La despedida a Galeano desde los medios uruguayos

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Será velado este martes en el Palacio Legislativo

En conferencia de prensa realizada luego del Consejo de Ministros, el prosecretario de la Presidencia, Juan Andrés Roballo, anunció que el Presidente de la República, Tabaré Vázquez, invitó a los ministros en “este momento de pérdida y tristeza” a acompañar en el velatorio.

Destacó que Galeano “es una personalidad que trasciende con dimensión nacional e internacional”.

Por su parte, el ministro de Economía, Danilo Astori, informó que el gabinete “tomó conocimiento con mucho pesar el fallecimiento de este gran compatriota” y expresó “condolencia y dolor a la familia por el fallecimiento del escritor”.

Eduardo Galeano nació en Montevideo el 3 de setiembre de 1940 y falleció este 13 de abril de 2015 en una mutualista de la capital uruguaya.

Entre sus obras, traducidas a más de veinte idiomas, se encuentran Las venas abiertas de América Latina, Memorias del fuego, Días y noches de amor y de guerra y El Libro de los abrazos.

En la tarde de este lunes 13, el Presidente de la República, Tabaré Vázquez, dispuso tributar honores fúnebres a Eduardo Galeano.

La República

“Nos dignificó América Latina”

La semana entrante, la Asamblea General del Poder Legislativo procederá a realizarle un homenaje recordatorio. Así lo resolvió ayer la bancada de senadores del Frente Amplio que lo promoverá en las próximas horas.

La noticia de su fallecimiento sobrevino en los medios de comunicación pasadas las 10 de la mañana de ayer. Galeano, de 74 años y enfermo de cáncer de pultmón, había muerto dos horas antes en el Casmu de la calle 8 de Octubre donde estaba internado desde el pasado viernes.

La novedad corrió rápidamente y comenzó a tomar los primeros lugares en todos los espacios informativos del mundo (ver Suplemento Especial). A media mañana de ayer, el presidente Tabaré Vázquez fue quien notificó a sus ministros de la muerte de Galeano. Estaban en plena sesión de gabinete. Vázquez invitó a sus asesores a estar presentes hoy en el velatorio del escritor y periodista “este momento de pérdida y tristeza”, dijo.

En conferencia de prensa realizada luego del Consejo de Ministros, el prosecretario de la Presidencia, Juan Andrés Roballo, destacó que Galeano “es una personalidad que trasciende con dimensión nacional e internacional”.

El ministro de Economía, Danilo Astori, que acompañó a Roballo ante los medios acreditados, confió que el gabinete tomó conocimiento del deceso y “con mucho pesar trasladó las “condolencias y dolor a la familia del escritor”.

Internamente en el gobierno y en el correr de las horas se fueron resolviendo los aspectos concernientes a los actos funerarios. Vázquez resolvió que se procedan a aplicar las honras fúnebres en este caso, exequias reservadas solo para las altas autoridades de Estado.

La honra fúnebre no determina la aplicación de días de duelo nacional. Ayer, el ex presidente y hoy senador José Mujica dijo que Galeano fue “un elegido” que “a lo largo de los últimos cuarenta años nos dignificó en América Latina”.

Agregó que fue “un autodidacta” que “se fue puliendo a sí mismo y masificó una cultura difícil de encontrar en un universitario”. En entrevista con Teledía, reveló que lo visitó hace poco junto a Lucía Topolansky, conociendo su delicado estado de salud.

También recordó que se inició “muy joven” en el periodismo, aunque fue “infatigable desde el punto de vista de la inquisición, de averiguar y de poner la oreja a la gente más increíble de este continente”.

En ese sentido, aseguró que “era capaz de recorrer montañas para tener el testimonio de un indígena”. Sabíamos que estaba enfermo”, admitió Mujica, contando que lo visitó en su casa “no hace mucho tiempo” debido a “una manía que me ha venido con la vejez de tratar de transmitirle en vida el reconocimiento a cierta gente ilustre, sin ruido y sin pamento”.

Por su parte, la presidenta del Frente Amplio Mónica Xavier también lamentó el deceso del escritor de quien citó la frase: “pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace”. “Mi eterno recuerdo a Eduardo Galeano”, afirmó.

Una vez conocida la noticia del fallecimiento de Eduardo Galeano, los escritores Mauricio Rosencof y Carlos Maggi brindaron sus primeras reflexiones en el programa En Perspectiva de FM Del Sol. Rosencof recordó que “empezamos a sintonizarnos cuando él tenía unos 19 o 20 años, lo había designado Quijano como secretario de redacción de Marcha”.

Agregó que “Galeano con su sensibilidad deja esa especie de biblia latinoamericana que es Memorias del fuego”. Recordó que cuando terminaron de escribir “Memorias del Calabozo” con supervisión de José “Pepe” Mujica , llamaron a Eduardo Galeano para que hiciera “unas líneas introductorias”.

