Los charangos se hacen escuchar

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Charango congrega a sus cultores latinoamericanos

El primer encuentro internacional será hoy y mañana en el teatro Carlos Cueva Tamariz con ingreso libre.

El chileno Freddy Torrealba es de esos charanguistas que para hablar de su trayectoria, a veces lo hace en diálogo con la música que sale del rasgueo a su charango “siete lunas y un sol”, que lo estrenará en la ciudad. Es un charango de siete agujeros.

La destreza para rasguear las 10 cuerdas agrupadas en cinco pares lo aprendió con un poco de auto-formación y por sus estudios en una escuela de música. Sus orígenes para llegar al instrumento de cuerda fue la admiración a la versatilidad de su padre que tocaba la guitarra.

El músico chileno es uno de los principales invitados al primer Concierto Internacional de “Charangos de América”, que se efectuará mañana y el jueves, desde las 20:00, en el teatro universitario Carlos Cueva Tamariz. En el evento se tocará música de Ecuador, Bolivia, Argentina, Colombia, Chile y hasta de Brasil.

La cualidad principal de Torrealba en el campo de las artes es que siempre tocó como solista y de vez en cuando acompañó algunos grupos. El oriundo de San Fernando, población campesina del sur de Santiago, detalla la historia del charango. Tocar la vihuela por obligación originó el nacimiento del charango, dice.

Cuando los invasores llegaron a América con militares y sacerdotes forzaron a los indígenas a tocar la vihuela en la misa.

Era la cristianización. Para esa memoria, Torrealba rasga una melodía sacra muy suave y dice Amen, luego señala que el pueblo Aymara de Bolivia dentro de su resistencia se burlaba de ello. Los indígenas se robaron una vihuela y en vez de seguir el tono sacro lo rasgueaban tanto que sonaba a fiesta.

“El charango viene de una región andina con una carga de tradición y en Chile lo adoptó la nueva canción chilena. “Violeta Parra lo llevó a la nueva canción chilena en 1958”, expresa el músico, para quien el alargado instrumento de pequeña caja de madera o caparazón de quirquincho, hueca en su parte interior y de mango con forma de semicilindro que se encuentra unido a la caja, contagió a otros grupos como Quilapayún, Inti-Illimani o Víctor Jara.

Si algo deja bien claro el músico es que el charango no solo sirve para hacer música india, como se lo dice despectivamente, con él se tocan melodías que se conectan con el mundo, porque el charango es rebelde, se reveló cuando la dictadura llegó a Chile en 1973 y este régimen prohibió la música donde suene su rasgueo agudo por considerarlo foráneo. “Pero nosotros porfiados seguimos con esto, y hoy en día en Chile hay miles de charanguistas jóvenes, hombres y mujeres; y en Latinoamérica hay jóvenes enamorados del charango”, afirma Torrealba.

Con una velocidad casi similar al vuelo de un colibrí, así se mueven los dedos de los músicos cuando ejecutan una melodía, da lo mismo interpretar una canción de nuestro Cono Sur o una melodía académica, al fin de cuentas, el charango se puede abrir a la serie de géneros musicales. (BSG)-(I)

DIVERSOS TONOS Y GENEROS

La variedad de tonalidades y géneros caracterizarán los dos conciertos en Cuenca. Junto a los argentinos Patricio Sulliman y el guitarrista Pablo Bau, con Saúl Callejas de Bolivia y Jorge Aguirre, de Ecuador, estarán al aire algunos géneros. De Argentina tocarán milongas, melodías de Astor Piazzola, chacareras, gatos y unas sambas, que es unos de los géneros más representativos de la región rural, dice Patricio Sulliman.

De Bolivia se escucharán algunos bailecitos con huayno, eso vendrá de la versatilidad de Callejas, un hombre que maneja mucho el folclor boliviano e incursionó en la versatilidad del charango y ha interpretado música del mundo. De Ecuador, Aguirre dice que no faltarán los pasacalles, sanjuanitos, capíshcas, y con Alí Medina, un joven charanguero lojano, se escuchará una melodía de Mozart, pero en charango.

Y de Chile con la destreza de Freddy Torrealba sonarán las cuecas, y entre ellas interpretará la polémica “Mar para Bolivia”. A esas sumará las creaciones personales de Torrealba, en las que incluyen ritmos mapuches, milongas y algunas músicas brasileras.

El Mercurio

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