Máxima Apaza (Bolivia)

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Por NodalCultura desde
San Miguel de Tucumán
En el marco del Foro Nacional y Latinoamericano, dialogamos con la dirigente aymara Máxima Apaza antes de su participación en el panel sobre Género, Política y Movimientos Sociales que compartió junto a dos luchadoras argentinas: la presidenta de la asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, y la líder de la organización Túpac Amaru, Milagro Sala (Ver crónica).

La actual senadora del Estado Plurinacional de Bolivia y referente de la Confederación Nacional de Mujeres Juana Azurduy de Padilla es portadora de un camino militante en la que sobresalen su desempeño como líder alfabetizadora y una decidida auto-superación frente a una historia de vida en la que tuvo que romper las cadenas de la violencia machista que la oprimió tanto en su hogar paterno como en su relación matrimonial.

Desde 1987, cuando fue fundadora de la Federación de Mujeres de El Alto, Apaza desarrolla una constante actividad política y social que tiene sus ejes vertebrales en el cuestionamiento al patriarcalismo y la denuncia de la discriminación de siglos contra los pueblos originarios. En su primera visita a la Argentina, analiza el rol de las organizaciones sociales y de la mujer indígena en el proceso político en curso que vive Bolivia, critica el rol de los medios de comunicación dominantes y resalta las transformaciones que realizó el gobierno de Evo Morales, entre otros temas.

¿Qué impresión tiene de su visita a la ciudad de Tucumán para participar en el Foro Nacional y Latinoamericano?
En Argentina me hacen sentir muy querida. No percibo la discriminación, la marginación. Eso me hace pensar que estoy rodeada de gente que lucha contra la exclusión, que reconoce a los pueblos indígenas y me siento muy emocionada de haber venido hasta acá, de estar presente en este encuentro.


¿Qué importancia le otorga a este tipo de iniciativas que nuclean a distintos protagonistas, representantes y pensadores de América Latina y el mundo?
Por primera vez participo en un encuentro de esta dimensión. Tengo muchas ganas de escuchar, de conocer otras miradas y las distintas expresiones de lucha que existen en los países de nuestra región. Como mujer aymara pienso que una cosa es contar y otra es vivirlo. Pero, si yo te cuento a ti o tú cuentas a otro, cuando cuentas lo que has vivido en carne y hueso tiene una expresión diferente porque hablas con el corazón. Como países latinoamericanos tenemos similitudes y diferencias. No sé hasta que dimensión en Argentina las organizaciones sociales se organizan para luchar por sus derechos, para participar y no ser discriminados. En Bolivia, esa forma de participación colectiva es muy fuerte. Las organizaciones sociales nos organizamos para hacer respetar los derechos que nunca hemos tenido en las dictaduras y en los gobiernos neoliberales. Recuerdo que en el año 2000, en el centro de la ciudad de La Paz, subía a una movilidad y me dijeron que no podía estar ahí y que yo era una indígena que debería estar en el campo con mi burro y que no tenía nada que hacer ahí. Las veces que hemos sufrido, que nos han maltratado, que nos sacaron de centros comerciales…todo eso, empezó a cambiar desde que llegó Evo Morales Ayma al gobierno. El presidente nos da la posibilidad de formarnos, de participar.

Mujeres como yo han sido partícipes de la construcción de la nueva Constitución. Si bien vamos en camino de tener el 50 por ciento de participación de mujeres, ahí no termina la cuestión: tiene que haber alternancia. No queremos que en la titularidad haya siempre hombres y en la suplencia, mujeres.
El binomio entre Morales y Álvaro García Linera simboliza la unidad entre lo el sindicalismo indígena y el actor intelectual, entre el poncho y la corbata, entre la teoría y la práctica, como ellos mismos han señalado, ¿cómo ve esa vínculo y el rol de los intelectuales?
Nosotros tenemos la práctica y valoramos a nuestros hermanos que tienen formación académica y manejan la cuestión teórica porque creemos que de la práctica viene la teoría. Podemos trabajar y generar una linda complementación en ese sentido. En la Cámara Legislativa, se ve la equidad de género, también la diversidad de nuestros pueblos indígenas. Y ahí hemos llegado con un solo hermano y una sola hermana. Y tratamos de convivir para hacer un aporte a nuestro país y escuchar al pueblo para lo que necesita. Agradezco a la Pachamama y a dios que me han dado la oportunidad de vivir este proceso de cambio en busca del buen vivir que no es un buen vivir en abundancia, sino un buen vivir dignamente. Igualmente, en ese proceso hay también algunas debilidades y falencias.


¿Cuáles son esas debilidades o contradicciones?
Tanto tiempo fuimos gobernados por neoliberales y dictadores dentro de un sistema capitalista que nos trajo el individualismo, el egoísmo que se enraizó en toda nuestra sociedad. Y este proceso de cambio nos plantea, en contraposición, vivir en comunidad, en horizontalidad. Esa mentalidad que nos metió en el sistema capitalista hace que no sea fácil pasar a afianzar un sistema comunitario.

 ¿Qué avances concretos se lograron en relación a la lucha contra la discriminación social contra los pueblos originarios, en Bolivia, desde que el MAS llegó al poder?
Tenemos una ley contra la discriminación y la hemos defendido las organizaciones sociales frente a las operaciones de los medios de comunicación de la derecha. Tenemos esa ley pero lo importante es que las leyes no se queden en papeles, sino en empoderar a las bolivianas y los bolivianos para que las pongan en práctica. Es necesario que el pueblo conozca la ley para que se materialice, no alcanza solo con el Estado, sino que son los propios ciudadanos los que tienen que llevar a cabo realmente esa nueva legislación.
¿Qué rol juegan los medios de comunicación en el escenario boliviano?
Hay medios que bajan una línea netamente de derecha, que es la agenda de la oposición. Los movimientos sociales nos apoyamos en las radios comunitarias y algunos medios públicos que nos abren la puerta. Pero, la mayoría de ellos da prioridad a la oposición. Últimamente, se ha visto que hay dirigentes aymaras o quechuas que se dejaron arrastrar por la derecha que falsamente dicen que están con los indígenas.