“Así que, Memorias del Calabozo también tiene integrado a Eduardo”, sostuvo Rosencof en diálogo con Emiliano Cotelo. A su vez Carlos Maggi dijo que “no me gusta hablar de los amigos que mueren, me gusta recordar los buenos momentos. Siendo un muchacho muy, muy joven fue el secretario de la publicación Capítulo Oriental, dibujaba y escribía de una manera extraordinaria.

No podíamos creer con Real de Azúa y Martínez Moreno, lo vi en un esplendor, veíamos venir un tipo genialoide criándose, fue muy lindo”, concluyó visiblemente emocionado. El director de la Institución Nacional de Derechos Humanos, Juan Raúl Ferreira, manifestó su tristeza por el fallecimiento y destacó que su hijo estaba leyendo la primera gran obra de Galeano, “Las venas abiertas de América Latina”.

Firmó contra decreto de Obama

El presidente de Venezuela Nicolás Maduro recibió la noche del martes la firma del periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano, en contra del decreto del presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Durante el programa semanal, Contacto con Maduro, el mandatario enseñó la rúbrica del escritor uruguayo en apoyo a Venezuela ante la agresión de Washington.

Con la consigna “Obama, Venezuela no es una amenaza, es una esperanza”, los venezolanos encabezaron en marzo pasado la jornada de recolección de firmas en contra del decreto de Barack Obama, que califica a la nación suramericana como una amenaza.

La República


 

Eduardo Galeano: el escritor que contó otra historia

Las declaraciones que se han leído y escuchado en las últimas horas son indicativas de las polarizaciones que generaba, desde «adiós maestro» hasta alguna grosería del tipo «un zurdo menos». Entre esos extremos, la valoración de Galeano justifica claroscuros y matices.

Había nacido en Montevideo como Eduardo Germán María Hughes Galeano el 3 de setiembre de 1940, en el seno de una familia de clase alta con ascendientes italianos, españoles, galeses y alemanes. Con el paso del tiempo se despegaría de esos orígenes (la omisión del apellido paterno en su «nom de plume» fue sin duda muy deliberado), y supo ganarse la vida como obrero de fábrica, dibujante, pintor, mensajero, mecanógrafo y cajero de banco. A los 14 años vendió su primera caricatura política al semanario del Partido Socialista.

Siguió publicando caricaturas con el seudónimo de Gius, y a los veinte años integraba ya el equipo periodístico del legendario semanario Marcha, desde cuyas páginas llamó la atención con algunos reportajes que confrontaban ciertos prejuicios del público: todavía se recuerda el titulado El símbolo uruguayo del Mal, dedicado al delincuente juvenil Zelacio Durán Naveiras, alias «El Cacho», que provocó en la tranquila sociedad montevideana de los años cincuenta reacciones similares a las de quienes piden hoy «mano dura» contra los menores infractores.

Fue jefe de redacción de Marcha entre 1961 y 1964, y pasó al diario Época desde ese año hasta 1966. Ya habían comenzado su interés por la literatura y por la política latinoamericana y mundial: a esos tiempos (más exactamente 1963) corresponden su viaje a China y su entrevista al último emperador de ese país, Puyi, que para entonces era un prolijo jardinero, como lo contaría más tarde una película de Bernardo Bertolucci.

En 1963 publicó su primer libro de cuentos, Los días siguientes, donde se reveló como un narrador atendible. Un poco más tarde saldrían en libro una crónica de su viaje a China, una selección de sus reportajes (incluyendo los del Cacho y el emperador) y un análisis de la injerencia norteamericana en América Central titulado Guatemala, clave de Latinoamérica, que no estaba mal.

Popularidad

En 1971 publicó el que debe ser el más popular de sus libros, aunque no necesariamente el mejor: Las venas abiertas de América Latina, un ensayo peleador y sesgado del que después renegaría, pero que sigue siendo un referente para un sector de la izquierda latinoamericana: en una encuesta realizada hace un par de años entre universitarios uruguayos se colocó primero entre los libros que esos encuestados consideraban «más importantes para comprender el Uruguay de hoy», una opinión que al parecer no tuvo en cuenta que el libro fue escrito hace más de cuatro décadas y que no trata sobre el Uruguay. Galeano sabía empero que el tiempo había pasado: en 2014 reconoció que ya «no sería capaz de leerlo de nuevo», agregando que «esa prosa de izquierda tradicional es pesadísima».

