El vanguardista venezolano

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Por mucho tiempo la obra poética de Caupolicán Ovalles estuvo desaparecida de las librerías del país. Pese a su famosa crítica al gobierno de Rómulo Betancourt, a través de su poema ¿Duerme usted señor presidente?  (perteneciente a su primer libro publicado por ediciones del Techo de la Ballena), la poesía de este escritor es la gran ausente de la Biblioteca Básica de Autores Venezolanos, colección de Monte Ávila Editores que aspira difundir lo esencial de las letras venezolanas. Por otro lado, su voz tampoco figura en los catálogos de las editoriales privadas.

De este vacío se percató el investigador en Literatura Miguel Chillida en sus estudios sobre poesía venezolana. Hoy esa deuda ha sido saldada (no completamente porque el poeta merece aún más atención), pues la Fundación Caupolicán Ovalles y el Taller de ediciones Rayuela acaban de publicar una antología poética, En (des)uso de razón, que sin duda viene a llenar uno de los tantos vacíos que aguijonean el panorama editorial venezolano.

La voz alucinada y afilada de Ovalles vuelve a los lectores en una antología que no solamente reúne una muestra de su obra poética, sino que además incluye otros textos críticos de la misma, semblanzas, entrevistas y fotografías de su archivo personal.

La iniciativa fue capitaneada por Chillida y abrazada por Manuel Ovalles Quesada, séptimo hijo del poeta, quienes emprendieron la aventura de navegar en el universo literario pero también biográfico de este singular poeta, cuya palabra se pasea entre el delirio y la lucidez, en la misma medida en que salta del estallido a la meditación.

El lugar de Caupolicán Ovalles 
Esta novedad editorial, una de las sorpresas de este año, invita a preguntarse cuál es el lugar de Ovalles dentro de la tradición poética venezolana.

Para responder dicha cuestión, Miguel Chillida acude a varias categorizaciones planteadas anteriormente por otros antologuistas e investigadores: Julio Miranda inscribió la poesía de Ovalles en una corriente marcada por «lo autobiográfico y la violencia escritural»; por su parte, Francisco Pérez Perdomo puso en evidencia su cercanía con la generación beat; y el propio autor se reconoció dentro de la corriente surrealista.

Finalmente Chillida concluye el recorrido ubicándolo «dentro de una tríada apocalíptica junto a Víctor Valera Mora y Miyó Vestrini,  aunque, claro, mucho menos decantado por lo cotidiano e incluso lo popular y mucho más por el artificio, el delirio y la forma que se pierde con el sentido», explica y además agrega que también podría categorizarse «dentro del difuso y ambiguo ámbito del ‘neobarroco’ tratado por el cubano Severo Sarduy».

Para este proyecto Chillida se encargó  de seleccionar los textos más representativos de los ocho poemarios del poeta caraqueño. «Desde el primer libro hasta el último -cuenta el investigador-, llevé un registro minucioso de las imágenes, temas, juegos verbales, tópicos, formas, eventos, que se repetían a lo largo de esa obra que empieza en 1962 y se cierra en 2001. Cuando terminé, me puse a transcribir todos los poemas que mejor traducían esa inmersión».

El investigador contó que la elaboración de un primer bosquejo estuvo destinado a una antología que preparaba Monte Ávila bajo la presidencia de Carlos Noguera, pero que fue paralizada tras la muerte de éste último. En vista de ello, Chillida junto a Ovalles Quesada retomaron y enriquecieron el proyecto original.

En (des)uso de razón cuenta con epílogos de Francisco Ardiles y Miguel Marcotrigiano. Además, incluye cuatro entrevistas que le hicieran al poeta periodistas de la talla de Miyó Vestrini; cuatro semblanzas, entre las que cuentan la escrita por Adriano González León, y una cronología que apunta los momentos esenciales de la vida y de la carrera literaria del poeta mirandino.

Pero, además, el libro pone el foco en una de las facetas poco conocidas del poeta: la investigación. La antología incluye textos que Ovalles escribió para catálogos del proyecto expositivo La Gran Papelería del Mundo, así como notas introductorias y prólogos a otras obras literarias.

«El resultado (la antología), me parece desmesurado como el propio autor que confundía la vida y la obra. Es una visión mucho más completa de su figura y relevancia dentro la sociedad venezolana en que vivió.  Aún queda mucho por descubrir en esos archivos, y un grupo de gente trabajando en ello», concluye Chillida.

Publicado en El Universal

La posibilidad fulminante de escribir de Caupolicán Ovalles

El profesor Rafael Castillo Zapata ha dictado, desde hace algún tiempo, cursos sobre las vanguardias en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela. En uno de los últimos que impartió, «La belleza convulsa»se dedicó a estudiar las vanguardias bajo la proclama de Bretón al final de Nadja, una de sus obras, que reza: “La belleza será convulsa o no será”.

