los conciertos, los que crean la nueva programación. Es esa la dirigencia que está marcando la ruta de la innovación del crecimiento del sistema, ésa es su mayor fuerza.

– ¿No ha temido en algún momento por la fuga de estos jóvenes?
– Ellos quieren estar en su país y justificarse históricamente en su país.

– Ha tenido la capacidad de convencer y negociar con todas las autoridades durante 32 años ¿Cómo se hace esto?
– Quienes realizan esa labor son los niños y jóvenes que, con su trabajo, su éxito, justifican todos los días el apoyo del país. Ellos son los factores fundamentales que explican el respaldo unánime de Venezuela a su labor.

– ¿Qué se debería hacer para que lo que ha ocurrido con la música en Venezuela pase con otras áreas de la cultura?
– El principio fundamental está en el sistema educativo.
En este momento yo veo que la educación artística adquiere, en el campo de la música, una personalidad orgánica. Ése es un componente esencial en el sistema educativo. Todos los planteles, desde el nivel preescolar hasta el universitario, incluyen la música, y yo creo que eso va a extenderse a todas las artes. Éste es un fenómeno que tiene un desarrollo a partir de la música, no porque la música sea el arte rectora ni mucho menos, sino porque creo que la música anima enormemente la educación artística en estos momentos y la convierte en una estructura especialmente relevante en la Venezuela de hoy.

Enamorados de la Simón Bolívar

– Usted dijo que la gira de la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar por Europa marcó un antes y un después ¿Qué es lo que viene en ese después?
– Crecimiento, expansión, multiplicación y profundización. Necesitamos que la música llegue a todos los jóvenes en Venezuela, que todos los niños tengan acceso a la educación musical, que puedan hacer de la música un aspecto esencial de la vida que los ennoblezca y los dignifique.

-¿En algún momento le ha preocupado que el enamoramiento por la orquesta sea un boom temporal?
– Al contrario. Creo que a medida que se desarrolla la orquesta, la educación musical crece también porque el niño va a ser hombre, será el oyente de mañana y colaborará en el desarrollo de la música en la comunidad. A su vez, en la medida en que la comunidad ame y aprecie más este fenómeno, la perspectiva de un músico va a ser más grande.

– ¿Y de parte del público internacional?
– Creo que los testimonios de los críticos del más alto nivel, lo que ha ocurrido en cada gira, y la cantidad de invitaciones que ha recibido la orquesta, que se prolongan hasta 2012, indican que hay una conciencia internacional cada vez más mayor de lo que significa el desarrollo orquestal venezolano.

– A la salida de los conciertos se generan dinámicas particulares entre el público y los músicos venezolanos. Pareciera que se tratara de un fenómeno pop.
– Al ver ese crecimiento de la orquesta y de la explosión que producen en muchas partes, lo muchachos se sienten más justificados en su elección.

Sitio Oficial del Sistema

Dudamel: “Hay que vivir y disfrutar más de todos los instantes-siglos”

El pasado jueves se cumplieron 40 años de la creación del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, una experiencia pedagógica de inclusión social que acerca la enseñanza de la música clásica a niños y adolescentes de bajos recursos: actualmente la institución cuenta con 1.210 orquestas y 372 coros juveniles e infantiles a lo largo de todo el país. De allí mismo surgió Gustavo Dudamel, violinista y director de orquesta de fama mundial, posiblemente la mayor estrella latinoamericana de la música clásica en el siglo XXI. Orgulloso por el aniversario, Dudamel afirma que “el Sistema se ha convertido en un símbolo en el mundo porque lo han copiado países como Corea, Japón, Escocia, Estados Unidos, y aquí en el continente nuestro Brasil, Colombia, Chile, Argentina. Es símbolo venezolano de belleza, de amor, de unión, y creo que eso es algo maravilloso”. Director musical de Los Angeles Philharmonic Orchestra, embajador de la paz de la Unesco y firme candidato a convertirse en director de la prestigiosa Filarmónica de Berlín (el próximo 11 de mayo se elegirá el sucesor de su actual director, Simon Rattle, por votación de los 124 miembros de la orquesta), Dudamel vive un estado de gracia artístico, impensado para el niño de Barquisimeto que empezó a estudiar por impulso de su padre Oscar. Dueño de un apasionado estilo para dirigir los clásicos, y destacado también por su actitud pluralista y renovadora en cuanto a la programación de los conciertos que se llevan a cabo anualmente en el Disney Hall y el Hollywood Bowl de Los Ángeles, este venezolano de 34 años recién cumplidos está en la cima del mundo.