El golpe de estado de 1973 le valió a Galeano un tiempo en prisión y luego la expulsión del país. En Argentina dirigió por algún tiempo la célebre revista Crisis. Luego cayó sobre él otro golpe de estado (el de Videla), figuró en las listas de condenados por los escuadrones de la muerte, y terminó radicándose en España, donde entre otras cosas escribió los tres tomos de Memorias del fuego, mezcla de historia y fábulas sobre América Latina en la que no siempre es fácil distinguir la verdad de la imaginación.

Volvió a Montevideo en 1985, y con Mario Benedetti y Hugo Alfaro impulsó la creación del aún vigente semanario Brecha, que fue de alguna manera una continuación de Marcha. Allí se harían famosas las contratapas que escribió con mucha frecuencia (y que demasiado a menudo parecían ser la misma).

Sin duda fue un maestro de la palabra, dueño de una prosa sugestiva y seductora, y de una habilidad para disimular a menudo con ella que lo que decía tenía menos sustancia de lo que parecía. La palabra «pensador» ha aparecido con frecuencia en las últimas horas para referirse a él, y ahí corresponden algunas observaciones.

Es casi inútil recordar (ya se sabe) que padeció con frecuencia de una sensibilidad política hemipléjica, muy presta a condenar al «Imperio» y sus cómplices locales de derecha, pero bastante más benevolente con las tiranías sedicentes de izquierda. Hay que reconocer que en ese aspecto fue, sin embargo, bastante menos genuflexo que, digamos, un Pablo Neruda y su Oda a Stalin, y que más de una vez cuestionó, aunque en voz más baja que en sus diatribas contra la derecha, a gobiernos «amigos».

Tal vez lo más molesto de su pensamiento haya sido la promoción de la idea que puede resumirse en la frase «La Culpa la Tuvo el Otro», una postura que consiste en creer que el mundo se divide en indígenas, obreros y tercermundistas diversos Buenos De Una Sola Pieza, y capitalistas, corporaciones e intereses foráneos Malos de Toda Malignidad, y para peor responsables absolutos de la desgracia de los primeros.

Es posible que en sus momentos más lúcidos Galeano renegara de esa simplificación, pero sin duda sus lectores muchas veces creyeron en ella, y encontraron en sus páginas una coartada para explicar sus problemas. No es obvio que los latinoamericanos seamos siempre inocentes, y que los males nos sean impuestas de afuera. Nuestra chambonería tiene también un papel en el cuadro.

Versátil

Hay que reconocer de todos modos que Galeano no solamente sabía escribir, sino que sus intereses eran variados. De su pluma (o del teclado de su computadora) salieron ficciones, ensayos políticos, cuestionamientos de la sociedad de consumo y de (algunos) poderosos de turno, y hasta libros sobre fútbol (Su Majestad el fútbol, 1968; El fútbol a sol y sombra, 1995). Era hincha de Nacional, por si a alguien le interesa.

¿Se puede evaluar hoy qué va a sobrevivir de su obra? Puede ser arriesgado hacer pronósticos. Al igual que Benedetti, y a diferencia de los verdaderamente grandes (Onetti, Idea) escribió demasiado, y eso siempre es un punto en contra: hay mucha hojarasca en su producción. Pero incluso cuando uno se enojaba con él (y eso ocurría bastante a menudo, sobre todo cuando abusaba de la magia de sus palabras, y las expresaba con su voz modulada y particularmente apta para el desprecio) había que reconocerle de pronto un giro feliz, un párrafo inteligente, un hallazgo original. También había que cuidarse de esa seducción, y hacer un esfuerzo para detectar (a veces no era difícil) la trampa o la falacia de razonamiento que ese lenguaje envolvía. Nada es blanco y negro, ni siquiera él.

El recuerdo de su editor en Estados Unidos

“Junto con todos aquellos que han luchado por la democracia y el fin de la opresión, Monthly Review Press lamenta la pérdida de nuestro viejo amigo, Eduardo Galeano”, dijo en una declaración para El País, su editor estadounidense, Michael D. Yates. “Estamos extraordinariamente orgullosos de ser la editorial que publicó su obra maestra, Las venas abiertas de América Latina, así como la aclamada, Días de amor y guerra”.

Monthly Review Press editó en inglés Las venas abiertas (como Open veins of Latin America) en 1973. Fue un éxito sostenido entre la izquierda estadounidense. Cuando el presidente Hugo Chávez se lo regaló al presidente Obama en abril de 2009, el libro se volvió el más vendido en la tienda online Amazon.

“Más que ningún otro libro, Las venas abiertas, despertó al mundo hacia la verdadera historia de América Latina, una historia de extrema explotación por los poderes imperiales y de una heroica lucha contra esa explotación”, dice vía mail Yates. “Quizás Isabel Allende lo haya expresado mejor en su prólogo para reedición de 1997, cuando escribió que ‘después del golpe militar de 1973 no podía llevarme mucho conmigo: algo de ropa, fotos familiares, una bolsa de tierra de mi jardín, una vieja edición de las Odas de Pablo Neruda y el libro de tapas amarillas Las venas abiertas de América Latina’. A través de su trabajo y su espíritu generoso, vivirá por siempre”.

