Entrevista exclusiva a la politóloga Chantal Mouffe

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Por Tomás Forster

Los próximos 6,7 y 8 de octubre, se realizará el encuentro titulado “El pueblo y la política”, en el que se homenajeará al teórico político argentino, Ernesto Laclau. La actividad, organizada por el Ministerio de Cultura, a través de la Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, se desarrollará en el Centro Cultural Kirchner (CCK) ubicado en la Ciudad de Buenos Aires. Algunos de los expositores que participarán del evento serán: el vicepresidente boliviano Álvaro García Linera; el dirigente de Podemos Íñigo Errejón; la diputada chilena Camila Vallejo; la política alemana Katja Kipping; el titular de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA), Martín Sabbatella; y Chantal Mouffe que escribió con Laclau el emblemático Hegemonía y Estrategia Socialista –que este año cumplió las tres décadas-, devenidos ambos en referentes de la renovación del pensamiento de izquierdas, inspiradores de los procesos de transformación en curso en Latinoamérica y de las alternativas que emergieron en los últimos tiempos en Europa.

Protagonista en la gestación de las jornadas dedicadas al autor de La razón populista, Mouffe dialogó con Nodal Cultura. La también autora de El retorno de lo político, que recientemente mantuvo un diálogo con Errejón plasmado en el volumen titulado Construir Pueblo, se explayó sobre los sentidos del inminente homenaje, se refirió a la trascendencia de Laclau, evocó el vínculo que mantuvieron, retomó algunos elementos fundamentales de su legado teórico y analizó el escenario político actual en América Latina y Europa.

¿Qué significado tiene, para usted, la realización de la actividad-homenaje a Ernesto Laclau?

Es particularmente importante que se haga en esa fecha porque el 6 de octubre Ernesto hubiera cumplido 80 años. Era, también, muy importante que no fuera un coloquio académico tradicional. Será, más bien, una celebración de su vida, del impacto que tuvo y tiene y eso se expresa en la gente de diversa índole que va a participar. Hay viejos amigos de Argentina y de Europa, gente que estudió con él y otros que no lo pudieron conocer pero fueron influenciados por su obra teórica y su pensamiento político. Y no se tratará de hacer discusiones muy técnicas, sino más bien de hablar de la importancia que tuvo y tiene la obra de Ernesto en varios campos y países. Simbólicamente es muy importante que el homenaje se pueda hacer en el CCK; Ernesto hubiera estado muy contento. Tengo muchas expectativas de lo que pueda resultar. Creo que hemos logrado juntar una cantidad y calidad de gente muy interesante: políticos y teóricos. Otra cosa que va a haber el primer día es la presentación de un número especial de la revista Debates y Combates –que es la revista que creó Ernesto- que gira en torno a la obra de él.

El sentido de esta actividad vincula lo intelectual, el debate de ideas, con una dimensión más concreta del quehacer político, ¿se buscó recrear en la actividad esa complementariedad que se puede percibir en el itinerario de Laclau y en la obra conjunta que realizó con usted?

La obra de Ernesto, y también la obra conjunta que llevamos adelante, tuvo repercusión no sólo en un nivel teórico o académico, sino también en un plano más político. Ahora, por ejemplo, se habla mucho de la influencia que tuvo Hegemonía y estrategia socialista para Podemos. Para alguien que hace teoría política no puede haber cosa más importante que ver como las ideas que uno mismo desarrolla a nivel teórico son llevadas al ejercicio concreto de lo político. Estoy muy triste porque Ernesto falleció justo en el momento en el cual estaban surgiendo alternativas como la de Podemos en España o la de Syrisa en Grecia o ahora, más recientemente, Jeremy Corbyn en Inglaterra, y no pudo ver todo eso proceso. Todavía tengo el reflejo de pensar, cuando leo una noticia importante, “ah, tengo que decírselo a Ernesto”, porque yo sé que le hubiera interesado mucho.

