«Chicas nuevas 24 horas»

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La cinta, dirigida por la española Mabel Lozano, es una coproducción entre Argentina, Colombia, Perú, Paraguay y España, países donde se desplegaron diferentes equipos de producción para llevar a cabo la investigación sobre el tema y la posterior filmación.

En Paraguay, la producción corrió a cargo de Puatarará Films, cuyos responsables se dedicaron a investigar las redes de captación de mujeres en el país sudamericano.

“Descubrimos que el 90% de las víctimas son del interior del país, en su mayoría de la zona de Caaguazú, y que casi todas solo hablan guaraní. Esto las aísla en caso de denuncia, ya que cuando quieren hablar con la Policía en España no las entienden”, explicó Osvaldo Ortiz, de Puatarará Films.

Añadió que el perfil común de las víctimas paraguayas corresponde a mujeres y menores que sufren graves problemas económicos y familiares. Sus captadores –según explica Ortiz– les “endulzan el oído” con promesas de ganar mucho dinero en trabajos muy diferentes.

“Paraguay es víctima de la trata de blancas porque hay problemas financieros, de salud, educación, vivienda. Es un país fértil para este negocio ilícito”, declaró Ortiz, añadiendo que el triángulo que hace caer a las víctimas en esas redes de esclavitud modernas está formado por “la necesidad, la ignorancia y la inocencia”. La película se estrenó en el 2015 en Asunción.

Publicado en Última Hora

Prostitución: chicas nuevas 24 horas

(*) Por Laura Mastre

“¿Que la prostitución es el oficio más antiguo del mundo? No. El oficio más antiguo del mundo es mirar hacia otro lado”. Las palabras de Laura van cargadas de rabia. Y de conocimiento de causa. Un litro de whisky y hasta 6 gramos de coca diarios que años más tarde le provocarían una trombosis coronaria. Cada tres semanas, un club distinto. “Después de 21 días ya eres carne vieja. No mujer, no persona: carne. Y los clientes quieren ver carne nueva. Cuanto más borracha y drogada estés, más les gustas. Y si no hablas el idioma, mejor, porque para fornicar no hace falta hablar”.

El testimonio de esta trabajadora sexual, engañada, hace ya 12 años, estremece. Tras perder su empleo en su país de origen, gracias al que se costeaba la carrera de Derecho, una red de tráfico de personas la captó. Le ofrecían un trabajo en España, “limpiando casas y cuidando ancianos o niños”. En seis meses –le aseguraron- habría ganado lo suficiente para pagar los años de universidad que le quedaban para licenciarse.

Una semana después se topó con la realidad. “Vinieron a ejercer la prostitución. Y si no se someten iremos por vuestra familia”, recuerda que le dijeron. Hoy, Laura habla con fuerzas renovadas. Logró salir de su calvario. Su “eterno” agradecimiento se lo debe a Apramp, la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida, una entidad que trabaja a nivel internacional.

Tras un proceso de recuperación “muy lento”, hoy es Laura la que media, desde Apramp, con otras mujeres prostituidas.

Según la ONU, este problema afecta a millones de víctimas en todo el mundo y que mueve nada menos que 8,3 millones de euros al día sólo en España.

“No es un problema, es un delito. Usemos bien el lenguaje”, puntualizó la cineasta Mabel Lozano, autora de documentales como Chicas nuevas 24 horas. “Estamos en la época audiovisual y hay que ir a las ventanas de los nativos de internet. Es mucho más fácil construir directamente que de construir y construir. Por eso hay que dirigirse a chicos muy jóvenes, de 13 y 14 años”, aseguró.

Sin olvidar la responsabilidad de los medios. “La gente en general sabe qué es la trata desde un único patrón: el que muestran los medios, que muchas veces hablan de la trata de mujeres desde el amarillismo. De la desnudez de sus cuerpos, no de la desnudez de sus derechos”, añadió Lozano. En su opinión, “Si cuando un niño pregunta qué hace esa mujer en la calle en tanga, tacones y sombrilla, la madre le responde que esperando el autobús, que esa madre sepa que tuvo la oportunidad de explicarle a su hijo que esa mujer es una víctima de la trata y no lo hizo. A los menores se les educa en casa, no en los centros”.

“Putas, decimos. La misma palabra es el mayor desprecio”, denuncia Rocío Nieto, presidenta de Apramp. “En las calles hay mujeres que pagan para estar en una esquina, chicas que hacen entre 10 y 15 servicios la noche, que pueden aportar a ‘sus amos’ una interesante renta y, cuando se enferman, se les descuenta del mínimo que perciben. Y todo esto está ocurriendo en distintas calles de ciudades del mundo. Se asegura que “es muy difícil denunciar sin ofrecerlas alternativas reales de trabajo”.

Para algunos policías, la trata es “el delito invisible”. “Siempre que pensamos en una víctima imaginamos a alguien muerto, que sangra. No pensamos que está con una copa en la mano sonriendo por obligación. Detrás de las luces y de las copas, existe la esclavitud, un delito invisible porque se confunde ocio con negocio”. “Sí, la esclavitud sigue existiendo en nuestros días. Son mujeres sometidas. No son prostitutas, sino mujeres prostituidas y las mujeres prostituidas no ganan dinero, se lo generan a los proxenetas”.

El delito es trasnacional, lo que hace que la colaboración entre países sea indispensable. “Esto es como una especie de pulpo. Se puede acabar con un tentáculo, pero sin cooperación entre países, no se acaba con la cabeza, con la máquina”. Se trata de organizaciones que tienen muy claras cuáles son sus funciones. “Hay personas que las transportan, otras que se encargan de los papeles, que las alojan, que las explotan… Pues bien, si ellos están organizados, las sociedades también deben estarlo para combatir este flagelo”.

Publicado en El Cordillerano

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