Un poeta inmerso en la gestión cultural

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“En la madurez voy a tener de qué reírme”

Luis Franco (Santa Elena, 1988) ha publicado tres libros de poesía y participado en dos antologías. En agosto fue nombrado ganador en el género poesía dentro de los Juegos Florales Hispanoamericanos 2015 (Guatemala), en el marco de la Feria Centroamericana La Independencia 2015. El poeta argentino Hugo Francisco Rivella, como jurado, reconoció en la obra de Franco “una poesía como búsqueda y respuesta, como canto. Lo sublime. Versos largos y sostenidos por una musicalidad que no decae en todo el libro. Hurga en las raíces hasta llegar al hombre. Siempre. A la identidad que lo sostiene. El regreso de la palabra. La pregunta por responder y abismarse. Una poesía que indaga en el yo latinoamericano. En el yo que es un nosotros. ‘Detrás los pájaros’ es un canto a la libertad. La poesía como libertad”.

Ha publicado hasta ahora tres libros individuales y ha colaborado en varias antologías y sigue participando en concursos literarios, ¿no ve como un riesgo esta publicación temprana?

Te has preguntado ¿por qué respirar y no dejar de hacerlo o tal vez darse tiempo para respirar pausadamente, casi con desidia o moderación? No. Es que la poesía en mi vida es como la respiración, uno no la pide, uno no la exige, uno no la impone, uno la asume, la recibe tal cual para poder vivir. Es así. Casualmente, antes de esta entrevista estaba leyendo una pequeña reseña sobre la vida de Virginia Woolf que se abría con un epígrafe tomado de una carta que esta le enviara a la poeta Vita Sackville-West donde manifestaba “Escribo deprisa. En un solo parpadeo. Y luego pienso: gracias a Dios que ya ha pasado”. Y la entiendo. Entiendo cuando dice que la escritura es un acto de no regresar atrás. No sé si mi poesía es buena, no sé si le gusta a todo el mundo, de eso no me encargo yo, para eso hay gente especializada, para cortarle el rostro a uno. Y no me preocupa en lo más mínimo. ¿Crees que no me he preguntado sobre mi poesía y no me he autocuestionado? Lo hago muy a menudo y siempre me humillo. Lo hago siempre y siempre con más rudeza. Pero asumo el riesgo porque no me interesa dejar de respirar, acojo este defecto como un recurso de salvación. Ahora por los premios, eso tendrías que preguntarle al jurado. Ahí no me meto. Si no hubiera gustos no se vendieran las telas.

¿Le interesa tener una obra de juventud?

Nunca busqué eso. Se fue dando. Es interesante saber que cuando llegue a la madurez voy a tener algo de qué reírme.

Actualmente, en ciudades como Guayaquil y Quito hay mucho ruido en trabajos poéticos, hay cartoneros publicando, y la gente difunde su trabajo en redes. ¿Le hace daño eso al movimiento literario? ¿En la península se logra más silencio?

Las redes sociales y los blogs, las cartoneras, las nuevas editoriales son esa puerta que necesitábamos para salir del canon, procurar diversidad y empezar a leer autores que nunca antes habíamos leído, arriesgarnos a la lectura desde la perspectiva de lo novedoso. Es hermosa toda esta cartografía poética y no le hace daño a nadie, pero si alguien se sintiera aludido, que haga clic y cierre esa puerta. En la península no pasa así, creo que no hay que preocuparse, ya sabrán de ella.

Los mitos están hechos para que la imaginación los anime, decía Albert Camus en El Mito de Sísifo, y en Santa Elena hay mucho de eso. ¿De alguna forma se vincula en su escritura?

No es la mitología peninsular en su mayor parte la que interviene en mi poemario, sino más una voz yoruba (tema que vengo trabajando en conjunto con mis amigos Yandy Morejón y Rubén Ramírez Rodríguez) que habla desde el exilio, desde el abandono.

Francisco Rivella hace referencia a la sonoridad sostenida de su trabajo en ‘Detrás, los pájaros’. ¿Cómo trabaja la imagen en sus versos, qué peso tienen la imaginación, la imagen y la sonoridad en su obra?     

En la escritura, como dijo Gonzalo Rojas al hablar de su poética, “te encuentras que a lo largo de ella existe esa trepidación un poco diastólica y sistólica de quien se paraliza y asfixia un poco, y después se desvía”. Así mismo, sin nada más que la voracidad que la circulación sanguínea propicia.

En su poemario ‘Detrás, los pájaros’ trabaja una especie de diálogo con claves de antífona con Camus y Adorno, ¿Por qué no herir a T. W. Adorno?

El porqué no herirlo es una broma, algo que se le juega a un nombre importante para restablecer nuevos horizontes. Y trazar desde ahí una propuesta que caiga boca arriba o bocabajo siempre es una suerte que caiga y que no quede flotando.

Publicado en El Telégrafo

 

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