La revelación de la miseria

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Si alguien quisiera entender cómo un ser aparentemente tan tranquilo e inocente puede convertirse en un monstruo del cinismo artístico como Mario Santizo quizá tendría que remontarse a las increíbles influencias que las modestas escuelas de arte en Guatemala pueden ejercer sobre la mente de los niños. Pero ese no es el tema que nos preocupa en esta ocasión.

Llevaba ya un tiempo sin salir de la redacción y necesitaba un buen pretexto para la portada de este suplemento, hablé con Mario por teléfono, le sugerí una reunión y nos encontramos en Proyecto Poporopo, centro cultural que cobija la más reciente exposición de este muchacho originario de Zaragoza, Chimaltenango, pero radicado en ciudad de Guatemala desde hace más de 25 años. Estando allí se nos unió don Amenhotep Córdova, quien amablemente se encargó de disparar la cámara.

El golpe de sorpresa al ingresar a la exposición te lo dan unos enormes pantalones que se exhiben en una de las salas, no pude evitar reírme cuando los vi.

Santizo tiene la certeza de que el arte no va a cambiar nada en la sociedad. El arte no es un medio de comunicación directo, tampoco está al alcance de todos y a veces es tan abstracto que muchos ni siquiera lo entienden, refiere. Pero eso no representa ningún obstáculo para que este artista independiente exponga constantemente y para que una de sus invenciones haya resultado la obra ganadora de Arte en Mayo de 2016.

-SI EL ARTE NO VA A CAMBIAR NADA ¿ENTONCES POR QUÉ HACERLO?

Porque es parte de mí y no voy a dejar de hacerlo. Aunque sea lo más basura que hay y la esté pasando mal porque he invertido un montón de pisto en esta exposición que me dejó sin plata lo voy a seguir haciendo porque es mi vida. Tengo la necesidad de hablar de mis cosas y sacarlas, no es que lo esté haciendo por la demás gente, lo hago por mí.

Si viene alguna persona y se siente identificada con esta onda sería magnífico.

La idea que dio origen a La llave de tu vida surgió a mediados del año pasado. Santizo señala que se trata de una convergencia de factores los que motivan sus creaciones.

-¿CÓMO SE LE OCURRE A ALGUIEN MONTAR UNA MUESTRA ASÍ?

Empezás una idea y esa idea te va llevando a otra cosa y cuando sentís tenés un montón. Así es tu pensamiento, con un montón de ramificaciones, algo así es esta onda. Todo empezó cuando escuché “5 pares de pantalones locos”, una canción de un grupo que se llama Don Caballero, eso me llevó a pensar ¿Cuáles son los pantalones que yo no usaría? Los que nunca me pondría, que no van conmigo.

La idea anterior se juntó con que en ese momento estaba trabajando en La ERRE (galería de arte). Vos ves a la mara que llega a las exposiciones de allí y todo se vuelve como un evento social, la mara no llega a ver la obra, se trata de un evento social en donde vos vas a presumir tu ropa y mirás al montón de hípsters.

Me empecé a sentir mal de estar dentro de todo eso, gente falsa donde la misma moda es más grande que ellos y los sobrepasa. La ropa te cubre la personalidad, la verdadera esencia de quién sos. En ese sentido no hay ninguna diferencia entre ellos, todos parecieran uniformados, eso te vuelve pequeño. Al mismo tiempo al estar entre toda esa babosada yo también me empecé a sentir pequeño. Fue a partir de esas experiencias que surgió la idea para esta chiva (La llave de tu vida).

Quizá este tipo de muestras ayuda para que la mara se dé cuenta de su propia miseria. No sé no estoy seguro, quizá un día me ponga a pensar bien por qué diablos estoy haciendo esto.

Publicado en la Hora

El reflejo de Mario Santizo*

Las imágenes de Mario Santizo tienen dos características reconocibles desde muy lejos: el teatro y la psicología. Cuando uno platica con Mario siempre hay en sus gestos faciales esa línea muy delgada entre el humor y la tragedia. Una tragicomedia.

LA COMEDIA

Por esto asumo que ha sido tan recurrente en los vaciados de su rostro. Mario le huye a la solemnidad. Se burla de ella. Y se burla de sí mismo. Es su propio personaje. Siempre lo he percibido como un dramaturgo.

Las obras de teatro van desde una foto, un video, un grabado o una pintura. Sus puestas en escena tienen una infinidad de personajes y lo que tienen en común es que siempre están jodidos.

Mario visita la ciudad de Guatemala desde una postura parecida al Guasón de Batman. Encuentra sus heridas más evidentes y, cagándose de la risa, hace que sufran por su desgracia.

Voy a poner un ejemplo (y generalizar de forma descarada). Al chapín promedio le molesta hablar de sexo en público, es conservador. Esto tal vez tiene que ver con que siempre piensa que le está hablando a su mamá. A Mario le interesan estas incomodidades. Y su forma de graficar esto es a través de algunas parafilias como la zoofilia, el masoquismo o el fetichismo. Y se ríe de los ortodoxos, de los puritanos y de los carismáticos.

Le gusta usar las poses de los cuadros renacentistas para escenificar las ridículas posturas moralistas de los religiosos ante la vida. Sus trabajos más recientes continúan creando esa incomodidad. Una de sus exposiciones parte de una arista poco visible en sus trabajos anteriores: el afecto o la falta de. El mono roza el rostro de un niño y al mismo tiempo nos equipara el afecto entre humano-humano y animal-humano. ¿Cuánto queda en nosotros de nuestro ancestro el simio? Lo suficiente como para matarnos unos a otros.

Los detalles son una nueva imagen en las obras de Mario. El ano visto desde cerca tiene un efecto que destantea; lo abstrae, lo aplana y lo vuelve un asterisco en dos dimensiones. La pintura siempre ha apaciguado las imágenes, y en su afán preciosista, las hace digeribles. Se vuelven amigables y filtradas para el conservador.

Y se vuelve a reír al pensar en la cara que pondrá algún conservador al ver sus obras. Nadie se salva de ser perseguido por una de sus imágenes días después de haberla visto.

LA TRAGEDIA

La obra de Santizo tiene una relación amor-odio con la sociedad guatemalteca. La odia pero no puede vivir sin ella. Le hace una oda a los asaltos, como este evento que adorna la ciudad. Tras bambalinas de este teatro está la parte sensible de Mario. Estos sucesos, posturas y paranoias de la sociedad le molestan. Incomoda al espectador para que al espectador le incomode su realidad. Nos espabila y nos grita: ¡Date cuenta de lo jodida que está tu sociedad!

Sus tragedias nos convierten en adúlteros. Sus personajes son un espejo de esa doble moral. Y nos da miedo pensarnos llevando a la práctica alguna de nuestras fantasías sexuales. Cuando veo su obra siempre me imagino a Sigmund Freud inhalando cocaína para poder hipnotizarse. A través del absurdo, Santizo nos mete dentro de un túnel de perversiones para demostrarnos que lo perverso para él no son las prácticas sexuales sino la doble moral y los abusos de poder. Las parafilias son sus útiles para desdibujar la hipocresía de los moralistas. Sus analogías a la religión, la política y la sociedad son ilustradas desde el lado enfermo de cada ciudadano.

Todos podríamos ser Freud tratando de hipnotizarnos frente a un espejo.

Publicado en La Hora

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