Entrevista exclusiva de NodalCultura a Luis Vignolo (Uruguay): «El Atlas de la Patria Grande hay que hacerlo. La cartografía de la unidad está pendiente»

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Por NodalCultura desde
San Miguel de Tucumán
Luis Vignolo es un ensayista y militante uruguayo, que tiene muy presente -y así lo hizo patente en su exposición en el marco del Foro Nueva Independencia- la trascendencia de las regiones que preexisten y persisten bajo las estructura de los Estados Nación en la región. Director general de la fundación Vivian Trías, de quien rescatan su posición de “latinoamericanizador” del pensamiento nacional y popular, lo que lo constituyó como una figura nacional y latinoamericana.

Al finalizar su presentación, junto a referentes de las diferentes regiones de Argentina, en una propuesta de pensar la Patria Grande y las Patrias Chicas desde la perspectiva de la diversidad de puntos de vista e historias particulares, Vignolo conversó con NodalCultura

Partiendo de la idea tensión entre las regiones y las naciones que se hizo presente en la mesa “Pensar la Argentina desde las regiones. Nación, federalismo e interior. Las provincias y las ciudades. Historia, identidades y modelos de desarrollo. ¿Qué nos puede decir al respecto?

A mi me deslumbró lo que escribió el argentino Lisardo Sánchez respecto de esta relación entre las regiones y el estado Argentino que hay una Argentina Rioplatense, una Argentina Paraguaya, una Argentina Chilena, una Argentina Boliviana y Peruana. Él dice algo así como Argentina está donde está y está donde no está. Está en sus países vecinos y sus países vecinos están en la Argentina. Lo cito libremente, pero esta es la idea.

Como uruguayo, como federal artiguista oriental, tengo experiencia de este vínculo transcultural fronterizo. Entre lo que hoy es Uruguay y la Argentina rioplatense, tanto Buenos Aires, como Entre Ríos, Corrientes, Misiones, se da una experiencia cultural, existencial, emocional, esta co pertenencia a través de las fronteras políticas de la patrias chicas que nos legó la balcanización.

Creo que es clave para nuestro destino recuperar la visión acerca de la existencia de estas regiones trans fronterizas, binacionales y trinacionales preexistentes a la balcanización y existentes aún hoy. Siguen existiendo como fuerzas operativas, como núcleos económicos, culturales y sociales aún hoy.

En los últimos años hemos observado que ha habido una recuperación de las culturas que en la mayoría de los casos no se relacionan con los estados nacionales y sus fronteras, sino con regiones y grupos sociales que exceden esas fronteras. ¿Qué lugar tienen las culturas en la recuperación de esas regiones en esta tensión que plantea?

Siempre tendremos tensiones entre la unidad y la diversidad, sea desde dónde sea que lo miremos. No solo cuando pensamos en el estado y las regiones, sino en cualquier forma de socialización humana, existe esta tensión que es entre lo que nos une y nos diferencia. Lo que me preocupa es que las políticas dirigidas a lo local, a lo regional y a la diversidad y pluralidad puedan ser utilizadas, y a veces creo que lo son, como instrumentos para propiciar una nueva y más profunda balcanización. Y eso a pesar de las intenciones de los protagonistas, que no son ni siquiera remotamente conscientes de tal instrumentalización. Eso no los exime de responsabilidad. El ejemplo patente es el caso de las entidades que pueden ser regionales, provinciales, departamentales o municipales que tienen con el máximo poder militar del mundo acuerdo de cooperación. Eso es un chiste. Son eufemismos que disfrazan los mecanismos de dominación imperial. Por más que puedan presentarlo como ayuda humanitaria o prevención de catástrofes o mecanismos de protección de la biodiversidad, no son más que mecanismos groseros de dominación imperial.

Eso es lo que no nos debemos permitir. Y no lo digo para que pretendamos homogeneizar indebidamente nuestras sociedades ni mucho menos nuestras experiencias culturales. Simplemente reconociendo que cualquier apoyo a la diversidad y a la pluralidad y a las particularidades de lo local, debe estar antecedido por la garantía de nuestra existencia. Si nos suicidamos es seguro que no vamos a poder defender ni la diversidad, ni la originalidad, ni la pluralidad, ni los desarrollos locales.

¿En estos doscientos años, cuál es la persistencia de lo regional? ¿Cómo y dónde se advierte la aparición de lo regional en el contexto de los Estados Nación?

