Voces en las dos orillas de su tierra

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Aun cuando era un Montevideano absoluto, hombre de andar las calles de una ciudad que siempre eligió «porque se puede respirar y caminar, dos derechos que no existen en otras ciudades grandes», Galeano fue adoptado por los argentinos como si fuera propio, entre otras cuestiones porque desde Buenos Aires desarrolló uno de los grandes proyectos intelectuales que lo tuvo como protagonista: la revista «Crisis».

El ex presidente uruguayo, José Mujica, y la ministra de Cultura argentina, Teresa Parodi, hablan sobre Eduardo Galeano

Mujica: “Galeano nos dignificó en América Latina”

“Era intelectualmente brillante, alguien que se hizo a sí mismo”, opinó el ex mandatario. Para Mujica, Galeano fue “un autodidacta que se fue puliendo a sí mismo y masificó una cultura difícil de encontrar en un universitario con todos los títulos”.

Asimismo, lo definió como un hombre “infatigable desde el punto de vista de la inquisición, de averiguar y de poner la oreja a la gente más increíble de este continente”. El senador afirmó así que era “un elegido que en los últimos treinta o cuarenta años nos dignificó en América Latina”.

“Sabíamos que estaba enfermo”, subrayó, agregando que lo visitó en su casa hace poco por “una manía” que, dijo, “ha venido con la vejez de tratar de transmitirle en vida el reconocimiento a cierta gente ilustre, sin ruido y sin pamento”.

Mujica añadió que “uno puede agarrar a historiadores como Carlos Manuel Rama o Carlos Machado y no pueden arropar la batería argumental y la belleza del mensaje escrito que tiene Galeano”. Así, sentenció que “seguramente el verdadero arte es forma y es contenido y Galeano tenía eso”.

El escritor, que falleció este lunes a los 74 años, había dicho a Página 12 al asumir Mujica que era “el presidente que más se parece a lo que somos los uruguayos”.

La República

Teresa Parodi: Las venas abiertas de Eduardo Galeano

Eduardo Galeano escribió desde sus propias venas abiertas el desamparo, la indefensión, la desigualdad, el saqueo de América Latina con dolorido y poderoso acento.Nos dejó clavado para siempre en la memoria su relato estremecido y su posición militante, también comprometida con la belleza, para decir la desesperanza, el genocidio, la historia.
Generaciones de latinoamericanos nos miramos en los espejos de sus palabras y nos reconocemos en ellas. En tiempos de crisis, en tiempos de indefinición, la ambigüedad puede parecerse demasiado a la mentira», escribió, y por cierto no fue ambiguo, no, definitivamente no lo fue. Se jugó desde el verbo y la acción por el tiempo que le tocó vivir con convicción profunda.
Lo sabemos muy bien, y a esta hora del adiós, hacemos la cuenta de lo que nos plantó en el corazón para que no duela tanto.
Le agrademos la intensidad de su escritura luminosa.
Le agradecemos la emoción, libro  adentro, de lo que supo decirnos más allá de las palabras.
Nunca una traición ni un olvido.
Nos ayudó a mirar desde sus hombros la infinitud del todo y a no perder el asombro.
Somos ese mar de fueguitos que seguirán temblando en esta región el mundo.
Cada uno en su luz recordará un fragmento de El libro de los abrazos y buscará consuelo en esas páginas que nunca dejarán de existir.
Hay hombres que marcan su huella para siempre, y uno puede seguir por ella tantas veces como se necesite seguir.
Es una bendita suerte esa.
Qué más se puede decir…

Tiempo Argentino

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