Zumbado: sinónimo de humor cubano

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El inicio de la semana fue duro para el humor cubano. El anuncio de la muerte del escritor y periodista Héctor Zumbado por el noticiero de televisión no dejó de ser sorprendente a pesar de su desaparición no voluntaria de los medios.

Va ocurriendo de manera lamentable que algunos artistas que aportaron e hicieron época en determinado momento terminen olvidados o sin las atenciones que su trayectoria merece. Conozco que existe un departamento de atención a personalidades en la UNEAC, pero parece que su formalidad se limita a las grandes estrellas o  los cumpleaños de los artistas. La realidad es que algo en tal sentido está fallando. De Zumbado, de su vida, de cómo estaban casi nadie sabía y cual Caballero de París, algunos especulaban de su crítica salud mental.

Al salir la nota en el NTV ya Zumbado estaba cremado, no hubo palabras en la funeraria ni en el cementerio. Corresponderá a los organismos, amigos y admiradores no dejar morir su obra.

Ya esta generación no lo conoció a pesar de haber coincidido en épocas, el tiempo corre en nuestro país con una velocidad directamente proporcional al olvido. Sucesos, a veces de solo un año, nadie recuerda…

Los aportes de Zumbado fueron recordados esta semana por algunos colegas que, conmovidos, expresaron a través de Facebook su pesar:

En la década prodigiosa para el Humor, los ochentas, tuvo a su cargo la creación y dirección de la sección “La Bobería”, en la revista Bohemia, con el emblema del personaje El Bobo, de Abela. Gracias a la generosidad de Zumbado, en dicha publicación se dieron a conocer nombres hasta entonces poco conocidos en el corpus literario cubano, y que hoy gozan de justo reconocimiento dentro del humorismo literario (Jorge Fernández Era, Eduardo del Llano, entre otros). Cerca de diez volúmenes recogen las crónicas salidas del ingenio insuperable de quien obtuviera en el año 2000 el Premio Nacional del Humor, otorgado por el Centro Promotor del Humor, entonces bajo la égida del gran amigo de Zumbado, Osvaldo Doimeadiós”.

Laidi Fernández de Juan

“Precisamente —el Premio Nacional del Humor—, allá por el año 1984, en la apertura de una función del Conjunto Nacional de Espectáculos de Virulo, prometía, con la ironía que lo caracterizaba: «ser más amable con esos queridos burócratas que nos alegran la vida inventando modelitos, planillas, circulares y extrañas disposiciones…”

“Y más adelante, en su habitual juego de palabras, manifestaba su propósito de ser «más tolerante con los taxistas que se detienen, sonríen y se van; con los dependientes de tiendas que están, que parece que están, pero no están; con algunas producciones de la industria nacional que no se detienen, que no se acaban, que nunca se van”

Julieta García Ríos.

¿Cómo escribir una nota necrológica sin pecar de siniestro y cursi? … Y peor pecado si lo hago a quien fuera el escritor humorístico más destacado desde que existimos como nación: Héctor Zumbado, un hombre que creyó en los que éramos jóvenes hace más de veinte años y lo admirábamos por la frescura de sus textos, cultura e irreverencia… En fin, gracias Zumbado por tu genial idea de enlatar el sol… Hoy tomaré un añejo justificado por tu ausencia y por la felicidad de saber que ya tengo un santo que me resguarda… San Zumbado.

Telo González

“Mi amigo Yin me acaba de avisar de la muerte del Héctor Zumbado, uno de los mejores humoristas literarios -si no el mejor-, que ha nacido en Cuba.
En 1983 lo conocimos. Yo pertenecía, junto a Moisés Rodríguez y Aramís Quintero, al grupo de humor gráfico y literario «Tubería de Media». A Zumbado le encantó nuestro trabajo y a pesar de estar ya en el Olimpo de la cultura cubana, publicó en la Revista Bohemia una entrevista que nos hizo, como «presentándonos en sociedad». Después continuó apoyándonos al convertirnos en La Seña del Humor de Matanzas. En lo personal nos acercamos bastante tanto como humorista como amigo. Por ello puedo asegurar que era una de las personas más simpáticas que he conocido, lejos del celo profesional, lejos de las pequeñeces de los mediocres.
A Zumbado lo admiraba por su columna dominical y por sus libros. Él fue uno de mis motivadores, uno de mis ídolos.
Es que fue un humorista excepcional, culto, informado, de buen gusto, como esos que no abundan, lamentablemente. Fue un grande entre los grandes.
A sus hijos, que también quiero mucho, les envío mis condolencias. Y a mis colegas humoristas cubanos también les doy el pésame y con él mi consejo de leer hasta el último chiste de Zumbado, porque seguro enriquecerán su creatividad, su visión y su profesionalismo.
Gracias, Zumbado, por tu legado y por tu amistad. Que donde quiera que estés sigas haciendo reír a todos”.