El País


 

Fuego en la memoria

Una vida de dedicada a las palabras. Esa oración bien podría resumir la vida de Eduardo Germán Hughes Galeano, quien falleció ayer a los 74 años. A lo largo de 60 años (porque desde los 14 años estuvo vinculado a medios de comunicación), la escritura fue el combustible de su vida y el objetivo de sus desvelos.

Las columnas se transformaron en artículos y los artículos, en libros. Cuentos, crónicas, novelas y ensayos muy personales le hicieron ganar un nombre a nivel local y luego a escala internacional. Su figura tomó dimensión y el convulsionado panorama político lo llevó a Europa, donde su éxito fue aún mayor y lo convirtió en un mito para muchos.

Cuna patricia

Galeano nació en setiembre de 1940, a un año exactamente del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, en el seno de una familia de orígenes patricios. Por parte de padre era descendiente de Leandro Gómez y por parte de madre de Fructuoso Rivera, según le confesó a César Di Candia en Búsqueda en 1987.

Su padre era Eduardo Hughes Roosen, funcionario del Ministerio de Ganadería y bisnieto de un inglés dueño de la estancia La Paz, en Paysandú, de 15 mil hectáreas. En esa estancia Galeano pasó muchos de los veranos de su infancia, durante las vacaciones que lo alejaban del Erwy School, donde cursó hasta segundo de liceo, cuando abandonó.

Su madre fue Licia Galeano, apodada “Piruncha”, quien trabajaba en la librería Ivana de la calle Convención. Fue una gran influencia en su hijo. Ella además era hermana de Jorge Galeano, uno de los pioneros del psicoanálisis en Uruguay, a quien Eduardo admiraba.

Destino de tinta

A los 13 años, el muchacho, que era muy católico, tuvo una profunda crisis religiosa. Sus padres se divorciaron y dejó el colegio, pasando a dibujar caricaturas para el semanario socialista El Sol, dirigido por Vivián Trías y José Pedro Cardoso. Allí firmaba como “Gius”, una onomatopeya de su apellido paterno.

Cuando desde la dirección del semanario le pidieron que escribiera una columna, le dijeron que utilizara un seudónimo. Entonces eligió el apellido materno, que ya no abandonó más a nivel editorial y con el que se hizo famoso. Luego fue una rápida sucesión de escalones subidos de dos en dos, como un joven lleno de energía y una pluma que prometía. Según Di Candia, entonces era “el pavo real de la juventud izquierdista uruguaya”.

El mítico Carlos Quijano lo leyó e invitó a participar en Marcha, donde comenzó a escribir a inicios de la década de 1960.

En 1963 fue su lanzamiento literario: con apenas 23 años, publicó su primera novela, Los días siguientes, y realizó un viaje a la China de Mao, de la que vuelve con otro volumen en la cabeza, que publicó en 1964.

En 1965 cubrió el caso de los ladrones argentinos en el hotel Liberaij y publicó una larga crónica del hecho, titulada Los fantasmas del día del león.

Pero el cronista sentía que Montevideo ya le quedaba chico. Como tantos jóvenes escritores e intelectuales, salió a recorrer a lo largo y ancho de las Américas los países donde se estaban desarrollando los principales conflictos políticos, como por ejemplo, Guatemala. De sus experiencias allí publicó en 1967 Guatemala, país ocupado.

A Di Candia le dirá que durante sus múltiples incursiones en las selvas su vida estuvo varias veces en riesgo. El carácter romántico y aventurero de la profesión siempre estuvieron a los pies de Galeano.

Por esa época se mezcla en su obra una de sus grandes pasiones: el fútbol. Hincha fanático de Nacional a lo largo de toda su vida, Galeano escribió Su Majestad, el fútbol en 1968. Ese fue el primero de los varios textos en donde abordó el deporte más popular de la Tierra. En 1995, publicó El fútbol a sol y sombra, que reeditó con información actualizada después de cada Mundial FIFA. Su última versión incluye el campeonato disputado en Sudáfrica en 2010.

En 1971 publicó su obra más influyente: Las venas abiertas de América Latina, un ensayo periodístico donde analiza, con ánimo denuciante, la pobreza del ser humano como resultado de la riqueza de la tierra y las desventajas de un modelo de desarrollo que dejaba a muchos por el camino. El libro se transformó en texto canónico para la intelectualidad de izquierda en la región y el mundo.

