Falleció el cineasta Mauricio Walerstein

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El cineasta falleció ayer a los 71 años de edad. Nacido en México, adaptó Cuando quiero llorar no lloro a la pantalla grande. Canon: fidelidad al límite fue su última película

Mauricio Walerstein llegó a Venezuela en 1971 seducido por la posibilidad de adaptar un clásico de la literatura nacional. Y lo hizo. En 1973 llevó a la pantalla grande Cuando quiero llorar no lloro, de Miguel Otero Silva.

La película –con un elenco integrado por Haydée Balza, Rafael Briceño, Verónica Castro, Liliana Durán y Miguel Ángel Landa, entre otros– tuvo un éxito inesperado y recibió el Premio de Oro en el Festival Internacional de Cine de Moscú. En ese entonces –y ahora– la crítica coincidió: el mexicano inició la edad de oro del cine venezolano.

“(…) El filme de Walerstein estableció una relación de identidad entre el espectador y lo que sucedía en la pantalla. Una forma de hablar, de actuar y, en definitiva, una forma de ser venezolana. Por primera vez los ojos nacionales veían una historia, un proceso dramático y unos personajes que les pertenecían”, escribió el crítico Alfonso Molina en 1997.

Walerstein hizo de Venezuela su país. Fijó su residencia por más de 30 años en estas tierras y se casó con la actriz Marisela Berti. Hijo del productor Gregorio Walerstein, nació en Ciudad de México en 1945. El cineasta falleció ayer víctima del cáncer en su ciudad natal. Tenía 71 años de edad.

“Esto es un gran dolor. Fuimos muy amigos. Trabajamos juntos en Caracas y en México. Era un hombre dedicado, amante del cine, trabajador, una bella persona. La gente de cine debe sentir pesar por su partida. Lamentaré su ausencia como cineasta y como amigo. Él amó tanto a Venezuela”, aseguró Miguel Ángel Landa, a quien Walerstein dirigió en Cuando quiero llorar no lloro Crónica de un subversivo latinoamericano.

Con determinación y valentía, Walerstein desafió al poder y al cine que hasta ese momento se hacía en el país. No hizo películas panfletarias sino de denuncia. Su nombre se ligó a clásicos como La quema de Judas (1975) y Elpez que fuma (1977), ambas dirigidas por Román Chalbaud, las cuales produjo.

Como director, su extensa filmografía incluye títulos fundamentales en la historia cinematográfica nacional como La empresa perdona un momento de locura (1978), en la que exploró las angustias de la clase obrera y que fue protagonizada por Simón Díaz.

En la década de los ochenta comenzó una búsqueda intimista con largometrajes como La máxima felicidad (1982) y Macho y hembra en 1984, año en que declaró a El Nacional que odiaba el sociologismo en la gran pantalla. “Me parece un recurso detestable para un director de cine”, confesó. Con estas cintas, Walerstein se convirtió en el primero en introducir el tema de la homosexualidad en el cine nacional.

“Es imposible imaginar el cine venezolano de hoy sin la presencia aquí de Mauricio Walerstein. Francamente, no sé cuál habría sido el destino de quienes pudimos cumplir nuestro sueño de hacer películas de verdad si aquel joven cineasta mexicano no hubiese decidido abandonar la privilegiada posición que tenía en su país (…) Mauricio era intelectualmente todero e integral, como debe ser un director de cine: inquieto, curioso, valiente, seductor, poli-interesado” escribió Thaelman Urgelles en Facebook.

La cinematografía de Walerstein cuenta más de una veintena de cintas como director, productor y guionista. Su última película, Canon (2013) estuvo nominada a los Premios Ariel.

“El gran valor del cine venezolano ha sido su irreverencia, su autonomía, su capacidad de decir lo que le da la gana. No ahora, sino desde siempre”, dijo el mexicano en 2010, cuando estrenó Travesía del desierto.

Publicado en El Nacional

Partió ‘el irreverente’ del cine venezolano, Mauricio Walerstein

Mauricio Walerstein, un valiente cineasta que  desde las décadas de los 70 y 80, con  pulso firme se atrevió, por primera vez en Venezuela a abordar  temáticas censurables, como la homosexualidad y la  insurrección en tiempos de dictadura, perdió este domingo su batalla contra el cáncer.

Aunque nació en Ciudad de México, el 29 de marzo de 1945,  Walerstein fue un apasionado venezolano que, a través del cine –sobre todo el que hizo en este país– sin ningún ánimo historicista, exploró el aspecto más íntimo de los impulsos humanos tamizados por el compromiso político y el deseo sexual.

Para muestra, vale recordar solo un puñado de sus títulos más significativos: Cuando quiero llorar no lloro (1973), Crónica de un subversivo latinoamericano (1975), La empresa perdona un momento de locura (1978), Macho y hembra (1985), De mujer a mujer (1986) y Con el corazón en la mano (1988).

