Orneamuno al escenario

Teatro Nacional, Pasada general de La Ruta de su evasión, foto Rafael Murillo
678

Detrás de la puerta de la familia Mendoza, el silencio lo devora todo como si fuera un monstruo hambriento.

En La ruta de su evasión (1948), Yolanda Oreamuno escribe sobre una casa con cimientos frágiles: Vasco, un padre opresor; Teresa, una madre suprimida; y Roberto, Gabriel y Álvaro, tres hijos toscos y confundidos por la falta de amor.

La ópera creada por la directora Roxana Ávila y el compositor, ganador del Grammy en el 2008, Carlos Castro construye en el Teatro Nacional la ilusión de esa misma casa frágil.

Once intérpretes cantan la tragedia de Oreamuno en compañía de salsas, boleros, paso dobles y otros ritmos latinoamericanos, interpretados por una pequeña orquesta.

“Siento que la música es genial. Necesita ser escuchada y necesitamos poner a Yolanda Oreamuno en el tapete”, aseguró Ávila.

El estreno del espectáculo será este sábado 1.! de abril a las 7:30 p. m. Las demás presentaciones serán el domingo 2 de abril, a las 5 p. m.; y el 4 y 5 a las 7:30 p. m. Las entradas valen entre los ¢5.000 y los ¢20.000 y pueden comprarse en la boletería física y digital del Teatro Nacional por medio del sitio webwww.teatronacional.go.cr.

Ópera criolla. Por mucho tiempo, tanto Castro como Ávila buscaban un texto nacional que pudiera cantarse.

“Éramos muy jóvenes y no había la infraestructura del país”, recordó Ávila de esas primeras ambiciones durante la década de los 90.

En el 2014, tras conversaciones con el Centro Nacional de la Música (CN), el dúo de artistas consiguió los derechos de la obra de Oreamuno, por medio de su único hijo, y comenzó a trabajar un libreto.

“La novela es una obra que conlleva en sí misma los genes de una ópera. Tiene muchos elementos operísticos”, detalló Castro sobre la adaptación.

Tras superar varias dificultades en la producción –económicas en su mayoría–, Teatro Abya Yala presentó, en el 2016, una versión de cámara de su proyecto.

Las fechas en el Teatro Nacional fueron financiadas en conjunto por Abya Yala, que obtuvo progresivamente el dinero para avanzar con el diseño de escenografía, utilería y vestuario y la colaboración del CNM (con un aporte de ¢20 millones).

“Ha sido un costo enorme, de tiempo, tratando de conseguir fondos. Le fuimos a pedir plata al universo entero. Es más fácil pedir plata para otras cosas”, explicó Ávila sobre el reto de producir una ópera tica.

La ópera musicalizada por Castro explota el registro de voz de los once intérpretes para hacer brillar dos horas de música continua, en las que abundan sonidos latinoamericanos.

“Es un reto porque las palabras que utilizaba Yolanda Oreamuno describían mucho el silencio de la casa de maneras espectaculares. Para nosotros es un reto representar esos vacíos y silencios cantando, esos silencios con música. Es el reto de interpretación el lograr transmitir a las personas esos vacíos internos mientras cantamos un tango”, explicó Miguel Mejía, uno de los actores.

Veneno doméstico. La ruta de su evasión transita entre escenarios que abren y cierran con una cortina.

“Estamos siguiendo un guion de cine, tiene que ver con la influencia del cine mexicano en los años 40”, dijo Ávila.

Los encuadres fijan la mirada del espectador en los lugares por los que transita la obra.

Entre los espacios que la cama en la que Teresa (interpretada por Isabel Guzmán) yace enferma; el prostíbulo en el que Gabriel (Miguel Mejía) mira por primera vez la corrupción de Vasco (Gabriel Morera); el escenario universitario en el que Elena (Keren Padilla) hechiza a Gabriel en una relación sexual superflua y la habitación en la que Aurora (Amanda Rodríguez) le declara su devoción a Gabriel.

No obstante, ni el amor más “puro” puede derrotar el ciclo de frialdad que aisla a las vidas de los Mendoza.

“La semilla de putrefacción que lleva Vasco encuentra excelente terreno en Teresa y germina en sus hijos. De tal manera que la familia es una putrefacción total”, describió Morera sobre la dinámica familiar.

Los hijos heredan, sin quererlo, los hábitos de sus padres: el silencio, los secretos, el desinterés por las personas que giran a su alrededor.

Adriana Víquez interpreta a Cristina, esposa del hijo mayor de los Mendoza Rafael Murillo.

“El rencor de Gabriel no es solo es hacia su padre sino hacia el silencio que su mamá cultivaba”, precisó Mejía sobre las motivaciones de su personaje.

“Teresa es un personaje totalmente reprimido”, afirmó Guzmán sobre su rol. “Toda la familia la envuelve: nadie se dice nada, todo ocurre bajo la tiranía de Vasco hasta que Roberto (encarnado por Winston Washington) rompe el vidrio y dice que se hartó”.

La tensión que acumula la falta de comunicación, eventualmente, explota en la cara de todos la familia Mendoza.

“Todo se empieza a desmoronar y la misma casa que Teresa tanto cuidaba se va desmoronando porque Teresa se desintegra”, explicó Guzmán.

