Federico Irazábal sobre el Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires

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Semanas atrás, La Nación le consultaba a Federico Irazábal, director de la decimoprimera edición del FIBA, sobre la ausencia de obras de las provincias en la selección nacional y la respuesta publicada disparó un debate picante en redes sociales. Entre los cientos de discursos, varios se corrieron de la anécdota y resultaron contundentes a la hora de repensar este espacio de circulación en relación a su campo artístico. Tomamos estas preguntas y volvemos a la fuente para indagar sobre las condiciones y funciones que le caben a un festival de teatro realizado con fondos públicos.

Un festival opera como punto de circulación dentro del campo teatral: muestra, vincula, relaciona y jerarquiza. La pregunta apunta al qué y al para quiénes. ¿Qué clase de festival es el FIBA desde lo que propone como contenido y desde lo que entiende como destinatarios? Puntualmente, hablamos de línea curatorial y públicos. ¿Hay una identidad que viene construyéndose desde sus inicios? ¿Hay una re propuesta en esta edición en particular? Irazábal advierte que la respuesta será larga y acá vamos por partes.

-Un festival de estéticas contemporáneas:

-El modo en el que yo pensé siempre al FIBA a lo largo de sus ediciones anteriores fue como un festival de estéticas contemporáneas. Esto que tiene que ver con la programación, eso que para mí funciona como rasgo identitario. Claro que a lo largo de este tiempo, hubo variables. En los primeros años del FIBA, y por la ubicación que nuestro país tiene en el mapa entendiendo esa lógica eurocéntrica por donde se mueve la cultura donde el mal llamado “centro” está muy lejos, hablábamos de Das Berliner Ensemble pero no teníamos la experiencia, hablábamos de Peter Brook porque habíamos leído sus libros o de Ariane Mnouchkine porque empezaba a llegarnos algún video. Estoy yendo a un momento anterior a youtube, cuando estas referencias eran muy lejanas. Entonces el FIBA, se dedicó a ofrecerle a la ciudad los principales artistas que las últimas décadas del siglo XX había producido, las figuras faros de la estética teatral. Una vez que estos maestros llegaron, comenzó a producirse un giro hacia una generación más joven, diría generación de los cincuenta. Y ahí fue, por ejemplo, la visita de  Kastorf y todo el enorme teatro de Volksbühne.

-Un festival político porque transnacional:

-Y pensando dónde estamos parados hoy, dónde está el teatro en Europa y América Latina y qué es lo que podemos ofrecer es que aparece el concepto de lo transnacional.  Mi idea es hacer un festival político del modo en que yo entiendo lo político que no tiene que ver con lo argumental, sino con lo estructural. Me interesa puntualmente, un festival donde se crucen muchas lenguas, muchas banderas, muchas culturas para poder ver qué sucede en los distintos tipos de cruces lingüísticos, textuales y  de frontera. Por eso es que gran parte de la línea curatorial tiene que ver con espectáculos que tienen varias naciones asociadas para su realización. Esto se propone como forma opuesta al discurso del brexit, de cierre de fronteras y de endurecimiento de políticas migratorias. En ese sentido, por ejemplo, podría haber traído un espectáculo de la  Volksbühne o del Thalia Theater de Hamburgo por mencionar a Alemania, uno de los países que a la gente siempre le gusta ver en el FIBA, pero preferí traer de ese país a un director más joven que está trabajando en Suiza, Nicolas Stemann, dirigiendo a actores franceses y suizos en un texto austriaco que interviene a un clásico alemán que es Natan, una versión de clásico Nathan el sabio, de Lessing, por Elfriede Jelinek.

-Los públicos y el territorio:

-Otra de las propuestas para esta edición es sacar el festival al territorio lo más posible. Que la Ciudad de Buenos Aires se vea invadida de distintas experiencias que permitan llegar a públicos que no están tradicionalmente involucrados con el festival. Hablamos, por ejemplo, de la zona sur de Buenos Aires, zona que, con todas las salvedades de las generalizaciones, se relaciona con la pobreza y donde la diferencia de presencia de teatros con la zona norte es abismal. Y como la pregunta que se presenta es con qué tipo de propuestas salir a buscarlos, es que me asocié con gente en el mundo que está pensando en formación de públicos. Así llegué a artistas que trabajan desde lenguajes contemporáneos, como la danza, y discuten lo contemporáneo y todo lo elitista que esto pueda llegar a tener en términos de apertura de ese código a una noción más amplia de público. En esa línea aparece un espectáculo, aún no anunciado, que cruza la danza con el fútbol y está pensado montarse en un espacio no convencional de un barrio del sur de la ciudad.