A sus 71 años, falleció este domingo en México debido a un cáncer, cuyo inexorable avance padeció al lado de su esposa, la actriz venezolana Marisela Berti.

Alizar Dahdah Antar, presidenta encargada del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (Cnac), anunció en su cuenta de Twitter en la mañana de ayer: “Con mucha tristeza recibimos la noticia del fallecimiento del cineasta venezolano/mexicano Mauricio Walerstein, que su alma descanse en paz (…) Deja una profunda tristeza para la comunidad cinematográfica de Venezuela y México”.

Bernado Rotundo, presidente del Circuito Gran Cine, expresó: “Sin dudas fue un gran cineasta, quien fue factor primordial para el desarrollo del cine venezolano. Fue  parte del llamado “boom” de los años setenta y ochenta, esa época en la que las producciones locales devolvían a los espectadores la más nítida imagen de la realidad nacional”.
La emoción que le produjo la posibilidad  de adaptar para la pantalla grande la novela de Miguel Otero Silva, Cuando quiero llorar no lloro, lo trajo a Venezuela en 1971, porque la historia de los tres Victorinos a los que les tocó vivir el derrocamiento de Rómulo Gallegos y la instauración de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, no podría sortear la censura mexicana de entonces.

También dejó ver, por primera vez en la gran pantalla venezolana, a dos hombres besándose en la película La máxima felicidad (1982). Y también por primera vez, a dos mujeres tocándose impregnadas de erotismo en  Macho y Hembra (1985).

También nos presentó a un obrero fuera de sí, interpretado nada más que por Simón Díaz, en La empresa perdona un momento de locura.

Su mayor legado es que nunca se vendió al poder. Nunca hizo cine  para complacer. Nunca traicionó su visión. Y nunca le importó que la crítica lo llevara a la cúspide  o lo aplastara.

Publicado en Panorama

Arcelia Ramírez recuerda generosidad y talento de Mauricio Walerstein

La actriz Arcelia Ramírez recordó al cineasta mexicano Mauricio Walerstein, quien falleció a los 71 años, como un hombre de enorme generosidad, un ser luminoso, encantador, lleno de entusiasmo y claridad.

En entrevista con Notimex, Ramírez, con quien Walerstein filmó en Venezuela la película «Juegos bajo la Luna», sostuvo que trabajar con él fue increíble, pues era «un hombre con una presencia muy firme en el set y a la vez cálido. Era muy entusiasta».

Señaló que el realizador estaba muy contento de rodar esa película, «porque era una historia muy padre, ubicada en los años 60 y 70, y hablaba de un momento histórico que le interesaba mucho y conocía perfectamente bien.

«A mí me tocó hacer un personaje muy bonito y lindo, porque siempre he dicho, nací 20 años después, y es que a mí me hubiera encantado haber nacido en esa época y esta fue la oportunidad perfecta para vivir esa fantasía que tengo», expuso.

Tras mencionar que se trató de una adaptación de «Juegos bajo la Luna», de Carlos Noguera, la intérprete mencionó que disfrutó como enana la filmación y que el equipo que se juntó era maravilloso.

«La historia versa en una cofradía entre un grupo de amigos y estábamos de México, Víctor Hugo Martín y yo; de Colombia, Juanita Acosta, y de Venezuela eran Vicente Tepedino y Alberto Alifa. Nos llevamos muy bien e hicimos una química padrísima. Yo creo que fue una historia que disfrutamos mucho hacer», señaló.

Sobre el aprecio que le tuvo al cineasta, dijo que lo recuerda «con muchísimo cariño y siento una enorme tristeza y me reprocho no haber estado más de cerca, porque a veces uno se entrega más a los pendientes y pensamos que va a haber tiempo para ver a los amigos, a la gente con la que has tendido complicidad, y creemos que van a estar ahí siempre y eso no es así por desgracia».

Aunque reconoció que no tuvo tiempo de decirle lo mucho que disfrutó que la vida los haya hecho coincidir, sí tuvo oportunidad de agradecerle «su enorme confianza y respeto que nos tuvimos, la responsabilidad que me dio al invitarme a hacer su película».

«Qué pena que no pude tener ese encuentro para abrazarlo y agradecerle, pero él siempre supo que estaba en mi corazón y que estará», agregó.

Finalmente, indicó que ella conocía poco del estado de salud del cineasta, quien murió este domingo, y que su hijo Alejandro, con quien coincidió en el foro de Televisa, le avisó que estaba muy delicado, «en un coma inducido, pero que esperaban que reaccionara y que evolucionara. Lamentablemente no sucedió y es una pena enorme la que nos embarga».

Publicado en Entretenimiento
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