Comenzó el FTR18

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Por Daniel Cholakian – Nodal Cultura (Desde Rafaela)

Tres marionetas gigantes fueron el centro del espectáculo callejero, creado por artistas locales, con el que comenzó la 14° edición del Festival de Teatro de Rafaela. “Vaga mundos”, es un espectáculo creado por Ariel Fachini a escala urbana a partir de la obra de Beto Dentoni, del cual participaron las  murgas “Matanga” y “Racabelú, los hijos de Silveira”. En el recorrido, miles de personas presenciaron y acompañaron a los artistas hasta la sala donde se realizó el acto oficial de apertura. La recepción del público de la ciudad demuestra la relación cercana entre el festival y los rafaelinos

El Festival de teatro de Rafaela tiene ya una presencia nacional e internacional, según explicó su primer director Marcelo Allasino, hoy director del Instituto Nacional del Teatro y al frente de la organización regional Iberescena. Para él, esta repercusión se funda en “el trabajo incansable de muchas instituciones y grupos a lo largo de muchas décadas, que con apoyo y sin él, instalaron la producción teatral y educaron a un público”.  

Para el intendente de Rafaela, Luis Castellano, la ciudad está “nuevamente en el desafío por levantar el telón en un momento difícil, complejo, en donde parecería que lo que domina la escena es el ajuste, el recorte, la crisis, la incertidumbre, la duda de qué es lo que vendrá”. En su discurso durante la apertura, el mandatario local afirmó “encontrarnos, mirarnos, hacer que los espacios públicos exploten de personas y ver que este festival se hace cada vez más popular y que la ciudad y la región se encienden, es entender que lo necesitamos más que nunca y que hay que hacer todos los esfuerzos para sostenerlo. Esto es parte también de nuestra política social”.

El teatro y la palabra (ausente)

La ceremonia inaugural concluyó con la presentación de Nómadas, una obra de producción chileno – española que, con un lenguaje sostenido por las actuaciones y el trabajo con máscaras y objetos, piensa el mundo del presente desde la perspectiva del viaje. Sin palabras, la obra cuenta esa instancia en la que se ha decidido dejar el lugar de uno, pero aún no se ha hallado el lugar de la nueva morada. La investigación del grupo de artistas sobre los objetos involucrados en un viaje (cartones, cintas de embalar, cajas, valijas)  les permitió llevar al público un relato basado en la materialidad escénica, sus cuerpos, los objetos, el sonido y las luces, y así prescindir del texto.

En coincidencia con esto, Palindroma de Margarita Molfino y William Prociuk, deja de lado la palabra hablada y construye, a partir de un preciso mecanismo cartográfico de danza teatro, un discurso sobre lo humano. El palíndromo es una palabra o expresión que es igual si se lee de izquierda a derecha que de derecha a izquierda. La Palíndroma, en femenino, es el trabajo escénico desde el cuerpo femenino, donde esa operación de ser igual hacia un lado y hacia el otro, devela “lo más humano, lo imperfecto. Nunca se va a ser igual un movimiento de adelante para atrás como de atrás para adelante”, explicó Molfino.

Mujeres en escena

El miércoles dos espectáculos de mujeres, construidos a partir de una fuerte impronta corporal y una tensión creciente, fueron parte de la jornada. Diferentes entre sí, Montaraz y Los golpes de Clara, dialogan en la certeza de que los cuerpos de las mujeres están atravesados por una fuerte tensión, que es personal y política, y que en escena logra dar cuenta de la potencia emancipatoria de la que son portadores. Canalizada o pura expresión física, la violencia aflora no como un gesto agresivo sino como una energía sostenida en el deseo y en la apropiación de la palabra. De ahí que ambas obras puedan pensarse como un estudio sobre la aparición de la respuesta y de cómo la violencia es, escénicamente, una manera de dar cuenta de esa energía.

Por un lado, Montaraz está centrada en el teatro físico y en los recursos de la repetición, tanto en la música como en los parlamentos, mientras que Los golpes de Clara  es un monólogo con una fuerte carga de política y actualidad. Ambas obras reconocen a la violencia como una de las maneras de estallar aquello que está silenciado, aquello que está oculto. El deseo oprimido, la violencia explícita, la imposición de roles. La violencia física es ejercida por las mujeres. ¿Impotencia o potencia? ¿Asunción del modo patriarcal de relacionarse o camino? Disyuntiva más claramente resuelta por Carolina Guevara, una mujer madre, ex esposa, desocupada, acosada y menos explícitamente por el quinteto de Montaraz  –incluso por la propia naturaleza del registro teatral-, ambas obras re-piensan las intensidades, la efectividad física y la velocidad como claves para reconstruir el universo femenino del presente.

El tiempo y el trabajo

Almacenados, del dramaturgo catalán David Desola, dirigida por la riojana (de España) Susana Hornos y protagonizada por los argentinos Horacio Peña y Juan Luppi, cuenta los últimos 5 días de trabajo del señor Lino, quien se jubila después de 39 años de trabajo en la misma empresa. En esa semana deberá entrenar a Nin, su joven reemplazante, a quien no solo intentará enseñar las tareas, sino también su compromiso personal y su identificación con la compañía.

“Hemos hablado mucho durante el proceso con Horacio (Peña, el señor Lino en la obra) sobre la identidad y el orgullo que tiene su personaje de pertenecer a Salvaleón. Fijate como siempre dice ‘Soy un engranaje de la empresa’. Allí está el orgullo del lugar de pertenencia, que ayuda a sobrevivir. Si pertenezco a un espacio determinado, es que algo estoy haciendo bien. Aunque luego ese lugar te maltrate. Aunque luego sea tremendo, hay allí un lugar de refugio”. La certeza del empleo y de la identidad a lo largo de la vida era una clave del trabajo en gran parte del siglo XX. Esto, afirma Hornos, ha desaparecido y no solo por motivos económicos, sino para transformar un conjunto de relaciones sociales que incluyen a la familia y la comunidad.

El tiempo de la vida como ciclo, el tiempo vital cotidiano, el sentido del trabajo, de la identidad, los principios y las reglas, son puestos en juego en una comedia (trágica) donde la construcción espacio-tiempo es central para contar el modo en que el régimen económico constituye la vida.

Hornos acierta en la utilización del espacio vacío, la oscuridad y el sonido como constructor de la totalidad en la que se desarrollan las grandes actuaciones de Peña y Luppi.

El capitalismo, como forma de organizar la vida, constituye el espacio, el tiempo y la mirada. De eso se trata Almacenados. Una obra que el público rafaelino, como en todos los otros casos, recibió a sala llena

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