«La población indígena se apropió del proceso electoral como instrumento de lucha»

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«Tenemos un voto antioligárquico»

Dice Edelberto Torres Rivas que lo que tenemos son “democracias malas” ¿es una democracia mala la nuestra?

Sí, hay un malestar con la democracia en torno a varios asuntos. El primero es el de los resultados sociales. En la tradición histórica se ha planteado la igualdad política, que tarde o temprano reduce las desigualdades sociales. Como ocurrió en Europa a finales del siglo XIX y a principios del siglo XX. En nuestros países, porque es un fenómeno latinoamericano no exclusivo de Guatemala, la democracia no ha logrado reducir suficientemente las desigualdades, salvo procesos refundacionales como Ecuador o Bolivia.

El otro malestar es con el diseño institucional, hay mucha inconformidad en varios niveles de análisis. Desde aquellos que plantean pasar de lo plurinominal, como son actualmente los distritos electorales, a distritos uninominales. También aquellos que cuestionan la magnitud de los distritos.

Por ejemplo el de Guatemala tiene 19 diputados y el de El Progreso tiene solo un diputado. Entonces en Guatemala la representación proporcional funciona, porque los partidos que superen el 10 por ciento de los votos logran un representante. En El progreso no, un diputado se puede elegir con el 20 por ciento de los votos y el 80 por ciento de los ciudadanos se queda sin representación. Eso va creando distorsiones en el proceso de la representación. La tercera es la crítica al puro proceso político, la falta de escrúpulos de las élites políticas.

Y el financiamiento electoral es siempre otro de los malestares…

La perversión del sistema político está en el financiamiento privado. Si hace una revisión de los debates de ciencias políticas, todos apuntan a eso: el corazón del problema está en el financiamiento privado. Suele venir de las élites empresariales. El ciudadano ordinario vota por un partido que tiene un programa orientado a la distribución, pero la influencia de las élites empresariales tiende a defender sus intereses y a una política tributaria regresiva. Otra fuente de financiamiento es el crimen organizado, particularmente el narcotráfico. Los que han estudiado el tema estiman que un 25 por ciento de lo que se gasta es un misterio, es una caja negra, pero el grueso del financiamiento proviene de la corrupción. Eso es lo que habría que desmontar.

¿Es imposible de cambiar?

Yo creo que ahora es posible. Ya no plantearse que hay que controlar el financiamiento privado, eso es tratar de meter al tigre en una jaula de hilos de seda, más bien lo que hay que hacer es prohibir el financiamiento privado. Eso empareja la competencia política y desmonta el incentivo para la corrupción.

Yo entrevisté a un diputado que me contaba que el sueldo es sí mucho de Q900 mil en los 4 años, pero para postularlo en el partido, encabezando el listado, le piden Q4 millones. ¿Qué quiere decir eso? Es una invitación a robar, a hacer negocios para resarcirse.

Resulta curioso que la elección en la que menos participación hubo fue en la de diputados de 1994.

¿Será que no nos interesan los diputados?

Hay una inercia presidencialista, pero por el otro lado hay una distorsión en el papel que cumplen los diputados. En el régimen político anterior, ser diputado era un honor, representaba efectivamente los intereses de su departamento. Ahora los diputados son intermediarios en chiquito, lo que se llama una“intermediación adversa”. Ellos resuelven problemas de las ciudadanos, como construir una escuela, dar pelotas o uniformes o pequeñas obras de infraestructura, pero no ofrecen un gran proyecto político transformador. Y la ciudadanía ha respondido a eso, se ha moldeado a ese pensar en corto.

Usted afirma que el voto es racional ¿no engañan los políticos para conseguir votos?