¿Cómo era ese intercambio cotidiano sobre el día a día del acontecer político?

Hace poco, cuando fueron las elecciones en Grecia, estuve un rato largo pendiente de los resultados y me hacía mucha falta Ernesto porque yo sabía que hubiéramos estado los dos prendidos a las novedades y comentando lo que iba pasando. O cuando anunciaron la victoria de Corbyn en las primarias del Partido Laborista. ¡Todo este año pasaron cosas tan interesantes! Fue una lástima profunda no poder compartirlo con Ernesto.

Tanto la obra de Laclau como la suya, y la que elaboraron juntos, formaron parte destacada del debate político-intelectual que se dio en América Latina. Sobre todo en lo que se refiere a la discusión sobre el populismo y a la construcción de una hegemonía de las mayorías populares. ¿Cómo analiza ese vínculo de Laclau con Argentina y la región?

Para Ernesto, lo que pasó en Argentina con Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner fue algo muy impresionante. Y también lo de Venezuela con Chávez. Toda la experiencia latinoamericana, marcada por esta era de gobiernos nacionales y populares, fue muy impactante. Yo también tenía y tengo una ligazón significativa con América Latina porque viví seis años en Colombia. Ernesto siempre estuvo interesado en combinar la militancia y la reflexión. Cuando estaba en Argentina, antes de irse a Inglaterra, tenía un papel muy activo en la llamada izquierda nacional. Y luego, en Inglaterra, siempre buscó ligar la teoría con la realidad política. Hegemonía y estrategia socialista es un libro, a la vez, teórico y político o, dicho al revés, es un libro político y teórico porque lo que nos motivó a escribirlo era que nos estábamos planteando problemas políticos: cómo era posible que todos los nuevos movimientos como el feminismo o las minorías sexuales no eran integrados por la izquierda tradicional. Fueron hechos políticos lo que nos motivaron a preguntarnos, ¿cuáles son los obstáculos teóricos que existen en el marxismo para no considerar la importancia de los nuevos movimientos? Eso nos llevó a insistir sobre el hecho de que las identidades no son dadas, sino que son construidas, a ver más allá del esquema clásico de la lucha de clases. Tanto para Laclau como para mí las preguntas teóricas siempre surgían a partir de una situación política que nos interesaba entender.

¿Cuáles son los puntos de contacto entre las producciones teóricas que tanto Laclau como usted realizaron individualmente con la que elaboraron entre los dos?

Tuve mucha suerte de haber encontrado a Ernesto porque era un compañero con el que teníamos muchos intereses en común. Después de Hegemonía y estrategia socialista, salvo uno o dos artículos, no escribimos juntos, porque creíamos que era importante que cada uno siguiera desarrollando su propia obra. Ernesto se dedicó más a América Latina y yo más a Europa. Él Se sentía más inspirado para escribir sobre América Latina. Étienne Balibar, filósofo marxista francés, que hizo la introducción de Hegemonía y estrategia socialista cuando se tradujo al francés, habla de tres personas: esta, por una parte, Ernesto Laclau con su obra, Chantal Mouffe con la suya, y después está Laclau-Mouffe, como si fuera una tercera personalidad. No hay ningún conflicto con lo que cada uno hizo, pero son cosas distintas, y después está esa parte conjunta. Teníamos un punto en común y al mismo tiempo cada uno tenía su identidad construida. Afortunadamente, siempre estábamos de acuerdo en la mirada política. Nunca tuvimos una discusión por un evento político, siempre compartíamos el mismo punto de vista, la misma sensibilidad. Si no hubiéramos estado tan de acuerdo no hubiéramos podido vivir juntos, porque los dos estábamos tan apasionados por las ideas políticas que no hubiéramos funcionado como pareja si no teníamos una perspectiva común como la que afortunadamente tuvimos.

La palabra populismo no goza de buena publicidad y suele ser denostada por los medios de comunicación dominantes, buena parte del campo académico y el arco político. ¿En qué medida Laclau y usted propusieron cuestionar el sentido peyorativo que suele tomar ese término?

