Culturicidio: en el ballotage en Perú de Cultura no se habla

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Por Renato Sandoval
Menos la cultura y los derechos humanos, lo que soportamos en este período electoral es una retahíla de propuestas de todo tipo, que va desde aumentar exponencialmente el número de cárceles, policías, penas de muerte reales o químicas y de cualquier otro tipo de esa barbarie a pedido del cliente, pues este siempre tiene la razón; de ahí que, por ejemplo, PPK pida al pueblo que le pasen la lista de pedidos de este tipo, independientemente de si le cumplirá a alguien. Eso es lo que se llama “estrategia electoral”. El que sabe ofrecer, prometer y finalmente mentir es quien ganará la segunda vuelta.
Y en este estupidizante e hipócrita modo de hacer política -donde lo que prepondera es la corrupción y la falta de valores básicos- lo que marca el estilo de los candidatos es rasgarse las vestiduras con un olímpico cinismo, proponiendo una vez más una necesaria mano dura, en medio de un país delincuencial, anómico, salvajemente indignado y amigo de la denuncia, del escándalo, de los destapes, sin jamás ser capaz de practicar la autocrítica y la tolerancia, y mucho menos dejar de tirar la primera piedra.
¡Qué vergüenza ajena y propia, claro!
En el campo de la cultura, sensu stricto, Keiko, salvo abrir más prisiones salvajes a 4000 msnm., no tiene la menor intención o idea de lo que propone a la gente, al tiempo que PPK, más honestamente él, promete, con cara dura, que una de las primeras cosas que haría es cerrar el Ministerio de Cultura. Y pensar que Keiko ha realizado, con dinero sucio, una carrera en una de las mejores universidades del mundo, al tiempo que su contrincante es un fino y supuestamente sensible músico académico.
Ejemplos contrastantes de esto en recientes casos en el extranjero, es la aniquilación del Ministerio de Cultura y demás hierbas en Brasil gracias a las malas artes de Temer y su pandilla y, de otro lado, que en Suecia, por falta de presos, están cerrando las cárceles para convertirlas en parques, o que el primer ministro canadiense Justin Trudeau decidió, entusiasta e inteligentemente, doblar el presupuesto en el tema cultural (de 180 a 360 dólares, de un porrazo). En suma, en este país, por lo menos por cinco años más, seguiremos siendo un país PPPP, léase: Perú Policial, Paupérrimo, Patético.
Publicado en La República
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