Publicado en Cuba Hora

 

Zumbado, el ídolo

Héctor Zumbado (1932) acaba de morir en La Habana. La noticia deja consternadas a varias generaciones de cubanos, que a lo largo de tantísimos años aprendimos a ad­mi­rar su obra. Prolífico, multifacético, siempre a ras de pueblo, se distinguió por la perfecta armonía que lograba al combinar su vasta cultura con el habla coloquial.

El humorismo cubano le debe a Zumbado más de un vuelo, mucho más que los textos que prodigó du­rante décadas, reseñando deliciosamente la cotidianidad de los años setenta y ochenta del siglo pasado. Sus estudios de publicidad (ejerció durante mucho tiempo como redactor de textos publicitarios) dieron paso al periodismo, oficio en el cual desplegó el maravilloso talento del cual aprendimos, como ya se ha di­cho en más de una ocasión, los ac­tuales escritores(as) costumbristas, y de humor en general.

Creador infatigable, no se guardó para sí la gloria que la fortuna iba prodigándole. Además de sus inolvidables columnas Riflexiones y Li­monada que se publicaban periódicamente en Juventud Rebelde al­canzando gran popularidad, creó una sección para Bohemia, llamada La bobería, cuyo logo era la figura de El Bobo, del también imprescindible Eduardo Abela. En La Bobería, Zum­bado dio a conocer nombres hasta entonces desconocidos (o, en todo caso, de jóvenes que se iniciaban en el mundo de la escritura de humor). Gracias a su generosidad conocimos los primeros textos de Jorge Fernández Era y de Eduardo del Llano, por citar solo dos ejemplos de quienes hoy son ya consagrados escritores.

Sus colaboraciones para el Con­junto Nacional de Es­pec­táculos, que dirigiera Virulo durante la década de los ochenta, fueron cruciales. To­da­vía resuenan entre nosotros aquellos parlamentos, esos guiones para el Teatro en los que Zumbado contribuía. El diálogo constante con los jóvenes, el refinado y al mismo tiempo popularísimo modo de hacer humor, y la osadía de los temas que abordaba, constituyen tres aristas ineludibles en la obra zumbadiana.
En la década de los ochenta, el humor cubano brilló como nunca antes (ni después), y en gran medida, este fenómeno se debe a la mano mágica de H. Zumbado. Cuando en el año 2014 la Fundación Alejo Car­pentier, a propuesta de su directora, Graziella Pogolotti, analizó el hu­mor cubano a través de un ciclo en el que participaran los exponentes de los grupos escénicos más destacados en los ochenta (Sala­man­ca, Nos y Otros, La leña del humor, La seña del humor, Humoris Causa, Los hepáticos), llamó la atención que todos, absolutamente todos los conferencistas, reconocieron la in­fluencia de Zumbado en sus propuestas. Como era de esperarse, este ciclo recibió el nombre Los ochenta que zumbaron.

Resulta imposible en tan breve espacio resumir el alcance, la trascendencia, la brillantez de la obra de quien acabamos de perder. Im­po­sible escoger un texto suyo en detrimento de otro: ¡tan inmenso fue su talento! No hubo crítica ni alabanza que dejara en el tintero, ningún te­ma le resultó escabroso. Lo que se considera su mejor ensayo (aun cuando él no lo escribiera pensando en dicho género) es materia de estudio en el ISDI: Kitsch, kitsch, ¡bang bang!, y hasta el sol de hoy sigue siendo el más agudo análisis de lo vulgar en el arte.

Varios intelectuales cubanos han antologado artículos de Zumbado (Ana María Muñoz Bachs: ¡Aquí está Zumbado!, Antonio Berazaín: Un zoom a Zumbado, ambos en el año 2012), son varias las tesis que jóvenes han elaborado a partir de la obra de tan insigne artista, y, por suerte, continúa una generación de admiradores que se dedican al estudio de la labor reseñadora de Zum­bado, como podrá apreciarse en el venidero evento teórico del Aque­larre.

Su gran amigo, Osvaldo Doi­me­a­diós, quien tuvo el tino de hacer justicia al galardonarlo en el año 2000 con el Premio Nacional del Hu­mor —en la primera edición de dicho reconocimiento—, ha dicho que Zumbado sigue siendo “el más rebelde y bohemio de los humoristas cubanos”, aludiendo a las dos pu­blicaciones periódicas en las que más aparecían sus artículos, seguidos con frenesí por el público.

Pocas veces ocurre el reconocimiento de un ídolo. Son escasas las ocasiones en que un artista de talla monumental se convierte en leyenda viva. Héctor Zumbado es una de las excepciones: fue profeta en su tierra.

Con la majestuosidad que siempre rechazó, con la rimbombancia de la que siempre se burló, y con los elogios que aunque merecidos, re­chazaba, lo despedimos hoy. Adiós,  maestro. La cultura cubana está de luto. Pero siguiendo su tono, siempre marcado por la jocosidad a ul­tranza, le anuncio que lo recordaremos (como pidió un poeta), con alegría.

Publicado en Granma
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