–Uno de los platos fuertes de la temporada 2014 de Los Angeles Philharmonic fue su presentación junto a Rubén Blades. ¿Cómo resultó esa experiencia?
–Con Rubén tengo una relación maravillosa desde que realizamos en Caracas un concierto de su proyecto Maestra vida. A Rubén lo admiro desde que era pequeño porque mi padre, que era un salsero impresionante, escuchaba su música. Además de ser un gran artista, es una persona muy profunda y de conversación plena. Siendo joven, aprendo muchísimo de él. Se me ocurrió que teníamos que hacer algo sinfónico juntos. Sus obras son atemporales porque la poesía de Rubén se puede colocar en la música de cualquier época. Maestra vidaes una obra más larga y compleja de construir. Por eso decidimos llevar a cabo una gala de Rubén Blades con la Filarmónica.

–El peligro de estos eventos sinfónicos es caer en lo melodramático o lo facilista, con arreglos que simplemente adornan las canciones originales del artista. ¿Cómo lidió con ese problema?
–Tratamos de hacer buenos arreglos para la orquesta considerando el sonido específico –cómo se tocaba la salsa en esa época– y el swing. Es lo que me fascina, que los arreglos se ajusten al sonido original, que no se sobrecarguen pero que no sean opacados. Tampoco puedes sentar a una orquesta como la Filarmónica y ponerlos a tocar algo simple. Ellos también tienen que involucrarse con el sabor. Tiene que estar la salsa primero, y la sinfónica se adapta.

–Dirige un ciclo dedicado a las sinfonías de Mahler, pero también le gusta la salsa de Rubén Blades. ¿Cómo transita mundos tan distintos?
–Es algo que ocurrió naturalmente por mi misma vida. En mi casa se escuchaba Héctor Lavoe, La Dimensión Latina, Rubén y toda la música de la Fania. Y gracias a mi abuela, artistas como Camilo Sesto, Raphael y Los Ángeles Negros. Además, yo estaba escuchando Beethoven, Prokofiev y Mahler. Toda la cultura que recibí en mi hogar se refleja en la programación de la Filarmónica. Trato de que no sea todo estrictamente clásico, especialmente en el Hollywood Bowl. Es una forma de atraer a cierto público que quizá conoce a Rubén, pero no a la Filarmónica. Y también a la gente que sigue a la orquesta pero no tiene nada que ver con la música del Caribe. Pasó algo fascinante cuando en 2012 hicimos un concierto sinfónico con Juan Luis Guerra. Había gente que nunca antes había escuchado el merengue de Juan Luis y se me acercaban para decirme “éste es un concierto único y maravilloso”. Por eso el Festival de las Américas ha sido tan exitoso. Al final mostramos que las fronteras están hechas por no­sotros mismos. Al mismo tiempo que la Fania estaba sonando, Carlos Chávez estaba conduciendo una sinfonía. La música es una sola. Es como una gran familia, en la que cada persona tiene su carácter y sus matices.

–Es evidente que le gusta armar un montón de cosas distintas. ¿Nunca se preocupa pensando que una sola vida no le alcanzará para hacer todo lo que sueña?
–Me siento un ser privilegiado. Tengo la oportunidad de hacer lo que amo con una institución que me apoya. Y aquí estamos, tratando de que la comunidad sienta que el arte les pertenece, que no es algo apartado a lo que solo tiene acceso un grupo de personas. El arte ha sido creado para la cotidianidad del hombre, para darle un poco más de sensibilidad. En nuestra época no tenemos tanto de eso. Vivimos en un mundo de tal pragmatismo que a veces no te das cuenta de todo lo que ya pasó, y de lo bello que fue. Cuando estás sentado escuchando una canción de Rubén Blades o un movimiento de una sinfonía de Mahler, pareciera que transcurre una vida entera. Y tenemos que vivir y disfrutar esos “instantes-siglos”. Me hace feliz poder sentir eso. Tengo la oportunidad de hacerlo y por lo tanto tengo que realizarlo con toda la pasión posible.

–¿Cómo es su relación contractual con la Filarmónica de Los Ángeles?
–Hasta ahora tengo un contrato. Yo renové con ellos en la segunda temporada, normalmente se renueva en la quinta. Pero no me arrepiento y estoy muy contento de hacerlo porque ahora tengo un contrato con ellos hasta el 2019.

