Proyecto para conservar las tradiciones culturales panameñas

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Las diversas tradiciones y costumbres de los grupos indígenas, de las comunidades locales y de los afrodescendientes del istmo se condensan en el proyecto Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de Panamá (PCI).
La preservación de las costumbres, las tradiciones, las lenguas y las técnicas artesanales de una nación se guardan en la mente colectiva, y este conocimiento se transfiere de generación en generación, sostiene Manuel Grimaldo, viceministro de Comercio Interior o Industrias, del Ministerio de Comercio e Industrias, gestores de este trabajo.
Esta iniciativa busca documentar estos conocimientos y protegerlos en un marco legal para el futuro, indica Emma Gómez, coordinadora encargada del PCI, iniciativa que se inició en 2011.
Según Gómez, la salvaguardia busca cumplir con un compromiso internacional, ya que todos los países tienen la obligación de preservar su cultura y su folclor.
En Panamá, en 2004, se aprobó la convención de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, 2003), donde los países miembros se comprometen a la custodia, amparo y garantía del PCI de las comunidades y grupos tradicionales, así como la sensibilización local e internacional, dice Grimaldo.
Por eso, plantea, se deben hacer inventarios de “nuestros tenedores o maestros de conocimientos, quienes son los que saben los diferentes aspectos de la cultura”.
La convención también pide que se registre a quienes conocen las lenguas indígenas y las historias que cuentan sobre ellas, añade Simeón Brown, coordinador de contenidos y traductor del proyecto.
Todo el material que recopilen quedará en productos digitalizados e impresos, adelanta Brown.

Para resguardar las tradiciones

Desde los bailes típicos, pasando por la vestimenta tradicional de un baile, hasta llegar a la gastronomía de los grupos indígenas, de las comunidades locales y de los grupos afrodescendientes, quedarán grabados en video, audio, revistas, y en una página web.

Avances

Hasta el momento han abarcado parte de la etnia Emberá y la comarca Guna, menciona Brown.
Aún falta llegar a los Bri Bri, Ngäbe, Naso y Buglé, porque son comunidades en las que hay dificultad por la distancia, y su población es mayor y más dispersa.
De estos puntos, enumera, han investigado sobre la mola, su música y sus dirigentes, entre otros aspectos.
Mientras que en la parte afrodescendiente han revisado datos de Colón y Darién, en temas como la cultura congo. Además, en Yaviza y Garachiné han recogido su folclore, en específico los bailes bunde y el bullerengue, resalta Gómez.
Este año han empezado con los diablos de espejos y los diablicos sucios, ambos relacionados con el Corpus Christi.
De las comunidades locales han recogido las fiestas religiosas y los festivales, porque es allí donde se reúnen las cinco manifestaciones tradicionales: comida típica, artesanos que venden y confeccionan sus productos, la danza y la música.
En este punto han llegado a las provincias centrales, quedando de tarea las provincias de Chiriquí, Bocas del Toro y Veraguas.

Hallazgos

Hasta el momento han encontrado que hay grupos que tienen dificultades en la protección de sus tradiciones, como pasa con los diablitos cucuá de Coclé y Los diablos de espejos de Colón.
El vestuario cucuá se confecciona de la planta del mismo nombre, y solo un reducido grupo de personas interesadas en preservar la tradición ha recuperado las plantas con parcelas que ellos mismos siembran, asegura Valentín Ubarde, de la Asociación Cultural Ecológica y Artesanal de los Cucuá San Miguel centro, Coclé.
Otra de las dificultades a las que se enfrentan es que son pocos los jóvenes que desean aprender sobre estadanza. Aunque dice que en los últimos meses han logrado formar pequeños grupos que la practican.Aunque los cucuá están organizados, necesitan apoyo, reitera Emma Gómez.En cuanto a los diablos de espejos de la provincia de Colón, solo un par de familias preservan esta tradición. “Han hecho esfuerzos para revitalizar y hacer semilleros, pero falta todavía más impulso para evitar que se pierda esta manifestación”, opina Gómez.

Desarrollo

El proyecto se ha desarrollado en dos etapas. La primera es para capacitar a investigadores culturales de cada región (que residen en cada punto), para que hagan el fichaje básico de campo e identifiquen a los “tenedores de conocimiento”, explica Gómez.
Mientras que en la segunda etapa, el personal técnico de investigación y producción visita las comunidades seleccionadas como representativas de mayor riqueza tradicional, para documentar y registrar mediante entrevistas, fotografías, video HD y audio las diferentes expresiones del PCI, detalla Brown.
Este proyecto no es para que empiece y finalice en un período de tiempo equis, sino que debe convertirse en un programa fijo, en una dirección nacional o en un instituto de Patrimonio de Cultural Inmaterial o en un programa permanente de salvaguardia, ya que todo cambia y hay que actualizar la información, sostienen.

La Prensa

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