¿Y cuál es la belleza convulsa? ¿O cómo es? ¿A qué se refería Bretón cuando soltó esa frase, casi como una visión, al final de Nadja? Dar una respuesta precisa a cualquiera de las preguntas formuladas anteriormente sería un atrevimiento, pero valdría la pena intentarlo. Lo primero que tendríamos que decir, que parece casi una obviedad, es que Bretón pretendía que el nuevo arte fuera vanguardista, que rompiera con las formas establecidas, que hiciera una nueva repartición de lo sensible, como diría el teórico Ranciere.

La exigencia, que terminó por convertirse en sentencia, de Bretón al final de Nadja llegó a muchos artistas de todas partes del mundo. En el campo cultural venezolano Caupolicán Ovalles es un ejemplo. Este ballenero es una de las figuras literarias más importantes de nuestro país y logra erigirse con ese título, en gran parte, gracias a su poesía, sobre la que se ha comentado mucho. Jesús Sanoja Hernández, por ejemplo, nos dice que “en la poesía de Ovalles la basura y el excremento fueron como el cemento, las azoteas, los burdeles”. También se han localizado pulsiones e influencias inherentes a movimientos como el dadaísta, el surrealismo e incluso la generación Beat.

Sin embargo, a cualquier lector no especialista en literatura, e incluso algún especialista, que intente abordar la obra de Caupolicán, se tropezará con la misma incapacidad que se encontró Rubén Darío al verse de frente con el Balzac de Rodin. El poeta nicaragüense, en una de sus crónicas, nos dejó las siguientes impresiones al reflexionar sobre la escultura: “Cultivador de la fealdad, incomprensible, excesivo, ultra-violento… un gran espíritu libre, cuyo director es la naturaleza”.  Más adelante nos dirá: “Miro de lado el abdomen elefantino y se obstina en no querer revelarme su secreto”.

¿Qué podemos pensar cuando nos encontramos con versos como los siguientes en la obra de Caupolicán?

EN USO DE RAZÓN UNA HORMIGA

En uso de razón una hormiga y se hace piz toda

la ciudad en todos sus aspectos

Ciudad-de-la-ballena-que-YODE ¡Caballero!

Una hormiga su sexo deslumbra el ojo de un mosquito

Su boca no se ha hecho para el beso de atrás

De la oreja

Su sentido del humor es perfecto

Sus aficiones inundan la guerra fría

De costo-sísimos riesgos

En uso de Razón una hormiga es todos sus aspectos

Al leer su poesía solo puede quedar en evidencia la incapacidad para describir el manejo del lenguaje que Caupolicán hace en toda su obra. Este parece estar al servicio del poeta y por él se mueve, a su antojo, a su conveniencia, a su pasión. Como dice Rodolfo Izaguirre: “Él enamoró y sedujo la palabra de tal manera que ella, fascinada, cayó rendida a sus pies”. Los criterios antológicos que concibieron En (DES) USO DE RAZÓN compilaron casi toda la poesía de Caupolicán y otros textos (entrevistas, memorias y semblanzas).

También encontraremos estudios de Miguel Chillida, Francisco Ardiles y Miguel Marcotrigiano. Además, tiene la novedad de ofrecer textos casi desconocidos del poeta, como Cuatro notas sobre una biografíaNota introductoria a El Llanero y Espejos y archivos, y entrevistas, como la que le realizó Miyó Vestrini. También encontraremos semblanzas de varios personajes que pulularon alrededor de la vida de Ovalles, como su hijo, Manuel Ovalles, y Adriano González León.

Toda la configuración del libro, desde su poesía hasta el archivo fotográfico, nos invita, casi sin querer, a formar un retrato de Caupolicán Ovalles. Sin embargo, él siempre se resistirá a un encapsulamiento que pretenda caracterizarlo en cuatro o cinco banalidades. Su mejor retrato es el que nos deja su hijo, Manuel Ovalles, al decirnos que su padre “nunca aceptó el pasar de los años, a él la vejez no le llegaba, a él los años no le hacían mella, siempre fue un poeta hostia de 25 años de edad, sin ejercicio y andando en su caballo rojo temido y elegante”.

Bibliografía

Ovalles, Caupolicán. En (DES) USO DE RAZÓN. Caupolicán Ovalles. Antología poética y otros textos. Caracas: Rayuela Taller de ediciones, 2016.

Sanoja Hernández, Jesús. El Plan Rotival: La caracas que no fue. Caracas: Ediciones Instituto de Urbanismo/ Facultad de Arquitectura y Urbanismo/ UCV, 1991.

Bretón, André. Nadja. Madrid: Cátedra, 2009.

Darío, Rubén. Peregrinaciones. Caracas: Fundación Editorial El Perro y la Rana, 2006.

Publicado en El Nacional
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