-En relación a la posibilidad de intercambio que ofrece un festival con otros festivales del mundo, ¿cuál es el lugar que el FIBA le da a la construcción de un mercado teatral?

-El mercado es central en el FIBA por dos cuestiones: por un lado, es generador de divisas para artistas en un momento en el que los artistas la están pasando mal y generar trabajo por fuera de las fronteras es algo fundamental que un festival público debe propiciar y por otro, es fundamental en términos estéticos, porque cuantas más chances de viajes y participación en otros festivales un artista tenga, no tan solo logra construir su nombre en un mercado de festivales sino que a su vez, interactúa, intercambia, dialoga, se ve confrontado y ratificado y eso repercute en sus propias producciones. Nuestro objetivo es poder lograr que vengan la mayor cantidad de programadores posibles para que compren la mayor cantidad de obras posibles. El mercado está planteado para la última semana del FIBA, del 15 al 21 de octubre y  coincide tanto con el foro de artistas y directores jóvenes que vendrán de todo el país a transitar una instancia en el Centro Cultural Recoleta, como con la semana de programación nacional articulada con el INT.

-¿Qué significa esa articulación con el Instituto Nacional del Teatro?

-Esta articulación significa recuperar un cruce entre el FIBA y el INT, quebrado desde hace varias ediciones, para garantizar la presencia del teatro de las provincias en el festival. Aún no está anunciada de manera oficial pero sí puedo adelantar que habrá cuatro obras del país que representarán a las regiones de Patagonia, Nuevo Cuyo, NOA y Centro Litoral.  Se trata de un trabajo que se viene haciendo desde febrero del 2016 y se activó fuertemente cuando vimos la gran calidad de la Fiesta Nacional del Teatro en Mendoza. En la selección mucho tuvo que ver Teresa Jackiw, la Representante Provincial de CABA quien organiza, desde el año pasado, el Festival Arribos Nacionales en CABA que se intercalará cada dos años con el FIBA. Las obras fueron consultadas con ella, con la Dirección Ejecutiva y con el Secretario General del Consejo de Dirección y se adecuan a las pautas propias del Circuito Teatral del INT.

Volvamos a la construcción de ese escenario nacional a partir de la convocatoria que impulsa el FIBA y llegamos así al punto que disparó la polémica. Retomando, marcamos que en un primer momento, se discutió la ausencia de obras de las provincias en esta selección nacional y que luego el debate también apuntó a la poca presencia de obras dirigidas por mujeres. Los números que más adelante se conocieron, en relación a las obras presentadas a la convocatoria, revelaron un panorama desigual de producciones: 78% de CABA, 16% de las provincias y 10% de Provincia de Buenos Aires. Apuntamos entonces, a lo que un festival puede y debe hacer en relación a estas condiciones estructurales y si es válido, por ejemplo, determinar cupos que garanticen equidad en la selección.

-Un festival es un fenómeno aislado que dura algunas semanas al año, no es una institución como el INT que puede pensarse a largo plazo y generar políticas de fomento equitativas y federales en un plan extenso. Por otro lado, la discusión en relación a los cupos es totalmente dable. Yo tome la decisión de no imponerle al comité curatorial ningún cupo de ningún tipo, ni de territorialidad, ni de género, ni de géneros, y sobre esa libertad trabajaron. En su momento, tuve la sensación de que no eran necesarios, y ahora después de toda la discusión, en donde empecé a intercambiar opiniones con algunas personas, entiendo que es cuestionable y está buenísimo discutirlo.

-¿Tendrá lugar esta discusión dentro del mismo festival?

-Ya hablé con la coordinadora de actividades especiales, Mónica Berman, para que todo este debate esté adentro del FIBA porque un festival tiene que re pensarse de manera permanente. Así es que tenemos armada la mesa de Teatro y Género, que será coordinada por Mariela Asensio y la mesa de Territoriedad será la última semana del FIBA y coincidirá con la llegada de artistas de las provincias.