Hay que recuperar, reivindicar y resignificar esa palabra. Hay que hacer con la palabra populismo lo mismo que se hizo con la palabra democracia. Al final del siglo dieciocho, la palabra democracia significaba lo peor, era casi un insulto. Un grupo de gente resignificó eso, se identificó con esa idea y ahora todos quieren ser demócratas: los que realmente creen en ella y los que se maquillan como tales porque saben que es una palabra socialmente aceptada. Creo que con la idea de populismo hay que hacer lo mismo que hicieron aquellos primeros demócratas: defenderla e identificarse con ella. Tanto Ernesto como yo, hemos dicho, que hay una dimensión populista en la democracia y pensar a la democracia sin esta dimensión no es realmente democrático porque la democracia sin pueblo no es democracia; y la construcción del pueblo es la dimensión populista propia de la democracia. Es el conflicto entre dos tradiciones: la liberal y la democrática. Se puede ver toda la historia de las luchas populares a través de la lucha entre esas dos variantes con pocos momentos en los que se complementan. En las últimas décadas, la hegemonía neoliberal generó un predominio total de la tradición liberal y la dimensión democrático-popular fue considerada obsoleta y arcaica. Esa es la razón por la que hay una hostilidad tan grande en la izquierda tradicional europea hacia las experiencias nacionales-populares de América Latina como, por ejemplo, el rechazo al chavismo, o artículos contra Evo Morales que primero le tenían simpatía con la cosa del indígena, el exótico, y no lo atacaban tanto pero últimamente leo cosas muy críticas sobre él. O contra Correa también. Por otra parte creo que, en este momento, hay una fuerte ofensiva destituyente contra los gobiernos nacionales y populares: en contra de Venezuela, o el intento de impeachment contra Dilma Rousseff…están tratando de encontrar otras maneras de sacarlos porque no pueden por la vía electoral. En Ecudor, la “izquierda” y la derecha se unen contra Correa. No quieren tomarse la molestia de esperar a las elecciones porque saben que no van a ganar.

 A partir del retroceso que se vivió en Grecia, con la subordinación de Tsipras al nuevo paquete de ajustes que le impuso el poder financiero europeo con el gobierno alemán a la cabeza, ¿cree que eso pueda generar un impacto negativo en el resto de los países donde surgieron alternativas a la austeridad como en España con Podemos?

En la medida en que los griegos lograran mostrar que sí había una alternativa a la austeridad eso iba a reforzar a Podemos. Por eso el gobierno de la derecha española era uno de los más duros, en la Unión Europea, contra los griegos, porque sabían que el éxito de Tsipras iba a afectar su situación. Realmente, pusieron a Tsipras entre la espada y la pared porque él sabía que la mayoría de los griegos no querían dejar la Unión Europea. No coincido para nada con la gente que lo acusa de haber traicionado. Tsipras no tenía alternativa. La situación es muy dura pero hubiera sido mucho peor para Grecia quedar afuera. Hay una lección que tenemos que sacar de esto: si una fuerza política pretende luchar contra la hegemonía neoliberal, hay que organizar un movimiento a nivel europeo porque un país solo no va a cambiar las relaciones de fuera. Hay que generar un populismo de izquierda europeo y lo de Corbyn en Inglaterra abre una nueva esperanza en ese sentido. La única alternativa de lucha contra el populismo de derecha es a través del populismo de izquierda. No es el Partido Socialista el que va a derrotar a Marine Le Pen. Hay que movilizar las pasiones en otras direcciones. No basta con la crítica moral ni racional. Una de las grandes fuerzas, en política, son los afectos. Eso es algo que entendió Podemos en España y es uno de los puntos que enfatizamos en el diálogo con Iñigo Errejón. En ese sentido, el kirchnerismo ha logrado generar esa mística. Hay un fervor que se ve en los jóvenes que es muy impresionante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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