Las personas votan racionalmente, pero votan con racionalidades de corto plazo. Beneficios cortos: fertilizante, una casa, un empleo. Yo no acepto la idea de condenar la participación adversa. Creo que es un voto racional, incluso creo que el clientelismo es más complejo de lo que parece. Lo que se ha ido construyendo en estos años son redes muy sofisticadas de reciprocidad, entonces la clave es que iguala, crea un balance. Por ejemplo los alcaldes y diputados tienen operadores territoriales que son como “brokers” como “corredores”, ellos establecen una relación con la población de un intercambio muy sofisticado. No es simplemente que le estén comprando el voto, ellos también se benefician de esa red.

No es que engañen a la gente, porque la gente no es tonta. Es que se adscriben a redes de intermediación y eso explica lo que nos ilustró Luis Fernando Mack en una investigación que hizo a principios de siglo, él dice “efectivamente hay volatilidad electoral y fluidez de partidos políticos pero hay continuidad de las personas”. El alcalde Medrano es sin duda de lo más corrupto de la historia, pero le ha resuelto mucho más problemas a los vecinos que los otros. Se forjan esas redes que posibilitan que él se traslade de un partido a otro. Eso también explica por qué no hay grandes proyectos políticos: el gran proyecto de la izquierda o de la derecha no existe.

¿En algún momento hemos tenido una discusión real izquierda –derecha?

Yo creo que sí, lo que sucede es que a raíz de la guerra, la “patente” de la izquierda se la apropió la izquierda revolucionaria o marxista, cuando en la historia de Guatemala, en el siglo XX, se pueden ver distintas tradiciones de izquierda. Una de ellas esa revolucionaria de octubre, que fue la que emergió enfrentando a la dictadura y que se mantuvo vigente hasta el año 95, a través del PR, de la URD y otros partidos. Otra son las socialdemócratas, el FUR y el Socialista Democrático. El FUR es muy importante porque en las elecciones de 1970, Manuel Colom Argueta gana la alcaldía, es decir que en algún momento el electorado urbano voto por una propuesta socialdemócrata. La otra tradición es la que proviene del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), la comunista, la guerrillera, que se reinserta en el sistema político con la URNG y los partidos que se han desprendido. En el caso de la derecha también hay muchas matrices. Pero el punto es que la prosciprición de la izquierda en todas sus vertientes también modificó la preferencia de los electores, que no ven a la izquierda como una opción.

Lo que se fue constituyendo más bien fue un campo político antioligárquico, se vota en contra de aquello que representa el status quo, de aquello que representa a la élite blanca, rica y urbana. Los votos por Vinicio Cerezo, por Portillo o por Colom se dan en los mismos lugares, hay zonas que tienen esa vocación antioligárquica y ese el espacio que se están disputando hoy Manuel Baldizón y Sandra Torres.

Portillo ha sido el político que más votos ha recibido en nuestra historia democrática.

Casi ganó en primera vuelta. En Portillo se ve claramente la encarnación de ese voto antioligárquico. A los guatemaltecos nos gusta que les digan sus verdades a los ricos, a los oligarcas. A los que creemos responsables de los problemas de este país.

Usted menciona que la forma de castigar a los políticos es después no votar por ese mismo partido. Sucedió con Portillo, el FRG casi gana en primera vuelta pero a la elección siguiente consiguieron solo 17 por ciento.

Parece ser la ley de hierro del sistema político. Ahora estamos viendo la implosión del Patriota. Allí opera la ausencia de procesos de rendición de cuentas o de revocatoria de mandato, entonces la gente se aguantaba los cuatro años para castigarlos después para votar en contra. Los aniquila con una fuerza electoral.

¿Podemos decir que votan más los indígenas?

En la ciencia política critican mucho la falacia ecológica, por ejemplo que en un municipio más pobre se vote por una opción X, no significa que los pobres voten por esa opción. Lo que se puede documentar es que la población indígena se ha apropiado de los procesos electorales como uno de sus muchos instrumentos de lucha. Así como participan en las consultas ciudadanas y en las protestas, también vota y eligen. Se estima que en el 80 por ciento de municipios mayoritariamente indígenas, los alcaldes son indígenas y ese es un avance importantísimo para la democracia.