Yo prefiero contestarte al revés. Hemos invisibilizado tanto a las regiones, que cuando yo estaba preparando esta presentación reflexionando sobre estas regiones transfronterizas de las que te he hablado, le escribí a mi amigo el geógrafo argentino Néstor Gorojovsky, que es premio nacional de geografía en su país, para preguntarle con ingenuidad cuáles son los mejores mapas de estas regiones humanas, sociales, económicas, culturales, transfronterizas, binacionales o trinacionales en América Latina. Pensé que era una pregunta trivial para alguien tan versado como él. Pasados una semana o diez días sin respuesta pensé que se había olvidado. Pero muy poquito antes de venir al foro me respondió diciéndome: “Estos mapas hay que hacerlos”. El Atlas de la Patria Grande hay que hacerlo. La cartografía de la unidad está pendiente. Estamos necesitando el Humboldt de la Patria Grande.

Entonces yo creo que es al revés, eso existe, pero no lo vemos. Tanto es así, que ni siquiera lo registramos en los mapas. No tenemos la más elementales representaciones de las mismas. Desde este particular punto de vista, el descubrimiento de América todavía no comenzó. Lo tenemos que hacer nosotros. Nos tenemos que descubrir desde nosotros mismos.

¿Cuánto aporta la arquitectura institucional de la integración en la región en este sentido?

No nos podemos quejar de que existan todas ellas: Mercosur, Unasur, Aladi, Celac. Muchos querríamos que fuese mucho más potente el avance a partir de esa institucionalidad integracionista. Es evidente que falta muchísimo, pero yo creo que es evidente que falta un aporte considerable. Tendremos que forzarnos para lograr que esos aportes sean mayores. Se han hecho muchos avances en la última década en materia de cooperación política, y eso es bueno, eso era necesario respecto de un enfoque extremadamente economicista en el mal sentido del término. El protagonismo del mercado era el fundamental. Aunque nunca fue sólo protagonismo del mercado, porque sin los acuerdos políticos de los estados, no hubiera existido Mercosur ni nada. Ahora bien, los avances políticos que se han hecho en los últimos años, que han permitido contener crisis importantes en Ecuador y Bolivia por ejemplo, no han estado acompañados por avances en la construcción de la base material de la integración. Y sin base material de la integración, no hay integración. En algunos casos, no solo ha habido avances, sino incluso retrocesos. Y eso lo debemos reconocer para solucionarlo, no para rasgarnos las vestiduras, ni ponernos en contra de la integración. Tenemos que reconocer los problemas para abocarnos a su solución.

El contexto de la avanzada de la restauración conservadora que se vive en varios de los países de la región ¿permite pensar en una fuga hacia adelante en términos de integración como política para detener tal avanzada o los gobiernos se repliegan sobre sí mismos, sobre la propia cuestión nacional para recomponer su propia base de poder interna?

Eso está pasando. De hecho la respuesta de muchos países es concentrarse en las batallas internas. Entre comillas, en las batallas nacionales. Eso en más de una ocasión no favorece la integración. Específicamente no favorece la construcción de la base material de la integración. Eso que habitualmente se refleja en el intercambio comercial y especialmente en todos los elementos infraestructurales. Me da la impresión de que el principal desafío que estamos enfrentando es que el capitalismo globalizado y el imperio norteamericano, asediado en su hegemonía, están lanzando una ofensiva gigantesca de alcance casi mundial. El tratado trans Pacífico, el tratado trans Atlántico y el TISA, del que Argentina y Brasil no participan pero al que le deberían prestar atención que ya que Uruguay y Paraguay son miembros plenos del Mercosur y no sabemos si es compatible con la normativa de esta organización, son acuerdos plurilaterales que representan el modo de reconfiguración de la periferia del centro que es EEUU. Que por otra parte no está pensando ni siquiera en nosotros. Hoy somos una parte del “patio trasero” ampliado que ahora incluye a Europa y la región de Asia Pacífico. Esa reconfiguración de esa vieja y nueva periferia norteamericana, este nuevo “patio trasero” esta en función no ya de su dominación sobre nosotros, sino en función de su competencia con China y con Rusia, quienes también pugnan por configurar sus propias periferias. Es en esa escala de lucha de poder mundial y de irrupción de las exigencias de las trasnacionales por encima de los derechos de los Estados y las democracias y cualquier tipo de derecho internacional, la mayoría de nuestras disputas son insignificantes, ya que son mayoritariamente ajenas a estos desafíos, que son los verdaderos desafíos que nos impone la situación mundial.

 

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