Publicado en FarsaMag

Un encuentro dedicado al teatro político y lo transnacional

«Apenas asumí como director artístico del Festival Internacional de Buenos Aires no tuve la menor idea de qué quería hacer. Dado mi perfil como investigador dedicado a pensar los problemas de la política en el teatro y los problemas del teatro político, sabía que quería llevar algo de eso al FIBA. Frente al contexto mundial, con el avance de la extrema derecha como la llegada de Trump y su idea del muro, me propuse trabajar en un festival de tono político. Mostrar, con la humildad del caso, los beneficios del cruce, del diálogo, la confrontación frente a lo diferente», sostiene el periodista e investigador Federico Irazábal, director artístico de la decimoprimera edición del festival que organiza el Ministerio de Cultura de la Ciudad.

«También es un festival de formatos -promete-. No quería sólo obras en salas y sí apostar a la experiencia en sí misma. Yo soy muy crítico de la política de los festivales, de aquello eventual. El tema es cómo generar políticas duraderas en algo que, tal vez, tenga que ver con el impacto del momento. Eso implicó reflexionar sobre la misma historia del FIBA y su relación con la comunidad.»

-Entre las dos últimas ediciones, la historia reciente del FIBA perdió 20.000 espectadores. Lo numérico no es lo fundamental, pero parece dar cuenta de un protagonismo que perdió.

-Soy consciente de eso. Un festival de este tipo no tiene que estar regido por la lógica de la taquilla, pero es un festival hecho con dineros públicos. Por eso mismo me ocupé de ampliar su llegada, pensar en la construcción de público, generar estrategias para el espectador ocasional. Yo estoy tratando de pensar a largo plazo.

-¿Cómo se piensa a largo plazo cuando, en menos de dos años, hubo ya dos ministros de Cultura en la ciudad y tu cargo, como el de tantos otros funcionarios, no fue elegido por un concurso abierto que protege una gestión de los vaivenes políticos?

En lo personal me gustaría que estos cargos sean ocupados por concurso. Pero la realidad es lo que señalás: son nombramientos que tienen que ver con la coyuntura política. Yo asumí en ese marco. Una vez en ese lugar me tengo que abstraer y debo pensar a largo plazo, salir a buscar al público no tradicional del FIBA. Como parte de esa estrategia son importantes los acuerdos que hicimos con la Universidad de Arte y con la Escuela Municipal de Arte Dramático, para que sus estudiantes participen de los procesos de montaje de las obras extranjeras. Eso es pensar a largo plazo para un cargo efímero y un nombramiento arbitrario. No niego la realidad.

-Asegurás que un eje del festival que se viene es lo político. Tu designación se hizo pública en plena conflicto entre la comunidad escénica y Darío Lopérfido. Parecería ser que esta edición está marcada por lo político. ¿Hay posibles puntos de contacto?

-No, tiene que ver con mi propia historia como investigador. Mi primer libro fue El giro político, que analizaba la producción de los 70 a los 90. Es una marca de continuidad. Y las obras que vienen no necesariamente hablen de política.

-¿Qué cambios hubo entre tener como interlocutor a Lopérfido y, luego, a Ángel Mahler?

-Ninguno. Con Lopérfido sólo tuve una reunión cuando me convocó y propuso hacer borrón y cuenta nueva. He trabajado con una libertad absoluta. Nadie intervino en la política curatorial. Por eso del contenido me hago cargo 100%. Yo me responsabilizo por la programación transnacional como de las coproducciones. De lo nacional, el comité curatorial. Quise volver a posicionar al FIBA como mercado porque ha sido una enorme posibilidad de trabajo para los teatreros. La presencia de más programadores internacionales es trabajar a largo plazo. El FIBA fue una gran vidriera y tiene que volver a serlo, porque se realiza en una de las capitales teatrales del mundo. Estoy feliz porque vamos sumando curadores, programadores y directores de festivales que nunca habían venido. Eso es laburo para los teatreros.

-¿Cuál es el presupuesto?

-Lo averiguo y te digo. No lo sé. [Al cierre de esta edición se anunció que esa cifra será dada a conocer durante la conferencia de prensa.]