“La casa de los Mendoza, en efecto, está vacía: carente de afecto, carente de amor. Está muy lejos de ser un hogar”, reafirmó Morera.

Los artistas encuentran conexiones entre la descripción de una familia tica de hace 70 años con las familias actuales.

“Teresa constantemente habla de la casa. Hay familias en las que las señoras tienen su vida en la casa: su vida es la cocina, su vida es que los pisos estén encerados, que las camas estén en condiciones impecables. En muchas familias, el único mundo que pueden desarrollar en las familias es la casa”, opinó Mejía.

Amanda Rodríguez en el papel de Aurora, el amor frustrado de Gabriel. Rafael Murillo.

“Yolanda Oreamuno tenía muy claro que los personajes femeninos tenían estas características porque quería representar lo que estaba viviendo su época”, aseguró Rodríguez, intérprete de Aurora. “Es lo que hace el teatro, es la maravilla del teatro que logra poner la realidad en el escenario de forma poética para despertarnos y sensibilizarnos”.

La ruta de su evasión tiene que ver con los seres humanos de hoy”, confirmó la directora escénica, Roxana Ávila. “Estamos con la idea de que a todo el mundo le va a gustar”.

La ópera tica La ruta de su evasión tendrá funciones el 1, 2, 4 y 5 de abril en el Teatro Nacional. Todas las funciones serán a las 7:30 p. m., salvo el domingo que será a las 5 p. m. Las entradas tienen un costo entre los ¢5.000 (galería) y los ¢20.000 (butaca).

Agradecimientos de producción para los retratos. Espacio: Mónika Ruiz, Casa 936. Mobiliario:  Grettel Alfaro, Trés-Or Atelier.

Publicado en Nación

Conoce a Yolanda Oreamuro, novelista y ensayista costarricense

Novelista y ensayista costarricense, destacada vanguardista en vida y obra. En varios de sus escritos planteó una reivindicación de la mujer respecto del abandono de estereotipos y clamó por una definición propia y por la autoafirmación.

Constituye una de las personalidades más importantes de la literatura costarricense. Con Fabián Dobles y Joaquín Gutiérrez forma la tríada que renovó las letras de su país, pero ella no siguió la vía de sus compañeros, el realismo social, sino que optó por el psicoanálisis y el monólogo interior.

Vivió en Guatemala, México, Chile y Estados Unidos. Desde su juventud se rebeló contra las convenciones sociales y fue asidua lectora de M. Proust, T. Mann y J. Joyce; de ahí su narrativa introspectiva, que profundiza en el análisis del interior de los personajes. Por medio de sus ensayos ridiculizó los estereotipos que impiden que los costarricenses vean los problemas en su verdadera dimensión.

Su primera novela, Tierra firme (1946), es autobiográfica. Ruta de su evasión (1949) constituye un recorrido, mediante el monólogo interior y el fluir de la conciencia, por el espacio psicológico más profundo de los personajes. La agonía de Teresa, una de las protagonistas, además de representar su liberación total, significa una conquista importante, porque logra en el último instante de su vida realizarse como persona.
Este espacio psicológico predomina sobre el físico: el punto medular de Ruta de su evasión es el universo de la mujer, en especial en su papel de receptora directa y callada de la injusticia dentro del ámbito familiar. En 1961 se publicó A lo largo del camino, recopilación póstuma de cartas, ensayos y otros escritos.

Publicado en LatinoaméricaExhuberante

La ruta de su evasión

” Siempre queda en algún árbol una hoja postrera, prendida a la rama por un milagro de resistencia inexplicable, y todas las mañanas, al pasar, formulamos una despedida porque tememos no encontrarla allí al día siguiente. Es tan frágil su aspecto, descomedida su posición, muerto su color, que no podemos explicarnos por cuál fenómeno se mantiene en su sitio invulnerable al viento, la escarcha y el frío. Simboliza el recuerdo borroso de lo que fuera en primavera y verano el ropaje del árbol; es la manifestación única de su antigua forma; la rúbrica de su linaje, el síntoma de su especie. Pese a todo lo precario que esa hoja solitaria representa, en su humildad, en su indefensión, tiene un noble elemento de fortaleza.

Cada mañana la buscamos para comprobar en su delicado tallo o en el contorno de su cuerpecillo aterido los efectos de la intemperie, y repetimos la nostálgica despedida. Pero al verla de nuevo, inalterable y sola, nos preguntamos sobresaltados si resistirá todo el invierno allí. Tanta tenacidad anónima despierta en nosotros cierto elemento de sospecha ¿por qué resiste?, ¿irá a permanecer a pesar de todo?, ¿para qué su inmutabilidad?, y nos vamos acostumbrando a su presencia en el árbol frente a nuestra casa. Lentamente, con la familiaridad de lo inevitable, olvidamos la hoja fiel.

Una mañana cualquiera ya no levantamos la cabeza para buscarla, ni nos despedimos de ella hasta nunca. Ha entrado a formar parte del paisaje inalterable, de ese paisaje permanente más allá de las estaciones y las temperaturas. Y muchos días después, casi sin pensar en ella, echamos una mirada descuidada que nos revela su ausencia. Se fue con el viento. Ya no está. Se fue sin despedida, sin adiós y sin lágrima. Tampoco dejó recuerdo. Simplemente se fue. ”

Publicado en LatinoaméricaExhuberante
También podría gustarte