Contrapoder

“Democracia y elecciones en Guatemala 1982-2011″

El libro de Ricardo Saénz de Tejada, “Democracia y elecciones en Guatemala 1982-2011″, recoge una minuciosa labor de recopilación e interpretación de las elecciones en Guatemala y de la calidad de la democracia que vivimos, en este periodo, el cual se inicia con la llamada era democrática.

La obra, es un valioso aporte para la comprensión de nuestra realidad histórica y política, proporciona material a los estudiosos de la ciencia política y puede arrojar luces para avanzar en el proceso democratizador de nuestro país, el cual muchas veces nos parece inacabable.

En el libro, encontramos la aseveración de que el desarrollo de elecciones periódicas y confiables, es un componente importante de los sistemas democráticos, el cual por sí solo no garantiza el proceso democrático, sin embargo es indudable que sin un sistema electoral, con elecciones limpias y confiables, la democracia no se alcanza o sufre y se denigra. Además es de resalar que a criterio del autor las elecciones constituyen el momento de participación política más importante para la mayoría de ciudadanos.

El panorama que nos presenta, retrata en forma completa y real, la dinámica partidaria y del electorado guatemalteco, a través de ese periodo, que tal y como interpreta el autor, es muy cambiante, debido a que los resultados electorales son volátiles igual que las alianzas y los partidos políticos en Guatemala, que tienen una vida breve, y entre otras han tenido limitaciones para renovar dirigencias y ampliar bases sociales, por lo que de una forma natural su núcleo va declinando. La que a mi criterio marcó la excepción, fue Democracia Cristiana Guatemalteca, que llegó a tener una estructura fuerte, y desplegada en el interior de la República, además de escuela de cuadros, y un Instituto de Investigaciones.

El autor sustenta la tesis, de que el sistema de partidos y el político no tienen una estructura y una racionalidad basada en posiciones político programáticas de izquierda o derecha, sino que lo que determina el conflicto político en Guatemala, son una serie de factores entrelazados, que tienen un origen histórico social: posiciones de clase, discriminación étnica, lo urbano rural, lo metropolitano frente a todo el país, desprecio desde arriba y resentimiento desde abajo, lo antioligárquico.

Afirma que existe una tendencia conservadora, conformada por personas que sin pertenecer a la oligarquía, tratan de mantener el status quo y son estas tensiones las que marcan y definen los cambios que se dan en las opciones partidarias. También es notoria una tendencia a apoyar opciones autoritarias, lo que podría denominarse “la tentación autoritaria” con la esperanza de que por medio de estas se resolverán problemas tales como la inseguridad. Esto es preocupante, puesto que los que nos descubre es que tenemos una cultura profundamente atrasada en cuanto a concepciones de ciudadanía inclusiva y democracia.

Las páginas de la obra, develan en primer lugar organizaciones partidarias efímeras, los ciclos electorales y los partidos que predominaron en estos, la participación por regiones, tendencias geográficas y por aspectos sociales y culturales del voto, algunas de ellas definidas históricamente y que responden precisamente a las tendencias conservadoras y antioligárquica, así como a las etapas históricas de Guatemala.

También resalta que históricamente las poblaciones urbana e indígena son las que más votan, describe etapas claves del sistema electoral, reacomodos del sistema político, los cambios de paradigma y de orientación, las candidaturas proempresariales y las de raigambre popular. Es interesante comprobar como el oriente del país casi siempre apoya candidaturas de tendencia derechista y el occidente, sur y noroccidente apoyan las opciones más hacia el centro y la izquierda. Un aspecto interesante es como va emergiendo la tendencia del voto diferenciado de parte de la población, lo cual es congruente con el desencanto por el sistema y con un esfuerzo desde los votantes por lograr una mejor escogencia de dirigentes.

La Hora

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