Para el lector latinoamericano que no conoce a fondo la realidad de su país, ¿qué casos de ese tipo ocurrieron en el último tiempo?
Hay un partido que antes se llamaba el Movimiento Sin Miedo y ahora el Punto Sol. Ellos conquistaron a Félix Patzi que es un aymara y lo candidatearon para la gobernación de La Paz y finalmente ganó. ¿Qué significa eso? Confunde a la sociedad porque un político indígena dice estar en un proceso de cambio que en realidad implica un retroceso. Han ido arrastrando y tomando a varios indígenas a una causa que, contradictoriamente, va en contra de sus intereses. Cuando las personas no tienen una posición política consolidada, una conciencia clara, son más fáciles de hacerse llevar de un lado a otro. Así te ofrezcan un montón de oro, lo más importante es entender tu convicción política.
Hay una idealización en creer que todos los pueblos originarios están en el mismo lugar político, como si los siglos de explotación y de lucha bastaran para garantizar que algunos de sus integrantes no puedan caer en la corrupción, la burocratización o el aburguesamiento. ¿Cuál es la realidad al respecto?
Claro, en los gobiernos neoliberales sabemos muy bien que unas cuantas personas se llevaron el dinero del pueblo boliviano. Sobre todo, el robo más grande fue cuando estaba Sánchez de Lozada. En eso, también hacemos una diferencia en que este gobierno está lejos de ser así. Pero, gente de Sánchez de Lozada mismo y de la oposición de hoy día engañan a nuestros hermanos y hermanas. Pero, también, hay personas que acompañan de muy cerca a nuestro hermano presidente que han decidido desarrollar escuelas de formación política para consolidar nuestro posicionamiento. Hay que seguir formándonos. ¿Cuál es la desventaja que tenemos? Aymaras, quechuas, muchos de nosotros, no llegamos a tener formación universitaria y falta una reflexión que nos lleve a entender qué teoría es buena para nosotros. La educación es una revolución en este momento para nosotros. Los profesionales del neoliberalismo son muy capaces para hablar en un lenguaje técnico que confunde y eso nos puede hacer marearnos. Y si nosotros pudiésemos hacernos de las herramientas conceptuales ya no habría más hermanos que creyeras esos discursos falsos.
¿Cómo es la experiencia de la mujer ayamara, de origen campesino, que se decide a ir a la ciudad? En su caso, por ejemplo, afincarse en la ciudad de El Alto.
Muchas de nosotras nos hemos venido a la ciudad a buscar mejores posibilidades. Pero, en general, pasamos malas condiciones de vida. Muchas de nosotras, dijimos en su momento, ¿dónde está la representación de aquellas mujeres que vinimos del campo a situarnos en los sectores populares de la ciudad? Fue así que decidimos conformar la organización Juana Azurduy de Padilla, que yo lidero, para poder formar a las hermanas. Sucede que cuando la mujer quiere formarse, ser un aporte en esta coyuntura histórica que estamos viviendo, aparece el sometimiento de los esposos que no las dejan salir ni estudiar…bueno, esto sucede desde hace mucho tiempo. Es también el modo capitalista que dice que los hombres tienen que trabajar y estudiar y las mujeres tienen que estar solo en la cocina, atender al esposo y a los hijos, en un rol bien marcado. Los seminarios y talleres que realizamos también están destinados a los hombres, a los esposos, para que puedan tomar conciencia. Algunos sí lo hacen, otros no todavía. Muchas de mis compañeras llegan al enfrentamiento para poder participar de acciones políticas y formarse.
¿Qué rol tienen las formas de organización comunitaria en el proceso político que se vive en Bolivia?
La esencia de nuestras comunidades, de nuestros pueblos, tienen que ver con la reciprocidad, la ayuda mutua. La comunidad colabora para que, por ejemplo, una joven pareja pueda tener su tierrita, cultivar su oca, su papa, su quínoa, y salir adelante. Esa es la vida de campo para nosotros. La ayuda a una viuda, a los huérfanos, los lazos sociales y comunitarios funcionando activamente. En cambio, en la ciudad eso es más difícil, pero el nuevo Estado Plurinacional toma esas formas de organización de las comunidades y trata de estimularlas también en la ciudad.

¿Cómo se logra articular el desarrollo económico del país que genere cambios de fondo y una profunda distribución de la riqueza sin que eso altere la cultura ancestral de los pueblos originarios? ¿Es posible complementar cuidado a la Madre Tierra, modernización productiva y preservación de las tradiciones?
Hay muchos factores: algunos que, por ejemplo, se oponen a la construcción de la carretera que cruce el Tipnis, en el oriente, se olvidan que algunos ya entraron al Tipnis como grandes empresarios ligados a las trasnacionales y explotaron nuestros recursos naturales, incluso se llevaron pieles de animales silvestres como el lagarto. Y muchas veces, esos mismos son los que están detrás de la posición que rechaza la carretera cuando tenemos hermanos y hermanas que no tienen educación ni salud ni una vivienda digna. Si quieren que eso cambié, es necesario que el Estado pueda llegar a cubrir esas necesidades y la carretera es muy necesaria para lograr esto. Incluso, les permitiría a los hermanos y hermanas exportar lo que generan.

Las organizaciones sociales vemos que la derecha y las manos negras del imperialismo yanqui pretenden desgastar el liderazgo de nuestro presidente.

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