–¿Eso impediría que se encargara de la Filarmónica de Berlín, como muchos pronostican?
–Ya yo pasé esa etapa de “la joven promesa”, pero aún me siento en un comienzo, estoy en proceso de evolución permanente. Ya estar en ese mundo, y que se hable de mí, es un honor. Tendría que estar en esa situación, en el momento.

–Su banda sonora de la película Libertador ha obtenido buenos comentarios. Sin embargo, la película no ha tenido, al parecer, buenos resultados en la taquilla de Estados Unidos. ¿Qué cree que ha ocurrido?
–Acá hay un proceso distinto al de otras películas y creo que el proceso en Estados Unidos ha sido así, muy cauteloso y preciso. La ha visto la gente que la tenía que ver con miras a la nominación al Óscar. Yo creo que la película es una obra de arte maravillosa, un logro gigantesco. El fin de la película era hacer sentir a Bolívar, que está vivo y que nos pertenece.

–Pero historiadores profesionales se han referido a manipulación histórica. ¿Qué responde a las críticas?
–La precisión histórica es muy subjetiva, sobre todo, en personajes como Bolívar, e históricos en general. Tener precisiones históricas, eso no existe, es como en la música: cuando yo dirijo un Beethoven hay mucha subjetividad en si fue así, si fue uno o dos músicos. La historia es un remolino de verdades.

–Decía hace rato que ya pasó la etapa de “la joven promesa”. Ya como director adulto, como persona pública, muchos esperan más de usted en lo político. ¿Cree que no es su responsabilidad?
–Todos somos responsables de lo que somos y de dónde somos. Este es un país hermoso por el cual yo doy la vida. Para mí, lo más importante en los momentos críticos es que haya voces que hermanen y no que dividan, y ahí es donde está, creo yo, la valentía del ser humano. En momentos de crisis salen muchas voces de división y yo creo que uno como ser público debe hacer un llamado a la paz y eso fue lo que hice, y lo hice en Nueva York, aquí y en todas partes. Evidentemente las personas quieren escuchar lo que cada uno quiere individualmente y eso es imposible, hacer feliz a todo el mundo.

–Habla de la valentía del ser humano, pero para muchos en su país valentía sería marcar distancia del actual gobierno. ¿Cómo maneja esa situación? 
–Pero ahí es donde está el mensaje. ¿Cuál es mi posición? La de hermanar. Yo aquí en una sala de conciertos tengo sentada gente que piensa políticamente distinto, que tiene posiciones sociales completamente distintas, que tiene principios religiosos completamente distintos, y qué bonito que están todos escuchando música y no se están peleando. Entonces ahí está mi responsabilidad como venezolano, en unir y hermanar y no en dividir. Yo no soy político.

–Hay cuestionamientos públicos contra el Sistema, en su país y también en el extranjero. ¿Qué tiene para decir al respecto?
–Creo que las críticas son buenas siempre. Igual, la gente siempre va a tener una idea, cómo voy a pretender yo complacer a todo el mundo, no puedo. Lo único que puedo hacer es ser firme en lo que hago, y hacerlo cada vez con más profundidad y más entendimiento, y eso en esencia es lo que hago. Las críticas van a venir toda la vida, no va a ser solamente este año, sino el año que viene y cuando tenga 40 o 50 años, si llego, y siempre va a haber momentos bellos y oscuros.

–¿Le preocupa pensar el rol que va a jugar en el futuro?
–Sí, pero esto es un día tras día, esto es construir y construir. El visionario aquí es el maestro Abreu y uno va poquito a poco, con él, haciendo esto. En estos días el maestro Daniel Barenboim me regaló un libro, La sociedad de la transparencia, de Byun Chul Han. Nuestras conversaciones son profundísimas, él, más que un músico, es un gran pensador. Ese libro lo leí en una noche y lo estoy releyendo. Leer filosofía es muy complejo porque te hace pensar, que es la función de la filosofía. Este libro habla de que vivimos en una sociedad de un positivismo excesivo y no vemos los momentos de conflicto como momentos de luz para poder crecer y eso una vez me lo dijo el maestro Abreu… El mundo vive un caos enorme, yo que viajo lo veo mucho, palpo un poco la vida de esos países y veo que nosotros estamos empeñados en ponernos muros para todo, la Humanidad está empeñada en crear más fronteras en lugar de más puentes.

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