La situación política en Uruguay previa al golpe de Estado provocó que Galeano se mudara a Buenos Aires, donde dirigió la revista Crisis, un espacio que cultivaba el periodismo con toques literarios. Si antes había tenido que enfrentar los peligros de las selvas tropicales, para ese entonces eran las calles de Buenos Aires las que se habían transformado en un hábitat mortífero para quienes pretendían escribir y denunciar situaciones sociales de la realidad del país.

Amenazado de muerte por la Alianza Anticomunista Argentina (conocida como la Triple A), Galeano abandonó Buenos Aires y se exilió en Barcelona, España, donde escribió su trilogía Memorias del fuego, su obra más ambiciosa. Allí relata la historia de América Latina, desde la creación del mundo hasta el siglo XX.

Mientras tanto, sus obras estaban prohibidas por la dictadura militar uruguaya, aunque esto no fue impedimento para que su coterráneos pudieran leerlo. Di Candia cuenta que, junto a los otros responsables de la Editorial Atenea, traían Las venas abiertas de América Latina desde España. La estrategia era disimularlo en las facturas como un libro de medicina llamado simplemente Las venas, que no despertaba sospechas entre los funcionarios del gobierno.

Con una vida siempre signada por los hechos políticos de su país y la región, Galeano regresó a Uruguay en 1985, tras el fin de la dictadura. Ese año integró el grupo de fundadores del semanario Brecha, junto a Hugo Alfaro, Mario Benedetti y Guillermo Chifflet, entre otros.

Su relación con Brecha se prolongó de ahí en más, siendo hasta los últimos tiempos integrante y figura central del consejo asesor del medio y escribiendo para él, en simultaneo con los periódicos Página/12 de Argentina y La Jornada de México.

Roberto López Belloso, periodista y poeta, quien fuera editor del semanario, explica que la función de este consejo era la de opinar sobre la orientación periodística del semanario a largo plazo, más allá del día a día. “Su compromiso con el semanario era grande”, cuenta López. “Se podría haber puesto de estrella y haberse alejado de Brecha, pero siempre hacía sentir que era uno más de nosotros”, agrega.

El exeditor de Brecha destaca de Galeano su sentido del humor y la cantidad de anécdotas que compartía con sus compañeros, sobre sus experiencias y momentos vividos con Benedetti, Julio Castro y Juan Carlos Onetti.

El retorno de la democracia permitió que su obra pudiera ser vendida libremente en Uruguay, lo que lo convirtió en un autor masivo para el público local. En 1987, y ya en ese contexto de popularidad, el escritor fue entrevistado por Di Candia para el semanario Búsqueda, en la que Galeano habló de su infancia, su religiosidad e intentos de suicidio. También explicó sus encuentros cercanos con la muerte en sus viajes por los territorios indígenas de América.“Hizo investigaciones y tuvo aventuras personales en las que no se metió nadie. Fue un periodista excepcional”, dijo Di Candia.

Consagración y críticas

Con la popularidad llegaron los premios y los reconocimientos, que se concentraron sobre todo en las dos últimas décadas. En 2008 recibió el premio Bartolomé Hidalgo, otorgado por la Cámara Uruguaya del Libro. Ese mismo año le fue entregado el premio Morosoli de Oro por su labor como periodista y escritor, y por tratarse de “uno de los intelectuales más destacados de América Latina y uno de los escritores uruguayos más reconocidos mundialmente”, según dijo en ese momento Gustavo Guadalupe, secretario de la fundación que otorga el galardón

.En los años siguientes recibió además la medalla Delmira Agustini de parte del Ministerio de Educación y Cultura, el premio Casa de las Américas en Cuba y el Premio Alba de las letras de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América. El único galardón que le fue esquivo fue el premio Cervantes, al que estuvo nominado en 2011.

En 2014, Galeano fue crítico con su yo más joven y sorprendió a todos al afirmar, en una conferencia en Brasil, que “no volvería a leer Las Venas abiertas de América Latina”. Y agregó: “Para mí, esta prosa de la izquierda tradicional es pesadísima. Mi físico no lo aguantaría. Caería desmayado”. Galeano aseguró que “la realidad cambió mucho”, y que su escritura en aquel momento fue sin tener los conocimientos necesarios en economía y política. “No estoy arrepentido de haberlo escrito, pero fue una etapa que, para mí, está superada”, dijo.

“Me gustaría aplaudir la honestidad y madurez mostradas por Eduardo Galeano”, afirmó en ese momento Ruben Blades, cantante panameño devenido en político.

El Observador

Un minuto de aplausos y una asamblea general para Galeano

Tras la muerte del escritor uruguayo Eduardo Galeano, el Club Nacional de Fútbol analiza que en el partido del fin de semana, que los tricolores disputarán contra Racing, «seguramente» se haga un minuto de aplausos en honor al hincha del club. El tema será planteado este miércoles en la reunión de directorio en Nacional, dijo a El Observador el presidente de la Mesa Ejecutiva del club, Juan Ceretta.