Entre la escena que llamás como transnacional aparece el apartado de lo nacional. Suena raro, ¿no?

-Sí, lo sé. En las actividades paralelas reflexionamos sobre esa realidad.

-Cuando dieron a conocer las obras seleccionadas para la franja nacional salieron a la luz algunas particularidades: montajes estrenados hace varios años, otro que ya había estado programado en la última edición y que no haya montaje del interior del país.

-Lo explico. La cantidad de programadores extranjeros que vinieron a los últimos FIBA había caído enormemente. Frente a eso, me propuse ampliar el lapso a tener en cuenta para que sí tuvieran esa chance. Por eso abrí esa frontera de contemplar un determinado período entre cada edición. Así es como aparecen obras estrenadas hace varios años o uno que se repite, pero que había sido programado en otra sección a la que no acceden los programadores extranjeros. Entiendo los cuestionamientos, pero son criterios. Y no hay montajes del interior porque le pedí al comité curatorial que eligiera lo mejor.

Publicado en La Nación

El director del Festival de Teatro Buenos Aires dio a entender que en el interior no hay obras de calidad

Una entrevista en el Diario La Nación ha generado malestar, enojo y polémica en el ambiente teatral de Córdoba.

A propósito de la realización del próximo Festival Internacional de Buenos Aires fue entrevistado Federico Irazábal, crítico e investigador teatral, actual Director Artístico del Fiba, y representante del Ministerio de Cultura de la Nación Argentina en el Consejo Directivo del Instituto Nacional del Teatro.

Ante la pregunta sobre la ausencia de obras de las provincias en la programación, Irazábal contestó: “Entiendo los cuestionamientos, pero son criterios. Y no hay montajes del interior porque le pedí al comité curatorial que eligiera lo mejor”.

La declaración se compartió en las redes donde se fueron sumando voces frente a la afirmación de Irazábal que suena torpe y ofensiva. La cuestión aparece clausurada con la excusa de la libertad del comité curatorial que, evidentemente, no encontró ninguna obra de calidad para programar en el Fiba.

La respuesta agita otra vez sobreentendidos y malentendidos, según el concepto de festival internacional como vidriera y la misión exportadora de cultura que se ostenta en cada época.Córdoba es sede de festivales internacionales desde hace varias décadas pero parece que solo el Fiba está llamado a generar vínculos transnacionales. Por otra parte, lo nacional, en ese contexto reduccionista, se limita a la producción artística de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Puerto y provincias, centralismo y federalismo vuelven a alimentar polémica y malestar en el siglo en que las fronteras se revisan en todos los sentidos.

Las afirmaciones del funcionario con respecto a la 11° edición del festival que organiza el Ministerio de Cultura de Caba pone bajo la lupa la idea de calidad y los criterios de selección del material que se desarrolla en un país teatral enorme. Año a año en la Fiesta Nacional se constatan asimetrías y carencias de formación, pero, también, el crecimiento de los centros productores, muchas veces asociados a la presencia de universidades y escuelas de formación prestigiosas.

El Instituto Nacional del Teatro alimenta desde hace casi 20 años el teatro independiente del país. Los grupos mantienen activo el mapa teatral. La Fiesta misma es una vidriera (el término suena pobre y superficial) fronteras adentro, que también los programadores de festivales internacionales del país y el extranjero observan con ánimo de contratación.

En Córdoba, muchos grupos reparten el año laboral entre las salas locales y los compromisos en festivales. Hace poco, Cirulaxia representó a Argentina en Costa Rica, solo para dar un ejemplo. La lista de grupos no entra en una sola vidriera.

Resulta desafortunada y brutal la afirmación de Irazábal, un tipo inteligente que siempre liga el teatro con un concepto de política. En ese sentido, decir que ‘el interior’ no califica, establece una jerarquía dudosa e injusta. ¿Qué pilchas ponés en la vidriera de Caba para los observadores externos?

El lenguaje funda, instala y consagra, también niega, olvida y arrasa.

Al mismo tiempo, se sabe que existen conversaciones avanzadas para que la Comedia Cordobesa participe en el Fiba con la obra Eran cinco hermanos y ella no era muy santa, posiblemente en el circuito de espectáculos populares.

Publicado en LA VOZ
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