«Las ruinas de México (Elegía del retorno)» la poesía de José Emilio Pacheco y la ciudad destruída

MƒXICO, D.F., 13OCTUBRE2011.- El escritor JosŽ Emilio Pacheco acudi— al Colegio de MŽxico, donde fue galardonado con el Premio Alfonso Reyes. En la imagen, el poeta durante su ponencia. FOTO: ISAAC ESQUIVEL/CUARTOSCURO.COM
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En Contexto
El terremoto de México de 1985 ocurrió a las 07:17 del jueves 19 de septiembre de 1985 y alcanzó una magnitud de 8.1. Ha sido el más devastador de la historia del país. Afectó en particular a su capital, México DF. El número preciso de muertos nunca se conoció y sólo existen estimaciones que alcanzan los 20.000. Los daños materilaes fueron calculados en 8 mil millones de dólares, 250.000 personas sin quedaron sin casa y 900.000 que tuvieron que abandonar sus hogares

(Lo que sigue es un fragmento de Las Ruinas de México, poema elegíaco de incluido en el libro «Miro la tierra», publicado en 1987)

1

Absurda es la materia que se desploma,
la penetrada de vacío, la hueca.
No: la materia no se destruye,
la forma que le damos se pulveriza,
nuestras obras se hacen añicos.

2

La tierra gira sostenida en el fuego.
Duerme en un polvorín.
Trae en su interior una hoguera,
un infierno sólido
que de repente se convierte en abismo.

3

La piedra de lo profundo late en su sima.
Al despetrificarse rompe su pacto
con la inmovilidad y se transforma
en el ariete de la muerte.

4

De adentro viene el golpe,
la cabalgata sombría,
la estampida de lo invisible, explosión
de lo que suponemos inmóvil
y bulle siempre.

5

Se alza el infierno para hundir la tierra.
El Vesubio estalla por dentro.
La bomba asciende en vez de caer.
Brota el rayo en un pozo de tinieblas

6

Sube del fondo el viento de la muerte.
El mundo se estremece en fragor de muerte.
La tierra sale de sus goznez de muerte.
Como secreto humo avanza la muerte.
De su jaula profunda escapa la muerte.
De lo más hondo y turbio surge la muerte.

7

El día se vuelve noche,
polvo es el sol,
el estruendo lo llena todo.

8

Así de pronto lo más firme se quiebra
se tornan movedizos concreto y hierro,
el asfalto se rasga, se desploman
la vida y la ciudad. Triunfa el planeta
contra el designo de sus invasores.

9

La casa que era defensa contra la noche y el frío
la violencia de la intemperie,
el desamor, el hambre y la sed,
se reduce a cadalso y tumba.
Quien sobrevive queda prisionero
en la arena o la malla de la honda asfixia.

10

Sólo cuando nos falta se aprecia el aire,
cuando quedamos como el pez atrapados
en la red de la asfixia. No hay agujeros
para volver al mar que era el oxígeno
en que nos desplazamos y fuimos libres.
El doble peso del horror y el terror
nos ha puesto
fuera del agua de la vida.

Sólo en el confinamiento entendemos
que vivir es tener espacio.
Hubo un tiempo
feliz en que podíamos movernos,
salir, entrar y ponernos de pie o sentarnos.
Ahora todo cayó. Ha cerrado
el mundo sus accesos y ventanas,
Hoy entendemos lo que significa
una expresión terrible:
sepultados en vida.

11

Llega el sismo y ante él no valen
las oraciones ni las súplicas.
Nace de adentro para destruir
todo lo que pusimos a su alcance.
Sube, se hace visible en su obra atroz.
El estrago es su única lengua.
Quiere ser venerado entre las ruinas.

12

Cosmos es caos pero no lo sabíamos
o no alcanzamos a entenderlo.
¿El planeta al girar desciende
en abismos de fuego helado?
¿Gira la tierra o cae? ¿Es la caída
infinita el destino de la materia?

Somos naturaleza y sueño. Por tanto
somos lo que asciende siempre:
polvo en el aire.

Fuente: Pacheco, José Emilio, Tarde o temprano. Poemas 1958 – 2009, Fondo de cultura económica, México DF, 2009
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