Por otra parte, la bancada de senadores del Frente Amplio propuso este lunes que se conovque a una Asamblea General en honor al referente de las letras

.En una carta publicada por Nacional, titulada «¡Adiós, tricolor!», el club definió al escritor como un «hombre fuertemente identificado con una ideología» y «polémico», pero que hoy incluso aquellos que discrepaban con él «hacen un alto para inclinarse reverentes en su memoria».

El club rindió homenaje a la esencia «nacionalófila» de Galeano y su familia. «Cuando le llegó el momento del exilio, a Nacional lo seguía desde la distancia, para sonreír desde España en medio de años personales duros, cuando la conquista del Nacional de Victorino, Espárrago y De León e imaginándose como fueron los goles de Morales, intuyéndolos seguramente muy parecidos a los que él mismo había visto en el Centenario», puntualizó la carta.

«Ya no lo veremos más en la tribuna junto a Nacional, pero nos reconforta en el dolor el saber que su nombre perdurará en el tiempo y, para los nacionalófilos, junto a una camiseta blanca con el escudo en el pecho. ¡Hasta siempre, tricolor de ley!», cerró la misiva firmada por el dirigente Hernán Navascués.

El Observador


 

Eduardo Galeano: La certeza de sobrevivir en los demás

Fue hijo de Eduardo Hughes Roosen y de Licia Ester Galeano Muñoz, de su madre tomó el apellido cuando comenzó a firmar sus escrituras y crónicas.

En su adolescencia Galeano fue un aficionado al dibujo y sus caricaturas se publicaron en el periódico socialista “El sol” bajo el seudónimo de “Gius”.

En su juventud, además, incursionó en varios trabajos y oficios, fue obrero en una fábrica de insecticidas y pintor de carteles, aunque provenía de una familia perteneciente a la clase alta.

“Muy exiliado”

Hacia los años sesenta se metió de lleno en el mundo del periodismo, siendo editor del emblemático semanario Marcha y después de Época.

Con el advenimiento del Golpe de Estado en el 73, Galeano fue encarcelado, debiendo trasladarse luego a la Argentina, allí fue director de la revista Crisis, sobre la que dijo: “La revista recogió las voces de los locos del manicomio, los niños de las escuelas, los obreros de las fábricas, los enfermos de los hospitales; queríamos difundir a los que venían de abajo”. Pero cuando el Golpe de Estado llegó al vecino país en 1976 el escritor estuvo en la lista de condenados, debiendo exiliarse en España.

Fue en ese exilio donde terminó de escribir su legendario “Memorias del fuego” una trilogía donde se aborda desde la memoria la historia de Latinoamérica. “Fueron tres tomos, mil páginas, toda la historia de las Américas de norte a sur. Había que estar muy loco para emprender semejante aventura. Muy loco o muy exiliado”, dijo hace poco tiempo sobre este libro.

Hacia el año 1963 publicó Los días siguientes, una novela breve que juzgó años más tarde como “bastante mala”, pero fue el inicio de una prolífica carrera literaria en la que seguiría profundizando en su visión política y su compromiso con la realidad de América Latina a través de sucesivas publicaciones entre las que destacan “Vagamundo” (1973), “El libro de los abrazos” (1989), “Patas arriba. La escuela del mundo al revés” (1998).

Con la transición democrática, hacia el año 1985, Galeano regresa a Montevideo y en conjunto con intelectuales como Mario Benedetti, Hugo Alfaro, crean el semanario Brecha.

En esos años también estuvo integrando la “Comisión Nacional Pro Referéndum” (entre 1987-1989), con el cometido de revocar la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, promulgada en 1986.

Las venas abiertas de América Latina

Este fue uno de los libros más populares y aclamados del autor uruguayo, un ensayo en donde abordó con compromiso y visión crítica la historia de nuestra América Latina. Un libro traducido a decenas de idiomas que se publicó en 1971.

En el 2014 Galeano dijo sin embargo en una conferencia en Brasil que “la realidad cambió” y que ya no leería este libro “Yo no sería capaz de leer el libro de nuevo. Para mí esa prosa de izquierda tradicional es pesadísima” dijo. Explicó que Las venas abiertas… que fue el resultado de un intento de escribir un libro sobre economía y política pero “Yo no tenía la formación necesaria. No estoy arrepentido de haberlo escrito pero fue una etapa que, para mí, está superada”, expresó.

Una de las anécdotas más conocidas alrededor de este libro sucedió en el 2009, cuando Hugo Chávez le regaló a su par estadounidense Barack Obama una edición de Las venas abiertas.

