Una muestra del artista cubano Wilfredo Lam se presenta en París

La muestra ofrece un recorrido de casi trescientas obras -pinturas, dibujos, grabados, cerámicas- completado con archivos, documentos y fotografías.

Esta exposición repasa la génesis del trabajo y las etapas y condiciones de acogida e integración progresivas de una obra construida con paciencia entre España, París-Marsella y Cuba, dentro del corpus del arte moderno canónico, subrayan especialistas de la institución cultural.

En las salas del Centro Pompidou se presenta una de sus creaciones más conocidas, «La Jungla» (1943).

La retrospectiva sobre el artista puede disfrutarse hasta febrero de 2016, una oportunidad excepcional para deleitarse con el talento de un cubano que traspasó ampliamente las fronteras de su tierra natal. La muestra viajará al museo Reina Sofía de Madrid en abril y después al Tate Modern de Londres.

Lam es considerado el más universal de los pintores de la mayor de las Antillas. Introdujo la cultura negra en la pintura cubana y desarrolló una renovadora obra que integra elementos de origen africano y chino presentes en la nación caribeña.

Durante su estancia en la llamada Ciudad Luz, conoció al español Pablo Picasso, con quien sostuvo estrecha amistad. Este lo introdujo en el mundo artístico parisino, en el que intimó con André Breton -ideólogo del surrealismo-, y con reconocidos poetas y escritores europeos.

Logró insertarse en los círculos más selectos de las vanguardias artísticas de la primera mitad del siglo XX.

La más completa colección de Arte Cubano puede hallarse en Museo Nacional de Bellas Artes, el único del mundo con una sala dedicada solo a Wifredo Lam, donde se exhiben obras de primerísimo nivel, como La silla.

Publicado en Juventud Rebelde

París redescubre un cubano ilustre

Deslumbrante en su ar­quitectura posmoderna, con sus inmensos blo­ques aerodinámicos que desafían el espacio, el Centro Cultural Pompidou, en la capital francesa, acoge ahora la mayor retrospectiva dedicada al cubano Wifredo Lam (1902-1982) desde su muerte, a través de una muy completa panorámica que abarca la totalidad de su producción integrada por 400 lienzos, ilustraciones, fotografías y documentos privados.

La exposición parte de lo que la crítica ha caracterizado como “sombrío academicismo his­panizante que caracterizó su principio como pintor” hasta su esencial etapa poscubista que logró exponer en el newyorquino, consagratorio MoMA y otros grandes mu­seos.

Revisitar a Lam en esta inmensa y completa muestra equivale a situarlo en su justo pe­destal, a parangonarlo con los emblemas de la vanguardia del siglo pasado, aunque nun­ca alcanzara el estatus de los Picasso, Bra­que o Léger, con quienes entabló amistad en el París de los años 30, en sus finales.

Amén de su indiscutible universalidad y altura estética a toda prueba, la relación de nuestro paisano con la Ciudad Luz justifica el protagonismo que ahora le concede uno de los focos culturales más significativos aquí, al ubicarlo en todo un piso que, dicho sea y no de paso, bulle en visitas ininterrumpidas: Lam estuvo exiliado en España y en Francia antes de volver a su Cuba natal al estallar la Se­gun­da Guerra Mundial.

Vindicador de lo afrocubano, multicultural en su poética, dialogante con la realidad que lo enmarcara donde quiera que estuvo, Lam re­gala una variopinta obra donde sus ancestros chi­nos confluyeron con sus fluidos (in­ter)nacionales en todas y cada una de sus etapas y manifestaciones. En este amplio espectro sobrecoge tanto la monumentalidad de La jungla (1943), como singulares guiños a Matisse, Gauguin y Picasso de años anteriores.

Admirablemente curada, rica en su variedad y vastedad, la exposición estará disponible hasta febrero del próximo año para franceses y turistas de todas partes que llegan aquí a inundarse con su exclusivo esplendor, incluyendo sus muchos tesoros culturales.

Publicado en Granma
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