Pasión por el fútbol

Galeano era un apasionado del fútbol, aunque se definía a sí mismo como un “pata de palo”, lo que explicaba no haber podido cumplir su sueño de ser jugador: “Tuve que hacerme escritor porque era un pata de palo. Tenía que hacer con la mano lo que no podía hacer con los pies”, decía en tono bromista. Dedicó unos cuantos libros y relatos a esta pasión, entre los que destaca “El fútbol a sol y sombra”, sobre él dijo alguna vez que “Tradicionalmente la derecha ha sospechado, o creído, que el fútbol es la prueba de que el pueblo piensa con los pies y la izquierda ha sospechado, o creído, que por culpa del fútbol el pueblo no piensa. Contra eso escribí ese libro, tratando de ayudar a superar todo lo que nos impide disfrutar de esa fiesta de las piernas que lo juegan y los ojos que lo miran”

Ayudame a mirar

Hacia fines de los años 80, en una conferencia en el Teatro San Martín, Galeano contó la siguiente anécdota, que lo ayudó a definir la función del escritor: una pequeña niña que había nacido en Tacuarembó, va con su padre al mar, por primera vez. Tan asombrada queda, que lo único que puede decir es “papá, por favor, ayúdame a mirar”. “Yo creo que la función del escritor consiste en ayudar a mirar. Que el escritor es alguien que quizás puede tener la alegría de ayudar a mirar a los demás”, dijo.

Entre las distinciones más importantes que recibió Galeano se encuentra el Premio Casa de las Américas 1975, 1978; Premio del Ministerio de Cultura del Uruguay 1982, 1984, 1986, American Book Award 1989, Premio Stig Dagerman 2010 y Premio Alba de las letras 2013.

Hacia el año 2001 se le otorgó el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de La Habana y el jurado a cargo de la distinción definió a Galeano como “un recuperador de la memoria real y colectiva sudamericana y un cronista de su tiempo”.

A Galeano le gustaba repetir aquella frase de Fernando Birri, a la que volvía una y otra vez, recordándonos la necesidad vital de la utopía: “La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. Por mucho que camine, nunca la alcanzaré. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso: sirve para caminar.”

Sus libros

Los días siguientes 1962
China 1964: Crónica de un desafío 1964
Los fantasmas del día del león y otros relatos 1967
Guatemala: Clave de Latinoamérica 1967
Reportajes: Tierras de Latinoamérica, otros puntos cardinales, y algo más 1967
Siete imágenes de Bolivia 1971
Las venas abiertas de América Latina 1971
Crónicas latinoamericanas 1972
Vagabundo 1973
La canción de nosotros 1975
Conversaciones con Raimon 1977
Días y noches de amor y de guerra 1978
La piedra que arde 1980
Voces de nuestro tiempo 1981
Memorias del fuego I – Los nacimientos 1982
Memorias del fuego II – Las caras y las máscaras 1984
Contraseña 1985
Memorias del fuego III – El siglo del viento 1986
Aventuras de los jóvenes dioses 1986
Nosotros decimos no: Crónicas (1963-1988) 1989
El libro de los abrazos 1989
Las palabras andantes 1993
El fútbol a sol y sombra 1995
Las aventuras de los dioses 1995
Patas arriba. La escuela del mundo al revés 1998
Carta al ciudadano 6.000 1999
Bocas del Tiempo 2004
El Viaje 2006
Carta al señor futuro 2007
Patas arriba, la escuela del mundo al revés 2008
Espejos. Una historia casi universal 2008
Los hijos de los días 2011

La Red 21

 


El fuego camina contigo

Estaba enfermo desde hacía tiempo y los últimos días los pasó internado, pero no por previsible la noticia deja de ser impactante: ha muerto Eduardo Galeano, el escritor uruguayo que consiguió dotar de un relato atractivo y fundado al impulso revolucionario nacido en los 60, y que continuó siendo una voz de referencia para la izquierda latinoamericana.

No importa que el año pasado hubiera relativizado las bondades de Las venas abiertas de América Latina: para la mayoría de sus fans y de sus detractores, Galeano seguía siendo la misma sucesión de textos y opiniones contundentes, coherentes, inmutables. Sin embargo, es posible que cuando en abril de 2014, en la Bienal del Libro y la Lectura de Brasilia, dijo que no estaba arrepentido de haber escrito aquel libro, pero que era una “etapa superada”, Galeano se estuviera refiriendo a los distintos cambios que fueron operando en su escritura.

Claramente, la voz onettiana de Los días siguientes (1962) no es la misma que emprende la contrahistoria en Las venas abiertas… (1971), ni ésta permanece incambiada en el mix de crónica y leyenda de la trilogía Memoria del fuego (1982-1986). Aun después de ese pico, en el que logró unir el gran relato con la microhistoria, Galeano siguió puliendo su escritura, que evolucionó hacia piezas breves de inocultable simetría. La forma es un contenido, pero además persuade por sí misma, como saben poetas y publicistas. Galeano, escritor político, también lo sabía, así como conocía el poder de la metonimia, esa capacidad de ciertas imágenes para dar a entender la totalidad a partir de un fragmento.

Galeano, además, venía del periodismo, donde muchas de esas premisas son parte del trabajo diario; que de vez en cuando se hable de “periodismo narrativo” oscurece el hecho de que para reportear, lo mejor suele ser contar. Comenzó a publicar desde adolescente como caricaturista en El Sol, el periódico del Partido Socialista -firmaba Gius, por su primer apellido: Hughes-, escribió en Marcha y en 1966 fue fundador de Época, el diario de vida breve que allanó el camino de la prensa no sectorizada -y al deporte en los medios de izquierda-, y, en cierta forma, contribuyó a la idea lo que sería el futuro Frente Amplio. En 1973, ya en Buenos Aires, dirigió la original revista Crisis, desde la que aportó un original cóctel de política, cultura y humor.

Justamente, en Argentina estaban algunos autores (Rodolfo Walsh, Tomás Eloy Martínez) que, a caballo entre el periodismo y las bellas letras, terminaron de dar forma a una nueva forma rioplatense de exponer el presente. Hay, sin dudas, mucho de la concisión y la vocación de claridad del periodismo en Las venas abiertas de América Latina. Galeano/Hughes era un buen lector en inglés, y su obra más conocida es, en parte, una apropiación de la libertad para moverse entre la historia, la crónica y el ensayo de muchos estadounidenses que escribieron entre el siglo XIX y el XX, como su adorado Ambrose Bierce o HL Mencken.

Es obvio que Las venas abiertas… fue un éxito -en popularidad y en influencia- no solamente por sus hallazgos formales. El libro consiguió divulgar un discurso inaccesible fuera de círculos especializados, el de la teoría de la dependencia, que explicaba mediante la historia económica las causas de la asimetría entre el primer mundo y el mundo subdesarrollado. Al premio cubano de Casa de las Américas, que de algún modo le dio el “OK revolucionario” en 1971, se le unió la involuntaria propaganda de la dictadura militar, que prohibió la obra.

Las venas abiertas… es también una elaboración lógica de la “literatura de la crisis” que produjo Uruguay en los años 60; agotado el tema de la inviabilidad uruguaya había que mirar a la región, decía Alberto Methol Ferré en El Uruguay como problema, y Galeano, como Ángel Rama en el plano de las letras, pensó a nivel continental. Su encanto no hizo sino aumentar durante los años 70, y luego conoció duros opositores neoliberales (el hijo de Mario Vargas Llosa, entre ellos, le dedicó el Manual del perfecto idiota latinoamericano). Al tiempo, la literatura de Galeano desembarcaba en Estados Unidos por la vía académica (su híbrido de testimonio e historia fue uno de los núcleos de los estudios poscoloniales) y también gracias a la simpatía que disfrutó lo latinoamericano -desde Carlos Castaneda a Jorge Luis Borges- en el ambiente contracultural tardío. Más que cualquier otro escritor uruguayo, Galeano tuvo un público definitivamente internacional, y la entrega de un ejemplar de Las venas abiertas… que le hizo Hugo Chávez a Barack Obama en 2009 fue sólo el momento más evidente de esa fama.

Más allá de su probada transformación expresiva, en lo esencial el discurso de Galeano mantuvo líneas constantes, y eso es lo que no olvidan los pro y los anti Galeano. Fue un antiimperialista de los 60, lo que significaba oponerse a la hegemonía de Estados Unidos en nuestro hemisferio, pero también supo explicar que la historia de la dominación no había empezado con la doctrina Monroe, por lo que acudía a ejemplos de prácticas imperiales de toda época y lugar. Fue un latinoamericanista, y ello lo llevó a abogar no sólo por la eliminación de las barreras nacionales, sino también hacia una veneración benigna por las civilizaciones precolombinas. No fue materialista -por lo menos en un sentido duro: desconfiaba de la tecnología- pero sí marxista, en cuanto creía en el poder del intelecto y la organización para dar vuelta el “mundo al revés”.

Ese optimismo debía ser una de las razones por las que su público continuaba creciendo, y así fue como hace poco más de dos años llenó dos veces el teatro Solís de admiradores que fueron exclusivamente a escucharlo recitar pasajes de Los hijos de los días, el último libro que presentó en vida (se anuncia la salida de Mujeres para esta semana). Eligió cerrar aquellas noches con otra metonimia ígnea: una glosa del consejo que daba el romano Serenus Sammonicus para conseguir la inmortalidad. Así, recomendó colgarse en el pecho la palabra Abracadabra, que en hebreo antiguo significa “envía tu fuego hasta el final”.

La diaria

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